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22 de diciembre de 2025, 18:52
Siempre le habia gustado ser aventurero.
Claro que había un límite ante cada riesgo que pudiera correr.
Pero esa tarde arriesgo todo en un solo movimiento y había ganado.
Sergio devoraba la boca del aquel joven que apenas podía seguirle el paso.
Y sus manos, inquietas, recorrieron su cintura hasta llegar a sus suaves piernas y acariciarlo sobre la tela de su pantalón.
Poso su mano en el trasero del castaño y dio un ligero apretón, provocando que este brincara un poco ante tal acto.
—Uhm... —Se quejó Charles separándose un poco —Así no.
Su negativa no le molesta, por el contrario, le parece fascinante.
Un joven tan bonito y virginal, podía notarlo en su rostro.
Charles apenas sabía besar y la mayor parte del tiempo se quedaba estático.
Esto provoca una sonrisa en el profesor, quién se separa por completo de él.
—Tengo muchas cosas que hacer, pero quizá mañana puedas venir a verme después de clases —Dice Sergio para después morderse el labio —Y te pueda enseñar cosas nuevas.
"Cosas nuevas" se repitió Charles en su cabeza.
Sabía bien que no estaba hablando de algo relacionado a la clase.
Pero podía notar lo relajado y contento que se veía, quizá era por él.
—Intentare venir después de clase —Susurra el castaño antes de tomar sus cosas para irse.
Sin embargo, Sergio lo toma de la mano y junta sus labios una vez más, está vez siendo un poco más atrevido.
Queria dejarle en claro lo que deseaba.
Así que poso su mano en la entrepierna del joven y con sus dedos acarició su miembro.
Siente como un suspiro se escapa por los labios de Charles y sonríe antes de darle otro beso y dejarlo ir.
Cuando Charles salió de la oficina del profesor, no pudo evitar sentirse observado, como si los demás supieran que lo había besado.
Había sido raro al inicio, pero no podía negar que esa clase de atención era extrañamente adictiva.
—¿Charles? —La voz del profesor Nico lo alerta —¿Qué haces aquí? Las clases ya terminaron.
El castaño sabe que tiene que encontrar una excusa para justificar su presencia cerca de las oficinas de los demás docentes.
—Solo quería confirmar la fecha del proyecto final —Mintió.
—Es la misma, no ha cambiado —Insiste el rubio —Vete a casa, tu hermano está tomando cursos extras con Hamilton, sabes que él es muy estricto.
Charles asintió y se marchó de ahí.
Le agradaba mucho el profesor Rosberg, principalmente porque sabía que no eran muy diferentes.
Además, siempre era amable con todos y mostraba un aura agradable, algo muy diferente a Sergio.
El profesor Pérez parecía ser más reservado, serio, pero tenía está faceta oculta que le mostró en su oficina.
Esa pasión desmedida que parecía querer ocultar de todo el mundo.
Y él se sentía muy especial al ser el único que lo conocía de esa manera.
O al menos eso creía.

Por su parte, Sergio termino de acomodar sus cosas y apagó la luz de su oficina para marcharse en busca del rubio.
Pero cuando llegó el jardín se llevó la sorpresa de que este no estaba ahí.
—¿Max? —Lo llama por su nombre pero este no aparece.
No quiere caer en la desesperación, principalmente porque está en un lugar público, así que camina por los arbustos a ver si no se ha escondido en alguna parte.
Pero claramente no era así.
El rubio no estaba y no sabía dónde se había metido.
Pasa sus manos sobre su cabellera oscura, se rasca con poco pero no existe tal comezón.
Está visiblemente estresado.
—¿Dónde carajo estás? —Susurra para sí mismo.
Siente que se volverá loco si no lo encuentra pronto.
Le preocupa que abra la boca o alguien se lo lleve de vuelta a Cardiff.
Y, como si alguien le susurra algo en el oído, voltea hacia arriba y su mirada se encuentra con la del director.
Toto, quién ya se había vestido, lo observaba todavía dando vueltas en ese lugar.
Le hace una señal de saludo con la mano y el profesor le corresponde de vuelta.
Con una sonrisa falsa, Sergio apenas puede contener su molestia.
Sentía que el director ocultaba algo más detrás de esa imagen dura que mostraba.
Incluso le parecía curioso que lo estuviera observando en ese momento.
Era como si tuviera algo que ver con la desaparición de Max.
Comienza a caminar los pasillos a un paso firme.
Intenta mantener una sonrisa para todo aquel alumno que se topa en su camino.
No se supone que sepan lo que está pasando.
—Max, Max, Max... —Repite por lo bajo, apretando la mandíbula de lo enojado que estaba —¿Dónde mierda te metiste?
Observa cada habitación y no logra dar con su objetivo.
Entonces encuentra el baño que queda muy cerca de la oficina del director.
Aumenta la velocidad de su caminar y empuja la puerta con fuerza.
Ve a Max frente a los lavamanos y el agua corriendo es el único sonido que llena la habitación.
El rubio había hecho todo lo posible por intentar deshacerse del desastre pegajoso que tenía entre sus piernas.
—Yo... —Susurra el joven, que por suerte ya estaba vestido y así no pudo darse cuenta de lo que estaba haciendo.
—¿Qué haces aquí? —Pero el pelinegro no tarda en reclamar —Te dije que me esperaras en el jardín.
Max cierra la llave y pasas sus manos por su rubia cabellera.
Está nervioso pero no le dirá la verdad.
No sabe cómo podría reaccionar.
—Quería ir al baño y me perdí —Miente usando la excusa que le dio Toto.
Sergio no es tonto, sabe que algo más puede estar pasando.
Pero no tiene pruebas, no hay nada más que su instinto diciéndole que le está mintiendo.
Sin embargo, lo último que quería era causar un escándalo y llamar la atención de esa manera.
—No... —El profesor aprieta los puños con fuerza pero después de unos segundos se relaja—No vuelvas a hacerlo y...
"SE UN CHICO BUENO".
El joven asiente, todavía afligido ante la idea de que sospeche algo.
Sergio lo toma del brazo y caminan fuera del baño. Lo lleva casi arrastrando hacia la salida del lugar y lo hace entrar al auto.
El pelinegro no entendía por qué se sentía tan molesto.
Le gustaría que Max entrara a su clase para poder vigilarlo de cerca. Pero sabía que sería aún más un estorbo que otra cosa.
Porque sabía que él haría un escándalo si se daba cuenta de lo que estaba pasando con Charles.
Así que decidió dejar morir el tema por ese día.
Quizás solo estaba algo paranoico después de haber hecho sus avances con el castaño.
Porque la idea de ser descubierto lo abrumaba.
Y ahora necesitaba encontrar una manera de poder manejar a los dos jóvenes sin que estos se den cuenta del otro.
Porque, por el momento, no estaba dispuesto a renunciar a ninguno de los dos.
Y ese era un verdadero problema.

Por otro lado, un par de horas, después Charles se encontraba en su casa recordando lo que había pasado.
Escuchaba el ruido en el primer piso de su casa, y una risa familiar que tanto le encantaba.
—Ya Arthur, tenemos que terminar el proyecto —Dice Carlos entre risas.
Charles sale de su habitación y llega hasta las escaleras, se detiene tomando el barandal de esta y se agacha para observar a su hermano y el mejor amigo de este en la sala.
—Si el profesor hamilton fuera tan bueno, no nos hubiera dejado este proyecto —Se queja el leclerc mayor mientra se sienta al lado de Carlos —Apuesto a que cuando llegamos estaban besándose.
En ese momento Carlos le da un ligero golpe en el brazo.
—No seas tonto, no puedes hablar así de los profesores —Lo regaña.
—¿Y quien va a escuchar? Estamos en mi casa, no pasa nada —Insiste Arthur apoyando su cabeza en el hombro de Sainz, quien se mueve ligeramente para que se retire —Igual todos saben que se encierra en la sala de juntas a besarse con Rosberg.
Carlos suelta una pequeña risa y se gira para observar a Charles en la escalera, quien le dedicó una tímida sonrisa.
—Voy al baño —Dice levantándose del sofá y comienza a caminar hacia el pasillo, pero se detiene para ver si Arthur está distraído, entonces desvía su camino.
Charles lo nota y en seguida sube las escaleras para esperarlo arriba.
El mayor no tiene que dar ni dos pasos cuando siente la mano del joven tomándolo hasta ocultarlo detrás de una pared.
Sus labios no tardan en encontrarse, apasionados pero cuidadosos. No desean que los descubran.
Carlos es mayor que Charles, pero la diferencia de edad no es el único problema.
Arthur, el mayor de los Leclerc, lleva meses interesado en su mejor amigo y ha hecho todo lo posible por acercarse de una manera diferente.
Ya no quería ser solo su amigo.
Pero él no conocía esta relación secreta entre su hermano menor y su mejor amigo.
No sabía que desde hace meses Carlos había comenzado una relación con Charles y que de miraban a escondidas.
No sospechaba nada porque no creía que su mejor amigo pudiera mirar de esa forma a su hermano.
Pero incluso para Sergio fue fácil deducirlo al escuchar diversas historias de lo unidos que eran.
Y la frase que dijo Nico en el almuerzo:
“Charles es especial para Carlos”
Sin embargo, esto no era en el sentido fraternal de la palabra.
Carlos no tardo en arrinconar a Charles contra la pared, saboreando el néctar de sus labios y sintiéndose cautivado por su aroma.
Le gustaba mucho y se lamentaba el tener que guardar en secreto sus sentimientos.
Te gustaría decir que Arthur era lo suficientemente maduro para poder aceptar eso, pero sería mentir.
Lo conocía tan bien que sabía que reaccionaría mal ante la noticia.
Principalmente porque había notado los avances que intentaba hacer con él.
Y los separaría, de eso estaba seguro.
Pero mientras se besaban, Charles hizo algo que llamó la atención de su novio.
Tomo la mano de Carlos y la bajó de su cintura hasta su entrepierna, haciéndolo tocar su miembro.
El mayor se sorprende, jamás había llegado a ese nivel de toqueteo debido a la inexperiencia del joven y principalmente el respeto que le tenía.
No sabía que eso era lo que quería, y lo llevo a aturdirse un poco, pero le siguió el juego hasta ponerlo duro.
Charles gemía en sus labios mientras seguía tocandolo, hasta que se separaron abruptamente.
—¿Carlos? No tardes demasiado, tenemos que terminar el proyecto —La voz de Arthur los asusta por un momento.
Carlos le da otro beso antes de irse y Charles sonríe bobamente.
Le había gustado como lo toco, pero incluso él se sorprendió por haber hecho eso.
Quizá sí tomaba más experiencia su novio lo tomaría enserio, y la única forma de hacerlo era con su profesor.
Aunque esa necesidad de atención era un arma de doble filo.

A esa misma hora, pero en otro lugar, el profesor ya no podía con la tensión en casa, pues esperaba que Max hablará por su propia cuenta pero en su lugar parecía burlarse de él.
No era verdad, el joven no se estaba burlando, pero sus nervios le estaban jugando en contra.
Mira la hora en el reloj y se excusa diciendo que ira a comprar algunas cosas, que lo espere y no le abra a nadie.
Pero esto tampoco es verdad, pues el pelinegro se va a la cabina telefónica más cercana y llama a un número conocido.
—Perdón por llamar hasta ahora, con la mudanza no me dio tiempo de ponerme al dia —Comienza y escucha la voz cariñosa de su hermana al otro lado de la línea —¿Podrías avisarles que soy yo? Hace tiempo que no hablamos.
Se siente nervioso porque sabe que hace tiempo se ha vuelto algo desobligado con su familia, y claramente sus padres se molestan por su lejanía.
Desearía que lo entendieran más, principalmente con toda la responsabilidad que estaba dejando de lado por seguir sueño de ser un profesor reconocido.
Sin embargo, continuó su llamada intentando despejar un poco su mente de los problemas en los que le encantaba meterse.
Y mientras Sergio estaba ocupado hablando con su familia, una llamada llegaba a su casa en su ausencia.
Max tomó el teléfono y respondió, un poco curioso por quién había llamado.
—¿Hola? —Dice el rubio y logra escuchar una pequeña risa del otro lado de la línea.
Hola bonito reconoce la voz de toto pensé que respondería tu padre, pero me alegra que seas tú.
No puedo evitar darse cuenta de la mofa al momento de decir que Sergio era su padre.
Tuvo que salir de casa, pero si quería hablar con él le doy su mensaje afirma mientras voltea a ver a la puerta principal de la casa, intentando divisar si ha regresado o no.
—¿Y por qué querría hablar con él? —Continúa el mayor del otro lado de la línea —Dije que me alegra que seas tú quien responda, porque quiero hablar contigo. Dime, ¿Te gustó lo que hice esta tarde?
Max siente su respiración volverse pesada de solo recordar eso.
—S-si... —Murmura.
—¿Quieres que lo vuelva a hacer mañana? —Toto saborea cada palabra que sale de su boca.
El rubio lo piensa por un momento.
Sabe que lo que está haciendo está mal, pero ¿Hace cuánto tiempo ha tomado una buena decisión?
Incluso si él quisiera, no podría.
Estar bajo la expectativa de Sergio o Torger lo habían vuelto alguien frágil Al momento de decidir algo.
Si es que alguna vez había decidido algo.
Pero también recuerda lo molesto que estaba el profesor esa tarde y no quería más problemas.
—No puedo —Comienza el rubio —Hoy estaba bastante molesto por no haberme encontrado en el jardín.
Toto ríe del otro lado de la línea.
—Ya no lo daremos en la tarde, así no se dará cuenta de tu ausencia —Propone con cierta insistencia —Puedes venir temprano a mi oficina, él estará muy ocupado dando clases y tú estarás saltando sobre mi polla.
En ese momento se escucha como alguien abre la puerta y esto pone muy nervioso al joven.
—Lo pensaré —Susurra antes de colgar.
Sin embargo, Sergio alcanzó a ver cuando colgó el teléfono y su visible estado de nerviosismo lo hizo sospechar.
—¿Quién era? —Pregunta mientras se quita el abrigo.
Max se queda en silencio por unos segundos, hasta que finalmente se le ocurre algo.
—Un vendedor, pero ya le dije que no estamos interesados —El rubio espera que su mentira sea creíble.
No lo es, pero el profesor intenta no hacérselo saber.
Así que esa noche todo se mantiene igual de tenso, con un silencio sepulcral que podría matarlos a ambos.
Y al día siguiente Sergio es más estricto en sus indicaciones, exigiéndole que por nada del mundo se moviera de aquel árbol.
El joven le hubiera obedecido de no ser porque observo a alguien mirar al profesor de la misma manera en que él lo hacía.
Charles no era capaz de disimular, no frente al rubio, y lo peor fue ver al pelinegro sonreírle dulcemente.
Quizá no debía preocuparse demasiado, pues era común que Sergio le sonriera a todo el mundo.
Así que intenta no pensar en eso el resto de la mañana, pero no puede evitar mirar hacia aquella ventana y toparse con el director observándolo.
Tal vez él también deba jugar un poco.
En parte por molestia, y también por soledad, no le gustaba sentirse relegado, ignorado.
Max se abre de piernas y esto hace sonreír al mayor, así que le hace una señal con la mano para indicarle que vaya hasta él.
El joven sonríe y se levanta del suelo, para volver a perderse entre los pasillos.

Nota: Holi, vi que tenemos nuevos lectores y quise actualizar lo antes posible jeje los tkm ❤️