•9•
22 de diciembre de 2025, 18:52
Era común que desapareciera.
Perderás en el bosque era fácil, mucho más si eras ajeno a aquella zona.
A los jóvenes les gustaba divertirse y prestaban poca atención a su alrededor.
En esa excursión no fue diferente, excepto por un joven que no podía dejar de observar a aquel profesor que desaparecía entre los árboles.
Y no lo hacía solo.
Durante las actividades del día notaba la ausencia de su amigo, cuya actitud distante activó sus alarmas de que algo malo estuviera pasando.
El profesor Alonso se había vuelto la persona con más responsabilidades dentro del grupo.
Resultaba extraño para alguien que no estaba encargado de ese curso.
Entonces la ando empezó a escuchar un pequeño rumor que comenzaba a divulgarse entre sus compañeros.
Y no sabía qué tan cierto era.
Pero en el fondo se mantenía en un estado negativo de creer que su amigo estaba teniendo una aventura con su profesor.
Pero lo confirmó la primera noche cuando los vio alejarse, uno detrás del otro, creyendo que todos estaban dormidos.
Al principio intentó ignorarlo, pero su curiosidad pudo más.
Salió de la cabaña que se le había asignado junto a otros compañeros.
Camino entre la penumbra del bosque, donde los árboles parecen alcanzar el cielo y este se pierde entre sus ramas.
Lando tiene cuidado en donde pisa, no sabe si ya los perdió o él se estanco en la oscuridad.
Pero escucha un sonido poco regular: dos voces que se entre mezclan en quejidos ahogados y cuerpos chocando.
Apenas logra distinguir sus figuras, pero sabe bien lo que está pasando y esto lo perturba un poco cuando escucha al profesor repetir:
"ERES UN BUEN CHICO"
Siente la adrenalina recorrer por su cuerpo, sabe que no debe estar ahí y comienza a alejarse, cuidando de no hacer ruido alguno, pues no quiere ser atrapado.
Muchas preguntas se agolpan en su mente.
No sabe cómo reaccionar a esto, porque no tiene las herramientas para afrontarlo.
Y tiene muchas dudas.
¿Desde cuándo empezó?
¿Cómo inició esa aventura?
¿Se conocían de antes?
¿Max realmente quiere eso?
Y, ¿Por qué se lo oculto?
Sabe que no podrá conseguir las respuestas por parte del profesor, pero al menos intentar hablar con tu amigo sobre eso.
Aunque también todo comienza a hacer sentido.
Todas esas veces en las que sentía un mal presentimiento sobre aquel hombre.
Notaba la forma en que lo miraba, aunque creía que era su percepción o simplemente estaba de mal humor.
Pero en realidad era su presencia la que lo ponía mal, aquel que estorbaba.
Sin embargo, no podía hacer nada por el momento.
Esperaría para poder hablar con su amigo y aclarar las cosas.
Aunque en el fondo lo que más le dolía era la mentira.
Esa falta de confianza que tuvo el rubio hacia él.
Eran mejores amigos y le había mentido, ocultando una relación con alguien cercano.
Y esa noche algo se rompió entre ambos.
Pero el rubio todavía no lo sabía.

Al día siguiente, cuando todos los jóvenes estaban ocupados con las diferentes actividades recreativas que habían organizado, Max ocupaba su boca para limpiar el miembro de su profesor.
—Maxie... —Susurro el pelinegro tomándolo de sus dorados cabellos para hacerlo meter toda la carne hasta casi tocar su garganta.
Estaban en la cabaña del profesor, se había asegurado de que nadie los molestará en ese momento.
Podía deleitarse con el cuerpo desnudo del joven, su pecho colorado y su semen escurriendo entre sus piernas.
Sus bellos y rubios cabellos pegados en su frente gracias al sudor, sus gruesos labios con un tono más rosado de lo normal, y entre ellos su polla deseosa cubierta de todos sus fluidos.
—Te has ganado cada punto extra que te di este curso —Continua el mayor mientras el joven sigue devorando su miembro con su boca.
No tarda mucho en correrse de nuevo, está vez dentro de esa calidad y humedad cavidad, donde su lengua recibe toda su descarga.
De sus labios escurre un poco de su líquido caliente, sabe que le gusta que muestre como lo ha llenado.
Sergio lo toma de la nuca y junta sus labios en un candente encuentro, invadiendo su boca con su lengua y saboreando su propia semilla.
Max se pone sobre él, siente su polla golpeando su trasera y se muere por volver a montarlo.
—Te voy a extrañar tanto —Afirma el pelinegro y esto lo hace separarse un poco.
—¿Cómo? —El rubio está aturdido por esa frase que no encuentra cabida en lo que estaban haciendo.
—Que extrañaré tus labios, tus ojos, tu cuerpo —Responde mientras acaricia su pecho con su mano y su mirada lo recorre con deseo.
Pero sus palabras solo incrementan la confusión que siente el joven.
—Pero, ¿Por qué dices que me extrañaras? No iré a ningún lado —Afirma con una sonrisa incómoda, nerviosa, y la mirada del hombre le da a entender aquello que no dice con palabras —Es una broma ¿Verdad?, estás mintiendo.
Pronto cae a un estado de negación.
—Me entere hace unos días —Comenzó el pelinegro pero fue interrumpido.
—No, no es cierto —Insiste el joven bajándose de encima suyo —Ya basta, no juegues así.
—Max, me ofrecieron un mejor empleo —Continua mientras observa la expresión de incredulidad del rubio —Es en un colegio privado, muy elitista y el salario es demasiado bueno como para rechazarlo.
—Me vas a abandonar —El rubio de levanta y comienza a vestirse, se siente afligido por la noticia.
Las lágrimas comienzan a descender por sus ahora coloradas mejillas. Sus sollozos no pueden ser controlados y el mayor teme que su actitud llame la atención de los otros profesores.
—Maxie, ya basta —Ese apodo cariñoso que sabe que es su debilidad —Tranquilo, podemos intercambiar correspondencia. Yo siempre estaré para ti.
Esto no hace que se detenga.
Continúa vistiéndose aunque luzca como un desastre andante.
Se siente muy traicionado, herido.
Logra salir de ahí evitando su agarre y cuando sus compañeros preguntan la razón de su llanto miente diciendo que se había caído.
Entonces comienzan a murmurar.
“El señor Pérez fue despedido”
“El profesor Pérez no estará para el siguiente año”
“Él renunció”
Y esto lo aflige demasiado.
Le dolía demasiado lo prendado que estada de él.
Pero el profesor estaba muy nervioso.
Ese escenario no le gustaba, era lo que quería evitar.
Nunca le ha gustado el llanto, no sabe cómo callarlos.
Así que comienza a escribir y le entrega una nota a la hora de la cena.
“Bonito, no te comportes así. Me duele verte llorar, solo disfrutemos nuestro tiempo juntos. Sabes lo mucho que me gustas y esto tampoco es fácil para mi. Si tan solo te pudiera llevar conmigo, lo haría”
Era muy riesgoso hacer algo como eso.
Una simple nota que podría arruinar todo si llegaba a las manos equivocadas.
Pero tan corta como efectiva, Max parece un poco más relajado ante la idea de pasar el tiempo juntos.
Aunque su corazón todavía duele y no sabe cuánto tiempo soportará el estar separados.

Esa noche que regresaron del viaje, el joven rubio se miraba algo entristecido por la noticia.
Realmente no esperaba que todo terminara tan rápido.
Además, le abrumaba la idea de volver a casa y seguir padeciendo el infierno de ser un hijo no deseado.
—Te llevo —Susurró Sergio pasando a su lado.
No desperdiciaría ni un segundo que le quedaba con aquel joven risueño.
El pelinegro se aleja un poco para ayudar al profesor Alonso con la lista de alumnos para asegurarse de que todo estaba en orden.
—¿Te quedas en mi casa esta noche? —Lando aparece detrás de él, quiere tenerlo a solas para hablar de lo que ha visto —Podemos decirle a tus padres que el viaje se atraso y por eso llegamos en la mañana y no en la noche.
Es una buena excusa y lo sabe, pero no espera que en respuesta le de una negativa y use su idea para disfrazar su ausencia.
—Gracias, pero quiero llegar a casa a dormir —Miente con una habilidad que lo hace desconocerse.
—Lando Norris, llegaron tus tutores —La voz del profesor Alonso rompe la conversación.
—Bueno, te dejamos en tu casa para que no te vayas solo —El castaño sabe que los padres de su amigo no iran, asi que se preocupa por él.
—No, pasaré a hacer unas compras que me habían encargado, no quiero molestar —Pero continúa en negación.
Ni siquiera encontrará una tienda abierta a esa hora, pero no hay nada que pueda hacer contra su decisión.
Se despide de su amigo y se marcha con el corazón en la mano, afligido y atormentado.
Cuando todos se marchan, Sergio va por su auto y mete el equipaje del joven, subiéndose el rubio a su lado y conduce hacia casa.
Sabe que se va a divertir esa noche.
En la casa de los Verstappen ni siquiera se inmutan por la ausencia del joven.
Y al poco tiempo de su llegada ya se encuentra sobre aquel hombre, dejando que su resbaladiza carne entre y salga de él.
No se molestan en guardar silencio, nadie los va a interrumpir y eso los lleva a entregarse completamente al placer.
Quiere permanecer con él, porque es lo único estable que tiene y no está dispuesto a renunciar a su atención.
Ensarta sus uñas en su pecho y deja claras marcas de su presencia, nace la necesidad de aferrarse a él tanto que siente que se desgarra por dentro.
Sus caderas chocan y sus alaridos de placer se hacen cada vez más fuertes, montará esa polla toda la noche si le es posible.
Siente sus manos sobre su trasero, ayudándolo a subir y bajar de él, abriendo sus nalgas como si se creyera dueño de ellas.
Marca con sus uñas su suave piel, odia tener que dejarlo ir.
Sergio adora a Max, le gusta tenerlo a su lado y la idea de abandonarlo tan pronto lo deprime un poco.
Admite que se ha encariñado un poco, pero quizá sea lástima por la situación en la que se encuentra el joven.
Aunque si este estuviera en un entorno familiar saludable, quizá nunca hubieran desarollado ese vínculo extraño.

Lando estaba a punto de irse a dormir pero sus dudas no lo dejaban dormir.
Tenía miedo y debía aclarar su mente, así que recurrió a la persona en que más confiaba en el mundo.
—¿Mamá? —Comienza el joven llegando a la cocina donde su madre está ordenando todo —¿Podemos hablar?
—Claro, cariño, siéntate —La mujer se gira para sonreírle, pero después continua con lo suyo —¿Qué pasa, bebé? ¿Por qué no puedes dormir?
—Necesito el consejo de alguien —Lando se sienta y juega con sus manos, incapaz de levantar la mirada por lo que está por decir —Mami, yo... tengo una amiga —Es listo, sabe que no puede exponerlo de esa forma —Ella... ella gusta de pasar tiempo con hombres.
—¿Hombres? —Su madre deja lo que está haciendo para prestarle total atención —¿Qué clase de hombres?
—Mamá, por favor, escúchame —Hay un atisbo de preocupación en la voz del joven y ella lo nota—Ha estado teniendo una relación a escondidas y es con un hombre mucho mayor, no sé qué hacer al respecto.
—¿Esa amiga tuya está de acuerdo con todo eso? —Su pregunta lo desconcierta y se encoge de hombros —Si están en una relación es porque así lo desea, en todo caso, no es alguien moralmente correcto y te pediré que te alejes de ella.
—Pero mamá... —Intenta protestar pero es interrumpido.
—No, hijo, entiende —Insiste la mujer —No puedo permitir que te juntes con alguien así, date cuenta. Luego te convencerá de hacer lo mismo, y esa no es la clase de vida que quiero para ti..
—¿Clase de vida? —Repite el joven sin entender a que se refiere, pero ella hace una mueca intentando que lo entienda.
—Sabes bien lo que quiero decir, no es una buena influencia para ti —Se acerca a su hijo y toma su mano con dulzura —Eres mi niño y siempre veré lo mejor para ti, por favor, no te juntes con personas de poca moral.
Lando asiente, sabe que su madre ha omitido el uso de ciertas palabras para no incomodarlo. Y después de un tierno abrazo se va a la cama.
Tenía la mente un poco más despejada, las palabras de su madre le dieron un poco más de visión para afrontar la situación.
Pero no quería pensar así de Max, pues seguía siendo su mejor amigo y sentía que esas palabras no se adecuaban a él.
Así que al día siguiente, cuando debían asistir para recoger sus calificaciones finales, busco a su amigo para hablar con la verdad.
Aunque todo el movimiento en la escuela, sumado a la presencia de sus padres, le imposibilito el poder tener un momento a solas antes de la ceremonia.
Pero cuando pasaron por sus boletas, este no estaba por ningún lado.

Y es que el joven estaba en otro lado.
—Me encantaría que fueras conmigo —Dijo Sergio mientras se ponía a camisa que estaba tan arrugada por la aventura que habían tenido dentro de los vestidores —¿Tuviste algún problema con tus padres por lo de anoche?
—No hicieron muchas preguntas, nunca las hacen —Afirma el rubio mientras intenta hacer el nudo de su corbata, incluso se salto su ceremonia por culpa del profesor.
—Todo mejorará, ya lo verás —El pelinegro se acerca a él y lo ayuda con el nudo, luego besa sus labios y le da un corto abrazo —Escríbeme cada vez que puedas, te mandaré una postal desde mi nueva dirección.
Max agacha la cabeza y le da la espalda, no quiere hablar de eso porque lo deprime demasiado.
—No te pongas así, ya lo hablamos —El mayor insiste mientras lo abraza por la espalda y le da un beso en su hombro —Esto solo es final de nuestra relación sexual, pero podemos seguir siendo amigos.
Eso no es suficiente para el rubio, pero no hay más opción y se despide de él para salir de ahí e irse a casa.
Sin embargo, no contaba con encontrarse a alguien en el camino y que mucho menos lo jalara del brazo hasta llevarlo a los límites de la escuela.
—¿Qué haces? Sueltame —Max se jala para lograr soltarse de su agarre, lo cual es fácil debido a que es más fuerte que su amigo.
—Necesitamos hablar —Dice Lando, no es tonto, había estado buscando a su amigo hasta que llegó a verlo salir de los vestidores después del profesor.
—No tengo tiempo, debo recoger mis cosas e irme a casa o mamá se enojara —Insiste en irse pero su amigo lo vuelve a tomar del brazo, se suelta y sabe que no hay de otra más que ceder —¿Qué quieres?
El castaño se da cuenta de que su amigo no está de buen humor, pero necesita terminar con ese tema para poder pasar página.
La incertidumbre lo está consumiendo.
—¿Tienes una relación con el profesor Pérez? —Suelta de golpe, no fue tan cuidadoso como deseaba pero la actitud del rubio no ayuda y sabía que su familia lo estaría buscando si tardaba demasiado.
Max titubea un poco ante tal cuestionamiento, no sabe qué decir y siente su cabeza arder.
—¿P-por qué dices eso? —Balbucea un poco al hablar, se nota nervioso.
—No me mientas —La voz de Lando es firme, se molesta un poco al ver la negación de su amigo y la intención de continuar con la mentira.
Pero el rubio no va a ceder, se lo prometió a Sergio.
—¿De dónde sacaste esa estupidez? —Insistió en su desconcierto —¿Sabes en qué problemas podrías meterme con decir eso? Incluso al profesor Pérez, ¿Cómo te atreves? Después de que él te ayudo, nos ayudó.
El castaño se molesta aún más, no esperaba que su amigo se pusiera de esa manera y mucho menos que lo señalara de esa forma.
¿Tan importante era ese profesor?
Ellos eran amigos desde que estaban muy pequeños, prácticamente se criaron juntos.
¿Por qué un desconocido era más valioso que su amistad de toda la vida?
Esto hace enervar su sangre, y no puede controlar su lengua.
—Yo los vi, idiota, en el bosque —Confiesa y esto tensa al rubio —Te estaba cogiendo, dime, ¿Acaso te está forzando? Porque si es así, puedo ayudarte. Sigues siendo mi amigo, aunque tú no pienses lo mismo de mi.
La simple idea de pensar que Sergio lo estaba forzando lo enferma.
“¿Cómo se atreve?” pensó el rubio, cegado por su furia.
—¡Ya deja de decir estupideces! —Grita empujándolo y casi lo hace caer.
Entonces Lando se da cuenta de que ha esperado demasiado de su amigo, porque ahora frente a él había un desconocido.
Y en ese momento recuerda las palabras de su madre. Porque si nadie lo está forzando, Entonces, ¿Eso en qué lo convierte?
Tomando la terrible decisión de dejarse llevar por la molestia, el castaño responde de la peor manera.
—Ya veo —Comenzó con un semblante diferente —Entonces mamá tenía razón, eres una mala influencia —Se siente tembloroso ante lo que esta por decir, pero está tan enojado que no puede evitarlo —Si tanto te importa él, ¿Crees que todos te tratarán bien cuando se enteren que no eres nada más que una puta?
La conversación escala un nuevo nivel, y posiblemente no quede en agresiones verbales.
—¿Qué dijiste? —El rubio está más que furioso — Repitelo, idiota, a ver si eres tan valiente para decirlo otra vez.
El castaño no da el brazo a torcer, y no le tiene miedo, porque lo conoce bien y sabe que no le haría daño.
—Eres la puta del profesor —Dice alzando un poco la voz —Que solo pudo pasar el curso porque se acostó con él.
Esto llena de rabia a Max que, al no poder encontrar las palabras para poder defenderse, suelta un golpe directo a su cara.
Lando se tambalea y cae al suelo, no da crédito a lo que está pasando.
Cuánto siente el peso de su cuerpo encima del suyo, el rubio lo sigue golpeando y su amigo intenta cubrir su cara para evitar que le haga daño.
—¡Basta! —Grita el castaño —¡Ya suéltame!
Necesita parar eso antes de que alguien se lastime gravemente.
—¡No soy una puta! —Max levanta la voz con cada golpe que da —¡No lo soy!
En su desesperación, Lando descubre su rostro y recibe un golpe, pero logra agarrar algo de tierra del suelo y arrojárselo los ojos.
El rubio gimotea dolor, por un momento se tambalea y el castaño toma algo duro que no logra divisar que es, pero le asesta estado un golpe en la frente y eso lo hace caer.
El joven se asusta cuando ve sangre en su mano, había golpeado a Max con una piedra.
Este se encuentra tirado en el suelo quejándose por el ardor que generó la herida en su ceja algo cortada por la piedra.
—Mierda —Se queja aún sin poder levantarse ya que le arden los ojos.
En ese momento Lando se levanta del suelo y se acerca a él sumamente preocupado.
—Max, ya basta —Dice agachándose para estar a su altura —No peleemos más, podemos hablarlo y lamento...
Ni siquiera pudo terminar de hablar ya que su amigo aprovecho su guardia baja para tomar una roca y pegarle en la cabeza.
Lando se queja del dolor que le ha provocando con tal golpe, asi que termina cayendo al suelo y su vista se vuelve borrosa por un momento.
Aunque el joven meta las manos implorando piedad, demostrando que no quiere seguir peleando, esto no detiene a su amigo.
Y lamentablemente no hay nadie cerca para detener eso.
El rubio sostiene con fuerza aquella roca y se sienta sobre su amigo, usando aquel objeto para golpearlo una y otra vez.
Los brazos del castaño se debilita y ya no puede poner resistencia.
Lo último que ve es el resto de su amigo, aquel con quién compartió la mayor parte de su vida, golpearlo en la cabeza hasta que todo se vuelve oscuro.
Max se levanta y retrocede unos pasos cuando ve que su amigo no responde al llamarlo.
Mira sus manos y están manchadas de sangre.
Suelta la roca y, asustado, corre hacia la escuela, se mete a los vestidores y se desnuda para darse un baño.
Busca en su casillero y encuentra el único uniforme que se le había olvidado recoger el último día de clases.
Son unos pantalones deportivos y una playera blanca. Se viste y guarda todo lo demás en su mochila.
Huye.
Sabe que no puede volver a casa, porque ahí será el primer lugar donde lo buscarán.
Así que recurre a la única persona en la que confía y sabrá que cuidara de él de la forma en que siempre lo ha deseado.
—Llévame contigo —Es lo primero que dice cuando Sergio abre la puerta de su casa —De todos modos nadie me buscará.
El pelinegro sonríe y lo deja pasar.
Sabía que tarde o temprano iba a caer.