ID de la obra: 1506

𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐄𝐂𝐑𝐄𝐓 𝐒𝐓𝐎𝐑𝐘 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐖𝐀𝐍

Slash
NC-21
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
162 páginas, 49.035 palabras, 21 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

•6•

Ajustes de texto
Al terminar de arreglar todo, Sergio de ofreció a llevarlo a casa y Max accedió, pero este hizo una parada imprevista antes de llegar. El rubio lo miró expectante, confuso pero muy interesado en porque se habían estacionado afuera de una tienda de artículos para decoración. Ambos entraron y el lugar estaba casi en silencio. Dieron unos cuantos pasos y se detuvieron frente a unos estantes que tenían diversas figuras de animales hechas en cristal. —Me gustaría comenzar a decorar la casa donde vivo —Comenzó el profesor —¿Podrías ayudarme? —El joven asintió —Me gustan mucho los cisnes de cristal, siempre compro uno en cada ciudad que visito. No había podido comprar uno aquí pero, ahora que estás conmigo, me gustaría que lo eligieras por mí. Max se emocionó mucho ante la idea de ser tomado en cuenta. Comenzó a observar cada uno de los cisnes de cristal hasta encontrar alguno que le pareciera perfecto. Sergio lo miraba con atención, cautivado por el actuar del joven. Le causaba tanto placer. ¿Alguna vez podría renunciar a esa sensación? No lo creía posible. —Este —Dijo el rubio señalando uno. Era un poco más pequeño a comparación de los otros cisnes de su colección, pero a ese punto ya no le importaba. El pelinegro lo tomo y fueron a la caja a pagar. Después de eso subieron de nuevo al auto, esta vez en un silencio cómodo y condujeron hasta la casa del joven. Una vez que el profesor se estacionó a una cuadra antes de llegar, se giró hacia él y le recordó que no debía contar nada a nadie, finalmente añadiendo: "SÉ QUE NO QUIERES PROBLEMAS" El rubio caminó hasta su casa y abrió la puerta, no había dado ni dos pasos cuando sintió un fuerte golpe en su espalda. —¿Acaso todo te lo tomas como un juego? —Dijo su madre haciéndolo voltearla a ver, le había arrojado un cucharón de madera —¿Donde estabas? Te perdiste toda la tarde, ¿Vas a la escuela a estudiar o perder el tiempo? Tu padre trabaja todo el día y tú andas de vago. Pronto tomó otro utensilio de cocina y se lo arrojó. —El profesor me pidió que me quedara —Soltó algo temeroso por el actuar de la mujer. —¿Por qué? ¿Acaso te castigo? —Siguió cuestionando hasta que recordó lo sucedido el día anterior —Ah, es por eso ¿No? Faltaste a clases y te ha castigado. Eres un tonto. —Si, me castigo por eso —Respondió sin darle más vueltas al asunto. Quería terminar con ese tema. —¿Y lo dices con tanta tranquilidad? —Continuó la mujer —No quiero que vuelvas a reprobar, ¿Entiendes? Piensa en tu hermano —Se tocó el vientre —No voy a permitir que crezca con un vagabundo como ejemplo. Aprende a comportarte. Max no respondió, sabía que de hacerlo solo haría más grande el problema. Se apuro en dejar sus cosas en su habitación, para después poner la mesa antes de que llegara su padre. Cuando Jos llegó todo se tenso un poco, pero no tanto como antes. Gracias al ascenso y al embarazo de Sophie, su padre había mostrado más serenidad. Pero él no formaba parte de la ecuación. —Hay que planear la habitación del bebé —Comenzó la mujer —Debe ser un espacio amplio, ¿Recuerdas lo que dije anoche? —¿Sobre el ático? —Pregunto Jos para después continuar con su comida. —¿El ático? —Repitió Max —¿Ahí dormirá el bebé? Sophie soltó una pequeña risa. —Ahí dormirás tú —Respondió su padre sin siquiera mirarlo. El rubio los miró sumamente confundido. —Es una broma, ¿Verdad? —Preguntó el joven con una sonrisa nerviosa, pero fue lo suficientemente valiente para seguir hablando —Tengo 18 años, yo también merezco mi espacio. —Por amor a Dios. Max, ¿Cómo puedes ser tan egoísta? —Dijo su madre mostrando desaprobación a sus palabras —No compraremos una nueva casa solo para que estés más cómodo. —Pero mamá... —Insistió. —Ya escuchaste a tu madre, no seas irrespetuoso —Jos se mostró molesto ante la discusión. —Es cierto que ya tienes 18 años, y también mereces tu espacio —Comenzó Sophie —Así que sino te gusta, puedes irte. Vive en la calle como el vagabundo que eres. Max estaba molesto, no podía creer que ya estaba siendo relegado a un segundo plano y el bebé ni siquiera había nacido. —¿Estás faltando de nuevo a la escuela? —Pregunto Jos sumamente molesto —¿Que no te dije que no quería más problemas? Reprobaste un curso, ¿Vas por el siguiente? En lugar de ser un estudiante modelo, te convertiste en todo lo que no se debe ser. —Bueno, no soy el único que miente sobre lo que hace —Susurró el rubio. —Y todavía protestas —Respondió Sophie sabiendo bien a lo que se refería —Te crees con derecho a todo, ¿No? —¿Por qué me tratas asi, mamá? No lo entiendo —Dijo Max visiblemente cansado de esa situación. —¿Por que te trato asi? Piensas que soy injusta, pero ¿Quién de los dos falta a clases a propósito? —Señaló —¿Quien de los dos fue castigado por su profesor? ¿Quien reprobó el curso? Dime, vamos, recuerdame quien lo hizo. Max no pudo responder ante tal ataque. —Ya es suficiente —Jos estaba cansado de esa discusión —Quiero comer en paz, así que lárgate a tu habitación. El rubio se levantó de la mesa y se fue a su habitación. Se acostó en la cama y miro al techo intentando no pensar demasiado. Cerró los ojos, quería imaginar una vida feliz. Pero, por alguna razón, solo pudo recordar los labios de su profesor sobre los suyos. Tocando su boca para intentar aferrarse a la sensación.  No pasarían muchos días hasta volver a tener otro encuentro con su profesor. Esta vez en los baños de la escuela, donde el joven de 18 años dejó que el hombre hiciera lo que quisiera con su cuerpo. Hacerlo en horario de clases ayudó a que no hubiera nadie cerca que pudiera descubrirlos. Nadie se preguntaba nada. O quizá casi nadie. Estaba en el entrenamiento del equipo de fútbol cuando a lejos vio a su profesor observándolo desde la banca. El rubio no pudo evitar ser más coqueto para impresionarlo. Ansiaba su aprobación. Y Sergio le fascinaba verlo actuar de esa manera, sabía que lo tenía en la palma de su mano. —¿Qué haces? —Preguntó Lando llegando hasta Max —Concéntrate o perderemos el partido. El castaño se había dado cuenta del comportamiento extraño de su amigo, pero no había sido capaz de ligarlo a la presencia de su profesor. Porque, ¿Quién podría imaginar que estuviera pasando algo ahí? Pero Lando se había percatado de que sus salidas se volvieron nulas. Ya no se escapaban por las noches, lo cual era un alivio. Pero no podía evitar preguntarse la razón detrás de esto. Y por qué su amigo parecía estar guardandole secretos. Sabía que no podía presionarlo, pero era algo que le preocupaba. Sin embargo, regresaron a su juego pero Max, al parecer, había sido lesionado por uno de los compañeros. O eso les hizo pensar. Terminó retirándose del partido y yéndose a los vestidores. No sin antes dedicarle una mirada de complicidad a su profesor. No tardarían mucho en estar solos en aquel lugar. Sergio era consciente de que tan poco tiempo tenía para hacer de las suyas. Lo tenía en el piso, de rodillas frente a él y con su boca bastante ocupada dándole placer. En esos días, y con sus constantes encuentros, había descubierto la clase de halagos que le gustaban al rubio. Así que lo tomo de los cabellos y lo ayudo a marca el ritmo para follar su boca. —Te has portado muy bien —Susurró con una sonrisa en los labios —Eres tan lindo cuando haces lo que te pido. Que chico tan bueno. Esto llenaba de orgullo al joven, deseando escuchar más de eso. —¡Max! —La voz de Lando los alertó y el rubio se levantó del suelo para irlo a buscar y que no se percatara de la presencia del profesor. —¿Qué pasa? —Preguntó Max llegando hasta la entrada de los vestidores con la respiración visiblemente agitada. El castaño se percató de esto y di un paso hacia delante, notando como su amigo se movía para evitar su avance. —Es lo mismo que me preguntó —Dijo Lando haciéndolo a un lado para pasar —¿Qué está pasando contigo? Camino hasta adentrarse a los casilleros, notando que no había nadie ahí. Pero Sergio se había pegado a una columna que los separaba, mirando de reojo para ocultarse de aquel chico entrometido. —Me lastime, ¿Qué más crees que me pasó? —Max intentaba desviar la atención, pero Lando siguió su camino buscando algo que le diera la respuesta que buscaba. Mientras más avanzaba, el mayor más encontraba el camino a la salida. —No te veo lastimado —Comenzó el castaño, notando lo colorado que estaba su amigo —¿Fingiste la lesión? —¿Q-qué? —Balbuceó —Claro que no, ¿Por qué haría algo así? —¿Qué te pasa? Estás muy nervioso —Insistió —Sabes que puedes confiar en mí, somos amigos. El rubio vio cuando Sergio se marchó en silencio, no sin antes darle una negativa con la cabeza. Sabía que no debía hablar. —Mis padres tendrán otro hijo, ¿Esta bien? —Respondió con molestia. Se había alejado tanto de su amigo que ni siquiera le contó 'La gran noticia'. Lando se compadeció de su mejor amigo, sabía que debía ser algo difícil debido a la complicada relación con sus padres. —¿Y como estás con eso? —Preguntó un poco más calmado, e intento tocar su brazo para mostrarse cercano. El rubio se alejo. —No quiero hablar de eso, necesito estar solo por un tiempo ¿Esta bien? —Max tomo sus cosas y se marchó dejando con la palabra en la boca a su amigo. No tenía nada en contra de Lando, pero sabía que su intromisión podía afectar la 'relación' que tenía con su profesor. Principalmente porque Sergio no se había molestado por ocultar su desdén hacia aquel joven. Lo consideraba una piedra en el camino. Así que el rubio salió casi corriendo en busca de su profesor. Esperándolo en aquella calle en la que siempre pasaba a recogerlo cuando se iban juntos a su casa. Pensó que no llegaría, que se había molestado con él. Pero Sergio haría cualquier cosa menos soltarlo. Fue entonces que apareció en su vehículo y lo invito a subirse. Tenían algo pendiente y les llevaría toda la tarde.  El joven se encontraba recostado en el pecho del mayor, estaba visiblemente agitado. —Pensé que no me llevarías contigo está tarde —Confesó el rubio —Me gusta cuando estamos juntos. Sergio sonrió mientras acariciaba sus mechones dorados. —¿Qué hablaste con Norris? —Comenzó —Cuando me fuí, ¿Qué te dijo? Su voz sonaba algo sería, pero sus caricias le daban la seguridad para hablar. —Quería saber que me pasaba y le dije algo que no es del todo mentira —Explicó —Mamá está embarazada, así que tome eso como una excusa. —Vaya diferencia de edad —Susurró el pelinegro —¿Y te emociona la idea de tener un hermano? El rubio hizo una mueca de disgusto, algo que el profesor no pudo ver pero sintió su pesar. —No me hace ilusión —Confesó para después dar un gran suspiro —Pero eso no me importa mientras estés conmigo. Sergio sonrió y le dio un pequeño abrazo. No tardarían mucho tiempo en esa posición. Sabían bien que el joven debía volver a casa. Mientras Max se cambiaba, el teléfono sonó y el profesor se fue a atenderlo, hablando por lo bajo para no ser escuchado. —¿Hola? —Dijo Sergio cuando respondió la llamada —¿Está todo bien? —Sonrío ante la respuesta afirmativa del otro lado de la línea —Me sorprendió que llamaras. Yo también te extraño hermanita —Se apoyo en la pared mientras la escuchaba —Dale mis saludos a mamá y papá y obvio también a nuestro hermano. Desviaba la mirada buscando asegurarse de que su conversación era lo suficientemente privada. —Te llamaré luego, ¿Esta bien? —Susurró —Estoy un poco ocupado, los quiero. —Estoy listo —Dijo el rubio desde la habitación, no se había enterado de nada. Así que después de arreglar todo, terminó llevándolo a su auto y se despidieron de un beso en la oscuridad. Max entró a casa y lo primero que recibió fueron gritos. —¡¿Quién te crees que eres?! —Gritó Sophie para después agarrarlo de una oreja y arrastrarlo hasta la cocina. —Me lástimas... —Se quejó mientras sus ojos se llenaban de lágrimas —Mamá, por favor... —No te apareciste en toda la tarde —Dijo soltandolo —Tuve que mentirle a tu padre, por suerte se fue a su noche de juegos con sus amigos. Podía notar lo furiosa que estaba, el odio en sus ojos era visible y eso lo ponía nervioso. —Mamá, lo siento... —Repitió en el mismo tono apenas audible. Sentía su voz frágil. Le costaba pronunciar palabra. La mujer suspiro pesadamente. Pero una idea se cruzó por su mente. —¿Tienes hambre? —Su pregunta lo tomo por sorpresa pero, ante el temor de su negativa, asintió —Te serviré la cena. Pronto la vio irse hacia la estufa y tomar un cucharón de la sopa que había hecho esa tarde. Entonces dejo caer el contenido al suelo, manchando todo a su paso. —Ma... —El rubio iba a decir algo, pero fue callado de una bofetada. —Come —Ordenó y el joven la miro estupefacto —Limpialo todo. —¿Q-qué? Realmente quería creer que no hablaba en serio. —Tienes que aprender de alguna forma —Señaló —Si llegas tarde, así comerás todas las noches. Ahora come. Ante la falta de acción de su hijo, Sophie lo tomo de la oreja y le dio un jalón para que se agachara. Max chillo del dolor y termino arrodillado en el suelo. Su madre le dio una patada para que se inclinara más. Parecía disfrutar humillarlo. Y el joven sabía que no tenía más opción que llevarse ese alimento a la boca. Tomando un poco con su mano, comiendo como si fuera un animal y llorando en el proceso. Mientras su madre susurraba insultos que solo lo hacían llorar más fuerte. Se estaba despedazando.  Nota: Perdón por la falta de actualización, prometo que eso cambiará❤️
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)