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22 de diciembre de 2025, 18:52
Apenas había logrado ponerse su pantalón y jalado un par de tenis gastados.
Tuvo suerte de hacer eso porque la fría lluvia comenzó a caer del cielo y él no hizo más que correr para buscar un refugio.
Siguió corriendo sin mirar atras, tenia mucho miedo de lo que Sergio podría hacerle después de haberlo golpeado.
Pero se había desesperado demasiado, explotado por la presión que había ejercido en él los últimos días y la decepción que estaba atravesando al ver su vida estancada.
No le parecía justo que Sergio le reclamara cosas que él mismo hacía cuando nadie miraba.
¿Cómo se atrevía a llamarlo “puta”?
¿Por qué le molestaba que hubiera sido alguien más y no él quien lo toco?
Si seguramente este había estado manoseando a su nuevo favorita.
No tenía sentido que le pidiera fidelidad si él no se la daba.
Pero llegar a los insultos y los golpes no era algo que el rubio deseara.
Sentía que ambos habían cruzado una línea de la cual no podrían regresar.
Se suponía que se entendían, pero parecía todo lo contrario. La tensión entre ambos había crecido los últimos días y esa tarde explotó todo.
Era cierto que yo no podía soportarlo.
No solamente vivir encerrado sino también callado.
¿Qué esperaban que le hiciera?
¿Que se sentara en casa a esperar que regresara después de revolcarse con Charles?
Al menos Toto le daba una alternativa y no esperaba a un joven sumiso y tonto.
—Mierda... —Susurra mientras entra a un local que encontró en su camino.
No había nadie más que una chica que trabajaba ahí pero estaba distraída leyendo un libro.
Cuando levanta la vista, ella rápidamente le sonríe y lo saluda.
—Bienvenido, ¿Lo puedo ayudar en algo? —La joven lo observa de arriba a abajo, dándose cuenta de que no podía estar en una buena situación —¿Estás bien?
Max lee el gafete que tiene la pelinegra y así sabe que su nombre es Kelly, ella parece ser mayor que él pero muestra una amabilidad genuina.
—No, estoy buscando algun telefono para hacer una llamada —Explica y nota la confusión en su rostro —Necesito que mi padre venga a recogerme.
La joven entiende bien la situación del rubio y le indica donde está un telefono de monedas que puede usar, pero al no tener dinero, ella le termina prestando efectivo para que pueda realizar su llamada.
No iba a dejar a un chico de su edad solo y bajo la lluvia.
Él no pierde el tiempo y marca el número que le había dado Torger esa mañana.
—Por favor, responde... —Susurra mientras la línea suena y mueve su pie con impaciencia —Vamos...
Suena una y otra vez, acabando con sus esperanzas poco a poco.
—¿Hola? —Hasta que finalmente el hombre responde.
—¿Puedes venir por mí? —Se apresura en decir en su desesperación.
—¿Max? ¿Eres tú? —Pero Torger parece un poco confundido —¿Qué pasó?
El rubio le cuenta cómo se dieron las cosas y la manera en que Sergio lo trato.
No tarda en rogarle que lo lleve con él, que tiene miedo de lo que podría pasar si vuelve a casa.
Toto lo tranquiliza y le pide que intente pensar con claridad. Que si desea irse con él deben hacerlo con cuidado para evitar una respuesta por parte del profesor.
—Intenta ser discreto, él no se ira porque eso significaría perder a Charles, así que no te preocupes —Afirma el hombre del otro lado de la línea, para este punto el joven ya estaba más calmado —Dame tiempo para arreglar todo y nos iremos lo antes posible.
—¿Y a dónde iremos? —Max intenta sonar animado, aunque en el fondo esa situación le duele mucho.
—A donde quieras, bonito —Esta última palabra hace que sonría al recordar que Sergio solía llamarlo así.
Esa no era la manera en que quería que terminaran las cosas, pero lamentablemente parecía no haber otro desenlace.
Todo estaba demasiado jodido como para poder arreglarlo, y quizá debería intentar llevar la fiesta en paz antes de marcharse para siempre de su lado.
Y mientras él había estado corriendo por las calles, Sergio se había levantado del suelo todavía aturdido por el golpe que había recibido.
Pero se preocupo mucho cuando no encontró al joven en casa.
Tomó su abrigo y se subió al auto para intentar dar con él tan pronto como fuera posible.
—Maxie, ¿Donde estas? —Susurra mientras maneja lentamente por las calles para poder observar mejor y así dar con su paradero.
Da un par de vueltas hasta que finalmente ve una figura familiar dentro de un local y lo observa riendo en el teléfono, hablando con alguien que él sospecha puede ser el director.
Baja del vehículo y entra al local, entonces el rubio lo ve y termina la llamada.
—Buenas tardes señor, ¿En que le puedo servir? —Kelly lo saluda apenas lo ve entrar, pero este ni siquiera voltea a verla.
—Vengo por mi hijo —Afirma mientras camina hacia el joven y lo toma de la mano para sacarlo de ahí.
—Pero... —Murmura la joven, ella no cree que ese sujeto sea el padre del rubio.
Sin embargo, no puede hacer nada al respecto para evitar que se lo lleve, pero aun así toma el teléfono y marca un número.
—Hola, me gustaria reportar actividad sospechosa —Dice mientras mira hacia la calle para verlos marcharse en el auto del profesor.
Lamentablemente sería difícil que le hicieran caso por ser solo especulaciones.
A diferencia de los demás, ella no volteó hacia otro lado. Pero las autoridades sí.
Y en el vehículo todo es silencio.
La tensión entre ambos es palpable, pero el pelinegro se anima a romper el hielo una vez están en casa.
—Lamento la forma en como te trate —Comenzó el pelinegro —Sé que estuvo mal y de verdad me arrepiento, por favor, perdóname.
Max baja la mirada, no esperaba recibir esas disculpas.
Se mantiene estático en su lugar, no sabe qué decir ni como actuar después de todo lo que paso esa tarde.
Desea irse porque siente que todo va a empeorar si se queda, y no quiere sentirse afligido ante la idea de ser despreciado por él como lo había sido los últimos días.
Pero Sergio no se rinde y se acerca al joven, tomando sus manos con delicadeza y pegando su frente a la suya.
—Estaba demasiado celoso —Continua, no piensa flaquear ahora que recurre a su último recurso —Max, yo te amo.
El rubio levanta la mirada, era como si le hubiera estado tan sediento por escuchar esas palabras.
—¿M-me amas? —Balbucea un poco al preguntar, está nervioso y quiere saber si escucho bien.
El pelinegro se muerde la lengua en un intento por ocultar una sonrisa que casi se forma en sus labios.
—Tanto que no podría vivir sin ti —Afirma.
La trampa perfecta para la víctima imperfecta.
SIEMPRE SABÍA LO QUE QUERÍA ESCUCHAR.
Esto hace que el joven dude de sus propias decisiones.
Sin embargo, recuerda que el actuar del mayor no refleja lo que dicen sus palabras.
—¿Y qué hay de Charles? —Señala con cierta molestia.
—¿Estas celoso de ese muchachito? —Pregunta con cierta burla —Vamos Maxie, él no me interesa. No es mi culpa que intente agradar a todos los profesores, ¿O creías que es así solo conmigo?
El rubio comenzó a cuestionarse si eso era verdad.
—¿Y qué hay de lo que tienes en el cuello? —Reclamó y el profesor llevó su mano a la zona afectada.
—¿Esto? Me pico un bicho esta mañana, ¿Tan mal se ve? —El pelinegro parecía tener una respuesta para todo —¿Estas celoso de un mosquito?
Max desvió la mirada al sentirse algo ridículo por su actuar, porque sentía que se había dejado llevar por sus celos.
—¿En serio no tienes nada con él? —Pregunta en voz baja algo avergonzado.
Sergio se acerca a él y le planta un beso en los labios.
—Te lo prometo —Responde mientras acaricia su barbilla —Me gusta cuando te pones celoso, pero no cuando haces berrinches —Vuelve a robarle un beso y lo encamina hacia las escaleras —Deberías ducharte, te acompaño.
Parecía que la táctica del pelinegro había funcionado y esa tarde volvieron a la dinámica habitual entre ellos.
Pero seria cuestion de tiempo para saber si esto duraría mucho tiempo o si seguiría tambaleándose como los últimos días.

El fin de semana Max había enfermado de un fuerte resfriado y Sergio lo cuido en cama esos dos días.
Le preparo sopa y le compró medicinas, volcando su atención completamente en él.
Por esa misma razón no pudo comunicarse con Torger para hacerle saber que había cambiado de decisión y ya no se iría con él.
Todo parecía ir viento en popa en su relación con el profesor, quien lo mimaba constantemente y le repetía cuanto lo quería.
Max nunca pensó merecer esa clase de amor.
Y sabía bien que debía tener cuidado al respecto porque acostumbrarse a ello le podria hacer mas daño que bien.
Por más que lo negara, sabía bien que lo quería y que sus sentimientos hacia él eran bastante fuertes.
La afirmación de amarlo había hecho que su corazón se emocionara, pero aun asi no se entregaba por completo.
Quería darle el beneficio de la duda y creerle, en serio quería creer en su amor por él.
"Una segunda oportunidad para hacer las cosas bien" era algo que repetía en su mente una y otra vez.
—¿Cómo te sientes, amor? —Pregunta Sergio entrando a la habitación —Es hora de que tomes tu medicina.
Y esa era la novedad, el llamarlo "Amor".
Claro que el pelinegro sabía el efecto que tenía en el joven, así que se lo repetía constantemente.
—Mucho mejor —Afirma el joven mientras se sienta en la cama.
—Mañana debo ir a trabajar, así que te dejare tu sopita aquí arriba y tu medicina la puedes tomar solo, no la saltes —Dice mientras sirve un poco en una cuchara y lo ayuda a beberlo —Cuando te recuperes podemos ir a donde quieras, quizá al mar, o donde desees.
Max asiente y sonríe, esos dias habian sido los mejores para él.
No le gustaba la idea de que se fuera a trabajar, pero sabía que decir algo solo empezaría una discusión que alteraría los ánimos y todo por sus tontos celos.
Esa noche durmió en sus brazos, creyendo que todo estaría bien de ahora en adelante.
Y a la mañana siguiente Sergio se despidió de él con una sonrisa, sabiendo bien que ahora era imposible que se le saliera de las manos.
Le había dado lo que más deseaba, amor, afecto, cariño. Y difícilmente encontraría eso en los brazos de alguien más.
Llego al colegio y empezó su primera clase, ansioso porque llegara el turno con el grupo de Charles y finalmente verlo.
Otra historia se tejía con el castaño, quien había estado muy callado respecto a lo ocurrido y cuya actitud se había vuelto entre la timidez y las reacciones violentas.
Parecía que todo el tiempo estaba irritado.
Ni siquiera su hermano entendía bien las razones detrás de esa actitud, incluso Carlos intentó hablar con él pero nada funcionaba.
Y cuando llegó la clase del profesor Pérez, el joven decidió irse al baño a ocultarse.
El pelinegro se percata de eso y se molesta, no entiende porque ahora parece evitarlo.
Solo da diez minutos de clase antes de dejarlos ir con un proyecto que deben hacer esa semana, y después se apresura por los pasillos para encontrar al castaño en el baño en el que George le dijo que estaba.
Este último había sido llamado a la oficina del director, como solía hacerlo usualmente antes de la llegada del nuevo profesor de español, y con este, su hijo Max.
Cuando Sergio llego al baño, tuvo la buena fortuna de encontrarlo solo.
—Charlie... —Lo llama al verlo pegado a una esquina —¿Por qué estas así?
Se acerca a él y toma una de sus manos con delicadeza, acariciando sus dedos e intentando calmarlo.
—No debí hacerlo —Murmura —Esa vez en su oficina, estuvo mal.
El pelinegro se tensa, pero rápidamente mantiene la compostura.
—¿Sientes culpa? —Pregunta y el joven asiente —No tienes porque. Es normal hacerlo, todos lo han hecho alguna vez en su vida.
Charles se muestra cohibido, un poco alterado pero ya no tanto como antes.
—No le dirá a nadie, ¿Verdad? —Su voz tiembla un poco —Siento como si hubiera hecho algo terrible.
—Charlie, no tienes porque sentir eso —Insiste —Yo no diré nada, y tú tampoco —Lo toma de la barbilla para obligarlo a mirarlo —Ellos no lo entenderian.
Los ojos verdes del castaño están llenos de lágrimas, tiene una lucha interna sobre si lo que hizo estaba bien o no, y le da mucho miedo que alguien se entere pero al mismo tiempo quiere gritarlo.
—No sé qué pasa, y Arthur está haciendo muchas preguntas —Balbucea todavía nervioso —Nunca había mentido tanto, ni siquiera puedo decirle a Carlos porque se molestaría conmigo.
El pelinegro hace una mueca ante la mención del último individuo.
—Seguirán haciendo preguntas si continuas torturándote de esta manera —Señaló —Vamos, bonito, yo tambien me asuste la primera vez, es natural. Pero debes dejarlo ir.
Lo toma del brazo y lo jala hacia él, pegándolo a su cuerpo y hace que se funda en un abrazo, algo incómodo, pero que poco a poco lo relaja.
—Tengo miedo —Confiesa casi en un susurro.
—No tienes que temer —Responde el mayor en el mismo tono —Me tienes a mí, puedes hablar conmigo siempre que quieras.
Charles se abraza más a su cuerpo y solloza en sus brazos, no sabe cómo reaccionar ante esa encrucijada.
Claro que le alegraba saber que tenía alguien con quien hablar, el problema era que no podía hablar con el pelinegro si lo que lo afligía era este mismo.
Todo en él le decía que estaba mal.
Ya sea su instinto, una corazonada o su poca experiencia de vida, todo esto le indicaba una y otra vez que lo hecho aquel día fue un error.
Pero sabe que tiene que calmarse o si no explotarán.
No está listo para hablar de eso pero tampoco quiere callar.
Entiende el punto de vista que le ofrece el profesor, pero el suyo también es válido.
No estaba listo para lo que pasó.
No solamente una cuestión moral, sino también muy personal.
El mayor le vendió una idea de algo que no era real. Porque en su afán de demostrar lo más duro que era, terminó haciendo algo para lo que no estaba preparado.
Ahora sufría por dentro.
Pero no había nadie más en quien confiar, y eso era algo que el pelinegro sabía aprovechar.
Y cuando parece que se ha calmado, Sergio lo invita a dar un paseo para distraerlo y así alegrar su día.
En ese momento sabe que será difícil manejar a Charles si sigue actuando de esa manera, porque en cualquier momento podría aflojar la lengua.