ID de la obra: 1504

Love, inc.

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
98 páginas, 27.801 palabras, 22 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Sin ti

Ajustes de texto
Antes de que Max regresara, Checo hizo tres cartas. Las primeras dos eran para su jefe, la segunda para su ex novio. Preparo su maleta y se despidió del pequeño gato que no dejaba de seguirlo en todo momento. Sin embargo, sabia que eso era lo mejor para ambos. Salió del departamento dispuesto a meter la tercera carta por debajo de la puerta de su ex pareja. Pero no esperaba que este estuviera en casa y abriera justo en el momento exacto cuando se agacho. —¿Qué haces? —Pregunto Lewis al verlo en esa posición y Checo se apresuro a levantarse—¿Es para mí? —Entonces vio la maleta detrás de él—Así que vas a huir. —Solo quería despedirme—Checo no quería alargar la conversación, sabia que en cualquier momento Max volvería. Lewis le arrebato la carta y la abrió en su cara. Eran disculpas, arrepentimiento por haberlo lastimado tanto. —Esto no cambia nada—Dijo doblándola para meterla en el sobre. —No esperaba que lo hiciera. —Al menos dime las cosas en la cara, no te escondas detrás de un papel—Reclamó. —No creo que sea el lugar y momento para hablar—Señalo. Apenas había pasado poco de la gran discusión que tuvieron en el pasillo. No quería otro escándalo similar. —Entonces hablemos adentro—Lewis se hizo a un lado para que Checo entrara y lo ayudo a meter su maleta, como lo hizo cuando se conocieron. Durante toda la conversación ambos aclararon como se dieron las cosas. Cada uno dando su versión. Así el pelinegro descubrió quien le dijo todo a Lewis. Se entristeció al saber que George, el chico a quien consideraba un amigo, lo había delatado sin siquiera preguntar como se dieron las cosas. Aunque al mismo tiempo sabia que era su culpa. Se había equivocado con Lewis. Lo arrastro a esa horrible situación con su jefe y le rompió el corazón. Por otro lado, Lewis intento controlarse todo el tiempo. Entendió que sus instintos no fallaron, que Checo realmente estaba enamorado de Max y que eventualmente eso iba a darse. Si bien eso no soluciono nada, al menos era un buen cierre entre ambos. Checo finalmente tomo su maleta y salió de aquel edificio. Max estaba anonadado. La primera carta lo había dejado estupefacto, ¿a que se debía tal decisión? Era su renuncia formal. ¿Por qué ya no quería trabajar con él? Sentía que todo había ido bien entre ambos, y que sus sentimientos no afectaban su trabajo. La segunda carta le rompió el corazón. En ella le dejaba en claro lo mal que resultaría si se quedaban juntos. Checo se llamaba a si mismo “Un premio” algo que Max “Deseaba solo porque no lo podía tener”. Afirmaba que tal vez lo dejaría cuando se aburriera de él, tal como lo hizo con Kelly. También menciono que no podría trabajar con él mientras todos en la oficina se burlaban y hablaban pestes sobre Checo. Además de parecer que Max quisiera ocultar lo que pasaba entre ambos. Y lo último, que el rubio hizo todo eso sin importarle como dañaría la imagen de Checo. Los acercamientos, los toques, las miradas y los besos. Todo eso por deseo mismo del rubio y de nadie más. —Es una mentira—Susurro Max—No es real. Tiro las cartas, tomo sus llaves y salió corriendo a buscarlo. Checo había salido del departamento justo después de que Max llego al suyo. Así que, por suerte o intervención divina, no estaban tan lejos el uno del otro. El pelinegro se encontraba buscando un taxi, pero al no ver alguno comenzó a caminar mientras miraba el paisaje nocturno. Había avanzado poco más de una cuadra cuando Max lo visualizo a lo lejos. El rubio había llorado mientras estaba en su vehiculo, tenia los ojos rojos al igual que sus mejillas. ¿Por qué Checo lo estaba abandonando? Era la pregunta que giraba en su mente una y otra vez. Estaciono su auto y se bajó corriendo para alcanzarlo. Checo no supo en qué momento sucedió todo. Cuando de repente Max lo empujo y acorralo contra una pared. —¿Por qué? —Fue lo primero que salió de sus labios—¿Qué te hizo pensar tal tontería? —Yo…—Checo se quedó sin habla. —¿Un premio? ¿En serio? —Max no le dejaba espacio para liberarse de su agarre—Nada ni nadie me ha hecho querer renunciar a todo, solo tú. El pelinegro lo miraba fijamente a los ojos, intentando descifrar si era verdad o mentira. —No me dejes—Suplicó—No creo que vuelva a sentir esto por nadie más. —¿Y si te aburres de mí? —Esa pregunta le dolió más a Max que a Checo—¿Qué pasara conmigo cuando encuentres alguien más que te haga sonreír? El rubio negó con la cabeza repetidas veces. —Solo tú tienes ese efecto en mí—Afirmó. —¿Y lo que la gente piense de mí? Todos lo saben, pero fingen no hacerlo. Me miran con desprecio, como si hubiera hecho algo malo—Explicó mientras Max cedía espacio, no quería agobiarlo. —Pero fui yo quien lo empezó—Max quería calmar sus malos pensamientos—Desde el primer día, cuando te vi por primera vez… Me enamore de ti sin darme cuenta. Esas palabras conmovieron el delicado corazón de Checo. Eso no era un juego. No fue por diversión. Max de verdad estaba enamorado de él. —¿Me amas? —Pregunto como si antes no lo hubiera dejado en claro. —Tanto que siento que no puedo vivir sin ti. Checo no pudo más y se entregó a lo que sentía. Se acerco a su rostro para juntar sus labios con los de su amado. Max poso su mano en una de sus mejillas para atraerlo más hacia él. Sabia que lo necesitaba, tanto como el aire que respira. Como si todo fuera colorido a su lado. Como si los problemas no existieran, y solo se tratará de ellos dos. Max lo tomo de la cintura para sostenerlo como si se fuera a escapar. Un baile personal donde sus labios no dejaban de buscarse y sus lenguas se encontraban en un cálido abrazo. Sin embargo, Checo se separo de él apenas tuvo la oportunidad. Eso puso nervioso al rubio. “¿Se arrepintió?” Pensó con preocupación. —Estamos en un lugar público—Le recordó y esto calmo su corazón. —Entonces volvamos a casa—Sugirió y tomo la maleta del pelinegro. Llegaron al departamento entre risas por lo colorado que se veía Max. Cuando lloraba se ponía como un tomate. Checo se quito el abrigo y lo coloco en su sitio, Samy se acerco a saludarlo como si lo hubiera esperado todo ese tiempo. Max dejo la maleta de Checo en su habitación y regreso casi corriendo para verlo jugando con el gato en su sofá. Samy pronto se distrajo con un juguete y el rubio aprovecho eso para sentarse al lado del pelinegro. —Así estuvimos aquella noche—Checo recordó el juego del chocolate. Max sintió sus mejillas arder de la vergüenza. —De verdad quería besarte—Confesó. —Quizá deberías hacerlo ahora. Esa invitación no iba a ser desperdiciada. El rubio se acercó rápidamente a su rostro y junto sus labios, pero esta vez la sensación era diferente. Había cierto deseo en ese contacto. Max estaba casi encima de él, metiendo su lengua en su boca, saboreando cada parte de esta. Checo soltó un gemido, sintiendo algo de calor en la habitación. Comprendió hacia donde se dirigía todo esto, y él también quería jugar.
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)