ID de la obra: 1504

Love, inc.

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
98 páginas, 27.801 palabras, 22 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Atrapado

Ajustes de texto
Max no regreso a casa esa noche. El llanto de su ex novia lo perseguía mientras conducía en la carretera. Había visto llegar al padre de ella, así que estaba más tranquilo al saber que no estaba sola. Si, había sido un idiota. Si, no fue la mejor manera de hacer las cosas. Pero no podía mostrarle debilidad. No debía darle la ventana a la oportunidad de voltear eso al favor de ella. Tampoco quería volver a casa. Lewis, su tonto vecino, le había robado al hombre del que estaba enamorado. Así que estar en casa era un recordatorio constante de que estaba solo, otra vez. Entonces esa noche se quedo en un hotel. Necesitaba pensar. A la mañana siguiente Checo se despertó debido a un ruido fuerte en la puerta. Estaba un poco aturdido cuando abrió la puerta y se encontró a esa mujer, la que le había arruinado su escritorio el otro día. La novia de su jefe. —Buenos di…—Comenzó a medio bostezo. —¿Y tú que haces aquí? —Ella lo interrumpió mientras lo empujaba para entrar al lugar. El pelinegro cerro la puerta mientras se rascaba un ojo. —Vivo aquí—Soltó. Poco podría imaginarse el pobre asistente, que esas palabras avivarían un fuego interior en aquella mujer. ¿Cómo era posible que prefiriera vivir con su asistente antes que con ella? La noche anterior le lloro hasta quedarse dormida. No sin antes llamarlo cientos de veces y dejarle mensajes amenazadores. Simplemente siendo ignorada por este. No le dio muchas vueltas al asunto: Debía tratarse de otra mujer. Antes de soltar palabra, ella respiro y pensó con claridad. Había ido ahí por una razón. —¿Él esta aquí? —Pregunto ella con una voz más calmada, pero él la miro confundido por su actuar—¿Sabes o no sabes? —No regreso anoche—Checo no quería problemas, así que respondió. —Eres el asistente de mi novio, debes pasar mucho tiempo con él—Comenzó y Checo asintió—¿Qué hace todos los días? Kelly se percato de que el asistente no la corrigió sobre su relación con Max, y aprovecharía esa ausencia de información. Además, había escogido los accesorios adecuados para eso. —¿Aparte de trabajar? Nada—Respondió el pelinegro sin darle mucha importancia. —No, tonto, me refiero a si habla con otras mujeres—Insistió. —A veces habla con la intendente. Las respuestas del asistente sonaban como una burla. —¿Si quiera piensas? —A Checo no le gustaba cuando le hablaba así—Tienes que decirme si se está viendo con otra mujer. Como pareja. Molesto, la dejaría con la duda. —Es información confidencial—El pelinegro respondió con la mayor seriedad que pudo. Ella sonrió molesta. —¿Cuánto necesitas para aflojar la lengua? —Respondió mientras sacaba su chequera—Podemos hacer un buen negocio si cooperas conmigo. —No acepto sobornos—Recalco. —No es un soborno, es una donación—Se excuso. —No voy a hacerlo—La firmeza de sus palabras le hicieron recordar lo que vivió la noche anterior. Esta actitud la molesto aún más. A sabiendas de que lo hacía adrede, decidió que era momento de demostrar quien manda. —Bien, hoy me asistirás a mi—Checo la miro confundido, mientras que ella sonreía con malicia. —Lo siento, no puedo—Comenzó—Soy el asistente del señor Verstappen, no de usted. Kelly sonrió. —Pero si yo voy a ser su esposa—Dijo mientras mostraba su sortija, una que ella había estado portando desde esa mañana—Nos hemos comprometido, eso también me hace tu jefa. Esta noticia no le sentó para nada bien. Creía que estaba superando sus sentimientos por su jefe, pero saber que ese iba a casar lo había hecho sentir triste. Queriendo evitar problemas, la complació en todo lo que pudo. Salieron de compras y lo hizo cargar todo. Le hablaba como si se tratase de su esclavo y le arrojaba cosas a la cara. Era un completo abuso y humillación. Cuando llegaron al departamento de ella, se burlo en su cara y le dijo una palabras que resonarían en su cabeza el resto de la tarde. —¿No te das cuenta? —Kelly se acercó peligrosamente a su rostro—Eres su acto de caridad. Regreso caminando a casa con pocos ánimos. Quizá Lewis tenía razón y no era buena idea vivir con su jefe. Esa tarde había experimentado las consecuencias de estar a su disposición 24/7, y él no quería ser tratado como su mascota. Su vida dependía de llevarse bien con su jefe, y su ahora futura esposa. Si Max lo despedía se quedaba sin casa, sin ingresos, sin nada. El camino a casa lo llevo a reflexionar sobre la dependencia económica que tenia con Max, principalmente para tener estabilidad. No quería eso para él. De esa forma lo tenia atrapado sin poder pensar a futuro sobre su vida laboral y personal. No podía dejar que su estabilidad económica y de vivienda dependiera de satisfacer a dos personas que solo lo trataban bien por conveniencia. Agotado, se recostó en el sofá. Tenia que hablar con Lewis sobre su propuesta, pero primero debía dejarle las cosas en claro a su jefe. Max había estado desconectado todo el día. Se había permitido a si mismo perder el control. No ser él. Vago por la ciudad todo el día, y parte de la tarde se la paso bebiendo en un bar cerca de su complejo de departamentos. No dejaba de preguntarse a si mismo si era una mala persona. El timbre de la puerta hizo que Checo se levantara a ver lo que ocurría. Al abrir se encontró con Max tirado en el suelo. No era necesario estar tan cerca de él para percibir la peste a alcohol. —A-ayúdame-e, la vi cerca-a abajo—Balbuceo y el pelinegro se apresuro a ayudarlo a entrar. Tomo el teléfono y llamo al recepcionista del edificio. —Si, la señorita Kelly está subiendo—Le confirmaron. No podía vivir eso. Ya había tenido suficiente. Ahora tomo su teléfono personal y llamo a la única persona que podía ayudarlo. —Necesito que me ayudes—Fue lo primero que le dijo el pelinegro a su novio. —Claro, cariño, dime. —Una mujer tocara la puerta en unos instantes, insiste en que no hay nadie y has que se vaya—Explico—Por favor. Max estaba perdido en lo suyo. Tomo una de las cajas de chocolates y se sentó en el sofá. —Come conmigo—Susurro el rubio. —Creo que la veo—Dijo Lewis al otro lado de la línea, pues estaba espiando en la mirilla. Entonces unos golpes en la puerta hicieron que Checo pegara un brinco del susto. —Por favor, que se vaya—Pidió. —Yo me encargo—Respondió Lewis antes de colgar. Finalmente, Checo pudo prestarle atención al rubio. —No coma eso—Dijo mientras intentaba quitarle la caja. —Pruébalas conmigo—Pidió. Su jefe estaba actuando extraño. Su voz sonaba muy atrayente, y su desalineada apariencia solo lo hacía ver más atractivo. Vio la caja de chocolates con pocos ánimos, habían pasado días desde que las trajeron. “Deben estar rancias” pensó. Pero le convenia que las comiera estando en esa situación. Así no se percataría del cambio. Aunque no sabía si esa noche solo se detendría por el chocolate.
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)