ʟᴀᴢᴏꜱ ᴅᴇ ꜱᴀɴɢʀᴇ~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Slash
NC-17
En progreso
3
Fandom:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 73 páginas, 23.554 palabras, 10 capítulos
Descripción:
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El príncipe y el mendigo

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TW NSFW ESTE CAPÍTULO TIENE CONTENIDO ADULTO. Sus gemidos resonaban por toda la habitación. El sonido de sus pieles chocando y sus respiraciones pesadas solo tensaban el ambiente. —Carajo... —Dice el castaño mientras sostiene de la cintura al rubio, quién hacia un buen trabajo montandolo —Mierda, Max, cállate. —Solo estamos nosotros, idiota —Le responde mientras continúa moviendo sus caderas sobre él —Dame más, estoy tan cerca. Max disfruta cerrando los ojos e imaginando que se trata de otra persona bajo suyo, alguien de ojos cafés con un poco de verde. No había podido dejar de pensar en él. En sus ojos, su sonrisa, sus labios. Ahora con el conocimiento de su nueva realidad, de la vida que merecía, sabía que tenía una oportunidad con Sergio Verstappen. Ambos estarían al mismo nivel socioeconómico, así que ya no había impedimentos para el gran deseo que sentía por él. —Oh, si... —Carlos gruñe debajo suyo, pero el rubio le pone una mano en la boca. Su voz lo desconcentra de su fantasía. Entonces su mente vuelve a volar. Imagina a Sergio debajo suyo mientras lo llenaba era algo que le gustaba demasiado. Lo recuerda en aquel restaurante mirándolo fijamente o cuando lo beso en el casino. Tiene esas imágenes en su cabeza mientras sus caderas chocan y siente su excitación llegar, corriendose sobre su amigo, quién ya había alcanzado el climax. —Uhm, eso estuvo bien —El rubio se levanta con cuidado, sacando el miembro de Carlos de su mojado coño. El castaño lo observa acostándose a su lado, intentando recuperar el aliento. —¿Podrías no ser tan ruidoso? —Se quejó mientras se quitaba el condón usado y le hacía un nudo para arrojarlo hacia el bote de basura de su habitación. —Tus padres no están —Le recordó para después sentarse en la cama —¿Quién nos va a escuchar? —Mi vecino de abajo, o el de arriba. Te recuerdo que vivo en un departamento —Carlos se muestra indigno hacia la pregunta —La última vez pensó que había un fantasma lamentándose y le sugirió a mi padre bendecir la casa. —Que estúpido —El rubio se echó a reír a la par que se levantaba para buscar su ropa. —¿Y por qué fue todo esto? —El castaño se sienta en su cama y lo observa vestirse —Creí que ya no lo haríamos. —Es el estrés de estos días, además, esta si fue la última vez —Afirma Max para después ponerse su playera —Estoy seguro de que pronto me iré de aquí. —¿Y a dónde planeas ir? —Carlos también comienza a vestirse desconociendo lo que su amigo sabe —Porque tu padre no te dejará, lo sabes. El rubio suelta una pequeña risa antes de voltear a verlo. —A Mónaco, ¿A dónde más iría? —Max se acerca a su amigo y le da una palmada en la espalda —Ahí es a donde pertenezco. El castaño no parece estarlo tomando en serio, pensando que quizá sea una broma. —¿Y que harás en Mónaco? Es una vida que no te puedes permitir —Esto causa una sonrisa en su amigo, pero se decide por no interrumpirlo —No me digas que sigues hablando con Lance y sus estúpidos amigos. Ya te dije que no te pongas en riesgo... Pero para ese punto ya lo había aburrido. —Mis verdaderos padres están en Mónaco, Christian no podrá interferir más en mi vida —Comenzó el rubio para después ponerse sus zapatos —Se acabo la vida miserable para mí. Pero eso no significa que me olvide de ti, eres el único amigo que tuve todo este tiempo. —El amigo que te follaba cuando estabas hormonal, claro que sí —El castaño se burla pensando que todo es un juego —Vamos Max, no juegues con esas cosas porque tu padre se molestará. Y la paciencia del rubio se agota. —Christian no es mi padre, no tiene ningún derecho sobre mi —Responde alto molesto —La vida que me ofrecía era una miseria, pero ahora tendré lo que merezco. Porque mi madre me fue a buscar y es muy rica, vive en Mónaco y me llevará con ella. —¿De qué estás hablando? —En ese momento Carlos se dio cuenta de que quizá no era una fantasía externada, si no más bien algo en serio —Tu mamá falleció hace años, ¿Por qué dices eso? —No, ella no era mi madre —Y su respuesta lo sorprende —Ni ella ni Christian son mis padres. Hubo un error en el hospital cuando nací y mi verdadera familia está en Mónaco. Su explicación era demasiado fantasiosa como para tomarla en serio. —¿Es eso cierto? —Claro que para el castaño era difícil creerlo —Suena demasiado loco —Lo sé, pero mamá no miente —Max parecía querer convencerse a sí mismo de eso —Me llevó a un buen restaurante y me compro muchas cosas. Pero Christian se enfadó y se deshizo de ellas. Cada palabra que sale de su boca parecía una fantasía bastante bien montada. Pero de ser verdad, Carlos no podía terminar de sentirse emocionado por su amigo debido a que sentía un gran afecto por el padre de este. Era prácticamente como su tío. —¿Cómo pasó? ¿Por qué se enojó así? —Y pronto comenzó a hacer muchas preguntas —El tío Cristian no reacciona de esa manera, siempre ha sido muy tranquilo. Max bufa molesto ante la repentina defensa. Pero eso no lo ablanda. —Estaba celoso porque me llevó con ella y se puso paranoico de la nada —Explicó el rubio como si los sentimientos de su padre no importaran —Hizo toda una escena y me robó mis cosas. —¿Te llevo con ella? —Preguntó Carlos para asegurarse que había escuchado bien, y su amigo asintió —Pero le dijiste al tío Christian, ¿No? —Al no tener respuesta entendió bien que lo había molestado —¿Qué esperabas? Claro que se va a enojar si te vas con una extraña. —No es una extraña, es mi madre —A Max ya se le estaba acabando la paciencia con su amigo. —¿Y lo sabías antes de irte con ella? ¿O cómo estás tan seguro que dice que lo que dice es verdad? —El castaño estaba confundido y no buscaba iniciar una pelea, sin embargo, sus palabras resultaron molestas. —Contigo no se puede hablar. Todo el tiempo vas a defenderlo a él y se supone que eres mi amigo —El rubio termina enojándose con él y toma su abrigo para después marcharse sin darle la oportunidad de responder. Si Max se hubiera quedado un poco más de tiempo en la casa de su amigo, quizá no hubiera presenciado algo que destaparía todo. Porque después de bajar del autobús que lo llevó a casa, caminando por las calles vio afuera de su edificio un auto familiar. —Mamá... —Susurra para sí mismo —Ha venido a llevarme. El rubio sonríe emocionado y apresura el paso. Está tan cerca de llegar a casa y su corazón late rápidamente. Sin embargo, sus pasos se detienen cuando observa como un joven bien parecido sale del edificio y sube al vehículo. No tarda mucho tiempo en reconocer, pero niega con la cabeza al no comprender porque estaría ahí. Ve el auto marcharse, pero esto no impide a que continúe su camino a casa. Sube rápidamente las escaleras, dando fuertes pisadas que hacen resonar el suelo. Pronto esta frente a la puerta de su departamento, pero se has dado cuenta de que dejó las llaves adentro. Así queda uno suaves golpes en la puerta antes de que esta se abra. —Por favor, no lo hagas más difícil —es lo primero que dice Christian cuando la puerta se abre, y se sorprende al ver a la persona frente a él —¿Max? Hijo, pasa. Claro que el joven no era ningún tonto y comenzó a hilar ideas en su cabeza. Pero le daría la oportunidad de explicarse. Así que entra al departamento y se quita el abrigo. Observando los nervioso que está su padre, como si estuviera ocultando algo. —Una mañana tranquila, ¿No? —Pregunta esperando a que le diga lo que quiere escuchar. —Sí, ya casi termino de limpiar —Pero no lo hace —¿Quieres un poco de café? El rubio asiente y decide acompañarlo hasta la cocina. Puede ver que en el fregadero hay dos tazas usadas, la favorita de su papá y una que usaban para los invitados. Definitivamente estuvo ahí. —¿Y recibiste alguna visita en mi ausencia? —Se decide por ser más directo al sentir que su padre le está mintiendo. Christian traga en seco. No ocultaba la visita de Sergio por maldad, sino porque sabía que esto podría lastimar a su hijo. Él se sintió traicionado la noche anterior y no quería que supiera que había tenido contacto con el otro joven. Pero sabía que para este punto ya sospechaba algo, principalmente porque Max no estaba haciendo muy amable con su tono de voz. —Sí —Confiesa —De hecho, se acaba de ir hace unos minutos. El mayor le da la espalda a su hijo, se siente apenado por la situación. —¿Y quién era? —Su pregunta suena más a un reclamo. Realmente estaba molesto, pero también en negativa ante la idea de que podría tratarse de aquel joven que había visto con anterioridad. —El chico de esa familia, dice que es mi hijo —Christian comienza su explicación mientras voltea a verlo —Sergio Verstappen vino a la casa, me dijo que ese era su nombre. Esta información fue como un balde de agua fría para el joven rubio. No podía creer que las conclusiones a las que había llegado eran verdaderas. Descubrir quién era la persona que había estado ocupando su lugar durante tantos años y saber que se trataba de alguien que había capturado su atención de otra manera, provocaba una mezcla entre la molestia y negación. Se niega a creer eso porque realmente le había gustado. Pero Sergio era un intruso, el joven que le robo su vida. Entonces comienza a recordar lo poco que leyó de él en esa revista. Su porte, la ropa que vestía, los autos que manejaba. Los estudios en el extranjero y el reconocimiento social. El prestigio. El dinero. El poder. Todo eso que debía hacer suyo, en manos del verdadero niño pobre de Niza. Molesto, el rubio se va a su habitación y se encierra. Se preguntaba una y otra vez cómo ha podido hacer tan tonto. Sentía que Sergio le había robado todas las oportunidades que él merecía. La vida en Mónaco, las fiestas exclusivas en el casino, las vacaciones en el extranjero y salir en las revistas como alguien destacado. Todo eso debía ser suyo. Pero no lo tenía por una estúpida equivocación cometida hace 20 años. Además, ¿Cómo podría ser tan idiota para salir de Mónaco a buscar a su familia pobre? ¿O acaso estaba buscando llegar a un acuerdo para evitar que fueran cambiados? Esa simple idea lo hizo rabiar. Porque mientras él se follaba a su amigo imaginando que estaba con Sergio, este último negociaba su estadía como un usurpador. La fantasía de él era lo que más le molestaba. No solo se había tocado pensando en él, sino también lo había hecho mientras tenía el fresco recuerdo de su cuerpo junto al suyo y sus labios apoderándose de él. Y la estúpida conclusión de que podían estar juntos por su nueva posición social, cuando Sergio siempre fue el que nunca perteneció. —Maldito... —Susurra pesando en la vida que cada uno gozó. Él pasando burlas en su infancia, acoso en su adolescencia y teniendo que mentir para intentar encajar en el grupo de amigos de Lance, donde uno de ellos se sobrepasó con él. Mientras que Sergio lo tenía todo muy fácil. Una vida estable, una posición económica deseable, acceso a los lugares más exclusivos. No necesitaba mentir para ser parte de algo. Pero pronto sonrió ante esto último. Porque las cosas estaban a punto de cambiar. Ahora él no tendría que mentir para tener todo lo que deseaba. Y Sergio tendría que enfrentarse a la idea de que toda su vida fue una mentira, y que no merecía nada de lo que tenía. Porque Max estaba dispuesto a recordárselo todos los días.  Nota; disculpen la hora :c
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