Sueños y deseos
22 de diciembre de 2025, 18:52
Sergio se encontraba caminando mientras empujaba el carrito de compras, observando cada parte de la tienda.
No supo ni como terminó llegando a esa sección en específico.
Quizá los zapatitos diminutos o el pequeño overol hicieron que sus pies se apresuraran en llegar hacia aquellos objetos.
Pero no cabía duda de que su corazón palpitaba rápidamente con solo sostener aquella ropa de bebé e imaginar lo que sería tener uno propio.
Pero cuando despertó, toda esa emoción se había esfumado y convertido en una sensación de perdida.
Algo se sentía perdido, como si faltara en su vida, y eso solo lo afligia.
Se dio cuenta de que había estado sudando demasiado. Y aunque su cuerpo ya no se sentía cansado, el dolor de espalda y abdomen pronto se hicieron presentes otra vez.
Se sentía frustrado y molesto, pues no sabía que más hacer para aliviar el dolor.
Tomó su teléfono y buscó en internet los síntomas que estaba teniendo. Y aunque aparecían diferentes cosas, había una palabra que se repetía: menstruación.
Al pelinegro le hizo mucha gracia, pues no era algo que se adecuara a él. Sin embargo varias de estas notas daban una solución que parecía interesante.
La aplicación de calor podría ayudar a que el dolor disminuyera y no perdía nada intentándolo.
Así que se preparó una compresa calientita y la puso sobre su abdomen. Se sintió más aliviado gracias a ese método, recostandose en el sofá mientras miraba televisión.
Pronto le dio hambre, pero no quería levantarse de esa cómoda posición. Y la novela de las ocho estaba buenísima.
Max había cocinado, pero tenía ganas de comer una pizza. Y si ya estaba adolorido, ¿Por qué no consentirse?
Así que tomó su teléfono y llamó a la pizzería más cercana que encontró en internet.
Jimmy se encontraba acostado a su lado, ronroneandole cariñosamente. Pegando su cabeza a su mano para exigirle atención.
Estaba esperando la pizza cuando el drama en la televisión lo estaba poniendo emocional.
—Si, Elizabeth, defiendete —Dije Sergio mientras miraba su ahora novela favorita —Es como si hubieran escrito sobre mí.
Y aunque no tenía nada que ver con su vida, Sergio no pudo evitar emocionarse con la historia.
Pronto llegó la pizza y tuvo que levantarse a atender. Una vez satisfecho, no dudo en sentarse en su balcón a observar la noche.
Ese sueño había hecho mella en él, pues su corazón se sentía muy afligido ante la idea de no tener hijos.
Era una tontería, lo sabía, pues todavía era muy joven. Pero deseaba tanto que no hubiera sido solo un sueño.

—Es que me da rabia que siempre lo estén viendo —Comenzo Max algo colorado por haber consumido alcohol.
Si bien había sido una comida tranquila, pronto los ánimos comenzaron a aumentar y ninguno de los tres puso un alto.
Solo Lewis bebió con moderación, pues alguien tenía que cuidarlos de que no les pasara nada.
Sin embargo, la conversación pronto giró hacia los celos del rubio y su posesividad hacia su pareja.
—Es una tontería —Comenzó Charles —No tiene sentido que te pongas a pelear con unas chicas por tu novio gay—Señaló lo absurdo de la situación —Yo nunca me pondría celoso con Logan solo porque unas chicas lo consideren guapo.
Max solo bufo molesto ante su respuesta y le dio un trago a su bebida.
—Los dos están actuando como tontos —Interrumpió Lewis —Dejen de hablar de sus novios y mejor hablemos de lo que pasó en la cafetería.
—¿Me tienes recelo por algo? —Soltó Charles de la nada —Me he dado cuenta que pareces estar molesto conmigo —El rubio decidió ignorarlo, pero el castaño no lo dejaría así —Dime la verdad. Aprovechemos que Sergio no está aquí.
—Charles, basta —Insistió Lewis, pues necesitaba cambiar de tema rápidamente.
—Sí tengo un problema contigo —Respondió Max calentando aún más los ánimos —No lo quise decir en su momento, pero me molesta mucho el saber que a la primera oportunidad que tuviste intentaste tener algo con mi novio.
— ¿Que tú qué? —Preguntó Lewis sorprendido por la respuesta de Max
—Ambos estábamos solteros cuando eso pasó —Se defendió el castaño —Pero si quieres que te lo deje en claro, Sergio no me interesa. Yo tengo a mi novio, así que puedes estar tranquilo.
El rubio soltó una pequeña risa, ¿Acaso Charles creía que podía quitarle a Sergio si se lo proponía?
—Yo estoy perfectamente tranquilo —Afirmó Max —Solo era algo que quería dejar en claro.
—¿Ya terminaron, reinas del drama? —Pregunto el moreno cansado de su discusión tan absurda.
Ninguno de los dos dijo nada y Lewis supo que era el momento perfecto para marcharse.
Pues era probable que si seguían tomando, los ánimos solo se volverían a calentar. Así que pidió un taxi.
Max dio la dirección de su departamento y el vehículo se puso en marcha para llevarlo al lugar.

Sergio terminó de levantar todas las cosas del departamento, arreglando todo debido a que necesitaba distraer su mente de su afligido corazón.
El dolor en su abdomen ya no era tan insoportable, pero solo quería recostarse en su cama y no pensar más.
De pronto el timbre comenzó a sonar y el pelinegro se acercó a la puerta, se asomo por la mirilla y vio de quién de trataba.
—¡Mi amor! —Grito Max apenas lo vio después de abrir la puerta y se arrojó a sus brazos.
Sergio lo abrazo y lo llevo hasta el sofá, pero el rubio aprovecho ese momento para juntar sus labios en un beso algo torpe.
El sabor a alcohol impregnó en la boca del pelinegro, sabiendo bien lo que había pasado con su pareja en aquella salida.
—Lo traje antes de que siguiera discutiendo —Confesó Lewis entrando detrás de él.
—Que bonito lugar —Dijo Charles cerrando la puerta.
—¿Quieren un poco de café? —Preguntó Sergio dejando solo a su novio.
Entonces el rubio comenzó a hacer un puchero, quejándose sin motivo aparente.
—¿Qué te pasa? —Lewis se acercó para ver si le había ocurrido algo a su amigo.
—Quiero a mi novio conmigo, no a ustedes —Sollozó Max, haciendo reír al moreno.
—Eres un llorón —Se burló Lewis —Nadie te lo está quitando.
Sergio soltó una pequeña risa al escuchar esto y se limito a servir el café, dándoles una taza a cada uno.
—No debí beber con ustedes —Se quejó Charles para después tomar un sorbo de su café —Mañana entramos temprano, me va a doler la cabeza y lo haré mal.
—No te preocupes, yo estaré ahí para cuidarte y verás que te irá muy bien —Respondió Sergio mientras se sentaba al lado de su novio.
—¿Y quién me cuida a mí? —Volvió a lloriquear el rubio.
—Mi león, no me puedo partir en dos —Explicó el pelinegro mientras lo tomaba de la mano —Mañana tengo mis pruebas individuales, Charles y yo pasaremos juntos y volveré tan rápido como pueda.
—No te preocupes —Comenzó Charles aguantando la risa por lo que estaba a punto de decir —Yo lo cuidare de esas mujeres que se quieren comer a tu hombre.
Max volvió a sollozar y Charles comenzó a reírse.
—Será mejor que nos vayamos antes de que estos dos vuelvan a discutir —Dije Lewis levantándose.
El comentario sobre la discusión solo avivó la curiosidad del pelinegro.
Desde su punto de vista no había motivos por los cuales Charles y Max tendrían que discutir.
Lewis casi arrastro a Charles para sacarlo del departamento. Mientras que Sergio dejo a su novio recostado en el sofá.
Continuo lavando los platos bajo la atenta mirada de Jimmy, quien de vez en cuando se pasaeaba entre sus pies pensando que estaba preparando algo de comer.
—No es comida, bebé —Esa última palabra se le salió naturalmente, soltando una risa nerviosa ante esto.
De pronto escuchó unos ruidos provenientes de la sala. Quiso pensar que solo era Max acomodándose en el sofá, así que no le dio mucha importancia.
Terminó de lavar los platos y comenzó a limpiar las encimeras, pero un ruido lo alertó ya que sonaba más como golpe.
El pelinegro rápidamente salió de la cocina y vio como su novio se había levantado del sofá y caminaba torpemente hacia la habitación.
No todos sus pantalones a medio bajar y los zapatos tirados en el suelo. Max estaba desvistiéndose torpemente.
—¿Mi león? —Pregunto Sergio caminando tras él.
Cuando entro a su recámara, escuchó un fuerte sollozo por parte del rubio y no pudo evitar reírse ante lo que vio.
Max se estaba intentando quitar la playera cuando se le atoro en los codos y comenzó a llorar al quedarse atrapado.
—Ven mi amor, yo te ayudo —Dijo el pelinegro acercándose a él y ayudándolo a quitarse la playera —Tranquilo, estoy aquí.
De pronto sintió como las manos de su pareja lo tomaban de la cintura y acercaba más sus cuerpos, con su respiración chocando en su cuello.
—Hagamos el amor —Susurró el rubio a su oído.
La voz calida y amable de Sergio contrataba fuertemente con la de Max, cuyo tono era más seductor y estaba cargado de lujuria.
Las manos del rubio comenzaron a recorrer su espalda, deteniéndose en su trasero y apretando sus glúteos ligeramente.
Esto hizo que el pelinegro soltara un pequeño quejido que solo incentivo al más alto, quién comenzó a atacar su cuello con pequeños besos.
—Maxie... —Dijo Sergio usando sus manos para separarse de él —Estas ebrio —Le recordó, pero seguía sintiendo su peso encima —Y te dije que nada de eso entre semana.
Fue entonces que el pelinegro lo empujó hacia la cama, evitando que cayera bruscamente, aunque esperando otro lloriqueo.
Nada.
Por el contrario, el rubio no tardó en quedarse profundamente dormido y semidesnudo en aquella cama.
Sergio sonrió y lo acomodo para que durmiera tranquilamente, dejándolo descansar y dándole un dulce beso en la frente.

Al día siguiente, Sergio se despidió de un dormido Max y se fue rumbo a sus pruebas individuales.
No podía seguir engañandose, el dolor no se había ido. Aunque su humor ya no era tan voluble.
Estaba sentado esperando su turno cuando se acercó a él la chica por la cual su novio hizo un escándalo en la cafetería.
—Hola —Dijo Doriane sentándose a su lado —¿No está tu novio contigo? No quiero más problemas.
Sergio sonrió ante el comentario.
—No, se quedó en casa durmiendo —Explico el pelinegro mientras se tocaba el abdomen adolorido.
Este actuar no paso desapercibido para la joven.
— ¿Viven juntos? —Pregunto la rubia y él asintió —Lamento lo que pasó, no fue mi intención causar problemas.
—No te preocupes, suele pasar —Respondió Sergio todavía tocando la zona que le incomodaba.
—¿Estás bien? —Doriane observó su rostro afligido —¿Te duele algo?
—Tengo este dolor extraño desde ayer — Sergio continuó explicando lo que tenía.
Desde cómo inició el dolor, hasta que le ayudó a relajarse. Mientras que la joven le prestaba toda la atención, teniendo un déjà vu con sus recuerdos.
—¿Fuiste al doctor? —Preguntó la rubia y el joven negó con la cabeza —Conozco uno muy bueno, podría ayudarte tomando en cuenta los dolores que me has descrito.
—No lo veo tan necesario, el dolor está disminuyendo —Insistió Sergio —Quizá para mañana no tenga nada.
La joven se mostró nerviosa, pensando en las palabras adecuadas para no asustar al que ahora consideraba su amigo.
—Es solo que el dolor como lo describes, los síntomas, todo me recuerda al período —Señaló de Doriane y el pelinegro soltó una pequeña risa.
—Lo sé, también lo leí en internet —Dijo Sergio divertido pero ella mantenía la seriedad —No te preocupes, es imposible. Obviamente no se trata de eso.
Sin embargo, la chica no parecía tomarse eso como un juego.
—He escuchado de algunos casos... —Comenzó la rubia, pero rápidamente se detuvo —Quizás sea mejor visitar al doctor.
El pelinegro le prometió que sí se continuaba con el dolor, entonces visitaría a un médico.
Pero si Max no pudo convencerlo de ir a uno desde el primer día, cuando el dolor era insoportable, mucho menos lo lograría Doriane.

Pasaron las pruebas individuales y a Sergio le fue muy bien a pesar del dolor. No se podía decir lo mismo de Charles, cuya resaca le afectó en su desempeño.
Pero poco le importaba cuando su único deseo era volver a la cama.
Una vez terminadas las pruebas, el pelinegro estaba dispuesto a irse a casa ya que su amigo se encontraba lo suficientemente agotado como para irse a su habitación.
Pero antes de poder marcharse fue detenido por Kamui.
—Sergio, ¿Podrías hacerme el favor de darle un mensaje a Max de mi parte? —El más joven asintió ante la pregunta del mayor —Dile que si todavía está dispuesto a cuidar a mi hijo, necesitaré su ayuda este fin de semana.
—Está bien, yo le diré —Respondió a su entrenador.
Sin embargo, estaba algo confundido al respecto a esa información. Pues Max no le había dicho absolutamente nada sobre Kamui y su hijo.
Cuando caminaba por los pasillos para ir a la entrada principal, no pudo evitar sentir miradas sobre él.
Escuchaba murmuros, pero no sabía muy bien lo que estaba pasando. Así que se limitó a no hacerles caso y se marchó a casa.

Lando suspiró aliviado, sabía que su maquinación daría frutos tarde o temprano.
Si tan solo Max no hubiera sido tan grosero con él.
Si hubiera mostrado el mínimo de amabilidad, quizá el castaño no hubiera corrido el rumor sobre su violento padre y la naturaleza volátil de los Verstappen.
Era una jugada arriesgada, no podía hablar mal de Max sin pintarse mal a sí mismo, así que utilizó la empatía como un arma.
¿Puede alguien pensar en el pobre Sergio, que tiene que convivir todos los días con un novio posesivo y violento?
—Amor, ¿En qué piensas? —La Voz de Carlos lo sacó de sus pensamientos —Te notó distraído.
Lando sonrió y acarició su mejilla.
—Nada, solo admiraba el día —Mintió —¿Cómo te fue en las pruebas?
Rápidamente cambio de tema, sabía lo importante que era ser quien manejaba la conversación.
—Creo que me fue bien —Dijo Carlos mientras tomaba su mano
Aunque no le contaría lo difícil que le había sido poder concentrarse después de la discusión que tuvo con su amigo en aquella cafetería.
Por más que intentaba negarlo, varias dudas comenzaron a consumirlo.
¿Qué pasaría si él le negaba algo a Lando?
¿Realmente le echaría en cara la ayuda que le dio para poder entrar al programa?
Poco sabía Carlos que pronto conocería la verdadera naturaleza de su pareja
Pero para Lando la diversión apenas comenzaba.
Le molestaba cuando las personas no hacían lo que él quería o los resultados no eran los esperados.
Se moría por tener a Max comiendo de su mano, pero eso no Sería posible mientras Sergio estuviera en su camino
Entonces su objetivo seguía siendo el mismo.

Nota: Puse separadores para que las escenas no fueran confusas. Espero que les guste ❤️