ID de la obra: 1504

Love, inc.

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
98 páginas, 27.801 palabras, 22 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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Quererlo todo

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Checo lo empujo aun lado y él tomo el control posicionándose encima del rubio. Max lo miraba expectante, atento a su siguiente movimiento. El pelinegro rozo sus labios con los del rubio, para después acariciarlos con su lengua. Hasta que finalmente comenzó a devorarlo con intensidad. Max no desaprovecho esta oportunidad y comenzó a jalarlo de su corbata para profundiza el beso. Sin embargo, deseaba poder deshacerse de ella lo más pronto posible. Pero comenzó a desabotonar la camisa del pelinegro. Deseando ver su piel, así como la otra vez. Cuando su deseo se cumplió, comenzó a acariciar su pecho con una de sus manos, mientras que Checo seguía ocupado con su boca. Sintió que no podía esperar más, así que se separo de sus labios para comenzar a atacar su cuello y termino abriendo toda la camisa de un jalón, haciendo caer varios botones al suelo. Fue bajando lentamente hasta llegar su pecho y comenzar a besarlo. Pero la posición era incomoda y no le permitía hacer todo lo que quería. El pelinegro tampoco se quedaba atrás, así que poso su mano sobre la erección del rubio, haciéndolo gemir al instante. Max se separo de su objetivo mientras dejaba escapar quejidos de placer al sentir la mano de Checo estimulándolo sobre su pantalón. Pero no quería seguir en esa posición, sintiéndose incapaz de moverse como quería. Había tenido un sueño una vez, y ese ocurría en su habitación. Max lo movió a un lado, para después levantarse del sofá y tomarlo de la corbata para atraerlo hacia él. No se necesitaban palabras para saber a dónde irían. El rubio volvió a juntar sus labios, cada vez más colorados por la obsesión que tenían el uno con el otro. Así llegaron a la habitación de Max, quien termino empujando la maleta fuera de su camino. Se deshizo de la corbata de Checo y logro que se quitara el resto de la camisa y sus pantalones. Mientras el pelinegro se acomodaba en la cama, el rubio comenzó a quitarse toda la ropa frente a él, arrojando todo al suelo de la habitación. Una vez sin nada encima, se acomodó en la cama frente a su pareja, tomo su mano y la llevo hacia su virilidad. Este comenzó a mover su mano, observando como su ex jefe se excitaba con cada roce. Entonces lo llevo a su boca, haciéndolo gritar de placer. Puso su mano en sus rizados cabellos, queriendo controlar el ritmo de sus movimientos a la par que movía sus caderas. El pelinegro lamia y besaba por todo su ser, intentando provocarle el máximo placer. Algo que el rubio agradecía. Pero sabían que no podían continuar de esa forma. Así que Max lo atrajo de nuevo a su labios, sintiendo el sabor salado de su boca. Con su mano comenzó a tocarlo, queriendo regresar el mismo placer. Separándose un poco, comenzó a bajar por su pecho, dejando un camino de besos hasta llegar a su zona intima. Una vez ahí, empezó su tarea, lamiendo tanto como pudiera. Tomándolo con cuidado de no ser brusco con él. Este sonrió entre besos, entendiendo lo que quería hacer el rubio, pero queriendo ir más allá que una estimulación oral. —Quiero sentirte por completo—Susurro el pelinegro cuando se separaron para tomar aire. Max asintió al escuchar esto, comenzando a tocar con sus dedos la zona más sensible del pelinegro. Queriendo estimularlo para hacer todo más fácil. Este comenzó a gemir de placer al sentirlo ahí, queriendo que no se detuviera. El rubio lo hizo voltearse para tener una mejor vista. Entonces siguió tocándolo, sintiendo como se retorcía debajo de él. Cuando vio lo excitado que estaba, sabia que era el momento adecuado para proseguir en su placer. Se acomodo en él, entrando poco a poco. Haciendo que el pelinegro gritara de dolor combinado con placer, sintiendo su cuerpo ceder ante el más alto. El rubio lo tomo por las caderas, comenzando a moverse con cuidado. Sintiendo como se envolvía alrededor de su virilidad, recibiendo un placer nunca antes imaginado. Continuo con movimientos lentos, pues temía lastimarlo si se apresuraba en el acto. Sin embargo, le era inevitable ir aumentando el ritmo. Y ciertamente el pelinegro lo estaba disfrutando. Lo escuchaba gemir debajo de él, recostándose en la cama para no cansarse rápido. Siendo que el único ruido en su habitación eran sus quejidos y el sonar de sus caderas chocando. Max comenzó a buscar con sus manos la virilidad del pelinegro, comenzando a estimularlo mientras seguía embistiéndolo por detrás. Llegando al punto máximo de la excitación de ambos, mojando las sabanas no solo con su sudor, sino con sus semillas. Max se recostó al lado de su amado y lo abrazo con fuerza. Estaba agotado. Checo intentaba recuperar el aliento, relajando todo su cuerpo cansado y bañado en sudor. El rubio se acerco a su rostro y junto sus labios con delicadeza, acomodándose bien en la cama y quedándose dormidos el uno junto al otro. A la mañana siguiente el pelinegro se despertó con un dolor en la parte baja de su cuerpo. Se sentó en la cama con mucho cuidado, y se percato del desastre que habían hecho la noche anterior. Max no estaba en la habitación, se había despertado temprano para tener el desayuno listo. Estaba entrando a la habitación cuando se encontró a un Checo adormilado y desnudo a la orilla de la cama. —¿Estas bien? —Dijo mientras dejaba la bandeja de comida en uno de los muebles para después acercarse a su amado—¿No te lastime anoche? —Si, estoy bien—Respondió con una sonrisa—¿Y tú? Max sintiendo que esa pregunta era absurda, pues no había sido a él a quien embistieron esa noche. —Muy bien—Contesto para después darle un pequeño beso en la mejilla—Necesitamos recuperar toda la energía posible. Hoy tengo tres juntas. Checo lo miro molesto. Deseaba que fuera un día libre. —Anoche renuncie—Le recordó. —Al menos quédate conmigo hoy—Pidió Max casi rogando. —Solo hoy. Max sonrió y se paro a traer la bandeja de comida a la cama. Checo tomo sus calzoncillos y se los puso para estar un poco más presentable. Ambos comieron entre risas y jugueteos. Una vez con un poco más de energía, decidieron que era momento de ducharse para salir al trabajo. Se bañaron juntos, jugando con el jabón y dándose pequeños besos de vez en cuando. Después se vistieron y salieron rumbo al trabajo. En el auto Max tomaba la mano de Checo de vez en cuando, acariciando sus nudillos y algunas veces besándola. Llegaron al estacionamiento del edificio, aunque normalmente Max se lo dejaba al valet, esta vez él estaciono su auto y abrió la puerta a su amado, ayudándolo a salir. Checo sonrió ante estos actos, entonces el rubio lo atrapo contra el auto para juntar sus labios en un profundo beso. El pelinegro correspondió al acto colocando su mano detrás de su oreja, alargando más el contacto. Sonriendo mientras se separaban, y juntar sus labios un par de veces más antes de subir al elevador. Caminaron por el pasillo, uno al lado del otro, hasta que Checo sintió como el rubio tomaba su mano y sonreía a todos en la oficina. No le importaba nada. Sin embargo, la platica que tuvieron la noche anterior le hizo saber a Max que algo estaba pasando con sus empleados y planeaba encontrar el origen del problema que tanto molestaba a Checo. No iba a permitir que nadie perturbara su paz o lo hiciera sentir mal por amarlo. Los murmullos no se hicieron esperar cuando la pareja de enamorados se alejo hacia su lugar. Todos sabían que era verdad lo que se decía: El jefe se había metido con su asistente. Checo se sentó en su silla y comenzó a acomodar sus cosas. Max tomo de nuevo su mano y comenzó a jugar con sus dedos. —La junta es en una hora, no lo vayas a olvidar—Dijo sonriente y el pelinegro asintió. Max entro a su oficina y se encontró con dos figuras conocidas. Cerro la puerta tras de sí, se acomodó la corbata y respiro hondo. Eso no seria fácil. La realidad quería golpearlo otra vez.
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