ID de la obra: 1506

𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐄𝐂𝐑𝐄𝐓 𝐒𝐓𝐎𝐑𝐘 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐖𝐀𝐍

Slash
NC-21
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
162 páginas, 49.035 palabras, 21 capítulos
Descripción:
Notas:
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•14•

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Max, tan bonito como coqueto, y se había convertido en una especie de objeto de obsesión para Torger. Verlo llegar a su oficina por su propia voluntad había llendo su pecho de orgullo. Le había hecho saber que lo deseaba de la misma manera, pero ¿Era así? Incluso cuando se besaban, Max no dejaba de pensar en aquella complicidad que parecían tener el castaño con el profesor. Querer olvidarlo a base de estar con otros era una práctica que ya había usado en el pasado y no le funcionó. ¿Por qué parecía estar tan prendado de él? ¿Cuál era la razón por que lo llevaba a actuar así? Como... Como si estuviera enamorado de él. Niega con la cabeza de manera inconsciente, algo que Toto nota pero ignora. A simple vista, podría parecer que al rubio le gustaba esa atención, pero era cuestión de preguntarse que lo había llevado a actuar de esa manera. Y aunque estaba rodeado de adultos que podrían abordar ese tema para intentar comprenderlo, realmente no se interesaban en hacerlo. Por el contrario, sabían que de hacerlo se les acababa la diversión. ¿Y entonces qué pasaría con su muñeco roto? Incluso la secretaria del director miraba hacia otro lado. Quizá por eso se aferraba a Sergio, ya que era el único que de cierta forma mostraba un interés genuino en él. ¿Pero eso era realmente así? Max jamás lo diría en voz alta, pero sabía que no era así. Estaba solo. Siempre lo ha estado pero intenta aferrarse a lo que parece ser la fantasía de alguien que finge perfección. Pero si Sergio realmente no lo quería, ¿Por qué no dejarlo ir? ¿Por qué le daba esperanzas? ¿Por qué jugar con su corazón? Quizá lo que estaba haciendo con Torger era ¿Traición? No lo sabía. Pero si Sergio parecía enfocar su atención en el castaño, ¿Por qué él debería privar la suya de otros? Sumergido en sus pensamientos, atrapado en sí mismo, ni siquiera se dio cuenta cuando todo había terminado. Camina de regreso al jardín para recostarse debajo de aquel enorme árbol y esperar a que su amado profesor terminara de dar clases, y quizás dejara de coquetear con su nuevo favorito.  Pasadas un par de horas, ve como sale molesto y le pide que lo espere en la entrada en lo que va a direccion por una firma. Su actitud estaba ligada a la ❝mala suerte❞ de Sergio, ya que Charles no podía asistir a su oficina esa tarde gracias a que su hermano, Arthur, lo fue a traer al salón junto con Carlos. El profesor no podía detestar más a Carlos, pues lo complicaba todo para él. Entonces llega a la oficina de Torger y este lo saluda con una sonrisa amigable, casi burlona. Puede ver lo desalineado que esta pero no dice nada. —Maravilloso día, ¿No? —Hay cierta mofa en las palabras del director, pero Sergio lo ignora. —Si, así es —Responde sin dar pie a más, pero eso no se quedaria ahi. —Te has adaptado bastante rápido, ¿Ya tienes un nuevo alumno favorito? —Su pregunta lo alerta y Toto lo nota, ocultando una sonrisa que se asoma por sus labios. —¿Qué? —Pregunta el profesor algo aturdido pero lleno de curiosidad. Torger se relame los labios antes de hablar. —¿Ya tienes un alumno favorito? —Repite cambiando ligeramente la pregunta, jugando con su percepción de los hechos. Sergio se incomoda, sabe bien que la pregunta no iba asi. Se aclara la garganta y decide no darle gusto. —Yo no tengo favoritos —Miente. El director hace una mueca, no termina de estar satisfecho. —¿Y su hijo? —Vuelve a alertarlo, disfruta hacerlo —¿No estudia? El profesor lo mira con cierto recelo, no puede evitar sentirse molesto con el mínimo sonido de su voz. Y, peor, que mencioné a Max le genera más conflicto. No le gusta lo pendiente que está de él. —Todavía no hemos hablado de la universidad, tal vez se tome un año antes de acomodarnos bien —Miente otra vez, pero suena lo suficientemente convincente. Sus mentiras tendrían efecto si tan solo Torger fuera tonto e ingenuo. —Usted suele viajar con frecuencia, ¿No es así? —Sergio asiente aunque no entiende a dónde quiere llegar con eso —Supongo que no se aburre con facilidad. —Es maravilloso conocer lugares nuevos, pero mi hijo me espera y debo... —Comienza más que dispuesto a marcharse, pero el director no se rinde fácilmente y lo interrumpe. —¿Por qué viaja tanto? —Insiste con una voz algo dura, autoritaria —Cambia constantemente de escuela, eso no da un buen historial. Sergio se tensa. Sabe que Torger sospecha algo y tiene que cortarlo de una vez antes de que ponga más presión en su persona. —Aun así estoy dando clases en uno de los mejores colegios del país —Responde con una falsa sonrisa —Si quiere otro dia con mas calma le contaré sobre cada uno de mis viajes, pero ahora tengo que llevar a mi hijo a casa. El profesor se levanta de su asiento, quiere dejarle en claro que no se quedara más tiempo, pero no se espera la respuesta que está por recibir. —¿No me invitara a cenar a su casa esta noche? —Aunque es una pregunta, esta parece más una afirmación por parte del director —Es lo ideal, todos los nuevos profesores lo han hecho antes de usted. Sergio aprieta los puños, ya esta cansado de la intromisión de ese sujeto. Sin embargo, se controla porque sabe que tiene las de perder y esta vez no hay otro trabajo al cual huir. —Lo esperaremos esta noche —Afirma mientras en el fondo desea que no se aparezca. No lo quiere cerca de él, y mucho menos de Max. Así que termina saliendo de esa oficina recordando la sonrisa burlona del director, quien había conseguido lo que quería.  Por otro lado, el rubio se quedó en la entrada del colegio, viendo cómo los jóvenes salen alegremente entre risas y pláticas banales. Y mira entre ellos a aquel castaño risueño que le está robando la atención del profesor. Va acompañado de dos jóvenes que rápidamente reconoce como aquellos que lo llevaron a la oficina del director. —¿Puedo manejar hoy? —Pregunta Charles en una mezcla de timidez y emoción Arthur le sonríe a su hermanito y le pasa las llaves, lo quiere mucho y siempre busca hacerlo feliz. Es fácil darse cuenta de que son familia, pero su dinámica con Carlos le resulta curiosa y le genera sospecha cuando se da cuenta de que lo mira de la misma manera en que Charles ve a Sergio. Cuando Max los ve subir a aquel auto, en su interior siente una mala combinación de celos, envidia y molestia. Era bastante obvio que el castaño gozaba de una buena posición económica, un hermano amoroso y un posible novio. Además, seguramente sus padres lo querían. Charles parecía tener una buena vida, ¿Por qué quería quitarle lo único que él tenía? Estaba molesto y se notaba en su mirada. Odiaba ese chico aunque ni siquiera lo conocía. —Maldito idiota... —Susurra el rubio mientras observa cómo se marchan. —Listo —La voz del profesor lo saca de sus pensamientos — Vamonos. Por suerte no ha notado la forma en como miraba a su nuevo favorito, o se habría metido en problemas. Pero nota que está más molesto que antes, principalmente cuando lo ve apretar el volante con fuerza y maldecir por lo bajo. No tiene ni la menor idea de que ha pasado o porque de pronto parece que quiere matar a alguien, así que se mantiene en silencio para no convertirse en ese alguien. Llegan a casa y sergio sigue actuando extraño. Max no sabe que en la cabeza del profesor comienzan a agolparse muchas preguntas en relación a él. El pelinegro está sospechando una vez más. La fijación de Toto con el rubio resulta antinatural y lo sabe que si bien no ha logrado meterse con él, al menos lo tiene pensado. Pero en su mente no es capaz de hacerse a la idea de que ha pasado, principalmente porque cree en la fidelidad de Max. Ambos hombres están obsesionados con el joven. Eso genera una notable molestia, pues ninguno de los dos está dispuesto a compartirlo y esto los mantiene en alerta del otro. Sin embargo, Sergio está enojado consigo mismo. No puede creer lo lejos que ha llegado por aquel rubio de ojos azules. Se suponía que solo seria una aventura más, nada real ni duradero. Pero terminó llevándoselo con él, cuando debió dejarlo atrás desde hace días. Si hubiera dejado a Max en Cardiff, quiza no estaria en esa situacion. Sentía el agua hasta el cuello, arrinconado bajo los deseos del director que parecía tener un hambre voraz por arruinarlo. No entendía las razones por las cuales actuaba así con él, pero no podía ser algo bueno. Y rápidamente la noche se hizo presente, arreglando todo para que pareciera lo más hogareño posible. —Max, pon la mesa —Indica Sergio mientras termina de preparar la cena —El señor Wolff vendrá en cualquier momento, así que todo debe estar perfecto. El rubio se tensó apenas escucho quien llegaría a cenar,  y en su cabeza comenzó a maquinar cualquier excusa para no estar presente. —No tengo hambre, ¿Podría estar en nuestra habitación mientras él está aquí? —Soltó Max con algo de timidez. Dicho actuar era extraño en él. Sergio estaría más que contento de que no estuviera presente en la cena, pero su forma de pedirlo levantó más sus sospechas. —Tienes que estar en la cena y portarte como el hijo ejemplar —Dijo casi como si estuviera ordenándoselo —De lo contrario, quedarás como un maleducado. Max traga en seco y asiente. Sigue todas sus indicaciones y luego se retira para cambiarse de vestimenta. Tiene que estar presentable a la hora de la cena. Termina de vestirse y se queda unos minutos viendose al espejo, sabe que debe mantener la calma y no delatarse. Se siente afligido ante la idea de ser descubierto, porque no sabe cuál será la reacción de Sergio. Él es todo lo que tiene. Por su parte, Sergio no está nervioso sino molesto. Intenta alejar esas ideas de su cabeza, no quiere hacerlo. Todo en casa parece ser perfecto, dando la imagen pulcra y hogareña que quería. Pero cuando Toto llega, este rápidamente se da cuenta de un pequeño detalle que el profesor no puede montar con su falsedad: la ausencia de fotografías familiares. Puede notar lo mucho que se ha esforzado, pero nada de eso lo va a distraer de quien roba toda su atención. Max baja las escaleras tímidamente y extiende su mano cuando se presentan. El rubio siente que este saludo dura horas, cuando solo fueron unos segundos. Y el ligero desliz de sus dedos genera un escalofríos en su cuerpo. Cuando caminan a la mesa, Sergio esperaba que Toto se sentará a su lado, estando el profesor en medio y así poder observar el comportamiento de ambos. Pero se sorprende cuando el director toma la iniciativa de sentarse junto al joven, algo que tensa tanto al profesor como al ex alumno. Durante la cena todo sigue igual de tenso, como si no hubiera tregua en el actuar de ambos adultos. Sergio comienza a relatar historias de la niñez de Max, las cuales son memorias falsas o propias que fueron modificadas a su conveniencia. Nada de lo que está hablando es real para el rubio. Sin embargo, Torger hace oídos sordos a aquellos relatos que intentan distraerlo y coloca su mano en la pierna del joven. El profesor no es capaz de ver esto debido al ángulo en el que están acomodados. Acaricia ligeramente y le da pequeños apretones. La respiración del rubio se vuelve pesada, no sabe qué hacer para detenerlo. Así que se anima al tomar la muñeca del hombre y querer removerla de dónde lo agarraba, pero esto hace que Torger la nueva a su entrepierna y lo acaricie sin pudor. Max mira con atención a Sergio, quien frunce el ceño al ver aquella expresión de pánico en su rostro. No tarda en unir los puntos y analizar lo que puede estar pasando. Busca una excusa para alejarlos, pero ya ha obtenido la información que necesitaba. Cuando el director se marcha, Sergio se gira a ver a Max con una visible molestia. Su mirada es dura, y nada sale de sus labios por unos minutos. El rubio es presa del pánico y por primera vez se da cuenta de lo que siente por Sergio: MIEDO. —Max —La voz del pelinegro lo hace brincar un poco apenas escucha su voz —Mañana te quedarás en casa. Es más, ya no irás conmigo a Rochford. El joven asiente, sabe bien que lo hace por Torger. Y Sergio no es nada tonto. Si Toto quiere quitarle a su cisne, primero tendrá que pasar sobre él y no permitirá que esté más cerca de su amado muñeco roto. 
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