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22 de diciembre de 2025, 18:52
Por la tarde, Sergio llega a casa con una caja de galletas para el rubio y se sentó junto a él en la cama.
Lo mira abrir el paquete, puede ver sus ojitos emocionados, y toma una galleta.
—¿Te gusta Rochford? —Pregunta de la nada y el joven levanta la vista pero no responde —Puedes ser honesto.
Max termina de comer la galleta que se había llevado a la boca antes de que le soltara esa pregunta.
—No, no me gusta —Toma otra galleta y se la lleva a la boca, siente curiosidad por la duda del mayor.
—A mi tampoco, es un lugar demasiado difícil y tedioso —Afirma el profesor mientras acariciaba sus rubios cabellos —Quizá podemos pasar los siguientes dos meses en Irlanda o Escocia. Irnos lejos es una buena opción.
Esta propuesta resulta bastante extraña.
—No lo sé —El rubio no está seguro porque irse lejos es perder la opción de Toto para siempre.
—Casi lo olvido —Sergio se levanta y busca algo en su maletín, para después mostrárselo al joven —Lo compre esta mañana.
Max lo toma, es un periódico y en silencio ve la noticia marcada.
"Violencia en Cardiff, joven despierta del coma después de brutal ataque"
Esto lo tensa y claramente se pone nervioso, esa noticia cambiaba todo.
El pelinegro apoya su cabeza en su hombro, y lo mira con atención, disfruta mucho ver su reacción.
—Es sobre Lando... —Susurra incrédulo.
—Deberías estar feliz, está vivo —Hay cierta mofa en sus palabras —Pero como te decía, irnos lejos es una buena opción.
En ese momento Max se dio cuenta de la dinámica pasivo-agresiva que regía su relación.
Siente como besa su mejilla sin esperar una respuesta de su parte, ya le ha confirmado su decisión.
Porque el rubio ahora sabía que Sergio usaría eso como un arma cada vez que se mostrará en su contra o le desobedeciera.
Ya se torturaba a sí mismo con el recuerdo de haber lastimado a su amigo, e intentó ahogar esa parte de su memoria para poder superarlo.
Claro que estaba feliz de saber qué Lando estaba vivo, pero eso también lo ponia en una situación mas complicada.
Pero tampoco podía dejar de preguntarse la razón por la cual ahora quería huir de Rochford.
Es como si hubiera ocurrido algo que lo hizo sentir lo suficientemente inseguro como para abandonarlo todo una vez más.
Max intento reconfortarse a sí mismo pensando que quizá Charles no quiso nada con el profesor, y por esa razón no había nada que lo atara a Rochford.
Y si bien no le había gustado la manera en cómo "lo convenció" para que se marchasen de ahí, al menos al estar lejos, ese chiquillo rico sería un problema menos.

Al día siguiente, Sergio llegó a la oficina del director para una pequeña junta que tendrían todos los profesores.
Mientras el profesor Hamilton hablaba, el pelinegro no pudo evitar sentir la pesada mirada de Torger sobre él.
El mayor juega con su bolígrafo mientras le dedica una que otra mirada al profesor de español, que lo mira de reojo y disimula una sonrisa.
Toto estaba molesto.
Sentía que Sergio había logrado separarlo de Max, porque los últimos días no había podido hablar con él y no se pudo acercar a la casa ya que estaba resolviendo todo para marcharse.
En medio de la reunión, la secretaria entra para hablar con Nico, quién la sigue con una visible expresión de preocupación.
Sin embargo, continúan la junta con normalidad y Lewis puede sentir como hay una tensión horrible entre los dos hombres frente a él.
Los demás profesores no son capaces de percatarse de esto, pero hay un notable odio entre ellos.
—Señor, ¿No les dirá nada? —Susurra el moreno posicionándose a su lado.
—Será mejor así, luego se ponen muy sentimentales —Bromeó el director y sonrió con amabilidad.
Cuando termina la junta, poco a poco el lugar se va vaciando y Sergio permanece inmóvil.
—Estos días han sido soleados —Es lo primero que dice apenas se quedan solos —Más para unos que para otros, me temo.
Torger sonríe con molestia.
—Bueno, el invierno terminará pronto y llegará la primavera, más rápido para algunos que para otros —Responde el directo acomodándose su corbata —Que tenga un muy buen día.
El profesor asiente y toma su maletín para marcharse de su oficina, pero cuando sale se topa de frente con Arthur, el hermano mayor de su adorado castaño.
—Profesor —Saluda el joven y el pelinegro solo se limita a asentir.
—¡Adelante! —Grita Torger sabiendo bien quien llego a hablar con él.
Esto hace que Sergio se detiene a verlo entrar, y un escalofríos recorre su espalda al mismo tiempo que un mal presentimiento se apodera de su cuerpo.
Vuelve a sonar la campana de la escuela y no tiene más opción que marcharse, pero no puede concentrarse ante la idea de que algo más este pasando a sus espaldas.
Y lo estaba.
En la oficina del director la tensión se mantiene, Torger invita al joven a sentarse y este se ve visiblemente afectado.
—No quiere decirme quien fue —Afirma el castaño con una voz temblorosa —Pero dijo que ocurrió aquí, que alguien actuó indebidamente en su contra.
—Lo sabia desde el momento en que me contaste sobre su actitud —Señala el director —¿Dónde esta él?
El mayor había hablado con el joven apenas recibió quejas sobre la actitud del menor de los Leclerc, y lo incito a presionar a su hermano hasta sacarle la verdad.
Lo logro, pero a medias.
Arthur juega con los dedos de sus manos, se ve muy afligido.
—Esta en el baño hablando con el profesor Rosberg, no ha dejado de llorar —En ese momento el joven solloza —No sé que hacer, siento que le he fallado.
Torger se levanta de su asiento y pone su mano en su hombro, dándole pequeñas palmadas para intentar calmarlo.
—No le quites los ojos de encima, y tranquilo, al menos ya sabemos que le pasa —Afirma y el joven asiente —Tengo que terminar algunos asuntos, pero puedes apoyarte en los profesores Hamilton y Rosberg.
El castaño asiente y se levanta de su asiento mientras se limpia unas lagrimas que se habían deslizado por sus mejillas.
Camina lentamente hasta salir de la oficina del director y continua su paso rumbo hacia el baño, donde ve a su hermano llorando desconsoladamente mientras balbucea su relato.
—Si fue algún alumno mayor, puedes decirlo, nadie te lastimara. Lo prometo —Dijo Nico mientras tomaba su mano con delicadeza.
Charles jala bruscamente su mano para deshacer el contacto y tapa la cara intentando calmarse.
Se muerde el labio y levanta la vista, sus ojos están rojos y la nariz la tiene colorada.
—N-no fue... —Comienza algo nervioso —No... Un alumno...
Es un poco complicado entenderle al estar tan alterado, pero Nico logra unir los puntos.
—¿No fue un alumno? —Pregunta con temor y el joven Leclerc desvía la vista —Fue un profesor.
No es una pregunta, sino una afirmación.
Y Arthur siente que se volverá loco al escuchar esto.
En su cabeza hay mil ideas agolpándose al mismo tiempo, recuerdos de su hermano hablando de su admiración por sus profesores y de lo mucho que le gustaría convertirse en uno.
Intenta pensar en quien podría ser, pero solo hay uno que siempre le había parecido tan extraño como su hijo.
Y quiere probar algo.
Así que, de la nada, sale corriendo del baño y recorre los pasillos hasta llegar al aula del profesor Pérez.
Sergio, quien estaba dando su clase, se detiene abruptamente cuando lo ve parado frente a la puerta del salón.
Ve su rostro desencajado, sus ojos llenos de lagrimas y la manera en como aprieta los puños, como si quisiera golpearlo.
—Arthur, vamos —Dice Nico llegando tras de él y tomándolo de los hombros, pero se detiene un momento a ver a la persona que tanto mira con odio.
Entonces lo entiende todo.
—Solo miralo, se le nota en la cara —Murmura el joven apretando la mandíbula.
—Si esto es así, no se lo des a saber —Señala desviando la mirada.
Toma la mano del joven y lo lleva de camino hacía el baño.
Pero ya es muy tarde, porque Sergio ahora sabe que ha sido delatado.
—La clase termino, guarden sus cosas y nos vemos mañana —Dice mientras toma su maletín y sale del aula.
Sabe que tiene poco tiempo antes de que comiencen a buscarlo, así que va a su oficina por los por algunas cosas que tenia ahí y después marcharse a casa por Max.
—Mierda... —Susurra cuando ve a la persona parada frente a su oficina.
Charles esta estático frente a él, y no deja de llorar.
—Les dije, perdón —Confiesa entre sollozos.
El joven había escapado del baño cuando su hermano salió corriendo y lo dejaron solo, se sentía culpable por haber delatado lo que paso aquel día.
Sergio esta muy enojado, pero se controla. Solo hay una manera de salir de esto y se decide por tomar ese rumbo, otra vez, y le extiende su mano al joven, el cual la toma con desesperación.
—Tranquilo, solo es un malentendido que yo arreglare, no te preocupes —Dice el pelinegro y Charles asiente —Vamos, te llevare a casa.
Sostiene su mano con fuerza y comienzan a caminar hacia la salida de la escuela, cuidando que nadie los vea.
Como es horario de clase, no hay nadie en el pasillo, lo cual le resulta perfecto.

Por su parte, Max estaba aseando la habitación cuando el teléfono comenzó a sonar.
Lo ignoró sabiendo bien de quien se trataba, pero no quería confrontarlo cuando los últimos días no habían sido más que buenos para él.
Aunque el tema de Lando todavía lo pone nervioso, y sabe que esto seguirá siendo su mayor debilidad y un arma que el profesor usara en su contra cada vez que pueda.
SI DECÍA AMARLO, ¿POR QUÉ LO LASTIMABA?
Cerro los ojos con fuerza, intentando no pensar demasiado.
Toma la escoba y comienza a barrer imaginando como será su nueva casa, o los lugares que conocería en Irlanda, Escocia, o donde quisiera llevarlo.
Al estar tan sumergido en sus pensamientos, el rubio golpea por accidente el mueble donde están todos los cisnes de cristal de la colección de Sergio.
Asustado, apoya sus manos cerca y listo para evitar que alguno se caiga.
Pero en ese momento se da cuenta de algo.
Cuando conoció a Sergio y vio aquellos cisnes, estos solo eran nueve y se convirtieron en diez al momento en que él escogió uno.
Ahora habían once.
El joven cuenta una y otra vez cada uno de los cisnes, esperando estar equivocado respecto a la cantidad que había en la colección.
Max se quedó estático al darse cuenta de este cambio, un nuevo cisne junto a los demás.
¿Por qué?
Si él lo había ayudado a escoger el cisne anterior, ¿Quién lo ayudo con este?
"Mi amado cisne" La voz del pelinegro retumbo en su cabeza.
—Ese niño mimado —Susurró con molestia.
El rubio había seguido todas sus indicaciones esperando que así su "relación" mejorará, pero claramente Sergio no hacía lo mismo.
Al profesor solo le interesaba su propio placer.
Y Charles se había convertido en el nuevo cisne de cristal en su colección.
Si él era el decimo cisne, ¿Charles era el onceavo? ¿Y quienes eran los otros nueve?
Retrocede en sus pasos al percatarse de esto y da un pequeño brinco cuando el teléfono vuelve a sonar.
Asustado, corre escaleras abajo y se apresura en responder.
—¿Max? —La voz de Torger lo relaja, sabe que esta ahí para él —No respondías mis llamadas...
El joven sabe que no hay tiempo que perder, y le cuenta tal cual lo que ha pasado, lo que cree saber y lo mucho que desea irse.
Una parte de él esta ardiendo en llamas por saber que había sido engañado, que Charles no era otro mocoso en busca de la atención de Sergio y que este ultimo le mintió al respecto.
Regresa a la habitación y comienza a guardar sus cosas en una maleta pequeña. Rebusca en los cajones y se topa con una pequeña libreta de cuero que nunca había visto.
Este tenia relatos escritos por el profesor y habla de sus diversos viajes, de todas las personas a las que ha conocido y de sus adorados cisnes.
Lance, Esteban, Oliver...
Todos ellos tan distintos entre si, entre los veinte y bajando, dándose cuenta de que él era su cisne más joven, hasta antes de llegar a Rochford.
"Maxie... Bonito... Mi muñeco roto" Leía.
Siguió el relato hasta detenerse en la ultima entrada sobre él
"Max, ¿Por qué no me puedo deshacer de ti? Demasiado usado, aburrido, una carga"
Molesto, Max supo en ese entonces que nunca debió confiar en él.
Pero quería hacérselo saber, que se enterara de que sus acciones tenían consecuencias.
Por eso es que, cuando Sergio estaciono su Ford afuera de casa, encontró la puerta principal completamente abierta.
—¿Max? —Pregunta el profesor algo asustado al ver como encontró la casa.
Las cortinas estaban desgarradas, los muebles volcados y había fragmentos de vidrio por todos lados.
El teléfono destrozado, los platos hechos trizas y ropa en el suelo.
—¡¿Max?! —Repite algo desesperado mientras sube las escaleras a grandes pasos.
El panorama no es diferente cuando llega a la habitación, pero un sollozo escapa de sus labios cuando se horroriza al ver lo que ha hecho.
En el mueble, todos sus cisnes de cristal estaban hecho trizas, destrozados tal como todos sus amantes.
Aturdido, se gira y mira que su ropa se desborda de una cajón y con desespero se acerca a buscar otro de sus objetos preciados que era un secreto para todos.
Su diario se ha ido.
Se lleva las manos al rostro y se mira al espejo, que también fue victima de Max, y observa su desalineada imagen manchado de fango y hojas.
Lo había perdido todo.
Sin saberlo, Torger había orquestado su caída aprovechándose de sus propios errores y ahora debía huir si todavía quería tener un lugar al cual llamar hogar.

Nota: perdón la tardanza, este era de ayer pero la neta se me fue la onda 😔