ID de la obra: 1506

𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐄𝐂𝐑𝐄𝐓 𝐒𝐓𝐎𝐑𝐘 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐖𝐀𝐍

Slash
NC-21
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
162 páginas, 49.035 palabras, 21 capítulos
Descripción:
Notas:
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•7•

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Debido a lo ocurrido con la cena, Max comenzó a temer que ese episodio se volviera a repetir y termino alejándose de su profesor. No quería culparlo, pero comenzó a marcar cierta distancia para poder evitar los maltratos de su madre. Le tenía tanto miedo después de la forma en cómo lo humilló al hacerlo comer del suelo. Podido anotar la satisfacción en su rostro. Disfrutaba tratarlo de esa manera y solo estaba buscando excusas para repetirlo. Y él lo estaba dispuesto a darle razones para tratarlo así. Aunque nunca existirían razones suficientes para justificar el tratar así a un hijo solo por llegar tarde a casa. Si bien Max podía usar la infidelidad con un arma, sabía bien que podía desatar peores demonios con esa información. Además, era su palabra contra la de su madre. Si hablaba, estaba muerto. Por otro lado, al profesor no le cayó en gracia el repentino alejamiento del rubio. Para Sergio, dicha actitud le resulto molesta e incluso confusa. ¿Qué paso con su acuerdo? No recordaba haber hecho algo malo como para que este se alejara. Ya ni siquiera lo miraba a los ojos en clase y se mostraba muy ausente. Distante. Si, había comenzado a crecer una distancia entre ambos. Esto no le gustaba. Se sentía asfixiado. Pero el profesor era muy inteligente, y siempre había creído que la justicia era hacerle sentir a tu oponente la misma sensación que le había provocado con su acción. Así que una idea se comenzó a tejer en su mente. Y esos últimos días dio pequeños pasos sobre este plan. Pobre Max.  Otro día, otra clase. La tensión era palpable. Mirando hacia la ventana, Max se perdía en el cielo azul y las aves que surcaban cerca del edificio. Le gustaría tener alas para poder escapar. —Esa es la tarea de este fin de semana —La voz de Sergio saco de sus pensamientos al rubio. Ni siquiera recordaba lo que habían visto ese día en clase. Había tomado la costumbre de hacer oídos sordos a todo lo que dijera Sergio. Fingir que no estaba era la mejor táctica que había desarrollado para poder olvidarlo. Ruido blanco, eso era lo que escuchaba. Se había puesto muy bueno en eso con los años de práctica, ya que su padre tenía la costumbre de gritarle por cualquier cosa. Esto lo ayudó bastante a ser capaz de ignorar situaciones incómodas. Fingir sordera, ausencia. Y no quería decirle lo que estaba pasando. Su vida ya era demasiado complicada como para continuar con ese juego sexual. También se había vuelto bastante aplicado para evitar castigos donde lo dejaran a solas con él. No haría falta que hiciera mucho para volver a caer en sus brazos. Lo sabia bien y por eso lo evitaba. —Date prisa —Lando lo llamo cuando todos estaban guardando sus cosas para irse a casa. Era viernes y todos deseaban escapar de la escuela. Max se apresuro en guardar sus cuadernos y siguió a su amigo, quien se veía más animado los últimos días. —Nos vemos el lunes, que tengan un excelente fin de semana —Dijo Sergio cuando pasaron junto a él para salir del aula. Lando le agradeció, pero el rubio trago en seco. Sabia bien que el pelinegro estaba buscando interactuar con él a como de lugar, y quizá todo seria más fácil si le explicaba las cosas, pero no estaba listo para hablar. Así que se marcho, dejando al profesor solo. Sergio cerró su maletín de golpe, estaba muy frustrado. La sequia de los últimos días lo tenían delirando como un hombre perdido en el desierto. ¿Dónde estaba el Max que tanto le había gustado? Y lo peor, ¿Acaso se había retractado de su acuerdo? Mierda, eso era lo que lo tenia así. Temía que el rubio hablara y terminara arruinándolo todo. Pero estaba tan desesperado por tenerlo en sus brazos, en sus manos, deslizándose por sus dedos. Miraba con recelo a Lando, no podía evitarlo. Últimamente los había visto demasiado juntos. Inseparables. Sabia bien que no se había equivocado cuando notó que ese chico seria una piedra en su camino. Pegándose a Max más de lo debido, arrebatándolo de su lado. Lo detestaba demasiado. Pero tenia que hacer algo. Haría algo. Así que tomo su maletín junto con su abrigo y comenzó a caminar a paso decidido por los pasillos de la institución. Llego a su auto y empezó a conducir por las calles, apretando el volante de vez en cuando. Necesitaba controlarse. No tardo mucho en llegar a su destino. Observando desde su auto, dando largas respiraciones hasta lograr mentalizar lo que estaba apunto de hacer. Nunca pensó llevarlo tan lejos.  Por otro lado, Lando y Max se encontraban calentando para el entrenamiento de esa tarde. Tenían un partido ese fin de semana y debían esforzarse porque les darían un crédito extra. —Mamá quiere que te quedes a dormir esta noche, así mañana desayunamos los panqueques que tanto te gustan —Dijo el castaño con suma emoción. —Debo preguntarle a mi madre —Respondió el rubio con la mirada perdida en los bancos. No estaba. —Podemos usar el teléfono que hay cerca de la entrada, tengo un par de monedas —Ofreció su amigo sin percatarse de que el otro estaba buscando a alguien entre los espectadores. Una vista más y nada. Le resultaba extraña su ausencia, pues él siempre estaba ahí. Y los últimos días se había presentado a todos los entrenamientos, recordándole que siempre podía volver a él. Maldición, esa atención era tan apreciada por el rubio y él lo sabía muy bien. —Si te da permiso, podemos pasar a la tienda de comics para que las leamos después de la cena —La voz del castaño volvió a sacarlo de sus pensamientos. Pensar en la cena lo puso tenso, el recuerdo de esa amarga noche lo invadió y se mostró decaído. —C-claro... —Balbuceó algo nervioso. Lando no pudo evitar tocar cierto tema que todavía lo hacía sentir extraño. Hace unos días su amigo le había pedido tiempo para analizar la idea de tener un hermano o hermana. Pero, de repente, pareció haber cambiado de opinión y volvió a su rutina de siempre. Sin embargo, era muy obvio cuando se perdía en sus pensamientos y eso lo hizo sospechar de que algo más estaba pasando. —Max... —Lo llamo y el rubio se giró para verlo —Sabes que puedes confiar en mí, ¿No? El joven no entendía a qué venía todo eso. ¿Qué se supone que significaba? Claro que eran amigos, ¿Por qué le hacía esa pregunta? No le gustaba la idea de que fuera realmente un entrometido. —Sí... —Respondió con cierta duda. El castaño se percató de la forma tan insegura en que la había respondido. Pero no iba a dar marcha atrás. Había algo más, lo sabía bien. —Te he notado raro —Confesó —Perdido. Sí, esa era la palabra que más encajaba con Max en ese instante. —Son días complicados —Afirmó sin dar más vueltas. El rubio estaba perdido en sí mismo. Ni siquiera era capaz de verse de la manera en que lo hacía antes, sentía como si se estuviera observando desde una fotografía. Era tan extraño y confuso. ¿Por qué se sentía tan mal si no había hecho nada malo? Ni siquiera él lo comprendía bien. Estaba tan confundido. Despedazado. —Puedes contarme lo que sea —Ofreció el castaño —No tienes que cargar todo tú solo. Max asintió con una media sonrisa fingida. —No te preocupes tanto por mí —El  rubio no sabía que más decirle, no estaba en sus planes delatar a su profesor —Podemos comprar chucherías antes de ir a tu casa. Ese cambio de tema no termino de gustarle a Lando. Pero no quería presionar. —¡Vamos, chicos! —El entrenador los llamó y ambos se acercaron para escuchar sus indicaciones. Max sabía que ignorar el problema no lo solucionaría. Algún día tendría que decirle la verdad a Lando. Tenía miedo de que descubriera la verdad antes de poder contársela. Eso no solamente los metería en problemas, sino que fracturaría su amistad.  Por otra parte, Sergio sentía como sus manos sudaban. Ni siquiera él daba crédito a lo que estaba pasando. Estaba desesperado. —Como le dije, está mejorando en sus calificaciones pero puede mejorar —Continuó el pelinegro para después beber un sorbo de su té —Solo necesita un empujoncito. Y podrá finalizar el curso con un promedio decente. Sophie suspiró algo tensa. Por alguna razón no le daba buena espina toda esa situación. —¿Qué clase de empujoncito?  —Pregunto Jos, quién había llegado temprano esa tarde. —Unas tutorías le ayudarían —El profesor podía saborear las palabras antes de que salieran de su boca —Podrían ser por las tardes, yo me encargaría personalmente de él. —No podemos pagar clases privadas —Respondió Sophie con firmeza —Sus intenciones parecen ser buenas, pero no disponemos del dinero para eso. —No pretendo cobrarles —Sergio se apresuró a responder en el mismo tono —Solo me preocupo por él. —¿Saldrá muy tarde? —Pregunto Jos ignorando a su esposa —No quiero ir a buscarle, robaría mucho tiempo de mi tarde. —Yo lo traería sin ningún problema —El pelinegro se acomodó sus lentes y mostró una sonrisa amigable. Solo los usaba cuando leía, pero sintió que le daría una imagen más seria ante los padres del joven. Sophie no quería aceptar eso. En su mente buscaba excusas para negar la oferta. Pero su esposo tenía otra idea. —Me parece perfecto —Respondió Jos —Es mejor cuando no está aquí, siempre está estorbando. El hombre no tenía filtro alguno al momento de hablar. No le importaba lo que la gente pensara sobre la manera en cómo criaba su hijo. De hecho, no era un secreto para nadie la manera en como lo despreciaba. Esto solo ayudó a que Sergio entendiera la dinámica familiar de los Verstappen. —Entonces empezaremos el lunes —Continuó el pelinegro intentando ocultar una sonrisa que se asomaba por sus labios —Claro, si no tienen ningún problema con eso. Es importante que Max inicie lo antes posible. —Si tanto lo quiere, se lo regalo —Bromeó Jos tensando al profesor ante la idea de que pudiera sospechar de sus intenciones. Sergio sonrío con incomodidad. Sabía que era momento de marcharse. Después de una charla banal, el profesor se levantó de su asiento y se despidió del matrimonio. Salió de esa casa sintiendo el cuerpo relajado. ¿Por qué le había resultado tan divertido? Eso ya no importaba, al menos ahora había una razón para obligar Max a quedarse a solas con él. Y todo con el permiso de sus padres.  Esa noche Sophie le dio permiso a Max de quedarse en casa de los Norris. Se había sentido muy presionada por aceptar gracias a la insistente madre de Lando. Así que Max pudo disfrutar de un fin de semana tranquilo hasta el partido, donde todo se volvió tenso una vez más. Cuando iban al medio tiempo, el rubio se percató de quién había estado observándolo todo ese tiempo. Ahí estaba él. Con gafas de sol que ocultaban sus ojos, Sergio estaba sentado en una banca observando a su hermoso rubio. De pies a cabeza, sus ojos recorrían aquel cuerpo con un hambre que se removía en sus pantalones. No podía evitar desearlo tanto. Max continuo con el partido e intento ignorar la presencia de su profesor. Pero había un problema. El simple acto de ir a verlo a ese evento, sabiendo que su familia no asistiría ni por error, le dio otro nivel de importancia. Lo tenía buscando por su atención de manera inconsciente. Y eso era lo que Sergio más deseaba provocar en él. Amaba la idea de ser considerado lo más apreciado en su vida, lo estable, constante. Cuando el rubio sufrió una lesión, tuvo que retirarse del partido para evitar hacerse más daño. Estaba en los vestidores cuando la puerta se abrió y el hombre se hizo presente. Sin decir nada, Sergio solo acortó la distancia entre ambos y plantó un beso en sus labios. El rubio al principio no se removió de su sitio, pero después quiso alejarse recordando que ya no iba a seguir con ese juego. Pero su vulnerabilidad y hambre de atención lo volvían un blanco fácil, cediendo poco a poco. Como un cazador que acecha a su presa, Sergio no estaba dispuesto en dejar ir a Max Se separó de él, observando sus mejillas coloradas y el sudor en su frente. Tan frágil, tan dispuesto, tan suyo. Le dio un beso en la mejilla y susurró a su oído: "POR ESO TE ELEGÍ" Asfixiante, así se sentiría.  Nota: Perdón por la tardanza ☺️
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