ID de la obra: 1504

Love, inc.

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
98 páginas, 27.801 palabras, 22 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
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Decisiones

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Checo caminaba sin percatarse que lo estaban siguiendo. Toda la situación con Kelly había sido extraña, pero realmente no le dio importancia alguna. A sus ojos era una simple mentirosa. Estaba a pocos metros de la entrada del edición de departamentos, cuando de repente sintió unos brazos tomarlo por la fuerza y como alguien le ponía algo en la boca para evitar que gritara. Metiéndolo rápidamente a un auto. Todo ocurrió tan rápido que dudaba que alguien se hubiera dado cuenta de lo ocurrido. No sabia como o que le hicieron, pero pronto cayo dormido. Max comenzó a preocuparse cuando Checo no regreso después de terminada su hora de comida. Llamo a su teléfono, pero no contestaba. No era alguien que desapareciera así de la nada, así que su corazón se aceleró cuando vio pasar el tiempo y no obtenía señales de él. Carlos camino dentro del lujoso edificio. No despejaba la vista de su teléfono en dado caso que su amigo regresara alguna de sus llamadas. —Hola, estoy buscando a Sergio Pérez—Dijo al chico de recepción. George tomo el teléfono y marco la línea de Checo. Max, quien lo esperaba impaciente en el escritorio del pelinegro, tomo la llamada pensando que podría tratarse de su amado. —Sergio, te busca…—George lo miro para pedirle su nombre, el cual se lo dio—Carlos Sainz. El rubio no sabía quién era esta persona, pero quizá estaba relacionada con la ausencia del pelinegro. —Dile que suba—Respondió a secas. Checo abrió los ojos. Estaba en una elegante habitación, eran tan bonita que parecía de un hotel lujoso. Se sentó al borde de la cama y acaricio su rostro intentando recordar lo que había sucedido. Cuando se dio cuenta de su situación, rápidamente se levanto a intentar abrir la puerta. Estaba encerrado. —¡Hey! —Grito—¡Por favor, abran! ¡Déjenme salir! Comenzó a golpear la puerta intentando hacer el mayor ruido posible. No dio frutos. Era como si nadie pudiera escucharlo. Volvió a sentarse en la cama, esperando que algún alma se apiadara de él. A los pocos minutos unas llaves sonaron y la puerta se abrió. Checo se levanto de la cama y, al ver a los dos hombres entrar, entendió que de nada serviría pelear. Los siguió por el pasillo de esa lujosa residencia. Y pronto se topo con la autora intelectual de su ataque. —Finalmente despertaste—La voz de Kelly sonaba más burlona de lo normal. Ella definitivamente lo detestaba. —¿Te gusta el vino? Puedo pedir que te servan una copa—Ella continúo hablando mientras los dos hombres se alejaban de él. —¿Qué es todo esto? —Pregunto apenas tuvo la oportunidad. —Es solo una reunión de amigos. —Me secuestraste—Señalo—Y no somos amigos. —No seas exagerado—Dijo ella para después beber un poco de su copa—Es cierto, no somos amigos. Pero eso no significa que no podamos serlo. —¿Por qué querría eso? —Porque se lo que quieres—Checo la miro confundido—Pude darme cuenta desde el primer momento en que te vi. Te sentiste cautivado por un mundo que no conocías—Ella dejo su copa en una mesa cercana y sonrió mientras sacaba su chequera—Podemos llegar a un acuerdo. —Creí haberlo dejado en claro el otro día, yo no acepto sobornos—Le recordó. —Claro, se que eres más listo de lo que otros piensan—Continuo—Por eso te acercaste a Max. Viste en él una vía rápida para escalar. Pero créeme, no es fácil convivir con alguien tan egoísta. —Él podría decir lo mismo de ti. Checo no estaba dispuesto a quedarse callado. Pero tenia curiosidad hasta donde podría llegar esa mujer. Ella sonrió algo molesta ante la respuesta del pelinegro. —¿Cuánto crees que podrás soportar? ¿Podrás vivir con sus constantes desplantes cuando se aburra de ti? ¿O el hecho de que te oculta porque no es capaz de tomarte en serio? —Sus palabras eran hirientes—Esta acostumbrado a que se haga lo que él diga, ¿No te has dado cuenta? No te confundas, él no te ama. No es capaz de sentir amor por alguien que no sea él. A Checo no le gusto nada lo que acaba de oír. Solo deseaba irse lo antes posible. —¿Terminaste? Debo volver al trabajo o me van a descontar—Se excuso. Kelly no era tonta, sabia que sus palabras lo harían pensar dos veces antes de seguir con Max. —¿Recuerdas lo que te dije el otro día? —Checo la observo esperando que no repitiera esa palabras—Solo eres su acto de caridad, nada más—Ella se dio cuenta de lo mucho que esas palabras lo afectaban—Ya puedes irte. Checo se giro buscando la salida, pero antes se detuvo para despedirse de ella. —¿Alguna vez te han dicho lo asfixiante que eres? —Pronto la sonrisa desapareció del rostro de la mujer—Tienes la vida resuelta y, sin embargo, nunca estas satisfecha. Kelly no pudo evitar recordar a Max llamándola de esa misma forma. —¿Cómo te atreves a hablarme de esa manea? ¿Quién eres? —Desafío—Ante los ojos de otros solo eres alguien que se metió con su jefe por un poco de dinero y atención. —Así que fuiste tú. —Si, yo lo hice—Respondió burlonamente—No tendrás ni un solo día de paz. Tenlo por seguro. Te haré recordar de dónde vienes, y todos sabrán lo bajo que puedes caer. —Eres la única que no tendrá paz, y será peor si no me dejas ir tranquilamente—Amenazo—Antes no decía nada porque era la pareja de mi jefe, pero ya no lo eres. Busca a alguien más a quien humillar. El pelinegro se marcho sin dejarle responder. Los hombres lo guiaron a la salida y se fue tranquilamente. Era una propiedad privada, posiblemente de la familia de Kelly. Por suerte pudo encontrar un taxi, así que se marchó de inmediato. Kelly podía ser amenazadora con las palabras, pero no tenia las agallas de lastimar a alguien por capricho. Al menos no físicamente. Lo suyo solo eran los chismes, y la intimidación grupal. Max seguía marcando al número del pelinegro, mientras el amigo de este lo miraba con atención. Sentía que si no encontraba a Checo se iba a morir, ya sea de tristeza o asesinado por Carlos. Este último no sabía bien que sucedió entre ambos, pero definitivamente terminaría culpando a Max de cualquier cosa que le pasara a su amigo. Al final, el rubio fue quien lo enredo en todo eso. Para su buena suerte, a Checo le había regresado todos sus objetos personales. Así que prendió su teléfono para ser bombardeado con cientos de llamadas perdidas y mensajes. Fue entonces que otra llamada de Max se hizo presente. —Hola—Dijo Checo intentando sonar lo más natural posible. El rubio suspiro aliviado al escuchar su voz. —¿Dónde has estado? ¿Estas bien? —Lo ataco con sus preguntas. —Estoy bien. Lamento mucho todo esto—Respondió mientras miraba como el sol comenzaba a esconderse—Se que es tarde, pero no quiero que te preocupes por mí. Te veré en casa. Checo no espero una respuesta y termino la llamada. Max le explico todo a Carlos, quien se relajo un poco al saber que su amigo se encontraba bien. Durante todo el trayecto Checo no dejo de pensar en la conversación que tuvo con Kelly. ¿Max alguna vez le había preguntado su opinión sobre la forma en cómo se relacionaban? Es decir, ¿no se había aprovechado de su posición como jefe? No le gustaba pensarlo. Todo eso solo lo hacía dudar sobre la relación que ambos pudieran tener. ¿Y si Max se aburria de él? No solo le romperían el corazón, sino también lo echarían a la calle y se quedaría sin empleo. Había tomado una decisión, y la daría a conocer esa noche. Llego a su destino, pago el taxi y subió al ascensor para llegar más rápido. Ni siquiera alcanzo a tocar la puerta cuando Max abrió rápidamente y lo envolvió en un abrazo. —¿Qué paso? —Dijo Max mientras lo apretaba contra su cuerpo. —Estoy bien, entremos—Dijo Checo separándose de su agarre. Ambos hombres entraron al departamento y, para sorpresa del pelinegro, no estaban solos. —¿Cómo te atreves a desaparecer así? —Reclamo Carlos mientras se levantaba del sofá. —Fue un accidente—Mintió—Quise tomar el autobús y me perdí. Me quede sin batería y por eso no podían encontrarme. No paso nada. Checo necesitaba que el tema con Kelly muriera ese mismo día. No quería que Max peleara con su ex novia por eso. Haría todo más difícil. —Te he dicho que no tomes el autobús solo—Carlos no pudo evitar regañarlo—Al menos ahora sé que estas bien. Los tres hombres discutieron sobre lo ocurrido. Checo intento tranquilizarlos a ambos y cambio de tema tan rápido como pudo. Sin embargo, uno de ellos no se trago del todo su mentira. —Es tarde, ya debo irme—Dijo Carlos levantándose del sofá. —Te llevo a tu casa—Ofreció Max. —No es necesario—Se negó. —Claro que lo es—Insistió—Me acompañaste toda la tarde. Si necesitas que hable con tu jefe, también estoy dispuesto. Carlos sonrió ante la amabilidad del rubio, aunque sabia que en parte era para ganarse su voto positivo. —Bien, vamos—Finalmente se rindió. —Los acompaño abajo—Dijo Checo y los tres salieron del departamento. Max salió por su auto, mientras que Checo y Carlos lo esperaban en la entrada. —No eres bueno mintiéndome—Soltó Carlos—¿Quieres decirme lo que paso? —Otro día. —Estas en algo con él, ¿no? —Checo asintió—Si algo llegara a pasar, en mi trabajo están solicitando personal. Checo sonrió ante esto. Carlos nunca fallaba en darle ánimos. —Ve a casa a descansar—Dijo el pelinegro mientras veía como el rubio se acercaba en su auto—Hablaremos más tarde. Carlos no quería presionar a su amigo, pero sabia que algo andaba mal. Estaba serio, algo callado. No era él. —No pienses mucho, intenta ser feliz—Fue lo último que le dijo antes de subirse al auto de Max. Checo regreso al departamento. Le dio de comer a Samy y comenzó a escribir, sabia que de lo contrario nada de eso podría funcionar. El rubio dejo a Carlos en su casa y se apresuro a regresar a su departamento. Cuando llego se sorprendió de encontrar las luces apagadas. —Oye—Dijo mientras abría un poco la puerta de la habitación de Checo—¿Estas dormido? No obtuvo respuesta. Así que abrió por completo y se encontró una habitación sin vida. Prendió las luces y se percato de que las cosas del pelinegro no estaban. Solo había una carta sobre la cama. Su corazón se acelero apenas la vio. Y sus ojos se llenaron de lágrimas al leer el contenido.
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