ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Recuerdos de juventud

Ajustes de texto
Esa noche Sergio acomodó al nene en la cuna y se fue con su novio a la habitación de invitados, donde este lo abrazo apenas se acostó en la cama. Max lo miraba con cariño, acariciando su cabello y dándole un pequeño beso en la mejilla. —¿Qué pasa? —Preguntó el pelinegro notando lo contento que estaba. Entonces el rubio le dio otro beso, haciéndolo sonreír. —Mi amorcito, lo hiciste increíble —Dijo Max casi acomodándose encima suyo —No perdiste la paciencia ni un segundo, yo casi lloro con el niño. Sergio soltó una pequeña risa ante ese comentario. —Es un bebé muy lindo, se nota que es muy apegado a su padre —Señaló el pelinegro —Yo era un niño muy llorón —Sonrió al recordar eso— Mi mamá siempre me cantaba para calmarme, pero no tengo buena voz y solo haría llorar al nene. El rubio acarició su mejilla con delicadeza, delineando sus labios con pulgar. —Cantame algo —Pidió en voz baja. —No eres un bebé —Le recordó su novio. —Soy tu bebé —Entonces el rubio se apuro en robarle otro beso, está vez más intenso. Pero un ruido hizo detener todo. —¡Papi! ¡Papi! —La voz de Yuki sollozando los alertó a ambos. Sergio se apuro levantarse de la cama para correr al cuarto del pequeño y envolverlo en un abrazo. —Ya bebé, no llores —Dijo Sergio mientras lo arrullaba para que volviera a dormir. Pronto se dio cuenta de que no funcionaria porque el nene se había aferrado a él. Camino de vuelta a la habitación, está vez con el bebé en brazos y Max lo recibió en la puerta. —¿Qué le pasó? —El rubio vio al pequeño sosteniéndose de la playera del pelinegro. —Tenemos que tener cuidado —Comenzó Sergio acostándose en la cama con Yuki aún en brazos —Dormira con nosotros. —Amorcito, nunca he dormido con un bebé en la misma cama —Señaló Max sumamente preocupado —¿Y si lo termino aplastando? —Maxie, no seas tonto —Dijo Sergio mientras acomodaba un poco las almohadas para hacerle un pequeño nido al bebé —Le pondré estos límites, solo intenta no moverte mucho al dormir. El rubio, regañado, termino acostándose del lado que siempre acostumbraba. Miraba al niño a su lado, siendo mimado por el pelinegro y viendo como poco a poco se quedaba dormido. No cabía duda de que a Sergio se le daba natural el cuidar de un pequeño. Algo que Max lo tomo como una diferencia de crianza entre ambos. El pelinegro había crecido en un hogar amoroso. Don Toño había cuidado muy bien a su pequeño apesar de la tragedia que marcó a su familia. Por otro lado, la infancia de Max fue dura y fría. Solo conocía el amor de su madre, pero los recuerdo de Jos eran más fuertes que cualquier memoria amorosa que pudiera vivir. Y quizá por eso le costaba compaginar con el niño. El rubio se sentía un poco ajeno a eso, y no porque odiara a Yuki. Sino porque nadie le había enseñado el amor de un padre por su hijo. Claro que él no era el padre de Yuki, pero la simple convivencia resultaba complicada. Don Toño se había vuelto su figura paterna, pero lamentablemente no pudo disfrutar de eso por mucho tiempo antes de mudarse. Así que ahora ponía atención a cada cosa que hacía su novio, pues quería aprender a lidiar con los bebés.  A la mañana siguiente, Max sintió algo que invadía su boca y le provocaba arcadas. Abrió los ojos y se dio cuenta que era el pie de Yuki. Rápidamente lo saco de su boca y no pudo evitar gemir del asco que sintió. Alejando el pie del pequeño de su vista. Sin embargo, Yuki se giro de vuelta y lo golpeó con su mano en el rostro. Max ahogó un gemido de dolor al sentir el contacto, intentando no despertar a su pareja y al pequeño. Pero el nene pronto comenzó a estirarse, bostezando como si estuviera a punto de despertar de su pesado sueño. Entonces el rubio comenzó a arrullarlo torpemente, poniendo su mano sobre la pancita del bebé y moviéndolo ligeramente. Aunque no era tan cuidadoso, pronto Yuki volvió a dormirse y Max sonrió al ver que funcionó. Fue en ese momento que el bebé hizo uso de su pañal, impregnando la habitación con su pestilente olor. —Ugh —Se quejó Max levantándose de la cama, siendo lo suficientemente ruidoso para despertar a Sergio. —¿Qué pasa? —Dijo pelinegro para después dar un gran bostezo y la expresión en su rostro pronto cambio debido al aroma —Ensucio su pañal, iré a cambiarlo. Sergio se levantó y cargo aún adormilado Yuki en sus brazos. Lo llevo hasta la habitación del bebé y comenzó a cambiarlo. Max se recostó de nuevo en la cama y cerro los ojos intentando volver a dormir. Fue fácil cambiar a Yuki al estar medio dormido, así que rápidamente volvió a la habitación para encontrar a su pareja acostado y muy despreocupado. El pelinegro estuvo a punto de protestar, pero se le ocurrió una idea un poco fantasiosa. Recostó a Yuki en el pequeño nido de almohadas que había hecho, y él se acomodo a su lado. Agarró su teléfono y comenzó a tomarse fotos con ambos, como si fueran una familia. El nene finalmente se despertó, viendo hacia el teléfono mientras se metía la mano a la boca. Sus ojos curiosos llamaban la atención de Sergio, a quien le parecía adorable la escena. Terminó mandando la foto a su papá, diciéndole que todo estaba bien y que lo llamaría más tarde. —¿Tienes hambre, bebé? —Pregunto Sergio mientras Yuki se acercaba a su pecho para acurrucarse sobre él. —Sí —Respondió Max medio dormido. —No tú, tonto —Dijo el pelinegro todavía molesto porque su pareja no lo ayudaba con el bebé. Fue entonces que el rubio abrió los ojos de golpe. —No me llames así —Reclamó —Ni un besito de buenos días, solo insultos. Max había levantado un poco la voz, algo que hizo que Sergio se sentará con Yuki en brazos. —No hables tan fuerte, lo puedes espantar —Se quejó el pelinegro —Yuki ya no tiene formula, me fijé anoche y solo le queda un biberón. —¿Por qué Kamui no se fijo en eso antes de irse? —Max se sentó en la cama y comenzó a rascarse la cabeza —Esto es un desastre. Sergio suspiro pesadamente. —Solo tenemos que ir al super y comprar la fórmula del bebé —Explicó mientras se levantaba de la cama —Todavía tenemos algo de dinero, así que luego le pediremos a Kamui que nos reponga el gasto. El rubio asintió. —Prepararé el desayuno para que salgamos rápido —Dijo Max levantándose de la cama y caminando hacia la cocina. Los jóvenes desayunaron mientras Yuki tomaba leche en su biberón, observando tranquilamente a ambos cuidadores. Sin embargo, tuvieron muchos problemas con la carreola y no pudieron desdoblarla. Así que tuvieron que llevarse el bebé en brazos por el metro, y la pañalera la cargo el rubio porque el pequeño no le gustaba estar en sus brazos.  Llegaron al supermercado y tomaron un carrito para las compras, ahí Sergio lo coloco en la silla de bebé que esté tenía añadido. Comenzaron a recorrer la tienda buscando la fórmula. Sergio había buscado en internet y leyó que Yuki ya debería haber dejado el biberón, así que le extraño que siguiera siendo su alimentación básica. Sin embargo, sabía bien que Yuki no era suyo y no tenía derecho a cuestionar la crianza que Kamui le daba. Max empujaba el carrito y Yuki lo observaba con atención, cuando el mayor se distrajo observando algo en un estante. Fue entonces que el pequeño se acerco y mordió la mano del rubio, haciéndolo soltar un grito de dolor. —¿Qué paso? —Preguntó Sergio acercándose. —Me mordió —Se quejó el rubio y su novio tomo su mano para acariciarla delicadamente. —Parece que está irritado —El pelinegro parecía un poco confundido sobre que hacer. —¿Y si lo bajamos del carrito? —Max quería ayudar, pero no sabía que eso era una pésima idea. —No lo sé —Sergio dudo un poco —Pero tendrías que llevarlo de la mano y no perderlo de vista. Max se apuro a baja al pequeño del carrito y dejo que caminara en el suelo, tomando su mano con delicadeza. Pronto llegaron al área de bebés, donde Sergio se distrajo viendo unos zapatitos que prendían luz al caminar. Max empujaba el carrito con una mano y con la otra sostenía a yuki. Pero la rueda se atascó por un momento y tuvo que soltar al niño para poder acomodarla y seguir avanzando. Cuando se giró a buscar al pequeño, este ya no estaba. Si había algo que Kamui debió decirle al joven antes de dejarlo solo con el pequeño, era que este es muy rápido corriendo. Comenzó a buscarlo con la mirada, rápidamente entrando en pánico. Pero guardando silencio para no asustar a su pareja. — Yuki... — Max no levantó la voz intentando parecer despreocupado— Vamos nene, sal. Sergio lo mataría si se enteraba que había perdido al niño, así que necesitaba encontrarlo antes de que se diera cuenta. Se alejó un poco del carrito y comenzó a buscarlo en el pasillo de al lado, pero no estaba ahí. —Amor —La voz de Sergio lo alertó y supo que tenía que regresar hacia donde él estaba —Mira estos tenis, prenden lucecitas cuando caminan y hay otros que hacen un ruido chistoso. Max sonrío incómodamente, incapaz de esconder la verdad a su pareja. —¿Y Yuki? —Pregunto el pelinegro al darse cuenta que estaba solo —Maxi, ¿Dónde está el niño? —No lo sé —Respondió el rubio y rápidamente se asustó cuando vio la expresión de enojo en el rostro de su novio —Estaba aquí hace un momento y cuando volteé desapareció. —Max, no perdiste al niño ¿O si? —Sergio quería creer que todo era una broma, pero al ver la expresión seria en su rostro, supo que no se trataba de ningún juego— Dios mío, ¿Qué vamos a hacer? —Hay que alertar a las autoridades de la tienda —Respondió Max intentando mantener la calma —Ellos nos podrían ayudar a localizarlo. Fue entonces que escucharon una pequeña risa proveniente de un mueble circular donde colgaban la ropa. Ambos jóvenes se miraron el uno al otro, sospechando de lo mismo. Se acercaron al mueble y Sergio usó ambas manos para abrir y descubrir al pequeño Yuki escondido en medio de la estructura. El niño se echó a reír y salió corriendo hacia los brazos del pelinegro. La pareja de enamorados suspiró pesadamente al descubrir que el niño no se había perdido, sino que había jugado con ellos. —Maldición, por un momento pensé que Kamui nos mataría —Dijo Max algo aliviado. —Maldición —Repitió el pequeño Yuki. —No, no, no —Sergio intervino rápidamente —No bebé, no digas eso. Esas palabras no se dicen —Entonces cargó al niño en sus brazos y volteó a ver a su pareja —Max, mira lo que hiciste. El rubio iba a protestar, pero el pequeño se le adelantó. —Tonoto —Dijo Yuki señalando con su pequeño dedo al más alto. Ya había escuchado como Sergio se refería a Max cuando se enojaba con él. “Tonto” era la palabra, pero Yuki aprendió una variante de esta: Tonoto. —Mira lo que tú hiciste —Reclamó el rubio —No solo me muerde, me orina y mete su pie en mi boca, sino que también me insulta. Yuki le sacó la lengua burlándose de él. —Basta, no podemos seguir discutiendo ,—Respondió Sergio —Los dos nos equivocamos, eso es verdad, pero ahora debemos rezar para que no diga esas palabras frente a Kamui. Y en eso ambos estaban de acuerdo, pues lo último que querían era que su entrenador estuviera enojado con ellos por haberle enseñado malas palabras a su hijo. Decidieron continuar con las compras, pues no pretendían perder toda la mañana en el supermercado. Pero Sergio no podía evitar consentir a Yuki, así que decidieron comprarle un juguete para entretenerlo el resto del día. Fueron a la zona en donde están todos los juguetes para niños. Ahí Yuki se distrajo con un balón de fútbol. Pero Max tenía otros planes, tomando un pequeño arco y flecha de juguete, cuya punta de flecha era un chupón para mantenerse en el blanco. —Mira, es perfecto para él —Dijo Max mientras se lo mostraba su novio. —Mi León, ese arco es casi del tamaño del niño —Señaló el pelinegro —No podrá sostenerlo. Además, le gustó el balón. El rubio se arrodilló para estar a la altura del niño y le mostró la caja con el arco y las flechas. —Mira Yuki, ¿No te parece más bonito? —Comenzó acercándose con el juguete. El pequeño lo tocó, pero no dejaba de sostener el balón que tanto le había gustado. Max pensó por un momento en quitarle el balón para que centrará toda su atención en el arco y la flecha, pero se detuvo por un momento y un recuerdo vino a su mente. “—¿Fútbol? Déjate de estupideces —Dijo Jos arrebatándole el balón —Enfócate en entrenar, tienes que ser el mejor y no puedes distraerte con estas tonterías. Los ojitos azules del pequeño Maxie se llenaron de lágrimas cuando su padre le hizo un agujero al balón y lo despedazo en su cara” No solamente lo había obligado a regirse en una disciplina por el resto de su vida, sino también le quitó las posibilidades de disfrutar de algo que le gustaba. No odiaba la disciplina que ejercía, pero él mismo aceptaba que también le hubiera gustado hacer otras cosas. —Hay que comprarle ambas —Dijo el rubio levantándose del suelo —Ya luego él elegirá cuál es su favorito. El pelinegro acepto sin protestar, pues notó el cambio de expresión en el rostro de su pareja y sabía que algo había pasado. Ya hablarían más tarde. Es así como llegaron a la caja para comenzar a pagar lo que habían llevado. Yuki se mostraba emocionado por sus juguetes, no dejaba de pegarle al balón que hacía un ruido extraño con cada golpe. Salieron del súper y se encaminaron hacia el departamento, pues Sergio necesitaba cambios de ropa para ese día y el siguiente. Max aprovechó para dejar al pequeño viendo la televisión y se puso a regar las plantas, además de servirle la comida al gato. Cuando regresó a la sala encontró al pequeño durmiendo en el sofá y el gato observándolo a su lado. —Amor, ¿Podemos hablar? —Sergio ya no podía seguir dándole vueltas en su cabeza el tema de los hijos Necesitaban hablar.  .
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)