ID de la obra: 1506

𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐄𝐂𝐑𝐄𝐓 𝐒𝐓𝐎𝐑𝐘 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐖𝐀𝐍

Slash
NC-21
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
162 páginas, 49.035 palabras, 21 capítulos
Descripción:
Notas:
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•11•

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Era demasiado obvia la manera en que el profesor le prestaba especial atención al joven de ojos verdes sentado frente a él. Estaban empezando un curso corto previo a las vacaciones, por lo tanto decidió hacerles un examen para poder saber que tan bien les iba en la materia. —Tienen quince minutos —Dice Sergio caminando entre los pupitres, pero rodeando aquel asiento que tanto le interesa y nota como Charles levanta ligeramente la mirada, a lo que él responde tocando su mano en un recorrido extraño —Concéntrense. Esto tenso al castaño. Charles siempre había buscado agradar a todos sus profesores. Le gustaba la aprobación de los adultos, pues deseaba eso mismo con sus padres. No es cuestión de malentender las cosas, sus padres eran muy diferentes a los de Max. La familia Leclerc era acaudalada, pero su educación era demasiado materialista. Los padres de Charles creían que su tarea estaba completa con solo comprarle todo lo que quisiera. Aprendió a conducir a los dieciséis, y sus padre le dio su auto para que pudiera ir a donde quisiera. Pero a pesar de las libertades que se le daban, seguía siendo un joven educado y ejemplar. Y podría decirse que no había motivos para buscar una aventura con el nuevo profesor, que por su parte no era así, pero eso no significaba que no le gustara su atención. Al final del día eso era algo que tenía en común con Max: La desatención de sus padres y su necesidad por buscarla. Sin embargo, los dos también reaccionaron de diferente manera a esto: Max encontraba esta atención de manera sexual. Charles se sentía satisfecho con solo agradar. Y eso complicaba las cosas para el pelinegro, porque ¿Cuan lejos podría llegar por complacerlo? Pero ese toque en la mano le jugó en contra, pues el castaño se mostró incómodo con su acercamiento. No pudo evitar molestarse. —Terminó el tiempo —Mintió —Pasen sus exámenes, ahora. Los jóvenes comenzaron a murmurar, quejándose entre ellos por la actitud de su nuevo profesor. Charles se dio cuenta del cambio en su comportamiento y se cuestionó a sí mismo si había sido su culpa. De igual forma ayudó a recolectar todos los exámenes y camino hasta llegar al escritorio del pelinegro, quien fingía estar apuntando algo en una pequeña libreta. —Profesor Pérez, aquí están los exámenes —Dijo el castaño algo nervioso, pero siempre servicial. —Dejalos ahi, ya se pueden retirar —Respondió Sergio sin siquiera voltearlo a ver. El joven se quedó estático al escuchar esto. Normalmente los profesores solían agradecerle su actuar al ayudar sin siquiera pedirlo, pero esta vez no fue así. Y se hizo a un lado cuando vio cómo el profesor tomaba su maletín, los exámenes y salía del aula sin decirle nada. Se sentía confundido porque no creía haber hecho algo malo. Vio como todos sus compañeros se marchaban pero él seguía analizando la situación. Lo que no sabía era que Sergio no estaba enojado con él, sino consigo mismo. No podía creer lo confiado que se había vuelto en los últimos meses. Bajo la guardia por un joven bonito que ni siquiera podía soportar que tocara su mano. —Que idiota... —Susurró para sí mismo mientras caminaba hacia donde estaba el rubio —Hora de irnos a casa. Lleva esto. Max se levantó del suelo y tomó la pira de exámenes que le había dado el profesor. Pudo notar en su semblante que estaba molesto y prefirió no hacer preguntas de camino a casa. Llegan a casa y el ambiente seguía tensó, pero todo cambió cuando el mayor arrinconó al rubio contra la pared y provocó que los exámenes cayeran al suelo. Max no es capaz de decir palabra porque pronto la boca del pelinegro reclama la suya y sus lenguas danzan entre ellas. Siente su mano sobre sus pantalones, tocándolo sin ninguna vergüenza y apretando sobre la tela. Se nota desesperado. —Tócame —Dice el pelinegro separándose un poco —Quiero que me hagas correrme solo con tus manos. Al rubio esto le pareció extraño, aunque las caricias eran muy comunes entre ellos y por eso no puso resistencia. Lo ayudó a liberar su miembro de sus pantalones y comenzó a estimularlo mientras se seguían besando. Sus dedos se bañaron de aquel líquido preseminal que provocaba un pecaminoso al deslizarse por toda su longitud. Su boca era muy demandante, como si quisiera probar su autoridad sobre el joven. Sentía como seguía tocándolo sobre sus pantalones, y de repente se aventuraba a tocar su trasero, pero solo eran toqueteos sin intenciones de ir a más. Sergio estaba siendo egoísta con su propio placer y lo sabía. Pero necesitaba mucho hacer eso. Tomo de la muñeca al joven y lo hizo moverse más rápido, gimiendo en sus labios y pegándose tanto a él que podía sentir su respiración chocando contra su rostro. Toda su frustración se derrama en la mano del joven, cuya respiración es tan pesada como la suya y puede sentir que su miembro se asfixia en sus pantalones. Desea que le proporcione el mismo placer, pero el sonido del timbre los interrumpe y hace que se alerten. —Lávate las manos, yo atenderé —Dice el pelinegro acomodándose la ropa y subiendo el cierre de sus pantalones. Max se va al baño y deja que el agua limpie la suciedad en sus manos. Se mira en el espejo y notó sus mejillas coloradas, además de su cabello bañado en sudor, está acalorado. Al salir ve a Sergio recogiendo los exámenes del suelo y poniéndolos sobre una mesa, para después caminar hacia la puerta principal. —Estaré en mi habitación —El rubio señala el bulto en sus pantalones que claramente iba a delatar lo que estaban haciendo. Teniendo que satisfacerse a sí mismo para poder aliviar lo que sentía. —Bien, no creo tardar —Respondió el pelinegro terminando los últimos detalles de su apariencia. Se equivocó. Ya sea por buena o mala suerte, una vecina llegó a darle la bienvenida pero ni siquiera prestó atención a lo que decía. No había dejado de pensar en Charles y l forma en cómo actuó con él. Se arriesgo demasiado pronto y temía que el joven dijera algo. Pero, una vez más, se había equivocado.  Al día siguiente llegaron al colegio, Max se quedó en el patio mientras que Sergio comenzó su primera clase del turno. No iba a admitir que estaba contando los minutos del reloj para cuando le tocará atender al grupo de Charles. El movimiento de su pie tocando el suelo una y otro vez solo delataba su impaciencia. Y tragó en seco cuando finalmente dio la hora. Mira a cada uno de sus alumnos entrando al aula, lo saludan y él les sonríe con amabilidad. Pero cuando entra Charles, se decide por ignorarlo. El castaño se resiente, pero no sabe lo que su profesor ha hecho. No sabe que revisó su información personal a la hora del almuerzo, no sabe que hablo con los profesores Hamilton y Rosberg sobre el alumnado y su nombre salió a colación, no sabe que  lo ha está observando. Un juguete es más divertido cuando no puedes tenerlo. Su rechazo solo encendió una chispa que se estaba debilitando en su interior. Alguna vez sintió eso por Max, esa necesidad de tenerlo solo para él. Pero con el tiempo se volvía aburrido, repetitivo. Y Charles era muy diferente. No buscaba su atención de la misma manera en que lo hacía el rubio, no, él no era atrevido ni mucho menos tenia una mala reputación o comportamiento cuestionable. Al menos ese era el punto de vista de Sergio. Rápidamente entendió que mientras tratara mal a Charles, este estaría más necesitado de su aprobación. Así que comenzó su propio juego y se preguntó: ¿QUÉ TAN COMPLACIENTE PODÍA LLEGAR A SER? Por esa razón se mostró tan frío con él durante toda la clase, sabiendo bien que esto lo pondría mal. Si el joven russell respondía bien alguna pregunta, el profesor lo felicitaba. Si Charles respondía bien una pregunta, le daba un simple “Gracias”. Marcaba mucho la diferencia en el trato, tanto que el joven pensó que había hecho algo malo y necesitaba saber eso era un castigo por su actuar el día anterior. —No he terminado de calificar sus exámenes, pero hasta donde he visto no van nada mal —Dijo Sergio mientras caminaba entre los pupitres y deteniéndose frente a Charles —Excepto por algunas cuantas decepciones. El castaño trago en seco al escucharlo decir eso, era muy obvio que lo decía por él. —Abran sus libros en la página dieciséis, practicarán su pronunciación —Continuó intentando ocultar una sonrisa —¿Quién va primero? —Fingió buscar con la mirada en los rostros desanimados de sus alumnos —¿Charles? Hoy estuviste muy participativo, veamos cómo cierras el dia de hoy. Charles lo miró confundido y se señalo a sí mismo, preguntando si se refería a él. El profesor asintió y el joven se levantó de su asiento con libro en mano, odiaba hablar en voz alta un idioma que no conocía bien. Y, como el mayor esperaba, lo hizo torpemente. Avergonzado, el castaño volvió a tomar asiento y el siguiente en participar recibió una felicitación por su esfuerzo, algo que él no tuvo, otra vez. Ya ni siquiera podía encontrar excusas que lo alejaran de la idea de que su profesor estaba molesto con él. Así que cuando termino la clase y él intentó acercarse a este, recibió una negativa. —Se termino la clase, cualquier duda fuera de horario es directamente en mi oficina —Responde el pelinegro antes de marcharse. Ese dia tenia mucho que hacer y le pidió a Max que lo esperara otra hora en el patio, tenía la sensación de que algo interesante podía pasar. Y esta vez no se equivocó. Tocaron la puerta de su oficina y al abrir se topó con el castaño, cuya cara de asustadizo que solo delataba lo intimidado que se sentía. —¿Puedo hablar con usted, profesor Pérez? —Incluso su voz le hace saber al mayor que lo tiene donde lo quería. —No tengo mucho tiempo, así que se breve —Responde para después hacerse aun lado y así darle espacio suficiente para entrar. Señala la silla frente a su escritorio y el joven se sienta mientras observa al hombre caminar hacia su asiento. Sergio lleva puesto unos lentes que lo hacen ver aún más atractivo, como si no supiera que eso le gustaría al joven. —Es sobre ayer... —Comienza el castaño pero el profesor ni siquiera lo mira, está muy ocupado calificando los exámenes —¿Está enojado conmigo? Suelta su pregunta por impulso, no soporta que no le regrese ni la mirada. Entonces Sergio se reincorpora en su asiento y lo observa detenidamente. —No —Responde con una tranquilidad que le resulta confusa —¿Que te hace pensar eso? Charles baja la mirada y juega con sus dedos, no sabe cómo abordar el tema pero lo intenta. —Usted tocó mi mano y yo la aparte —Empezó todavía con la mirada gacha —¿Lo ofendí? Porque no ha sido mi intención, es solo que me tomo desprevenido. Ahí estaba, justificando el actuar del mayor culpandose a sí mismo. El pelinegro puso todo su esfuerzo en intentar ocultar una sonrisa que se asomaba por sus labios. —No me ofendiste, pero si me decepcionaste —Comenzó el profesor con la voz más serie que pudo utilizar —Mirs tu exámen, es bastante malo. Y no hablemos de tu pronunciación. Charles se volvió a sentir intimidado por el mayor. —No esperes una felicitación todo el tiempo —Continuó —Si quieres una, tendrás que ganartela. —No es justo —Fue un susurro, pero alcanzo a escucharlo. —¿Qué no es justo? —Su voz era dura, pero decidio suavizarla un poco al ver como se encogía en su asiento —Tranquilo, bonito, no es para que te pongas así. “Bonito” el castaño repitió esa palabra en su cabeza. —Perdón, ya no me comportare así —Soltó. Se disculpaba sin haber hecho algo malo. —Tienes potencial, lo veo bien —Ahí venían los premios —Eres aplicado, educado y bueno, muy bueno. Charles sonrío ante esto. De pronto las palabras duras se transformaron en unas más amables. —Gracias, doy todo mi esfuerzo —Respondió más tranquilo. Quizá todo había sido un simple malentendido. —No, no todo tu esfuerzo —Entonces el profesor se levantó de su asiento y le hizo una señal para que hiciera lo mismo, obedeciendo al instante —Vamos a practicar tu pronunciación. Charles siguió sus indicaciones pero, por más que se esforzaba, parecía que nada complacía aquel hombre. —Lo estoy intentando —Se defiende cuando nota su molestia. Entonces Sergio se acerca y con una mano lo toma de la nuca, y con la otra sostiene su barbilla, obligándolo a abrir los labios. —¿Por qué te cuesta tanto abrir la boca? —Pregunta el pelinegro con molestia y le pide que repita la frase que le dio. Charles lo intenta, pero se sorprende cuando nota como está cortando el espacio entre ambos. Vuelve a pedirle que repita la frase y avanza un paso hacia él. El castaño sintió un escalofríos recorrer su espalda, jamás pensó en recibir su atención de esa manera. Y en ese momento cae en su trampa. Baja la mirada y se enfoca en los labios de su profesor cuando le habla, pero sus respiraciones ya se están mezclando y se siente extrañamente embriagado por este. Pero pierde la cabeza cuando sus labios se encuentran con los suyos. Al principio se queda estático, luego intenta alejarse, pero al final cede. Siente sus manos fuertes presionando contra su piel, y algo diferente pasa. Su lengua se abre paso en su boca y él no sabe cómo actuar. Nunca había hecho eso. —¿Qué? —Pregunta Sergio separándose después de notar lo rígido que estaba —¿Por qué esa cara? ¿Acaso nunca te habían besado así? Charles siente sus mejillas arder. —Yo... —El castaño balbucea un poco sin poder armar una oración. —¿O él no te besa así? La pregunta del profesor delata que sabe más de lo que aparenta. —¿Qué? —Suelta un aturdido Charles antes de que el pelinegro vuelva a besarlo. Está nueva clase de atención se vuelve extrañamente fascinante. Y se deja llevar. Sergio sonríe para sus adentros, todavía tenía trabajo que hacer pero ya tendría tiempo para eso. No se imaginaba que, mientras él disfrutaba de los labios de aquel joven de ojos verdes, su amado cisne había sido llevado a la oficina del director. 
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