ID de la obra: 1506

𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐄𝐂𝐑𝐄𝐓 𝐒𝐓𝐎𝐑𝐘 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐖𝐀𝐍

Slash
NC-21
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
162 páginas, 49.035 palabras, 21 capítulos
Descripción:
Notas:
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•10•

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Llevárselo fue más fácil de lo que pensaba. No era como si los Verstappen se preocuparan mucho por el joven, pero la incertidumbre se apoderó de los residentes cerca a la zona donde un ex estudiante fue encontrado casi moribundo y con visibles señales de violencia. Lando quedó hospitalizado y sin posibilidad de declarar lo sucedido ante su estado delicado, pero todos sospechaban que este ataque estaba ligado a la desaparición de su mejor amigo. Porque Max podría ser tanto el atacante como otra víctima de este, y su ausencia solo llevó a que se pensara lo peor. Y aunque se creía que este había sido secuestrado o asesinado, en realidad iba sentado en el asiento de copiloto de la Ford de su antiguo profesor. —No creo que nos estén siguiendo el paso —Afirmó Sergio mientras miraba ligeramente por el retrovisor —Pero debemos tener cuidado. —Solo creí ver algo —Max se sentía un poco paranoico, pero se distraía con un adivinador de papel que había hecho y no dejaba de jugar con este. —¿Recuerdas lo que debes decir? —El profesor apoya su mano en la pierna del rubio, necesita su atención. El joven deja su juguete y lo voltea a ver con una expresión cansada, no es la primera vez que tocan ese tema en todo el viaje. —Soy tu hijo, mamá no está con nosotros y no tienes con quien más dejarme —Repite para el gusto del mayor. —Es lo que dirás si te hacen preguntas, no lo olvides —Le recordó —Ellos no serían capaces de comprendernos, porque... "NADIE TE ENTIENDE COMO YO" Dicho esto continuaron su viaje por carretera, deteniéndose en una estación de servicio para llenar el tanque. Caminaron hacia la tienda por un poco de comida, pero al hombre que atendía se le hizo un poco extraña la forma de actuar de ambos. Sergio miraba de manera lasciva al joven, y este no dejaba de estar restregándose a su cuerpo cada vez que estaban cerca. Y el vendedor podría haber llamado a la policía ante la notable diferencia de edad. Pero no lo hizo porque no quería meterse en problemas. Así que se marcharon al poco tiempo, sin nadie interviniendo en esa extraña relación. El pelinegro conducía mientras el joven acariciaba su miembro sobre la tela de su pantalón, habían estado jugando desde que salieron de la estación de servicio. Sabía que no podía resistirse si no hacía algo. Así que, con cierta habilidad, logro liberar a su miembro para que el rubio le diera placer con la boca. Max lo entendió de inmediato y se inclinó para meter esa carne a su cavidad bucal, dejando que su calidez se deslizara por su húmeda lengua. —Mierda... —Soltó Sergio cuando vio a lo lejos un retén policial —Levantate, vamos. El rubio se reincorporo y sus mejillas se sonrojaron al notar lo que había alertado al mayor. El profesor rápidamente se acomodó la ropa y continuo conduciendo, teniendo que detenerse junta a una patrulla. —Buenas tardes, es solo una revisión rápida —Dijo el oficial Vasseur acercándose a la ventanilla del piloto —Sus papeles, por favor. Sergio le hizo una señal al joven para que le pasará su licencia que estaba en la guantera. Rápidamente el oficial reviso todo y, por alguna razón, tenía ganas de platicar. —¿Hacía donde van? —Pregunta sin despegar la vista de los papeles. —Essex, tengo un nuevo empleo en Rochford y hacía allá vamos con mi hijo—Quizá el profesor estaba respondiendo más cosas de las que se le preguntaron, pero quería terminar esa conversación. —¿Su hijo? —Vasseur observa al joven y suelta una pequeña risa —No sé parecen en nada. —Se parece más a su madre —Se apresuró en afirmar y rápido busco como sentenciar eso —Que en paz descanse. El semblante del oficial cambio, no esperaba esa respuesta. —Disculpe, lamento mucho su perdida —Vasseur le regresa los papeles y Sergio hace todo lo posible por no reírse en su cara. Se van tan rápido como todo termina y continuan su camino. Aunque esto no dura mucho, pues el profesor se detiene en una zona boscosa y poco transitada. Rara vez pasaba un auto por ahí. Baja del auto y se lleva al joven hacia la parte trasera de este. Ese momento de adrenalina con la policía lo había puesto demasiado duro. Prepara al joven y no tarda en hacerlo recibir su polla caliente, golpeando su interior mientras observa que nadie los vea. Pero amaría que alguien lo hiciera. Max se sostiene del asiento trasero, muerde sus labios y suelta un gemido ahogado cuando siente como lo llena con su líquido caliente. Se reincorporaron y regresaron a sus asientos, continuando su viaje en carretera. Quedaban un par de horas antes de que llegaran al condado de Essex, donde residirían en Rochford, localidad que le daba el nombre al nuevo colegio donde Sergio impartiría clases. Normalmente no era un viaje tan largo desde Cardiff, pero las lluvias retrasaron su camino y terminaron haciendo más paradas de las que les hubiera gustado. Pero al menos pasarían una noche en Londres. Pagaron una habitación y rápidamente el pelinegro no perdió el tiempo. Lo tenía solo para él y no lo iba a desaprovechar. Y cuando terminaron, el rubio hizo una pregunta interesante mientras estaba en sus brazos. —¿Y qué haré yo? —Lo mira con atención, realmente no habían planeado del todo lo que harían en su nueva faceta de vida. —Creo que deberás esperarme —Respondió sin profundizar demasiado. —Pero, ¿Me quedaré solo en casa? —Max no sabía qué haría con tanto tiempo libre. El profesor lo pensó un poco, no le gustaba la idea de dejarlo tanto tiempo lejos de él. —No, irás conmigo al colegio y me esperaras afuera del salón —Afirmó, deseaba estar tan cerca como le fuera posible. El rubio no puso resistencia ante esa idea, realmente no quería estar a solas con sus pensamientos. Porque su memoria siempre volvía a ese momento, a ese instante donde creyó haberle quitado la vida a su amigo. Y aunque por dentro se esté consumiendo, muestra una sonrisa cálida pero llena de falsedad. Así que esa noche había marcado el final de su vida anterior, estaba muy dispuesto a empezar desde cero apenas saliera el sol.  A la mañana siguiente continuaron su viaje y al poco tiempo llegaron a su destino. Se instalaron en una pequeña casa cerca del trabajo del pelinegro, de esa manera no tendrían que moverse demasiado en ese condado algo desconocido para ellos. Sergio había aprovechado la parada en Londres para comprarle ropa más presentable al joven. Ahora trabajaba en un colegio privado y sumamente elitista, así que no dejaría que vieran a “su hijo” mal vestido. Y tampoco estaba tan seguro si le creerían esa mentira familiar. Después de acomodarse en la nueva casa, al día siguiente llegaron a Rochford College, y a simple vista se notaba lo elitista del lugar. Max seguía al pelinegro, caminando detrás de él y mostrándose un tanto intimidado por aquellos chicos ricos. Jamás había estado en un lugar así, y eso lo ponía nervioso. —¿Quien es ese? —Escuchó a unos jóvenes susurrar cerca de donde pasaron. Todo esto lo hacía sentir algo inseguro, incluso un poco celoso. Era un choque de realidad enorme, pues se notaba que era un estilo de vida al cual difícilmente podía acceder. Y, considerando su situación actual, claro que lo admitía, deseaba llevar la vida tranquila que tenían esos jóvenes. Pero decidió prestar atención a lo que ocurría a su alrededor, solo para distraer su propia mente de todo lo que estaba atravesando. —Este será  su horario, los chicos se portan muy bien y creo que será fácil entablar una buena dinámica con ellos —Nico Rosberg, el profesor que se encargaba de darle la bienvenida a Sergio, impartía clases de calculo avanzado y era sumamente respetado por los alumnos. Pasaron a la oficina del director, mientras que Max esperaba en el pasillo. Estaba sentado en unas sillas cerca del escritorio de la secretaria del director, quien ni siquiera le dirigía la palabra al estar tan ocupada. Pronto el rubio se percato que un joven de cabellos castaños y ojos verdosos, de figura delgada y un semblante elegante, lleno de alegría. —Señorita Cullen, buen día —Comenzó el joven hasta que la mujer lo interrumpió. —El director no está disponible en este momento —Respondió Angela, quien ni siquiera se molestó en levantar la mirada de la pila de papeles que estaba atendiendo. —Estaba buscando al profesor Rosberg, me dijeron que estaba aquí —Insistió el castaño, y la mujer suspiro antes de levantarse para hablarle al profesor. Max observó de reojo todo esto, pero continuó con su juguete de papel y fingió no escuchar nada. Sin embargo, no sé esperaba que el joven se acercara a él y se sentara a su lado. —Hola, ¿Eres nuevo? —Dijo con una voz un tanto animada, pero se entristeció un poco cuando no recibió respuesta. —Charles, ¿Qué pasó? —La voz del profesor los interrumpió, haciendo que el castaño se levantara rápidamente. —Es sobre el proyecto final... —Max miraba toda esa conversación con algo de incomodidad. Por alguna razón Charles le recordaba a Lando, al menos en su animosidad, y esto comenzó a frustrarlo. El profesor se marchó junto a su alumno, dejando solo a Max. Sabia que tenia que superar eso de una forma u otra, había tomado una decisión y debía dejar su pasado atrás. Y, por otro lado, dentro de la oficina del director el ambiente era algo tenso. Torger "Toto" Wolff no era un director conocido por su gran paciencia. Sí, era cordial y tranquilo, pero cambiaba si te equivocabas en algo y este comenzaba a tenerte bajo la lupa. Y, por alguna razón, la forma de ser del nuevo profesor no le sentó del todo bien. A sus ojos, Sergio parecía alguien con muchas ganas de agradar. Y no lo malentiendan, él estaba muy acostumbrado a aduladores, pero había algo diferente en este profesor que lo hacia mantenerse alerta. Sin embargo, no dijo nada y se despidió de él con una sonrisa. No pasó mucho tiempo para que Toto se asomara por la ventana y se detuviera a observar al profesor caminando por los jardines del colegio, justo hacia uno de los árboles que tanto usaban los jóvenes para acostarse bajo este y relajarse un rato. El hombre se sorprendió cuando vio al joven rubio caminando al lado del profesor, y rápidamente supo que era el supuesto hijo del que tanto le había hablado. Si bien era cierto que el rubio estaba bien vestido, se mostraba algo desalineado. Su manera de comportarse le resultó llamativa. Parecía que el profesor lo estaba regañando y que el joven se lo tomaba a juego. Esos acercamientos, toqueteos, o más bien, coqueteo, no era algo común. Y como si alguien le hubiera susurrado al oído que estaba siendo observado, Sergio se giró y chocó miradas con el director. La tensión era palpable, pero el profesor pronto suavizó su semblante y le dedicó una sonrisa amigable, algo que correspondió el director. No tardó ni un segundo más en aquella ventana, alejándose al sentir esa vibra extraña pero al mismo tiempo tan familiar.  Por su parte, Sergio se sintió algo raro con todo esto, pero decidió dejarlo pasar solo por ese dia. Daría su primera clase ante el inicio del curso de invierno del colegio, algo que sería relativamente fácil debido a lo corto de este. —Quédate aquí y no hables con extraños, recuerda que no queremos llamar la atención —Le recordó el profesor y el rubio asintió —Si te da hambre puedes ir a la cafetería por algo de comer, pero quiero que siempre me esperes bajo este árbol. Max lo entendía bien y no le dio muchas vueltas, aceptando y prometiendo obedecer todo lo que le pedía. El pelinegro camino hacia su aula, estaba más que dispuesto a empezar con el pie derecho, aunque le preocupaba que alguien quisiera robarse a su amado cisne y en el fondo se preguntaba cuánto duraría su aventura antes de que sean descubiertos. Apenas pisó el aula y supo en ese mismo instante que todas las cosas se le complicarían sin haber empezado a dar su clase. En la primera fila, delante de todos, estaba un joven de cabellos castaños y ojos que le parecían hermosos. Recordaba esa sensación Se presentó ante la clase y pronto pasó lista, descubriendo así el nombre del joven: Charles Leclerc. Este sonreía de una manera tan dulce que solo contagiaba su alegría. Hijo de un empresario conocido por sus obras de caridad, una madre ejemplar y muy bien querida por la sociedad. El joven era todo lo contrario Max. No solamente en el aspecto físico, sino también en el trasfondo familiar. Y, sin embargo, había logrado captar la atención del profesor. 
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