ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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Vida familiar

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Cuando Sergio salía del instituto, rápidamente se encontró con una figura familiar y sonrió al reconocerlo. Si bien Max tenía resaca, no dudo en levantarse de la cama para ir a recoger a su pareja y llevarlo a casa. Llevaba una gorra y gafas oscuras, protegiéndose del sol que solo le provocaría dolores de cabeza al estar tan expuesto. —Mi león, no tenías que venir —Dijo Sergio mientras se acercaba a él para darle un corto beso en los labios. —¿Cómo iba a dejarte regresar solo, amorcito? —Respondio el rubio mientras lo abrazaba por la cintura. —Te pareces al esposo de uno de los integrantes de Moon Lovers —Señalo Sergio para después abrazarlo por el cuello, dándole un beso en la mejilla —Cuando todavía se ocultaba de los fotógrafos —Entonces deshizo la union —Sí, me gustaba leer revistas de chismes. Max sonrió ante la confesión de su pareja. — Vamos a comer algo, leí de un lugar bastante bueno —Dijo el rubio mientras tomaba su mano Caminaron hasta un restaurante donde comenzaron a comer, pero el pelinegro solo buscaba el momento adecuado para abordar el tema. —Kamui me pidió que te diera un mensaje —Dijo Sergio mientras movía su comida con su tenedor —Si todavía quieres cuidar a su hijo, necesitará tu ayuda este fin de semana. Max se dio cuenta de que había olvidado comentarle ese detalle a su pareja que, aunque no parecía molesto, si mostraba signos de decepción. —Amor, olvide decírtelo —Comenzó el rubio —Perdón. Es que todo ocurrió muy rápido y ni siquiera sé cómo lo logré. —¿Vas a cuidar a un niño? —El tono de voz de Sergio no era serio, sino divertido. —Si, Kamui tiene problemas con su cuidadora y me ofrecí a hacerlo —Obviamente el rubio no iba a mencionar que casi fue un soborno —No debe ser tan difícil. La simple idea de Max, su pareja, cuidando de un pequeño, hacia revolotear su corazón. Esta sensación se debía principalmente a al sueño que había tenido, lo cual le generaba el deseo de tener su propia familia. —Aunque no me entusiasma demasiado — La voz de Max interrumpió sus pensamientos, haciendo que cualquier atisbo de emoción desapareciera —¿Pasa algo? —Nada —Respondió Sergio y decidió probar terreno —Pero, es solo que no te imagino cuidando de un niño. El pelinegro esperaba alguna negativa, algo que le diera esperanzas de que estaban en la misma página para su futuro. —Yo tampoco, pero no tengo de otra —El rubio simplemente no se dio cuenta de la prueba. Ahora Sergio tenía en claro que ambos no estaban en la misma página, y quizá eso era lo mejor. Tal vez Max tenía razón al pensar así. Además, todavía eran muy jóvenes.  —Claro que sí, mi amor, te prometí llamarte cada noche —Lewis estaba al teléfono mientras caminaba rumbo a la cafetería por un postre —Anoche me quedé dormido después de cargar a Max para bajarlo del taxi. —¿Saliste de fiesta? Te estás divirtiendo sin mí —Se quejó George del otro lado de la línea. —No, amor, solo fue una comida tranquila —Continuó el moreno intentando no levantar demasiado la voz en la fila de la cafetería —Es solo que Max y Charles decidieron beber, y alguien tenía que cuidarlos. —Bien, ¿Y ahora que estás haciendo? Yo voy saliendo del trabajo —Dijo George mientras acariciaba la cabeza de Max, el perro, el cual se había vuelto muy popular con los clientes. —Vine por un postrecito para pasar la tarde —Respondió Lewis mientras señalaba un panque vegano a la vendedora. —Te conformas con postres baratos —George hizo un puchero, lo que provocó una risa en el moreno. —Ningun postre de aquí es tan bueno como uno que solo tú me puedes dar —Susurro Lewis mientras pagaba y se alejaba lo más rápido de sus compañeros. —Solo espero que no le estés echando el ojo a alguien más —George intentaba ocultar una sonrisa mientras decía esto, no le gustaba que la gente lo mirara demasiado. —Eso jamás —Señaló el moreno y se giro para revisar que no hubiera nadie cerca — ¿Quieres que te mandé una foto? —Sí, mandala —Respondió George para después morderse el labio. Lewis casi corre hacia su habitación, cuando de frente se topo con Doriane. —¿Eres Lewis? —Comenzó la chica, pero él no tenía tiempo para esa conversación así que el moreno solo asintió —Espera, ¿Eres amigo de Max y Sergio? —No puedo ahora, lo siento —Respondió Lewis sin detener sus pasos, algo de lo que tal vez se arrepentiría después.  Terminaron de comer y resto de la tarde la pasaron tranquilos, aunque Max notó cierto silencio de parte de su pareja. Llegaron a casa y propuso ver una película para animar a su novio, ya que lo notaba algo pensativo. Aunque quería preguntarle, decidió no hacerlo al pensar que se trataba del malestar en su abdomen y decidió consentirlo. Hizo palomitas, acomodo todo y seleccionó una película romántica. Aún así, Sergio actuaba algo extraño y el rubio no podía descifrar lo que le pasaba. Pronto había una escena de baile romántico en pantalla, algo que llamo la atención de Max y lo hizo observar la reacción de su pareja. Sergio se había sentido extraño después de aquella plática. Intento olvidarlo, pero al mismo tiempo sabía que tarde o temprano debían hablar de eso. Suspiró pesadamente ante la idea, no quería incomodar a su pareja. El rubio notó el suspiro, pensando que se trataba de un deseo romántico, tomo la mano de su novio para llamar su atención. El pelinegro volteo a verlo y su novio se levantó del sofa, invitándolo a hacer lo mismo. Una vez lo hizo, su pareja acortó la distancia entre ambos y con su mano libre lo tomo de la cintura. Fue entonces que comenzó a moverse, bailando a un ritmo lento que solo aumentaba la curiosidad del más bajo. —¿Por qué bailamos? —Preguntó Sergio, siguiendole el juego —Ni siquiera hay música. —No necesito música para bailar con mi amado —Respondió Max, haciéndolo sonreír. Sergio se abrazo a su cuerpo, sintiéndose protegido y amado por su novio. Quizá debía ser él quien deje ir ese sueño.  Pasaron dos días desde aquella conversación tan extraña que no abandonaba la mente de Sergio. Por suerte, su dolor desapareció y ahora se encontraba más tranquilo. —Es todo jóvenes, que tengan un excelente fin de semana —Dijo Kamui y todos le agradecieron por su tiempo. Max se acercó a él para preguntarle a qué hora debía llegar a su casa el sábado, pero su respuesta lo sorprendió. —¿El sábado? No, necesito que lo cuides desde esta tarde —Respondió Kamui algo divertido —Estarás bien, es un niño tranquilo. El rubio sentía que no podía protestar, pues él mismo se metió en ese embrollo. —E-esta bien —Balbuceo un poco al hablar y el mayor le dio la dirección de su casa. A Kamui tampoco le hacía gracia separarse tanto tiempo de su hijo. Pero no tenía opción, no si queria lograr su objetivo. Ese viaje de fin de semana era muy significativo para él, pero lo mantendría en secreto tanto como le fuera posible. Una vez en casa, Max se arrepentía más que antes. —Mi amorcito, acompáñame —Suplicó Max llegando hasta su habitación donde Sergio estaba cambiándose. —¿De qué hablas, mi león? —El pelinegro se estaba alistando para ver el nuevo episodio de su telenovela. De pronto sintió como su novio lo abrazaba por la espalda y hundía su rostro en su cuello, dándole un dulce beso que le causó escalofríos. —Kamui quiere que cuide a su hijo desde esta tarde, ya debo irme —Max se quejaba en su oído —Ven conmigo. El pelinegro lo pensó por un momento, sintiendo curiosidad por ver a Max cuidando a un niño. Pero esa misma curiosidad lo estaba atormentando, y no deseaba seguir con la tortura del tema familiar. —Mi león, es un compromiso que tú hiciste —Sergio se esforzó en recordarle su error —Te espera a ti, no a mí. Sergio ya no quería soñar con una familia que quizá nunca tendría. Max sollozo ante la idea de quedarse a cargo de un niño que no conocía. Ni siquiera sabía su edad o que tan bien portado era. Se recuerda a si mismo como un niño travieso que se compuso con la mano dura de su padre. Pero él no quería ser como su padre. Sin más por decir, Max tomo sus cosas y se encamino a la casa de Kamui. Este se despidió de su pequeño hijo y Max se dio cuenta de que solo era un nene de dos años y medio. Yuki dormía plácidamente en su cuna, ajeno al rubio extraño que estaba cuidando de él ese fin de semana. Se veía como un pequeño angelito, incluso Max se tentó en tomarle una foto mandárselo a su novio para presumirle al bebé. Pero decidió no hacerlo al considerarlo imprudente. Y como el nene estaba durmiendo, Max solo se sentó en el sofá a ver su celular y estar atento a la radio que le avisaba de cualquier ruido en la habitación del niño. “Mi amorcito 💖 Ya estoy cuidando al nene, es una belleza 😍 esta dormidito, ojalá hubieras venido 🫵 estoy muy aburrido sin ti 😔” El mensaje de Max llegó al teléfono de Sergio, cuyo corazón se aceleró al leer esas palabras sobre el bebé. Pero rápidamente se bajó de su nube. “Me alegro mucho mi amor 💕 pero, no te quedarás todo el fin de semana ¿O si?” Sergio se encontró a si mismo buscando una excusa para ir. Max estaba recostado con el sofá cuando recibió la respuesta de su novio, sonriendo ante la idea de que pudiera hacerlo ir con él. Y cuando estaba a punto de escribir el mensaje de respuesta, la radio comenzó a sonar con el sollozo del bebé. El rubio se apuro en llegar, y pronto descubrió que muchos bebés solo son ángeles cuando duermen. Yuki estaba parado en su cuna, tirando los peluches al suelo y con la cara colorada de tanto llorar. — ¡Papi! ¡Mi papi! —Lloraba el pequeño, añorando a su figura familiar. A Kamui no le gustaba despedirse de su hijo cuando esté estaba despierto, pues hacia berrinches para no dejarlo ir. Pero eso hacia que Yuki estuviera desconsolable al momento de despertar y darse cuenta de que su papá no estaba. —Tranquilo, bebé —Dijo Max llegando hasta a él en intentando cargarlo, pero el niño se alejaba. De pronto su nariz lo hizo darse cuenta de algo, el pañal del bebé había sido usado. El rubio no pudo evitar soltar una arcada, haciendo que el llanto del pequeño se intensificara. Sentía que entraría en pánico en cualquier momento, así que tomo su teléfono y marco a su novio en busca de ayuda. —No sé que hacer —Fue lo primero que Max dijo —Esta llorando mucho, y siento que voy a llorar con él. Sergio solo le pidió la dirección, tomando un taxi y apresurandose en su ayuda. —¿Que paso? —Pregunto el pelinegro apenas su novio le abrió la puerta —¿Dónde esta? Ambos caminaron hasta la habitación del pequeño. —No deja que lo cargue y huele mal —Explicó el rubio deteniéndose detrás de su pareja. Entonces Sergio soltó una pequeña risa. —Pensé que algo muy malo había pasado —Respondió el pelinegro soltando un suspiro de alivio —Voy a cambiarle el pañal. Max asintió y comenzó a buscar las cosas para ayudarle. Milagrosamente, el bebé sí se dejó cargar por Sergio y se abrazo como un changuito a su cuello. Yuki se tranquilizó apenas Sergio lo cargo, refugiándose en su cuello y sosteniéndose con fuerza. Cuando el pelinegro lo recostó para cambiarle el pañal, el bebé no dejaba de observarlo con atención y sonreírle cuando esté le hacía cosquillas. Max observaba todo desde atrás, sonriendo al ver lo natural que le salía a su pareja el cuidar de un bebé. A Sergio también le daba asco el olor, pero hacia uso de su humor para sobrellevarlo y hacer reír al pequeño. Una vez retirado el pañal sucio y limpiado todo, ahora tocaba ponerle un nuevo pañal. Lo coloco debajo de él y comenzo a buscar el talco, pero no lo encontraba. —Cuida al bebé, yo buscaré el talco —Ordenó Sergio y Max obedeció al notar lo tranquilo que estaba el niño. —¿Lo encontraste? —Fue lo único que pudo decir el rubio antes que el líquido rociara su cara y parte de su pecho. Una risa proveniente del menor solo delató su actuar. Yuki lo había orinado. —¿Qué paso? —Pregunto Sergio acercándose con el talco en la mano, le había llamado la atención la risa del pequeño. —Me orinó —Señaló Max mientras se alejaba para ir al baño a limpiarse. El rubio fue muy bueno controlando su temperamento, pues en el fondo creía que el niño lo había hecho a propósito. Sergio terminó de cambiar la pequeño Yuki y lo llevo a la sala con él, pronto empezaría su telenovela y no se la iba a perder. Max tuvo que meterse a bañar, pues no soportaba la idea de estar sucio por orina de ese “Pequeño diablillo”. Por suerte había llevado unos cambios de ropa para quedarse en la casa de Kamui ese fin de semana, pero la molestia no se le iba. El pelinegro distraía al bebé para que viera la televisión con él, pues no quería que llorará o hiciera un berrinche por estar demasiado tiempo quieto. Yuki era un mundo aparte. Observaba con atención a Sergio, sintiéndose sumamente cómodo con él y deseando abrazarlo como si fuera su papi. Recostó su cabeza en su pecho mientras el pelinegro miraba la televisión, pronto notó que algo se asomaba en su playera y no dudo en llevarlo a la boca. Sergio soltó un quejido de dolor cuando notó que Yuki le había mordido el pezón en busca de leche, algo que obviamente no obtendría de él. —No, bebé, no —Lo regañó, haciéndolo pararse para alejarlo de la zona. Ahora Yuki tenía un nuevo objetivo. Su pancita hacía ruidos molestos, miraba el rostro de Sergio, sumergido en la telenovela, y notó sus pequitas en sus mejillas. Acercó su rostro y le pego una mordida en la mejilla, atrapandola con sus pequeños dientes. Sergio grito del dolor y se apuro en separar al pequeño de su rostro, algo que llamo la atención del rubio, quien estaba cambiándose. —Amorcito, ¿Qué paso? —Preguntó Max llegando y viendo a Sergio de pie junto al sofá y con Yuki en sus brazos, algo extendidos para mantener la distancia. —Me mordió —Se quejó el pelinegro. —Galleta... —Dijo Yuki señalando a Sergio —Chispas... Chocolate... Max soltó una risa burlona, que rápidamente desapareció al ver la expresión molesta de su novio. —Creo que piensa que tu cara es como una galleta —Explicó el rubio intentando mantener la seriedad. —No soy una galleta, bebé —Dijo Sergio abrazándolo de nuevo —Pero debes tener hambre, y yo no te hice caso, perdón. Yuki se abrazo de nuevo a Sergio, dejándose consolar por el pelinegro. Este lo llevo hasta la cocina y busco la leche para el pequeño, el cual se sostenía con fuerza. Max decidió recoger todo lo que Yuki había tirado en su cuarto, para que al menos estuviera un poco ordenado. Sergio calentó la leche y le dio el biberón al bebé, el cual finalmente se quedó tranquilo. Regreso a la sala y lo mantuvo en sus brazos hasta que se quedó dormido mientras Sergio lo arrullaba con una canción de cuna. —¿Se durmió? —Preguntó Max acercándose y Sergio asintió —Es muy difícil cuidar a un niño tan pequeño. El pelinegro no dijo nada. Era verdad, pero al mismo tiempo le confirmaba lo que ya sabía: Max no quería hijos. —No sé que hubiera hecho sin ti —Continuó el rubio —Creo que hubiera enloquecido. Entonces se sentó a su lado y observó al pequeño dormir. —Lo dejaré en su cuna —Dijo Sergio a punto de levantarse, pero Max lo tomo del brazo para evitarlo. El pelinegro se sentía incómodo, algo deprimido por toda la situación. —Quedemonos un rato así —Pidió el rubio —No lo vayamos a despertar. Entonces Sergio entendió que ese fin de semana sería más duro de lo que pensaba. Tarde o temprano tendrían que tocar el tema, pero no sabía si estaban listos para eso. 
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