ID de la obra: 1506

𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐄𝐂𝐑𝐄𝐓 𝐒𝐓𝐎𝐑𝐘 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐖𝐀𝐍

Slash
NC-21
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
162 páginas, 49.035 palabras, 21 capítulos
Descripción:
Notas:
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•5•

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TW NSFW ESTE CAPÍTULO TIENE CONTENIDO ADULTO. Cómo si de una compensación se tratara, Max cumplía con el capricho de aquel hombre. Sergio lo tomaba de los cabellos y lo obligaba a meter toda su carne a la boca. Nadie los veía ni se daban cuenta del actuar tan desmedido del mayor. Cuando el acto termina, se acerca a su oído y susurra: “ERES ESPECIAL PARA MÍ” Esto llena de orgullo al joven y le da un sentido de satisfacción al notar lo mucho que le gusta ser halagado por su profesor. Lo lleva de nuevo a casa y se despiden con un muy candente beso. Su dinámica es complicada, pero el mayor finalmente encontró la manera de hacerse más cercano.  Cuando el rubio regreso a casa, se sintió nervioso al ver a su madre en la sala y con una expresión molesta. —Ven aquí —Dijo Sophie con una voz firme, pero Max la ignoró y comenzó a caminar hacia si habitación. La mujer lo persigue con un caminar pesado y tosco, producto de su desesperación. El joven alcanza a encerrarse en su habitación, pero el constante golpeteo en la puerta lo pone nervioso y pone todo su peso sobre está para evitar que sea abierta. —Maxie, cariño, abre —Su voz se vuelve extrañamente dulce. El rubio titubea por un momento y comienza a cuestionarse si es real o producto de su imaginación. Pero cuando ella repite el mismo comportamiento, él sabe que es real. Y comprende que es una trampa. Sin embargo, el ruido de la puerta principal abriéndose hace que los dos se tensen. Sophie se aleja para recibir a su esposo y Max sabe que debe atender a su padre, pero todavía tiene miedo. Cuando escucha sus voces a lo lejos, sabe que debe salir antes de que su madre lo delate o él la delatara a ella. —Y pronto me darán el ascenso —Jos se escuchaba particularmente contento. Era un buen día. —Eso es increíble mi amor, te lo mereces —Respondió Sophie para después juntar sus labios en un corto beso —Max, saluda a tu padre. La mujer se percató de su presencia sin siquiera voltearlo a ver. —Hola padre, bienvenido —Dijo el rubio acercándose y Jos le dio una palmada ligera en la espalda. —Sirve, tengo hambre —El hombre se sentó en su lugar en la mesa mientras que su familia preparaba todo para él. Max no decía nada mientras ayudaba a su madre, pero ella no dejaba de mirarlo buscando la mínima señal que la tranquilizara. Si bien ella podría llamarlo mentiroso, la simple mención del engaño la pondría en una mala situación. Ya sea verdad o mentira. —Buen provecho —Dijo Sophie llegando hasta la mesa y sirviéndole a su esposo. Los tres comenzaron a comer en un silencio demasiado tenso y sospechoso. Jos no era ningún idiota, sabía que algo estaba pasando y no quería arruinar su buen humor. Sin embargo, no se quedaría con la duda. —¿Qué hiciste hoy?—Preguntó el hombre mientras miraba a su esposa. —Fui al doctor, no me sentía muy bien y después volví a casa —Respondió la mujer algo nerviosa mientras de reojo observaba a su hijo —Pero estoy bien, nada de que preocuparse. Jos asintió sin darle mucha importancia. —¿Y tú? —Habló mirando a su hijo —¿Cómo vas con tus estudios? —Hoy tuvo un examen —Respondió Sophie con una falsa sonrisa —¿Verdad hijo? Max supo que su defensa era más un acuerdo para que no hablara. Pero debía continuar con la mentira. —Si, de Español —Dijo Max sin siquiera levantar la mirada. El hombre no parecía muy convencido de todo esto. —Pronto tendremos un viaje escolar —Continuó el joven para cambiar el tema —Podré ir si mejoro mis calificaciones. —Esos viajes son muy costosos —Sophie lo interrumpió y su voz ya no sonaba dulce o alegre, pero pronto recobro la compostura —Pero podremos ver si hay posibilidad de que vayas. Max se dió cuenta de lo nerviosa que estaba. —¿Qué está pasando? —Jos no aguanto más —Ustedes dos están ocultando algo. El rubio quería decirlo, pero tenía demasiado miedo. Sabía que lo retaría por haber faltado a clases, pero su madre tenía un amante y estaba actuando de manera hipócrita. —Bien, no quería decirlo —La voz de Sophie lo sacó de sus pensamientos —Le pedí a Max guardar el secreto, pero no es justo para él. El joven la miro confuso, no esperaba que ella confesará. —¿De qué estás hablando? —El hombre carecía de paciencia —No des más rodeos. —Estoy embarazada. Esta confesión dejo sin habla a su esposo e hijo. Pronto una sonrisa se mostró en el rostro del hombre y abrazo a su esposa. Max solo los miraba. Estaba demasiado confundido con todo eso. Pero también temeroso por ese nuevo cambio. Un nuevo integrante significaba su desplazamiento dentro del núcleo familiar. Y si ese niño no era de su padre, Dios sabe el destino que le traería. Pero ahora no podía hablar. No, porque su madre lo llamaría mentiroso y su padre podría matarlos a ambos. Estaba perdido en su propia familia.  Al día siguiente Max caminaba hacia la escuela junto a su amigo Lando. Este último iba parloteando de todo lo que había ocurrido el día anterior en su ausencia. Sin embargo, Max estaba en blanco. Su mente se encontraba en otro lado, sus pensamientos se iban tejiendo en un hilo de confusión y tristeza. Sus padres ya eran crueles con él y era hijo único. Con un nuevo integrante, su mejor destino sería el olvido. Pasaron las horas y finalmente llegó la clase de español, donde Sergio volvió a prestarle especial atención y logro sacarlo del agujero donde se encontraba. ¿No era Sergio alguien perfecto? Guapo, exitoso y amigable. Todos en la escuela lo amaban y respetaban. Y mientras muchas chicas peleaban por su atención, Max era el único al que llevaba a la cama. Eso lo hacía especial ¿No? Al menos esa era la forma en que su mente se consolaba. Su profesor lo miraba de vez en cuando, dedicándole lindas sonrisas y algún guiñó. —Hoy tendremos una pequeña evaluación —Lo escucho decir y maldijo por lo bajo. Realmente necesitaba mejorar en sus calificaciones. Cuando terminó el examen, se lamento por no haber llegado el día anterior y comenzó a guardar sus cosas. —El entrenador se molestó porque no llegaste ayer, ya tienes muchas faltas —Dijo Lando mientras lo esperaba y el salón se iba vaciando —Hoy iré con mamá al súper, si quieres puedes venir con nosotros. Los jóvenes comenzaron a caminar hacia la puerta del salón para marcharse. —Max —Escuchó la voz de su profesor antes de que pudiera salir del aula —Como no llegaste ayer y no entregaste tus tareas, hoy te quedarás castigado por la tarde. El rubio se detuvo en seco y lo volteo a ver esperando que sea una broma. —Pero, profesor, prometí llegar temprano a casa —Respondió algo nervioso, temía la furia de su madre por volver a llevar tarde. —Eso debiste pensarlo antes de decidir faltar —Sentenció el mayor y el más joven vio como su amigo se marchó con una cara de disgusto. Sergio se acercó a la puerta y cerro dejándolos a los dos solos. Se aseguró de que nadie estuviera cerca y tomo a Max del cuello de su uniforme para juntar sus labios rápidamente. —Nos van a ver —Se quejó el rubio separándose ligeramente, pero el pelinegro volvió a atraparlo con sus labios —Basta... —Me he estado resistiendo todo el día —Dijo Sergio antes de separarse de él y besarlo en la mejilla. El rubio se acomoda el uniforme, pues el mayor lo había estado tocando mientras lo besaba. —¿En serio me tengo que quedar? —Pregunto y su profesor asintió. —¿No quieres pasar tiempo conmigo? —El tono de su voz llamó su atención. Sonaba apagada pero con algo de molestia. ¿Le estaba reclamando? —No es eso, es solo que mi mamá me hace preguntas cuando no llego temprano —Explicó temiendo que no le creyera. No estaba mintiendo, pero no sabía cómo reaccionaría. Ya no se sentía tan valiente o atrevido. Su mente estaba pasando por mucho. —¿O querías irte con Norris? —Entonces comprendió todo. —¿Esta celoso de él? —Preguntó con cierta burla. Sergio regreso a su asiento y lo observó de arriba a abajo. —Solo tengo curiosidad. El profesor tomo uno de los exámenes y comenzó a revisarlo. —Quizá si quería irme con él —Max estaba tanteando el terreno. Sergio fingió estar muy concentrado en el papel, pero su lengua no se pudo controlar. —Sobre ese joven, veo que eres muy cercano a él —Comenzó sin siquiera verle —¿Es tu mejor amigo? El rubio sonrió. —Sí, lo es. El profesor se acomodó en su propia silla y suspiro pesadamente. —No le has dicho nada sobre nosotros ¿O si? —Esa pregunta tomo por sorpresa al más joven —Es un secreto entre los dos ¿Recuerdas? Max se acercó a él, intentando mostrarse abierto al diálogo. Su voz era seria, así que lo tenso ante la idea de un abandono. —Nunca, jamás le diría algo —Afirmó mientras se sentaba en su escritorio —No quiero meterlo en problemas. —Yo sé que no —Respondió el pelinegro mientras ponía su mano sobre su pierna y comenzaba a acariciarlo — Entiendo que debes llegar a casa temprano, así que te llevaré apenas termine de calificar estos exámenes. —Gracias —Dijo el rubio mientras asentía. —Pero no se cuanto tiempo me llevará —Entonces Sergio se apoyo en el respaldo de la silla y bajo su mano a su entrepierna —Estoy muy tenso. Max se percató de como la erección de su profesor se marcaba en sus pantalones, acariciándolo con su mano sobre la tela. El mayor invitaba al rubio a tocarlo.  Sergio dejaba escapar pequeños gemidos cuando sentía como la lengua del rubio se deslizaba por toda su carne. Max estaba sentado en el suelo, sumergiendo su cabeza entre las piernas de su profesor mientras esté continuaba calificando los exámenes. El más joven está dispuesto a complacerlo en lo que desee. Él era lo único estable en su vida. Así que no se molestaba cuando lo jalaba del cabello para meter todo su miembro en su boca y provocarle arcadas. Amaba ver su cara de satisfacción, resultado de un muy buen trabajo bucal. —Maxie... —Susurró el pelinegro. Ese apodo cariñoso tocó algo dentro del joven. Pero no tuvo tiempo para pensar cuando sintió como su profesor lo obligó a sacarlo de su boca y lo levantó del suelo para después arrinconarlo boca abajo sobre su escritorio. Sus manos rápidamente buscaron deshacerse de sus pantalones y dejarlo semi desnudo en aquella posición. Soltó un gemido ronco al sentir la lengua de Sergio en su entrada, jugando con sus pliegues y buscando estimularlo con sus dedos. Sus quejidos eran cada vez más alaridos, provocando un movimiento brusco que lo hizo tirar los papeles del escritorio. Pronto se hizo presa de la adrenalina al hacerlo en un lugar poco apropiado, con el riesgo de ser visto por cualquier otra autoridad escolar. La estimulación que estaba recibiendo hizo que su mente se perdiera. Y la atención, maldición, como amaba recibir eso. Aquello de lo que siempre fue privado, servido en bandeja de plata. Pronto lo sintió posicionarse en su apretado agujero, recibiendo su miembro hambriento por él. Sergio lo sostenía fuerte de la cintura y comenzó a mover sus caderas mientras gemía a su oído. Los papeles seguían cayendo, así que decidió cambiar de posición. Max movía sus caderas sobre las de su profesor, escuchando sus respiraciones agitadas y el crujir de la silla de su maestro. El pelinegro estaba sentado mientras el más joven se encontraba sobre sus piernas con su miembro en su interior. Este último se dejaba llevar ante la idea de ser tan apreciado y admirado por alguien tan reconocido y respetado. Mientras que Sergio amaba el control, la seguridad y el placer que esté le daba, guiando sus caderas para aumentar el ritmo de sus embestidas. Sentía como el rubio estaba a punto de llegar a su punto máximo, así que con una mano tapo su boca para evitar llamar la atención y con la otra sostuvo su miembro para recibir su semilla. Max ensartó sus uñas en las piernas de su profesor mientras que esté sintió la descarga en su mano. Pronto la llevo a su boca y la limpio en una escena bastante obscena para los ojos del rubio. Cuando Sergio sintió que no podía más, hizo que Max abriera su boca para recibir el resultado de su muy buen desempeño en el aula. Al rubio le fascinaba ser visto por alguien, que esté lo tomara en cuenta y le mostrará el mínimo afectó. Sergio era diferente a sus otras aventuras. Porque él planeaba quedarse para siempre en su vida y en su mente.  Nota: Cap corto pq no me dió tiempo, perdón :(
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