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22 de diciembre de 2025, 18:52
NSFW ESTE CAPÍTULO TIENE CONTENIDO ADULTO.
Llego el lunes y Max intentó fingir que nada había pasado con su profesor, otra vez.
No quería retroceder a lo mismo.
Claro que no era algo en su contra, al menos desde la perspectiva del rubio, solo que ya no quería meterse en más problemas.
—Recuerden que deben traer los permisos firmados por ambos padres o no podrán asistir —Sergio le sonríe de manera extraña, no sabe lo que ha hecho —Tienen dos semanas para entregarlos, no lo olviden.
Los jóvenes comenzaron a guardar sus cosas, todo bajo la atenta mirada del profesor cuyo interés se centraba especialmente en uno de ellos.
—¿Vienes a mi casa esta tarde? No tenemos entrenamiento —La voz de Lando irrita al docente, su simple presencia le molesta pero ya ha ideado un plan para mantenerlo a raya.
—Joven Norris —Lo llama y este voltea para verlo —Tus notas han mejorado, te felicito.
—Muchas gracias, me he esforzado mucho para que mamá esté orgullosa —Afirma el joven con una notable emoción.
Esto pone una sonrisa en sus labios y se regocija, sabe que aceptara.
—Se nota el esfuerzo, así que me gustaría ofrecerte un crédito extra que te podría ayudar a entrar al cuadro de honor de este curso —Ofrece sabiendo bien la respuesta —Solo tienes que hacer un proyecto que me deberás entregar la siguiente semana.
Lando voltea a ver a su amigo, cree que la mala imagen que tenía de su profesor era resultado de un perjuicio que no le hacía ver lo bondadoso y amable que era.
Pero no es egoísta, siempre piensa en cómo beneficiar a su amigo.
—¿Podría hacer el proyecto con Max? Ese crédito extra también lo ayudaría —Esto molesta al profesor, quien rápidamente negó con la cabeza.
Necesita sacarlo del camino, no que se lleve a Max con él.
—Para él tengo otro proyecto, esto es un trato especial y no quiero que sus compañeritos se molesten —Bajo un poco la voz al decir esto, creando un ambiente de complicidad —Son mis alumnos favoritos, y solo quiero ayudarlos, así que no le digan a nadie porque..
"ELLOS NO LO ENTENDERÍAN"
A Lando le pareció extraño esa última parte, pero no dijo nada.
—Bien, le agradezco mucho, profesor —Max finalmente dijo palabra —Pero ya debemos irnos a casa.
El rubio toma del brazo a su amigo, y están dispuestos a marcharse pero su camino se ve interrumpido por el mayor.
—Max, no puedes marcharte —Su voz es firme, se nota que intenta controlarse —Tus padres me pidieron que te diera clases extras por las tardes, quieren que mejores tus notas —Nota la sorpresa en su rostro —No quería decirlo frente a tu amigo, pero siempre tienes mucha prisa por marcharte.
El castaño voltea a ver a su amigo, confunde la sorpresa con vergüenza y siente que sale sobrando.
—Oh, debería irme —Dice Lando soltándose del agarre de su amigo, no quiere alargar la incomodidad pero este preferiría que se quedara.
Sin embargo, el joven se marcha despidiéndose de ambos y dejandolos solos.
—¿Es verdad? —Pregunta el rubio con cierto reclamo —¿Mis padres le pidieron eso?
Teme lo que haya visto su profesor, pues sabe que su familia no tiene ningún filtro, principalmente su padre.
No quiere imaginar la imagen que le dieron.
—Si, es verdad —Comenzó el pelinegro un poco más relajado —También te darán permiso para irte al viaje, pero solo si mejoras tus notas.
Sergio estaba más que seguro de esto.
Podía descifrar fácilmente el tipo de personas que eran los Verstappen.
Quién lleva las riendas y quien obedece.
Toda su dinámica familiar estaba tan marcada que cualquiera se daria cuenta con solo observar un poco.
—Pero he mejorado bastante... —El rubio se muestra desanimado ante la idea de que nada era suficiente para sus padres.
Se había esforzado lo suficiente para mejorar sus notas y aun así querían más.
En ese momento Sergio cierra la puerta y toma asiento, mirándolo con atención.
Puede notar la tristeza en su rostro, impotente ante la idea de no poder alcanzar las expectativas de sus padres.
—Maxie... —Lo llama con el cariño que tanto anhela —Ven aquí.
Da una palmada sobre sus piernas, lo invita a sentarse sobre él.
El joven lo duda un poco, no esta seguro de que quiera involucrarlo más en su vida pero se sentía tan solo y cansado, que su presencia se siente como la única luz que guía su camino.
Así que cede, caminando hacia él y sentándose en sus piernas.
Siendo abrazado para apoyarse en su cuerpo. Finge ser su refugio, su hogar.
—¿Qué ha pasado? —Continúa el pelinegro mientras acaricia sus rubios cabellos con una de sus manos y con la otra sostiene la del más joven —¿Por qué te alejaste de mi?
Max se muestra extrañamente tímido.
No podía negar que se había vuelto un poco cerrado después de que su madre lo humillara de aquella manera.
El poco autoestima que le quedaba había desaparecido y ahora lucía desconectado de todo.
—Vamos Max, ¿Acaso no confias en mi? —Sergio insiste, no está dispuesto a ceder —Tal parece que no.
En ese momento suelta su mano, le hace sentir abandonado y lo sabe bien.
El rubio se aflige ante esto, no quiere perder a la única persona que parece interesarse en él.
No quiere perder su amor.
—Son mis padres, mi familia —Confiesa para la alegría del mayor —Están esperando otro hijo y eso me asusta.
Sergio vuelve a colocar una mano sobre la de Max, y comienza a acariciar sus dedos con delicadeza.
—¿Por qué te da miedo? —Sospechaba de que se trataba, solo quería la confirmación de esto.
El rubio suspira con pesadez, no le gusta hablar de eso pero quiere y necesita hacerlo.
—Ellos me odian —Su voz tiembla un poco —Mis padres me odian, y será mucho peor cuando el bebé nazca y más si es otro niño.
Entonces se quiebra y comienza a llorar. Se siente consumido ante esa idea, como si se estuviera ahogando.
—¿Por qué dices que te odian? Nadie puede odiarte —El pelinegro lo abraza para intentar calmar el llanto —Yo no podría.
Max se siente aliviado al escuchar esto último.
Y si bien al principio su relación se centraba meramente en lo carnal, sentía que estaba evolucionando hacia un sentimiento de pertenencia.
Quería estar con él, eso lo tenía en claro, por un lado porque le brindaba seguridad y apoyo, y principalmente porque le daba el cariño que le era privado en su propia casa.
Pero no sabía si eso era estar enamorado.
Por otro lado, Sergio estaba más que complacido de poder tener de vuelta en sus brazos al joven rubio.
Le gustaba la confianza y dependencia que este parecía estar desarrollando hacia él.
Ya no era tan retador como al inicio, sino más sumiso y deseoso de su atención.
Era tan perfecto como un cisne de cristal.

Pasaron dos semanas donde su relación se había vuelto más estrecha.
Por las tardes, cuando se supone debería impartirle clases particulares, Sergio lo llevaba a su casa y hacían de todo menos tocar los libros.
Lando una vez le preguntó a su amigo cuál era el proyecto que le habían dejado a él, ya que el suyo era un trabajo escrito en un cuadernillo que tenía que entregarle esa semana.
Max respondió que eran simples trabajos orales.
Así que finalmente habían cerrado el curso con buenas calificaciones, entonces estaban alistando todo para su viaje ese fin de semana para poder celebrar.
El rubio había hecho una maleta pequeña y, como había dicho su profesor, sus padres si le habían firmado el permiso.
Esos últimos días Sophie había estado actuando extraño.
Le había hecho preguntas extrañas cada que volvía a casa.
¿Ha pasado algo que quieras contarme? ¿No quieres hablar conmigo?
Parecía preocupada, como si sospechara algo.
Pero el problema era la desconfianza que se había ganado, pues su hijo no deseaba hablar con ella más allá de la simple cordialidad que debían tenerse para mantener la paz en casa.
Y algo en su interior la tenía muy afligida, pero ya era muy tarde para intervenir.
Así es como terminaba e iniciaba otra odisea en la vida de Max, quien se encontraba en la fila para subir al autobús que los llevaría al campamento.
Uno de sus profesores estaba pasando lista y otro ayudaba a subir las cosas.
Pronto sintió algo que tocó su mano y lo hizo voltear.
—Hola, bonito —Susurró Sergio parándose a su lado.
El rubio estaba al final de la fila y nadie les prestaba atención al estar tan ocupados.
—Esta ordenándonos conforme a nuestros apellidos, eso significa... —Comenzó Max antes de ser interrumpido.
—Que te sentaras hasta atras, igual que yo —Completo intentando ocultar una sonrisa en sus labios.
—¡Max! —La voz de Lando los tenso a ambos, haciéndolos voltear a su dirección y viendo como se acercaba a ellos —¿Crees que nos sentaremos juntos?
Sergio una mueca de disgusto que por suerte el castaño no pudo notar.
—Es por orden alfabético de acuerdo a sus apellidos —El profesor intentaba no sonar molesto —Debes de ir en medio, pregunta con el profesor Alonso, él los está acomodando.
Señala en dirección al hombre que está parado junto al autobús.
Resultaba extraña la presencia del docente, pues era de un grado anterior y los únicos profesores que iban al viaje eran de último año.
Poco a poco fueron subiendo al autobús, y al final se dieron las indicaciones sobre cómo comportarse para evitar castigos que les arruinará la experiencia.
En la ultima fila iban Max junto a Sergio, quien se supone debería ir vigilando al alumnado.
Sin embargo, el hombre desliza su mano por la pierna del joven, tocando su entrepierna y acariciando su miembro sobre la tela del pantalón.
El rubio se remueve un poco, sabe que esa clase de juegos excitan mucho al pelinegro.
Recuerda que una tarde lo había llevado al autocinema que había a las orillas de la ciudad.
Haciendo uso de su boca para complacerlo, ocultandose para no ser descubiertos.
Eso era lo que le gustaba a Sergio: el riesgo, la exhibición.
Y está vez no era diferente.
El pelinegro lo hacer abrir las piernas y desliza el cierre de su pantalón.
Busca su carne desnuda y lo saca para comenzar a estimularlo.
Max se muerde los labios intentando no emitir sonido alguno.
Sergio mira hacia el frente para disimular su actuar, observando que nadie les prestará atención mientras su mano subía y bajaba de aquel falo.
Sentía el líquido preseminal escurriendose entre sus dedos mientras que un ruido obsceno comenzaba a hacerse más presente.
El rubio comenzó a mover sus caderas y el ruido y el movimiento del autobús hacia que nadie se percatara de lo que estaba ocurriendo en la última fila.
O casi nadie.
Max apretó la mandíbula con fuerza y sus mejillas comenzaron a arder de lo colorado que estaba.
El pelinegro se mueve con mayor velocidad, haciendo de esto un viaje tortuoso para el joven.
Acerca sus labios a su mejilla y le da un beso en la comisura de sus labios.
Esto es observado por Lando, quién está a buscando a su amigo desde su asiento.
Mira como el mayor agacha la cabeza hasta perderlo de vista. Tiene una idea de lo que puede estar pasando pero pronto es distraído cuando uno de sus compañeros le habla.
Entonces no es capaz de ver como Sergio llega hasta las caderas del rubio y mete el miembro en su boca, lo está retando a no delatarse.
El asiento delante suyo hace que parezca que no hay nadie con todo el rubio.
Y este está rogando porque nadie decida romper una de las reglas, levantarse y que los descubra en el acto.
Pero la situación la sobrepasa demasiado.
No puede controlarse y toma de los cabellos oscuros al mayor, lo hace mover la cabeza para llenar su boca y de sus labios salen algunos quejidos ahogados.
Su lengua húmeda y resbaladiza lo recorre al mismo tiempo que lo llena de su saliva. Sus manos juegan con sus testículos y su mirada retadora lo hace odiarlo por un milisegundo.
Pues finalmente desata su excitación en la boca de este, haciendo que recobre compostura mientras se relame los labios.
Intenta ocultar una sonrisa al saber que se salió con la suya.
Si bien pueden creer que todo el peligro ha pasado, todavía quedaba un largo fin de semana por delante.