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22 de diciembre de 2025, 18:52
Los dos se estaban vistiendo cuando Max observaba con detenimiento aquella habitación.
Las paredes eran de un color amarillo casi verdosos, habían diversos cuadros decorando la habitación, con marcos rojos y cafés, pero lo único que le parecía lindo eran unos cisnes de cristal que estaban sobre uno de los muebles.
—¿Listo? —La voz de Sergio lo saco de sus pensamientos, así que para no ser cuestionado se limito a asentir.
Salieron de la casa y entraron en el auto de su profesor, quien había insistido en dejarlo cerca de su hogar.
Y antes de bajar le dijo algo que no debía olvidar:
“NO LE DIGAS A NADIE”
Sergio finalmente se fue y Max comenzó a caminar hacia la puerta de su casa. El sol estaba comenzando a caer, señal de su ausencia por horas.
Se había dado un baño antes de irse a casa, así que agradecía a la ligera lluvia que lo ayudo a ocultar sus acciones.
Cuando entró no escuchó ruido y eso lo alertó. Pero decidió continuar su camino hacia su habitación, así evitarse problemas.
—Llegas tarde —La voz de su madre lo hizo detenerse en seco —Tu padre debe estar en camino y tú todavía no has puesto la mesa —Max se giro para verla y en su rostro solo observó un atisbo de desprecio— Será mejor que te apures, no lo querrás hacer esperar.
El rubio no se había dado cuenta de la presencia de su madre, pues intentaba no hacer ruido alguno y llegar a su habitación lo antes posible.
Sin más, Sophie se levantó de la silla y camino hacia la cocina, dejando a su hijo solo.
Max se apuro a dejar sus pertenencias en en su habitación y regreso casi corriendo a colocar todo en la mesa, siendo muy cuidadoso.
—Seguramente estabas con el vago de Lando, ¿No? —Su madre continuó hablando mientras preparaba la comida —Ese niño tiene una forma de ser tan... Peculiar —Max pretendía no escucharla y solo ayudaba para que no se molestara más —Es demasiado niña.
El rubio no pudo evitar soltar un quejido de molestia.
—¿Qué? ¿Te molesta que hable sobre tu amigo? —Sophie no iba a soltar ese tema tan fácilmente y saber que le molestaba a su hijo solo la motivaba a seguirlo atacando —No sabes lo que dicen de él, tiene rumores extraños. Espero que no este influyendo en tu persona para actuar de manera tan imprudente.
—No, mamá —Susurró Max sabiendo lo que quería escuchar.
—Suficiente tenemos con tus malas calificaciones, solo falta que también andes de vago y metiéndote en problemas —Nada parecía poder detener su boca —Ya eres una decepción, no seas una vergüenza.
El ruido de la puerta abriéndose los tenso a ambos, haciendo que Sophie le diera un manotazo para que corriera a recibir a su padre.
—Bienvenido —Dijo Max llegando hasta él, pero el hombre solo le arrojó su abrigo y camino hacia la mesa.
—Mi comida —Fue lo único que dijo mientras se acomodaba en la silla.
Sophie se apuro en llegar con un plato de estofado y lo coloco con cuidado.
—¿El agua se va a servir sola o qué? —Jos levantó un poco la voz, haciendo que su hijo se apurara en servirle —Nunca hay nada listo en esta casa.
Sophie se molestó ante este comentario y cuando vio que Max iba a sentarse en su lugar, lo miró con tal desprecio que lo hizo detenerse.
—No vas a cenar hasta que termines los deberes —La mujer habló, haciendo que Jos se girará a ver a su hijo.
—¿Pago esa escuela para que andes de vago? —Cuestionó y Max negó con la cabeza —¿Y que haces ahí parado como idiota? Ve a hacer tus deberes. Porque si vuelves a reprobar, terminaré metiéndote a un internado.
Entonces Sophie negó con la cabeza.
—Los internados son muy costosos, no vale la pena —Señaló para después voltear a ver a su hijo —¿Acaso estás sordo? Lárgate de aquí, ve a tu habitación.
Max no dijo nada, sabia que protestar solo le traería más problemas.
Se fue a su habitación y comenzó a hacer los deberes, aunque su mente estaba en otro lado.
Ese día había sido muy extraño para él.
Sí, el tema con su familia siempre era el mismo pero en la escuela todo cambio.
Ahora tenía una relación extraña con su profesor, y eso no era como sus aventuras nocturnas.
No, ahí había algo más.
Terminó sus deberes y se recostó en su cama, cerrando los ojos e intentando no pensar en nada.
Fue entonces que sintió una mano acariciando su cabello. Haciendo que el joven mirara a la persona frente a él: era su madre.
—Mi niño —Ella se agachó hasta su rostro y Max cerró los ojos cuando sintió que le dio un dulce beso en la mejilla.
Al abrir los ojos no vio a nadie.
La habitación estaba oscura y había un enorme silencio en la casa.
Se había quedado dormido y el beso nunca ocurrió.

Al día siguiente, Max salió de casa fingiendo ir a la de su amigo Lando. Pero se desvío de camino y decidió no ir a la escuela.
Era uno de esos días donde sentía que ya no podía más.
Fue al muelle a pasar el día, observando el agua y los pájaros sobrevolando el cielo.
No importaba que tanto lo intentará, la soledad siempre lo invadía.
Su más grande deseo era salir de Cardiff, escapar de todo y de todos.
Pero no sabía cómo hacerlo, ni siquiera era capaz de mantener un buen prometo y menos de vivir por su cuenta.
Sin embargo, encontraba un poco de paz al estar solo y sin nadie que estuviera gritándole o llamándolo fracasado.
Por otro lado, Sergio notó la ausencia de su alumno y mostró una actitud molesta hacia la clase.
Era incapaz de concentrarse.
¿Y si Max había dicho algo?
¿Qué pasaría si se descubría lo que pasó entre ambos?
Su vida se acabaría, ya nadie confiaría más en él.
Necesitaba asegurarse de que Max no hablara. Se decía a si mismo que era por el bien de ambos, pues los dos acabarían arruinados si eso salía a la luz.
Por un momento pensó que quizá el joven se saltó su clase porque no quería verlo.
Y, sabiendo que esa tarde los jóvenes se reunirían a jugar en una de las canchas de la escuela, Sergio se apresuró para poder darle alcance.
Yo como los jóvenes comenzaron a jugar pero no pudo encontrar a Max. Él simplemente no estaba ahí.
Decidido, el maestro fue en busca del archivo del joven Verstappen.
Necesitaba su dirección para poder verlo y asegurarse de que todo estuviera bien. Max lo había guiado la última vez, pero lo había olvidado.
Sin embargo, aprovechó ese momento para revisar todas las calificaciones del joven, dándose cuenta de su pésimo desempeño académico.
Sí Max continúa faltando, ya sea solo a su clase o a todas, volvería a reprobar.
Tomó su abrigo y se dirigió a su auto necesitaba encontrar a Max y hablar con él.
No iba a permitir que se le saliera de las manos.
Llegó a la calle donde vivía el joven Verstappen. No era una de las mejores de la ciudad, pero no se sintió en posición de juzgar.
Se estacionó cerca de la casa de su alumno, e intentó divisar si estaba ahí adentro. Pero no había señal alguna de Max, era como si se hubiera esfumado.
Y pasarían un par de horas antes de que el joven regresara a casa.

Max caminaba por el centro de la ciudad, observando todo a su alrededor y con la mirada perdida.
Aún era muy temprano para volver a casa, quería pasar más tiempo solo.
A lo lejos vio un cine que le resultaba conocido. Entonces recordó cuando aún era feliz con su familia.
Un día su padre decidió llevarlos al cine y pasar toda la tarde divirtiéndose. Era extraño cuando ocurría, pero eran recuerdos preciados.
Así que caminó hasta ese lugar para poder refrescar su memoria y mantener ese recuerdo vivo.
Se imaginaba a sí mismo con su familia disfrutando de una película mientras comían palomitas.
Pronto una risa familiar lo sacó de sus pensamientos.
El joven se giró y a unos cuantos metros vio a su madre acompañada de otro hombre.
Ella lo tomaba del brazo y él la sostenía por la cintura.
Sophie tomo una palomita y se la puso en los labios al extraño. Dicha cercanía decía más que las palabras.
Y como si hubiera sentido su mirada sobre ella, la mujer se giró y sus ojos se encontraron con los de su hijo.
En ese momento ambos se quedaron estáticos.
Ni uno de los dos debía estar ahí.
El rubio fue el primero en reaccionar, girando y comenzando a caminar rápidamente para alejarse de ahí.
Una cosa era segura, ninguno de los dos hablaría.
O al menos eso pensaban.
El joven entendía muy bien la situación. No era tonto, su madre había estado engañando a su padre con ese tipo.
¿Ahora cómo podría mirarla la cara?
Se apresuró a encontrar el camino a casa. Era probable que ella siguiera sus pasos para intentar callarlo o hablar sobre lo que vio.
Cuando estaba a escasos metros de la puerta de su hogar se percató de la presencia de un auto que le resultó conocido.
Se detuvo en seco y giró sobre sí mismo para alejarse de ahí.
No se sentía listo para hablar con alguien en ese momento.
Sin embargo, Sergio no iba a ceder con facilidad. Comenzando a conducir a su lado para intentar hablar con él
—Max —Lo llamó pero el rubio no volteó a verlo —Necesitamos hablar, sube.
—No puedo, estoy ocupado —Se excusó el joven sin siquiera voltear a verlo.
—Sube o te reportaré con el director por el saltarte de las clases —Amenazó y entonces el rubio se giró para verlo.
—Y yo le diré que me llevó a su casa y me cogió —Dijo mientras se acercaba hacia la ventanilla del auto —¿Quiere que hablemos?
Sergio se tensó.
—No actues como idiota, sube al auto y vámonos —Insistió el pelinegro y en ese momento un vehículo se detuvo cerca de la casa del más joven.
Max pudo divisar a su madre dentro de este y, sin más opciones y con miedo a afrontarla, subió al auto de su maestro.
Sergio comenzó a conducir hasta alejarse de cualquier vista curiosa.
Se detuvo en un callejón donde sabía que nadie los vería. Y por un momento ninguno de los dos dijo nada.
Todo estaba demasiado tenso y no sabían las razones detrás de esto.
—¿Y bien? Comenzó el pelinegro —¿Me vas a decir porque faltaste hoy?
El rubio resopló molesto.
—No tenía ganas de ir, es todo.
—No me mientas, Max —Insistió —Te prometo que no le diré a nadie. Eso solo que me preocupa tu actitud.
En ese momento el joven no pudo evitar soltar una risa.
—¿Le preocupó? —Preguntó con cierta burla —No tiene que mentir solo para agradarme. Yo no le preocupo a nadie, ni siquiera a mis padres —Hizo una pausa antes de continuar —No fui porque no tengo ganas de ver más esta estúpida ciudad. Todos los días me despierto sabiendo que pasaré el resto de mi vida atrapado en un sitio donde no pertenezco.
En ese momento Sergio comprendió que la situación de su alumno iba mucho más allá que solo malas calificaciones.
Su forma de actuar era resultado del constante desinterés por parte de su familia
El maestro no era tonto, había visto que la razón por la que subió el auto era por ese vehículo que se detuvo frente a su casa.
En ese momento tomó la mano del rubio y la sostuvo con fuerza, ya que esta intentó zafarse.
—Comprendo bien lo que dices —Comenzó —Si te soy honesto, yo sentía lo mismo a tu edad y mis calificaciones eran horribles —Sonrío ante esto —Mis hermanos decían que era adoptado y eso me hizo sentir alejado de mi familia. Pero entonces comprendí que el único que podía sacarme de ahí era yo.
En ese momento capturó toda la atención del más joven.
—¿Y cómo lo logró?
Sergio sonrío complacido.
—Me costó mucho trabajo —Continuó —Era difícil porque muchas personas me decían que no lo lograría, y mírame ahora. A pesar de que solo soy un maestro, nadie puede decirme qué hacer y no hay nada que me detenga para salir de Cardiff —Entonces acortó más la distancia entre ambos quedando muy cerca de su rostro —Yo no quiero que pases por eso. A mí nadie me tendió la mano, pero yo quiero ayudarte.
Una sensación de alivio recorrió el cuerpo de Max.
Al menos había alguien en su vida que realmente se preocupaba por él
Fue entonces que Sergio lo tomó del mentón y juntó sus labios con los del más joven, el cual no dudó en corresponderle.
Cuando se pararon el rubio se mostró más que feliz después de esa agradable conversación.
—No debería decirte esto —Dijo el pelinegro —Pero no me gustaría que siguieras faltando. Haremos un viaje con otros maestros, es para los alumnos de último año. Y para que puedas asistir tienes que mejorar tus calificaciones.
&Mis padres no podrían pagarlo —Aclaró —Y aunque pudieran, no lo harían.
—Yo pagaré tu parte —Dijo Sergio mientras sostenía su mano —Solo no faltes más a la escuela. Hoy te extrañé mucho.
En ese momento su mano comenzó a colarse hasta llegar a sus pantalones, recorriendo su pierna y acariciándolo sobre la tela.
Max se mostró más accesible, ya no estaba tan molesto.