ID de la obra: 1506

𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐄𝐂𝐑𝐄𝐓 𝐒𝐓𝐎𝐑𝐘 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐖𝐀𝐍

Slash
NC-21
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
162 páginas, 49.035 palabras, 21 capítulos
Descripción:
Notas:
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•3•

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Max lo había dudado por un momento, pero ya estaba en el vehículo y el mayor conducía en silencio. Sergio había analizado la situación, o más bien había cedido a sus deseos. El encuentro en aquel vestidor le había parecido algo sumamente candente, y si ya había cruzado la línea de la moralidad ¿Por qué no dar el salto completo? Estuvo en su auto durante bastante tiempo, observaba la salida de la escuela esperando a su objetivo. Cuando vio al rubio caminando muy solo, supo que era el momento ideal. Ahora conducía a una casa que había rentado para su estancia en Cardiff. El más joven se acercó a él y puso su mano en su pierna, el pelinegro lo tomo de la muñeca y lo obligó a ponerla sobre su entrepierna. Max sonrió ante esto y movió su mano para estimular el miembro de su profesor, ese que estaba siendo asfixiado por sus pantalones. Llegaron a la casa del mayor, y por suerte nadie observó al joven que descendió del vehículo y lo siguió hasta la entrada del domicilio. Una vez dentro, el rubio observó la decoración de esta. Todo estaba muy limpio y ordenado. Sergio dejo sus cosas al lado del sofá y el más joven lo imitó, cuando esté se giro para verle, el mayor atrapó sus labios con los suyos, recordándole porque estaba ahí. El rubio se dejó tomar por esos fuertes brazos, y pronto se dejó caer en el sofá. Pero en ese momento el pelinegro se separó de él y acarició su mentón. —¿Quieres algo de tomar? —Su pregunta tomo por sorpresa al joven, jamás le habían preguntado algo así. Era común que sus amantes solo lo llevarán a la cama y no se molestaran en tener una conversación con él. Pero no quería ser maleducado. —Un poco de agua estaría bien —Respondió el rubio para después ver a su profesor alejarse hacia donde, creía, estaba la cocina. Se sentía algo fuera de lugar, pues el esperaba simplemente acostarse con él y ya. — Toma—Dijo Sergio mientras le daba un vaso con agua. El rubio tomo un sorbo ante la mirada atenta de su profesor. —Debemos aclarar unas cosas antes de, ya sabes, para saber que estamos en la misma página —Continuó el mayor —Porque se que quieres hacerlo, me lo has dejado en claro. Solo espero que entiendas las implicaciones de todo esto. Max dejo en vaso en la mesa de centro de la sala. Se relamio los labios y lo miró como si estuvieran jugando. —Entiendo que me quiere coger, y yo también deseo lo mismo —Respondió con coquetería. Sergio suspiro antes de hablar. —Necesito que lo tomes en serio, Max —Insistió. El rubio sonrió al verlo tan serio. Podía notar su estrés y frustración. Así que decidió complacerlo. —Dígame profesor, prometo ser obediente —Respondió Max colocándose encima de él. —Nadie debe saber sobre esto —Condicionó el pelinegro mientras acariciaba sus piernas—Debe ser un secreto entre los dos. —No le diré a nadie —El rubio se mordió el labio mientras comenzaba a mover sus caderas sobre las del mayor. —Porque si alguien se entera o sospecha, las cosas se pueden malinterpretar —Advirtió Sergio suspirando pesadamente debido a la estimulación que el más joven hacia sobre él —Será nuestro secreto. Max asintió y se acercó a su rostro para juntar sus labios. Sintiendo como sus manos se iban hacia su trasero y lo acariciaba. El mayor lo hizo levantarse y lo jalo hacia su habitación, donde comenzó a desvestirlo. El rubio rápidamente lo ayudo, quitándose el uniforme escolar como si fuera lo más estorboso del mundo. El joven quedó completamente desnudo sobre aquella cama. Observando como Sergio se desvestia mientras lo miraba de la misma forma en que un depredador mira a su presa. Sabía bien como estimular visualmente a un hombre. Así que comenzó a masturbarse mientras el pelinegro se quitaba sus pantalones. Cuando Sergio estaba completamente desnudo, el rubio se puso sobre sus rodillas y admiro aquel miembro que tanto había deseado probar. Tomándolo con sus manos y acariciándolo, manchandolas con el líquido preseminal del hombre. Sergio lo tomo de los cabellos y lo ánimo a tomarlo con la boca. El más joven no titubeó, iba a mostrarle lo habilidoso que era con la lengua. Dejo que el hombre llenara su boca con su carne, y sus manos jugarán con su cabellera revolviendola. El pelinegro lo miraba con atención, y el rubio le sostenía la vista. Dejaba que su miembro saliera de su boca para recorrerlo con su lengua, haciendo caer hilos de saliva por su extenuante labor. Sus labios gruesos y rojizos, hacían desaparecer ese falo entre su entrada vocal, permitiendo que el mayor follara su boca. Sergio gemía mientras sentía como el joven devoraba su miembro, y el vaivén de su cabeza no ayudo a mantenerlo en silencio. Max saco aquella carne húmeda y caliente de su boca, tal esfuerzo lo estaba dejando sin aire. Sentía sus labios hinchados y sus mejillas sonrojadas, pero también notó el deseo en la mirada del hombre. El pelinegro lo hizo acercarse a él y comenzó a devorar sus labios, invadiendo su boca con su lengua y acariciando su cuello y pechos. En aquella habitación no se escuchaba más que sus quejidos y respiraciones pasadas, además del obsceno ruido que hacía sus bocas al encontrarse en un sucio y necesitado beso. —Eres tan perfecto... —Susurró Sergio en sus labios. Este comentario halagador puso una sonrisa en los labios del rubio. Sus amantes siempre le decían lo bonito que era, pero nadie lo había llamado perfecto. Nunca en su vida lo habían catalogado de esa manera. Lo hizo sentirse orgulloso. El mayor lo hizo girarse para tener una excelente vista del trasero del más joven. El pelinegro se apoyo en la cama para está a la altura del rubio y con su lengua invadió su entrada. Max gimió al sentir como el hombre lo tomaba con fuerza de sus glúteos y los abría para darse espacio en su trasero, atacando su apretado agujero con sus labios. Había hundido su rostro entre aquellas piernas, estimulando su entrada para prepararlo para él. Penetrandolo con su lengua y llevando al más joven a retorcerse debajo de él. El rubio no pudo controlar sus gemidos cuando sintió uno de sus dedos entrar en él. Se agarró de las sábanas y dejo que el hombre siguiera jugando con su cuerpo. Ahogando sus gemidos cuando otro dedo lo invadió. Sergio movía sus dedos dentro de él, disfrutando de ver al más joven tan perdido en el placer. Pronto se dio cuenta de que ya estaba listo para él, así se que saco sus dedos y se colocó encima del joven, abriendo sus piernas para tener acceso a su entrada. Poco a poco se fue introduciendo en aquel apretado agujero, haciendo que el rubio sollozara un poco al sentirlo tan dentro de él. El pelinegro se detuvo un momento, dejando que el joven se acostumbrara la sensación tan invasiva como placentera. —¿Estás bien? —Pregunto Sergio cuando notó que el joven se quedó acostado en aquella cama. El rubio suspiro pesadamente, ese tan atento confundía a su cerebro. Pero se giro para verlo y asintió. —Es mucho mejor que cuando me la imaginé dentro de mi —Confesó el joven, haciéndolo reír por un momento. —A mi me encanta tu cuerpo, pero me gusta más como me miras cuando estoy adentro —Sergio comenzó a mover sus caderas lentamente, dejando sin palabras al rubio. Pronto tomo un ritmo más acelerado, sintiendo la aprobación en los gemidos de aquel joven que jadeaba pidiendo por más. Max sentía como el hombre golpeaba su interior, dejándose llevar por el placer que le provocaba. Sergio lo tomaba fuerte de la cintura, le fascinaba la vista del cuerpo desnudo de su estudiante y sus sollozos pidiendo por su miembro. Y le encanta observar como su carne desaparecia en su apretado agujero, aumentando su excitación y llevándolo a ser un poco más rudo. —Esto es lo que querías, ¿No?—Sergio ha habló en medio de su excitación —Llevas rogando por esto toda la semana. Al rubio eso le fascino. —S-si, por favor.. —Balbuceó un poco, víctima del calor del momento —Llevo varios días imaginando que me metes esa verga tan grande que escondes entre las piernas. Sergio terminó ensartando sus uñas en la piel pálida del joven, marcandolo con un rojizo tono que sobresalia del resto de su piel. —Que puta tan necesitada —Se burló el mayor— Imaginando mi verga cuando te metes las de otros. Max no sabía que decir ante esto. Se sorprendió al escuchar a su profesor hablándole así. Pero sabía que con el calor el filtro se iba y el cuerpo y la mente se guiaban por el placer. —Solo quiero la tuya —Respondió Max cuando sintió como el mayor le daba una nalgada tan fuerte que lo hizo gritar inmediatamente después de hablar. —¿La mía será suficiente para complacer a tan lindo joven? ¿A tan bello cisne? —Esta respuesta lo confundió a un más. Pero pronto se olvidó de eso cuando Sergio salió de él y lo hizo girarse, y así tenerlo frente a frente. — Cógeme todos los días y seré solo tuyo—Propuso el rubio, pero esto solo provocó una sonrisa en el mayor. Max soltó un gemido ronco cuando sintió como el hombre volvió a entrar en él sin previo aviso. Sergio se inclinó hacia delante, robándole un beso y comenzó a moverse al mismo ritmo que antes. —¿Todos los días? —Preguntó Sergio con un tono burlón. Entonces Max sonrió. —¿Qué? ¿No puedes? —Lo retó. Entonces el mayor comenzó a moverse con más rudeza, golpeando el interior del joven hasta hacerlo gritar de placer. Lo tomaba de la cintura y empujaba tanto como podía, sintiendo como del rubio soltaba su excitación en su abdomen. Sergio continuo embistiendolo, pellizcandolo ligeramente en sus pezones y enrojeciendo a zona. Max jamás había experimentado tanto placer, ni se había sentido tan bien en mucho tiempo. El pelinegro sintió como se acercaba al climax, obligando al joven a tomarlo con su boca hasta saciar cada gota hasta su garganta. El rubio sintió como su excitación se escurre entre sus labios, que rápidamente relamio. —Seré el único —Insistió Sergio para después acostarse a su lado. Max estaba a punto de levantarse para comenzar a cambiarse, pero el pelinegro lo detuvo tomándolo del brazo. —¿A dónde vas? —Pregunto el mayor, obligándolo a acostarse de nuevo a su lado —Acabamos de pasar un buen tiempo juntos, ¿Por qué estás huyendo El rubio sonrió. —No huyo, es solo que jamás me quedo —Confesó. Sergio se incorporo ligeramente y se apoyo en su brazo para mantener la posición. —¿Por qué?—La voz cálida de Sergio era cautivadora, por demás hipnotizante. Pero el más joven rápidamente se baja de su nube. —Porque es solo sexo —Explicó como si fuera nada —De todos modos no se dan cuenta para cuando ya me marche. A nadie le importa realmente. El pelinegro se acercó a sus labios y le dio un ligero beso. —No quiero que pienses que no me importas —Esta frase termino de quemar su cerebro. Max se acomodo entre sus brazos, recostandose en su pecho. Se abrazo a su cuerpo y dejo que sus manos lo acariciaran delicadamente. —¿Desde cuándo haces esto? —Continuó el mayor y, ante el silencio del rubio, prosiguió —¿Cuando empezaste a dormir con hombres al azar? El rubio cerró los ojos, intentando recordar. Pero no podía. Su memoria estaba confusa. Cómo si una pieza hiciera falta. —No puedo recordarlo —Confesó. Al pelinegro le lleno de curiosidad notar lo experimentado que era en el sexo. Lo seductor que podía llegar a ser a pesar de su juventud. Además de ser muy enérgico y atrayente. Su belleza y fragilidad le recordaban a esos cisnes de cristal que coleccionaba. No podía evitar mirarlo cada que podía. Principalmente admirar cada cosa que hiciera. Pues le resultaba atrapante. Y Max amaba la atención que le daba. Ningún hombre se había interesado o preocupado tanto por él. Más allá del sexo, no era visto como una pareja. Incluso a veces sentía que no lo veían como un ser humano. Sino como un pedazo de carne. Con su nueva experiencia vivida se había impactado ante lo atento que había sido su profesor con él. Esas pequeñas muestras de atención le parecían tan atrayentes como adictivas. Y Sergio parecía saber que palabras usar con él para debilitarlo y someterlo.
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