Acercamientos peligrosos
22 de diciembre de 2025, 18:52
Checo y Max llegaron a un restaurante cerca de su trabajo.
El pelinegro estaba un poco nervioso al compartir ese momento con su jefe, quien termino ordenando por ambos para su mayor comodidad.
—¿Qué opinas del trabajo? —Pregunto Max—¿Te gusta?
—Si, es interesante.
—¿Y qué más?
—No se que más responder—Confeso y Max sonrió.
—Quiero que siempre seas sincero conmigo—Checo lo miro con atención—Necesito esa confianza de tu parte, y así yo podre retribuirte confiando en ti.
—Perdón por mentir en mi hoja de vida—El pelinegro sentía una especie de admiración por su jefe al brindarle el espacio de ser honesto sin ser juzgado.
—Que sea tu primera y última mentira—Pidió.
Ambos continuaron con su comida, hasta que el teléfono del rubio comenzó a sonar.
Max se levanto y se alejo para poder atender la llamada. Checo lo observo mientras se quedaba en la mesa.
—No es necesario que vengas—Respondió Max mientras miraba el suelo.
—Pero si estoy detrás de ti—La voz de su novia lo hizo voltear a verla—¿Me extrañaste?
Ni siquiera le dio tiempo a responder cuando se abalanzó para robarle un beso.
Checo se sintió un poco incomodo al ver esto, porque sentía que no debía estar ahí interrumpiendo.
—Estoy comiendo con mi asistente—Continuo Max.
—¿Ya tienes uno? ¿Dónde está? Espero que no sea una chica—Kelly se giro buscando con su mirada.
El pelinegro se percato de esto y rápidamente aparto la vista intentando pasar desapercibido.
—No es una chica—Respondió Max y la guio para que pudiera encontrar a Checo—Es él.
—Es lindo.
—No tiene experiencia, pero no me ha decepcionado.
Kelly se volteo a verlo algo molesta.
—¿Por qué lo contrataste si no tiene experiencia? Eso hará que trabajes el doble cuando haga las cosas mal.
Max desvió la mirada. A veces sentía que su novia lo trataba como un niño pequeño.
—Se lo que hago—Respondió con molestia—Me pediste que no contratara a una chica y eso hice. Pero ahora te molestas por contratarlo a él.
—No estoy molesta—Renegó—Solo no quiero que te esfuerces demasiado. De por si no tienes tiempo para mí, será peor si él no lo hace bien.
Max sabia que ella tenia un punto al quejarse por eso. Pero no era lo que necesitaba en ese momento.
—¿A que viniste?
—A veces me gustaría que me hablaras con mas delicadeza—Continuo ella—Quería sorprenderte y pasar la tarde juntos.
—No puedo ahora.
—Si puedes. Eres el jefe—Le recordó—Puedes hacer lo que quieras.
—No es así cómo funciona.
—Al menos esta vez—Insistió mientras lo tomaba del brazo como una niña pequeña que pide un dulce—Desaparece conmigo esta tarde.
El rubio sabia que nada la haría cambiar de opinión. Una vez que entraba una idea en su cabeza, no la soltaría hasta cumplirla.
—Bien, déjame pagar y nos vamos—Max se dispuso a regresar a su mesa, pero ella lo retuvo del brazo.
—Deja que él pague y vámonos—Pidió.
Pero incluso Max tenía sus propios límites.
—No, he dicho que te daré toda mi tarde, pero no significa que puedas intervenir en todo lo relacionado a mi trabajo—Le advirtió.
Ella, un poco molesta por su actitud, lo soltó.
Max camino de regreso a su mesa y Checo, quien no había dejado de prestar atención a la pareja, fingió estar distraído.
—Debo irme, puedes tomarte la tarde libre—Dijo mientras sacaba su billetera—Pide lo que quieras, me la devuelves mañana.
Checo vio como su jefe le entregaba una tarjeta de crédito y, un poco confundido, la tomo.
—Está bien—Fue lo único que pudo salir de sus labios, para después verlo marchar.
Sin embargo, el pelinegro decidió que lo mas prudente era no ordenar nada más. Y esa tarde se fue directo a casa.
Max sentía una especie de angustia cada vez que debía pasar tiempo con su novia. No sabía por qué, pero no le gustaba esa sensación.
Kelly y Max se conocían desde que él era un niño. Sus familias parecían entusiasmadas cuando se volvieron pareja, aunque el rubio lo hizo porque sabia que eso era lo que se esperaba de él.
Checo le había mandado un mensaje a su amigo feliz de haber obtenido el empleo. Y para la noche, Carlos estaba en su puerta con una pizza para celebrar.
—Increíble, ¿Y parecía molesto por tu mentira? —Checo negó.
—Me pidió que fuera honesto con él, creo que le agrado.
La emoción de Checo no pasó desapercibido por su amigo.
—Entonces se muy amable con él, porque parece que también te agrada—Carlos sonrió mientras decía eso—No sería la primera vez que te gusta un chico.
Checo negó de inmediato.
—Apenas lo conozco—Le recordó—Y no me he fijado bien en él. Y es mi jefe.
“Además tiene novia” pensó.
—Sabes que solo te estoy molestando—Continúo riendo—Pero intenta hacerte su amigo, quizá no tiene muchos de esos.
Checo se quedo pensando en eso ultimo.
Esa noche hizo la colada para tener todo listo para la mañana siguiente. Así que se levanto temprano para ordenar todo y salir rumbo hacia su trabajo.
Llego a la oficina de su jefe y coloco la camisa y el saco en su lugar. Esa mañana también paso por una papelería cercana a su trabajo y compro una tarjeta festiva que decía “Feliz día” y la dejo junto con su tarjeta de crédito.
Fue hacia su escritorio y busco en internet tutoriales para ser un mejor asistente.
Max llego a la oficina muy temprano y se asombro al ver a su asistente ya en el sitio. Hizo un ademan con su mano en forma de saludo y entro a su oficina.
Fue entonces cuando se encontró con la tarjeta en su escritorio.
Sonrió al verla, y al levantar la mirada se encontró con la de Checo observándolo por la ventana que da al pasillo, de la que se aparto rápidamente.
Toco delicadamente la tarjeta, sintiéndose apreciado por su asistente.
Observo por el ventanal de su oficina, el cual daba al exterior del edificio. Era un día nublado y con mucho viento.
Sabia que seria un día pesado, pero esa tarjeta lo había relajado un poco.
La mañana la paso en más reuniones y papeleo. Pero al menos Checo estaba ahí para distraerlo un poco de su trabajo. Pues le parecía adorable cuando se equivocaba o confundía al realizar sus tareas.
—Ven, por favor—Dijo Max por medio del teléfono y Checo se levanto de su asiento para entrar a la oficina de su jefe.
—Aquí estoy, señor.
—Acércate—Checo obedeció—Quería agradecerte por tu tarjeta, fue un lindo detalle.
—No hay nada que agradecer—Respondió el pelinegro—Creyó en mi incluso cuando le mentí.
—No tenemos que recordar eso, todo esta bien entre nosotros—Dijo Max—Quisiera hablar de otra cosa—Checo lo miro atento—Habrá ocasiones en donde tenga que ausentarme por viajes de trabajo. Me gustaría que durante todo ese tiempo te quedaras en mi departamento y te encargaras de que todo esté bien.
—No tengo problema con eso.
—Sabía que podía contar contigo—Max se sentía orgulloso de sus decisiones—Pero no nos adelantemos. Por lo pronto sigamos con nuestra rutina.
En ese momento su teléfono vibro anunciando un mensaje.
“Necesito tu ayuda, es una emergencia” el pedido de Kelly lo desconcertó.
Marco una y otra vez, pero no respondió.
—¿Pasa algo señor? —Checo vio lo preocupado que estaba.
—Tengo que irme—Max se levanto de su asiento y salió casi corriendo de su oficina.
Checo se percato que estaba lloviendo, así que fue tras de él.
En el camino, tomo una sombrilla que estaba al lado de un escritorio.
“¡Es mía!” escucho a alguien gritar, pero no tenía tiempo para eso.
Max llego hasta la salida y pidió, de manera poco amable, que trajeran su auto.
Checo llego hasta él, pero no podía abrir la sombrilla.
Fue entonces que el valet, molesto por la actitud grosera del rubio, llego rápidamente en el auto con la intención de rociarlo con el agua de la lluvia que se deslizaba por el suelo.
El pelinegro se percato de lo que iba a suceder, y sin más opción se coloco en frente de su jefe y lo acorralo hacia la pared. Dejando un pequeño espacio entre ambos. Pero de esta forma cubriéndolo del agua, y mojando su espalda.
Max, nervioso por la cercanía de su asistente, no pudo reaccionar. Sentía su cálida respiración chocando con su rostro, y un escalofrió recorrió su espalda.
¿Qué era eso que estaba sintiendo? ¿Por qué solo Checo tenia ese efecto en él?