ID de la obra: 1506

𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐄𝐂𝐑𝐄𝐓 𝐒𝐓𝐎𝐑𝐘 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐖𝐀𝐍

Slash
NC-21
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
162 páginas, 49.035 palabras, 21 capítulos
Descripción:
Notas:
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•15•

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Culpa. No pudo escapar de eso en toda la noche. La forma en como Sergio manejó la situación con Torger, solo le hizo sentir culpable. Pero, ¿Por qué Max tenía la culpa? Él no quería que el director hiciera eso. Nunca se lo pidió ni se mostró feliz respecto al tema. Y aún así el profesor encontró la manera de hacerlo sentir culpable. Una sensación familiar y que lo consumía por dentro. ¿Por qué siempre era su culpa? ¿Acaso no recordaban que solo tenía 18 años? Ellos eran adultos, mucho mayores que él. ¿Por qué no tomaban responsabilidad de sus actos? Acostado junto al pelinegro, Max no sabía qué sentir al respecto. Le asustaba la idea de perderlo. Sergio se había convertido en lo único estable en su vida. Le había ofrecido una idea de libertad que se quedó en el aire y se transformó en nada. Se fue con él, dejando atrás a su familia, su casa, y principalmente a su mejor amigo, a quien había dañado con sus acciones con tal de proteger al extraño que dormía a su lado. ¿No había dado todo por él? Y aun así era arrojado a un lado, quedando en segundo plano por el lindo castaño que ahora tenía toda la atención del profesor. Incluso había perdido la confianza de esté, aun cuando le había dado todo de sí. ¿Pero perderlo era lo único que le generaba miedo? Esa mirada con odio, la forma en cómo apretaba la mandíbula cuando estaba enojado y cerraba los puños buscando controlar su molestia. Su respiración pesada. La falsa amabilidad. Todo eso que había visto en él esa noche. En conjunto, contra él. Le tenía miedo. Pero este no era solo por quedarse solo, sino por la idea de lo que pudiera estarse maquinando en su cabeza al quererle poseer constantemente. Y Max no estaba acostumbrado a esa idea, no le gustaba pensar de esa manera. Pero una duda inundó su mente: ¿Sergio sería capaz de hacerle daño?  A la mañana siguiente, Sergio se despidió del joven y le dio indicaciones sobre qué hacer si alguien tocaba a su puerta. Max debía ser silencioso, discreto, como un fantasma que habita un lugar pero no se muestra. Y parecía que la molestia ya se le había pasado. Le dejo hecho el desayuno, le consiguió unas revistas para entretenerse en su día y le dio un beso antes de marcharse. Esta situación se repitió todos los días a lo largo de una semana, y Max ahora era como si fuera su mascota que debía esperarlo en casa todas las tardes. A Sergio le encantaría si actuará como una, que fuera su mascota personal que solo sirve y vive por y para él. Pero no podía jugar con él todas las tardes, ya que ahora su atención estaba más enfocada en su aquel joven de cabellos castaños y ojos verdes. Charles... Charlie... Realmente le encantaba. A diferencia de Max, Charles sí buscaba complacerlo en todo sentido. No lo desobediencia, pero sí cometía el mismo error de compartir su atención. Aunque eso lo arreglaría fácilmente, pues a sus ojos Carlos era un simple mocoso que necesitaba sacar de su camino. Charles era tan perfecto que opacaba al rubio, un cisne mucho más brillante. Pero él no era un muñeco roto. Y su inexperiencia le resultaba excitante. Solo un paso más y lo haría suyo. Por lo que no pudo evitar coquetearle en toda la clase. Masajeaba sus hombros cuando los demás estaban distraídos  y despeinaba sus castaños rizos. Cada caricia se sentía como el paraíso. Y la piel de Charles era la más suave que había tocado. Sergio se sentía más tranquilo al saber que Max estaba en casa y no cerca de aquel tipo que parecía está sumamente interesado en él. Su ausencia también lo ayudaba a evitar cualquier escena de celos o sospecha que pudiera darse a partir de su cercanía con Charles. Quizá eso debió hacerlo desde el principio, pero no pensó que Torger se interesaría en el rubio de la misma manera en que él lo había hecho. Pero ese problema ya estaba resuelto, ¿No? No le dio más importancia y continuó la clase, felicitando a Charles por cada mínima cosa que hiciera. Y al castaño le encantaba su atención, pero principalmente la emoción que le generaba al sentirse tan especial. Le gustaba mucho Carlos, pero sentía que no lo tomaba en serio y eso era algo en lo que Sergio había mostrado un interés, en verlo como un hombre y no como lo que era. Cuando finalizó la clase, el pelinegro le dedicó una mirada llena de complicidad que el joven rápidamente entendió. Esa semana habían pasado viéndose a escondidas por las tardes, intercambiando besos y caricias que poco a poco parecían ir escalando. Es así como Sergio vuelve a esperarlo en su oficina, sabiendo bien que nada ni nadie los va a interrumpir porque no tiene prisa para volver a casa. El ligero toque en la puerta dibuja una sonrisa en sus labios, está más que contento de tenerlo ahí de nuevo. Pues esta vez probaría algo diferente en el joven. Vuelven a besarse como todas las tardes, pero está vez Sergio toma la mano de Charles y la lleva a su entrepierna. El castaño baja la mirada y sigue el movimiento de su mano tal como se lo está indicando. Siente su respiración pesada y el calor del aliento del profesor chocando en su rostro. Charles no puede evitar morderse el labio, con sus dedos marca la forma del miembro del mayor. —¿Nunca habías tocado una? —Pregunta Sergio casi en un susurro. El joven niega con la cabeza, hay cierta timidez en su actuar y eso excita aún más al mayor. Deja que siga tocando su miembro, masturbandolo en sus pantalones, mientras que con una mano toma su barbilla y acaricia sus labios. Vuelve a besarlos, dejando que su lengua invada su interior y lo anime a ir por más. Lo cual funciona, notando como comienza a acariciarlo por voluntad propia y siendo un poco atrevido al apretarlo con ligereza. Un gemido ronco escapa de los labios del mayor y con un movimiento rápido logra liberar su miembro para que tome directamente su carne. Charles no puede evitar soltar un suspiro pesado, sus ojos se enfocan en la polla del pelinegro y en como su líquido preseminal mancha su mano. —Sientes un cosquilleo interno ¿No? —Sergio pregunta y el joven asiente —Es natural, estas tan caliente como yo. El castaño sigue moviendo su mano, está vez con más velocidad y se muerde el labio para intentar ahogar un suspiro. Las manos del pelinegro pronto acarician las dos mejillas del joven y suben a sus cabellos, enredandose en estos. —Deberías meterlo a tu boca. Charles asiente como si de una orden se tratase, una que tenía que cumplir al pie de la letra. Se coloca de rodillas en el suelo, bajo la atenta mirada del profesor, abre ligeramente los labios y la punta de su pene toca su lengua. El joven hace una mueca apenas siente el sabor de su carne y esto provoca una pequeña risa en el mayor. Sin embargo, no flaquea y continúa dejado pequeñas lamidas que solo aumenta el calor en la habitación. —Abre bien la boca, este es tu examen oral del curso —Afirma el pelinegro mientras lo ayuda meterlo casi por completo. Charles sentía ese pedazo de carne llenando su boca, provocando arcadas y haciendo que lo sacará rápidamente. Pero ver la expresión de satisfacción en el rostro de Sergio no tenía precio. Así que no tardo en volverlo a meter en su boca para complacerlo y dejó que él tomara el ritmo, follando su boca sin mucho pudor. Si bien el mayor disfrutaba de tenerlo en esa posición, soy una experiencia era un poco molesta pero al mismo tiempo le encantaba. Porque podía moldearlo a su manera. Lo toma de sus cabellos con fuerza y sigue moviendo sus caderas para llenar su boca, sintiendo la caliente y resbaladiza lengua del joven. Charles apenas parpadea bien y el aire se escapa de vez en cuando, pero casi se ahoga cuando siente el espeso y caliente semen del hombre llenando su boca. Lo hace levantarse del suelo, tomándolo de la barbilla para acercarlo a sus labios y besarlo. Las manos del pelinegro recorren su cuerpo y las siente detenerse en su trasero, el cual masajea esperando una respuesta. No es la primera vez que lo toca así, pero antes lo rechazaba y las cosas se enfriaban rápidamente. Quería ser tocado de esa manera por su novio, pero Carlos siempre mostraba resistencia y él ya no podía más con la curiosidad de saber que se sentía. Así que no lo rechaza, más bien desabotona su pantalón y esto lo hace sonreír. Sergio podría detener eso, pero no lo hace. Le ha costado mucho trabajo llegar hasta donde está y no iba a retroceder. Tiene al castaño contra el escritorio, sus pantalones en el suelo y hunde su rostro en él. El cuerpo de Charles tiembla, en parte por las nuevas sensaciones que estaba experimentando, y también por lo nervioso que estaba. Intenta ahogar sus gemidos pero es casi imposible, así que Sergio coloca su mano en la boca del joven y lo hace callar mientras se va introduciendo en él. Esto fue algo doloroso para el castaño, pero poco a poco se fue acostumbrando hasta el mayor ya no tenía consideración de él. Lo había deseado tanto tiempo y ahora lo tenía para él solo, así que lo iba a disfrutar.  Cuando terminaron, Sergio abrazo cariñosamente al joven que todavía se sentía algo extraño. —No puedes decirle a nadie, lo sabes —Le recordó —No quiero meterte en problemas, ni tú a mí ¿Verdad? Charles asiente sin decir nada. Se muestra extrañamente callado incluso cuando se viste, y no se mueve ni un poco cuando el pelinegro le da un último beso. En su camino a casa, él no deja de reflexionar sobre lo que ha pasado. Siente que cruzó un límite que no debía ni ser cuestionado, teniendo ganas de regresar el tiempo y evitarlo. El deseo de ser tomado en serio le estaba pasando factura y no sabía si acudir a alguien o guardar silencio sobre lo que pasó en aquella oficina. Pero se decide por callar, al menos por un tiempo. Y por su parte, Sergio termino de guardar sus cosas para pasar a la oficina del director por una firma. Era lo último que tenía que hacer para después marcharse a casa donde lo esperaba su lindo rubio. Se sentía cansado pero sabía que no debía levantar sospechas. Saluda a unos cuantos profesores y alumnos en su camino, se muestra muy contento consigo mismo. Llega a la oficina de Torger, está a unos pasos de mofarse en su cara por ganarle. Tenía a ambos jóvenes en la palma de su mano, y nada ni nadie se interpondrá entre ellos. Cuando llegue ve a la secretaria Angela Cullen guardando sus cosas. —Ven por una firma del director —Dice el pelinegro intentando llamar su atención. La rubia continúa guardando sus cosas, tomando su bolso más que lista para irse. —Se fue temprano —Afirma la mujer —Tendra que esperar hasta mañana. Esto pone nervioso al profesor. —¿Sabe a dónde fue? —Pregunta y ella levanta los hombros con indiferencia. Gira sobre sí mismo y camina rápidamente hacia el estacionamiento. Se sube a su auto y comienza a manejar como un loco. Está nervioso, pero sobre molesto. Y no quiere pensar que se trata de eso, porque podía ser cualquier otra cosa. Pero si lo pensaba detenidamente, él también buscaría aquello que se le era privado. Lo había hecho antes, lo hizo con Max. Aprieta el volante con fuerza, la simple idea de que lo toque lo llena de rabia. Max es de él, es solo suyo. Y no iba a permitir que se lo quitarán, pues solo él tenía su destino en sus manos. 
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