ID de la obra: 1506

𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐄𝐂𝐑𝐄𝐓 𝐒𝐓𝐎𝐑𝐘 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐖𝐀𝐍

Slash
NC-21
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
162 páginas, 49.035 palabras, 21 capítulos
Descripción:
Notas:
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•16•

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TW NSFW ESTE CAPÍTULO TIENE CONTENIDO ADULTO. Horas antes, ese mismo día. Parecía que nadie se preocupaba por como se sintió Max en todo ese tiempo. Para ser alguien a quien le vendieron el sentido de la libertad para irse con su profesor, las cosas no estaban dándose como esperaba. Ahora estaba atrapado en aquella casa y apenas podía salir a la calle. Sergio buscaba controlar todo de la peor manera. Y el rubio sabía bien la razón por la cual llegaba tan tarde a casa. Entendía que esa razón tenía nombre y apellido. Esto lo afectaba emocionalmente, sintiéndose insuficiente para el mayor y con una falta de propósito para seguir ahí. Si Sergio no lo quería, entonces debía dejarlo ir. Pero estaba atado a él. Se sentía solo y molesto, cansado, perdido, despedazado. Pasaba la mayor parte del día con la mirada perdida en el techo, imaginando que era el hermoso cielo azul de Cardiff. Quiere volver a ver el mar, aunque sea solo un segundo. Estaban en Rochford, pero no podía ver el mar por la zona en donde vivían. No podía pasear por la ciudad como lo hacía con su amigo Lando. Extrañaba mucho a su amigo. Había apostado todo por Sergio, y este simplemente lo había reemplazado. En ese momento el golpeteo en la puerta lo saca de sus pensamientos y mira el reloj en la pared. Son las once y media de la mañana, ese no puede ser el profesor. Se asoma por la ventana de la habitación y ve aquel vehículo que observó la noche de la cena. Titubea un poco en cómo actuar, se supone que ignoraría a cualquiera que tocase esa puerta. Baja las escaleras con cuidado y mira por la mirilla de la puerta, confirmando que se trataba del director. —Max, se que estás ahí adentro —Habla el hombre mientras se pega a la puerta —Hablemos. El joven apoya la cabeza en la puerta y observa el pomo de esta, pensando bien si debería abrir o no. Porque si bien le gustaba la atención, sabía bien que se encontraba en esa situación gracias al hombre del otro lado de la puerta. —No puedes estar aquí —Responde un poco nervioso —Regresa a tu estúpida escuela y déjame en paz. —¿En serio planeas quedarte para siempre en esta horrible casa? —Pero Toto no iba a ceder —O si quieres puedo hablarle a tus papás en Cardiff, para que vengan a recoger a su hijo. Esto pone muy nervioso el rubio y no tiene más opción que abrir la puerta de golpe. —¿Qué quiere de mí? —Es lo primero que sale de su boca apenas lo ve de frente —Ya consiguió lo que quería, ahora déjeme en paz. Toto comprende que por la fuerza no conseguirá nada, así que cambia el discurso —Estás así por mi culpa, lo lamento mucho —Comienza intentando sonar lo más sincero posible —Pero es tan molesto saber que te tiene solo para él. Quiere hacerle saber lo mucho que lo desea y lo importante que resulta su presencia. Y si bien a Max le gustó escuchar esto, se mantiene firme en su decisión. —Acepto sus disculpas, pero tiene que irse —Insistió —Volverá en cualquier momento y solo me meterá en más problemas. En ese momento Torger suelta una pequeña risa. —No volverá pronto —Comienza como si saboreara cada palabra que sale de su boca —Está dando clases y por la tarde se ocupará con su precioso Charlie. El director ha estado observando mucho a Sergio, notando la especial atención que le pone al castaño. Y estas palabras duelen, lastiman al rubio. No le gustaba pensar mucho en lo que pasaba en su ausencia. Parecía que solo él veía lo injusto de la situación. Encerrado en una casa que no le gusta, lejos de su ciudad natal, rodeado de extraños y de soledad, su presencia parecía cada vez menos necesaria —Por favor, vete —La voz del joven se sentía apagada, estaba visiblemente cansado de su situación. —Max, sé que no quieres quedarte aquí —Toto suavizó su voz y con una de sus manos acarició la barbilla del rubio —Además, ¿Por qué siempre eres el que tiene que quedarse callado y en casa? —Poco a poco da pequeños pasos mientras lo hace retroceder —Lo quieres, ¿No es así? El silencio del joven provoca una risa en el mayor —¿Solo viene a burlarse de mí? —Pregunta Max con la voz quebrada. No se ha dado cuenta de que lo ha dejado pasar en casa. —No me burlo de ti, solo pienso que eres demasiado lindo —Cierra la puerta atrás de sí —Incluso cuando él se revuelca con otros, tú sigues teniendo la esperanza de que corresponda tus sentimientos. El rubio se tensa ante este señalamiento, pero intenta que no lo afecte. —No estoy enamorado de él —La voz de Max tiembla al hablar, y siente como el hombre lo arrincona contra la pared. Toto vuelve a sonreír, en ningún momento dijo la palabra "enamorado", así que el joven se ha delatado solo. —Entonces, ¿Qué te detiene? —Lo está desafiando, sabiendo bien que puede ganar en todo esto. En ese momento Max se acerca a su rostro y junto sus labios en un torpe beso, algo que pone muy contento al mayor. Torger lo toma de la cintura y lo aprieta a su cuerpo, acariciando su espalda y descendiendo hasta su trasero. Lo lleva hasta el sofá y hace que se siente sobre él, continuando devorando su boca y buscando deshacerse de su ropa. Logra bajarle los pantalones cortos y mete su mano entre sus boxers. Max se mueve sobre las caderas del hombre, sintiendo la presión de una de sus manos tomando su cintura y un dígito acariciando su entrada. Deja de comerle la boca por un momento y muerde el labio mientras que Toto lo observa embelesado. —Eres tan bonito —Susurra el mayor, haciéndolo sonreír. Hacia tiempo que no recibía tal atención. Y bajó de él siente el miembro duro del hombre, sabe que lo desea demasiado. Mientras Sergio lo había dejado abandonado y encerrado en esa casa, Torger se había aventurado en buscarlo por el deseo que le tenía. Se había arriesgado por él, algo que el profesor nunca hizo. Max gime al sentir como un dedo invade su interior, y la presión debajo suyo es insoportable. Pronto se pone de rodillas frente al hombre y desabrocha el pantalón de este, logrando bajarlo un poco junto a sus boxers. Toma su polla húmeda y caliente, comienza a acariciarlo hasta que finalmente se la lleva a la boca. Toto lo agarra de sus rubios cabellos y comienza a follar su boca, sintiendo su suave y húmeda lengua recorriendo su falo. Gimotea sumamente excitado, y al verlo en esa linda posición en cuatro, alcanza a llegar hasta su trasero y no deja de manosearlo. —Quiero que seas mío, Maxie —Susurra el mayor a la par que acaricia su trasero, intentando abrir sus nalgas para meter un dedo —Pero solo mío. —Sabes que eso no se puede —Le recuerda después de sacar el pedazo de carne de su boca —No puedo perder está casa. Solo el rubio sabía cuánto le había costado llegar hasta ahí, porque lo había perdido todo por promesas vacías. Toto no se permite perder ese avance, así que ignora el tema para después pedirle que se siente en su cara. Pero como el sofá resulta incómodo, logra convencerlo de llevarlo a su habitación. Una vez en la cama, Max se mueve con cuidado mientras la lengua del hombre saborea su apretado agujero, a la par que se masturba a si mismo. Mientras disfruta de su tacto, observa aquella habitación donde dormía todas las noches y su mirada se detiene en esos cisnes de cristal que tanto le gustaban a su amante. Hace una mueca de disgusto, le gustaría romperlos todos. Pero hace caso omiso a sus pensamientos vengativos, y termina centrando su atención en su nuevo amante. Desnudos y enredados en aquella suave cama, las sábanas caen al suelo y solo se escucha el crujir del mueble cuando Max esta montando a aquel hombre. Se deja llevar completamente por el placer, y no calla sus quejidos que salen sonoramente de su boca. Toto lo toma con fuerza, mueve sus caderas buscando ayudarlo a alcanzar el climax y golpea sus nalgas hasta dejarlas coloradas. Hace que el joven se recueste en la cama y comienza a embestirlo hasta que sus gemidos se conviertan en balbuceos sin sentido. Habían acordado que se correría en su boca para no dejar la evidencia más notoria. Usa su cuerpo de todas las maneras posibles, excitado bajo la idea de estar haciéndolo en la misma cama en donde dormirá Sergio esa noche. A Torger le encanta burlarse de él, mofarse en su cara o humillarlo sin que se de cuenta. Odia a la gente como el profesor, que se creen más listos de lo que realmente son. Quién piensa que es lo suficientemente pulcro e ingenioso como para tomarle el pelo a alguien como el director. Y quizás sea el efecto espejo lo que lo hace odiarlo tanto. Un odio que sin duda es mutuo.  Cuando terminaron, el joven se quedó un rato recostado en los brazos de Toto, quién acariciaba sus rubios cabellos. El silencio era palpable en la habitación, y pronto uno de ellos buscó romper el hielo. —Maxie, ¿Por qué te fuiste de casa? —Esa pregunta era demasiado pesada para el joven, pero ya no podía aguantar el peso sobre sus hombros. —Porque mi familia me odiaba —Comienza sin siquiera mirarlo a los ojos —Y lastime a alguien que quería mucho. El mayor lo pega más a su cuerpo, y esto reconforta un poco el adolorido corazón del rubio. —¿Por eso te fuiste con él? —Max asiente en respuesta —¿Y piensas perseguirlo para siempre? Nunca se había planteado la idea de perseguirlo, pero había sido una decisión desesperada en un momento complicado en su vida. —No tengo a donde más ir —Esa era la unica verdad en toda su dinámica con el profesor —Al menos le importo lo suficiente para no alimentarme del suelo. Esta declaración resulta confusa para Torger, pero decide no ahondar en el tema. —Puedes irte conmigo —Ofrece y el joven levanta la mirada para verlo a los ojos —Tenía pensado dejar mi puesto para finales del año, pero muchos profesores se jubilaron o renunciaron por una oferta mejor, así que tuve que quedarme más tiempo de lo que quería. El puesto de Sergio se le había dado como última opción, ya que necesitaban un profesor que llenara el lugar con urgencia. —¿Me llevara a otra ciudad para encerrarme en su casa? —Pregunta haciendo burla de su situación actual. Toto niega con la cabeza y después se acerca a sus labios para robarle un beso. —No, y tampoco posare mis ojos en nadie más —Dice como si fuera una promesa y esto claramente endulza los oídos del rubio. Pero es una lucha interna por decidir si hacerle caso o insistir con un futuro con Sergio. —¿Y eso como funcionaria? —Pero Toto representa otra opción a considerar. —Mi familia es muy acaudalada, no te faltara nada a mi lado —Insiste —Viviremos donde quieras, haremos lo que desees y viajaremos por el mundo si eso deseas. Era demasiado bueno para ser real y tampoco creía poder conseguir algo así. —Me gusta mucho soñar... —Susurra y el mayor apenas lo entiende. Max se levanta de la cama y busca sus boxers para después ponérselos. —¿Qué haces? —Torger se sienta a observarlo buscar su ropa. —Debo hacer la comida antes de que venga a casa —Recordó su rutina diaria de la última semana, sirviendo por y para Sergio. —¿Qué? ¿Ahora eres su esposa? —El mayor no puede evitar bromear con eso —Vamos, acuéstate, yo haré la comida y tú podrás descansar. Max quería decirle que no, pero después de tanta insistencia terminó cediendo. —¿Puedes recordar un número por mí? —Preguntó Toto cuando termino de cocinar y regresó a su habitación para cambiarse. —Dímelo, mi memoria no es la mejor pero podría intentarlo —Responde juguetonamente y repite  el número que el hombre le da. —Llama cuando quieras hablar conmigo —Le dice antes de darle un beso de despedida —O si lo pensaste mejor y te quieres ir. El rubio asiente y lo despide en la puerta mientras lo ve marcharse. Mira lo desarreglada que está la casa pero a ese punto ya no le importa. De todas maneras Sergio nunca le pone tanta atención.  Por su parte, un par de horas después el pelinegro acelera su automóvil y tiene suerte de no tener algún accidente, pero rápidamente llega a casa y apenas se estaciona de manera decente. Baja del auto a una velocidad increíble, aunque él siente su cuerpo pesado y sus pasos lentos. Toca la puerta una y otra vez, pero nadie abre. Saca sus llaves y se le caen de lo nervioso que está, pero las recoge y abre la puerta casi de un golpe. Ve la sala hecha un desastre y el aroma a comida llena el lugar. Sin embargo, no detiene su paso y sube las escaleras a grandes y largas pisadas, casi cayéndose en el proceso. Era como si el pasillo se hiciera más largo con cada paso que daba, y aventó la puerta apenas llegó a su habitación. Max se encontraba sentado en la orilla de la cama y lo miraba fijamente. Todo el escándalo lo había puesto en alerta y en sus ojos rojos se miraba el miedo que lo estaba empezando a consumir. —¿Donde está? —Es lo primero que dice el profesor apenas puede pronunciar palabra debido a su respiración agitada. —¿Quien? —El rubio no iba a delatar lo ocurrido, asi que se mantiene firme aunque se sienta un poco intimidado. Sergio camina lentamente por la habitación y comienza a observar todo con suma atención. —¿Donde esta Torger? —Insiste —¿O ya se fue? El pelinegro tomó una manta cercana que estaba sobre una silla, y la arroja hacia al joven con algo de violencia, haciendo que el mueble en el que estaba se tambaleara. Esto le hace saber que está físicamente en peligro. —No ha venido nadie, como todos los demás días —Max pensó en usar un poco de la realidad que estaba viviendo, esto para darle veracidad a su versión. Era cierto que los días anteriores no habían recibido ni una sola visita, esto principalmente porque no tenían amigos. Pero esto tiene el efecto contrario, porque hace que el profesor piense que los días anteriores también estaba siendo visitado por el director y nunca se dio cuenta. —Max, no mientas —Lo reta con la mirada, y el joven sabe que el tipo se esta controlando de solo ver como cierra sus manos haciendo dos puños. El rubio reconoce a un hombre violento cuando lo ve. Obtuvo esa experiencia de casa. —No estoy mintiendo —Y no cederá en su versión. El joven se levanta de la cama y comienza a buscar su playera, teme que las cosas lleguen a escalar tanto que debe estar preparado para cualquier cosa. Y Sergio sabe que debe recurrir a otros medios para sacarle la verdad, así que lo toma del brazo y lo pega a su cuerpo. —Maxie, por favor, no hagas esto —Sus súplicas fingidas buscan debilitar al rubio para que confié en él —Mira hasta donde hemos llegado juntos, no lo tires por ese hombre, él es un extraño. No te conoce como yo lo hago. El pelinegro lo besa con desesperación y esto hace que Max casi cede a su falso cariño, pero una marca en su cuello lo deja estático. Era una especie de moretón algo colorado, pero que no se generan con algún golpe. Esa clase de marcas llegan a hacerse en un momento íntimo y lo reconoce muy bien. El rubio rompe el beso y se remueve incómodo en sus brazos, incluso puede sentir el dulce aroma del perfume del castaño todavía impregnado en la piel del profesor. —Suéltame —Max murmura mientras se libra de su agarre —Eres demasiado hipócrita para decir esas cosas. Sergio lo miró por un momento, y por una milésima de segundo pudo divisar a aquel joven que conoció en Cardiff, uno que creía había sometido a su voluntad. Ya no parecía aquel chico cohibido en que lo había transformado, y un atisbo de valentía se podía notar en sus palabras. Se le estaba saliendo de las manos. —Max, ¿Qué se supone que significa eso? —Comienza, ahora intentará cambiar de estrategia —¿De qué me estás acusando? ¿Acaso no eres tú el que estaba siendo tocado por ese tipo? Dime, ¿Por qué él se sintió con el derecho de hacerlo? El rubio no daba crédito a lo que estaba escuchando, y quizá días antes hubiera caído en ese juego sino tuviera la posibilidad de dejarlo atrás. Se pone su playera y busca sus pantalones que deben estar en alguna parte del suelo, y cuando los recoge se anima a responder. —¿Y con qué derecho te sentiste tú conmigo? —Contraataca —Ya está lista la comida, que he hecho toda la maldita mañana para que ahora me vengas a reclamar lo que haces. En ese momento cerró los ojos rápidamente al sentir la pesada mano del pelinegro en su mejilla. Max gime de dolor mientras se lleva las manos al rostro e intenta ahogar un par de lagrimas que amenazan con escapar. Siente las manos de sergio en sus brazos obligándolo a mirarle. —Mira a lo que me orillaste —Comienza —Sabes que eres especial para mi, que me importas mucho y me preocupas demasiado —El rubio tiene los ojos rojos de tanto aguantarse el llanto —Olvidemos que esto paso, por el bien de nuestra relación. El mayor abraza a Max que todavía está estático en su sitio, no entiende que el pelinegro está haciendo todo lo posible por retenerlo a su lado y eso incluye juegos mentales que buscan echar toda la culpa en él. —No... —Susurra el rubio intentando despegarse de él. Sergio estaba dispuesto a llevar las cosas en paz, pero parte de este abrazo era observar su cuerpo con atención y buscar alguna señal que le diera la razón, pues sentía que se estaba volviendo loco. En eso baja ligeramente los boxers del joven y ve un marca colorada en su piel blanquecina, algo que lo llena de rabia en un instante. —Pequeña puta —Dice separándose de él, para después darle otra bofetada —Y te haces el inocente, insistiendo en que no estuvo aquí. Por un momento te creí, pero eres un mentiroso de mierda. Dime, ¿La comida la preparaste antes o despues de dejar que te cogiera? Este actuar tan confuso y violento desató un mar de emociones en el rubio. —Vete a la mierda —Responde Max empujándolo, pero el profesor lo toma del brazo impidiendo que se vaya. —Ven aquí, ¿A dónde crees que vas? No puedes dejar esta casa —El pelinegro parece disfrutar decir estas palabras —Soy lo único que tienes. Es en ese instante que todo termina de romperse para el joven, quién de la nada lo avienta bruscamente y comienza a darse golpes en la cabeza mientras le grita que se calle. —¡Déjame en paz! ¡Te odio! ¡Te odio! —Grita casi desgarrándose la garganta —¡Arruinaste mi vida! ¡Te odio! ¡Nunca debe irme contigo, pero no dejaré que me mates! Sergio, quién no se esperaba esa respuesta, se siente sumamente aturdido por la reacción de su joven amante. Se acerca a él intentando calmarlo, pero solo recibe un puñetazo en la cara que lo hace caer al suelo Para cuando levanta la vista, Max ya se había ido corriendo. 
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