ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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El futuro

Ajustes de texto
Max se puso tensó al escuchar esto, pues comprendía que se trataba de una conversación seria. —¿Que pasa, mi amor? —Max lo siguió hasta su habitación, donde ambos se sentaron al borde de la cama —¿Esta todo bien? —Mi león... —Comenzó Sergio intentando  no asustar a su pareja, pero incluso él estaba nervioso —¿Nuestra relación es seria, verdad? El rubio rápidamente lo tomo de la mano y dio un pequeño beso en el dorso de esta. —Claro que lo es —Max casi se traba con sus propias palabras, le asustaba que su pareja tuviera dudas —¿He hecho algo para que pienses lo contrario? El pelinegro negó con la cabeza. —No, mi amor, es solo que... —Entonces suspiró pesadamente —¿Te gustaría tener un hijo? Esta pregunta solo confundió más al rubio. —Quiero decir, si algún día nos casamos y queremos formar nuestra propia familia —Explicó el pelinegro —Porque es algo que tenemos que dejar en claro para saber lo que quiere el otro. En ese momento Max sonrió, notando como ese tema era lo que había tenido a su novio tan extraño los últimos días. —Amorcito, claro que quiero tener hijos contigo —Respondió el rubio para después acariciar su mejilla con delicadeza —Te amo y quiero formar una familia a tu lado. Claro, a su debido tiempo. Fue entonces que Sergio cortó la distancia entre ambos, juntando sus labios en un dulce beso. —Me alegra saber que estamos en la misma página —Confesó para después besarlo de nuevo. Esta vez Max no dudo en comenzar a tocarlo, queriendo aprovechar ese momento de intimidad. —Basta —Susurró Sergio separándose un poco —Recuerda que no estamos solos. Max se mordió el labio y obedeció, alejándose de su pareja. En ese momento su teléfono vibró con la llegada de un mensaje. “Hijo, encuentre un nuevo trabajo que me encanta. Visitenme cuando puedan, los quiero❤️” —Mamá. Junto al texto venía una dirección, era de una floristería. —Es mamá, quizá deberíamos ir a visitarla —Dijo Max mientras miraba el teléfono. —Vamos por Yuki, no debemos dejarlo tanto tiempo solo —Respondió Sergio —Podemos visitarla de camino, así conoce al bebé. Esa última frase sonaba extraño para el rubio. Comenzando a hacerse la idea de darle un nieto a su madre. Pero rápidamente negó con la cabeza, eran muy jóvenes. Ambos llegaron a la sala y vieron al bebé durmiendo junto al gato, entonces acordaron pasar la tarde en el departamento arreglando sus pendientes. Yuki había caído en un profundo sueño, y rápidamente paso el día. Lo que ellos no sabían, era que siempre se debía respetar el horario de sueño de un bebé. O sino, este no dormiría en toda la noche. Cuando Sergio terminó de acomodar las almohadas para que Yuki durmiera con ellos, el bebé comenzó a llorar. —¡Papi! ¡Papi! —Gritaba Yuki en su desesperación. Jimmy se acercó a él y junto su cabecita con la del bebé, intentando consolarlo. —Tranquilo —Dijo Max llegando en su auxilio. Las mejillas de Yuki estaban coloradas, había hecho mucho esfuerzo al llorar. Realmente extrañaba a su papá. —Tu papi volverá pronto —Continuó el rubio, quien se sorprendió porque el pequeño lo abrazo de vuelta —No llores más, él volverá. Max sabía bien que eso lo decía para ambos. Pues una parte de él, muy en el fondo, todavía extrañaba a su padre. No era el mejor hombre, pero no podía evitarlo. Y le dolía mucho el escuchar como ese pequeño buscaba al suyo. —¿Esta todo bien? —Pregunto Sergio llegando y sacándolo de sus pensamientos. En ese momento Max se aclaró la garganta y se levantó con el pequeño en brazos. —Yuki se despertó llorando, pero ya lo calmé —Explicó y luego sonrió forzadamente —Y mira, se dejó abrazar por mí. El pelinegro notó la tristeza en los ojos de su pareja, y acarició sus cabellos rubios. —Mi amor, ¿Estás bien? —Volvió a preguntar y Max solo se acercó para abrazarlo, cuidando de no lastimar al bebé en el proceso. Sergio se abrazo a su cuerpo, sabiendo que debía darle tiempo para hablar de aquello que le estaba haciendo daño. Aunque, de momento, la presencia del pequeño se lo estuviera impidiendo. —Voy a quedarme con el bebé en la cama —Susurró el rubio para después darle un pequeño beso en la frente. Separaron el abrazo y el más alto recostó al nene en medio del nido improvisado de Sergio. Yuki parecía más calmado y observó detenidamente a su "Tonoto". Entonces Max se acostó a su lado y acarició su mejilla, la cual todavía seguía colorada. Se acercó a su rostro y le dio un pequeño beso en la mejilla, haciendo una pedorreta y provocando la risa del pequeño. Acto que repitió tres veces. Fue en ese momento que Max se dio cuenta de cuál era el problema que tenía con Yuki. Este solo era un bebé que le recordaba mucho a él. Sergio los observaba desde el marco de la puerta, con una enorme sonrisa en sus labios y sintiéndose en paz con el tema de los hijos. Max sería un buen padre, uno muy diferente al que tuvo.  Esa noche durmieron en el departamento, aunque les costó mucho hacer que Yuki se quedará quieto. Así que esa mañana no hicieron caso al despertador, pues estaban lo suficientemente cansados y desvelados. Max comenzó a abrir los ojos cuando una sensación extraña invadió su cuerpo. Sus párpados se sentían pesados y su cuerpo apenas reaccionaba, pero había algo que lo estaba incomodando y pronto su cerebro hizo click. Lo primero que vio fue el techo de su habitación, pero su mirada fue descendiendo hasta encontrar al autor de tan extraña situación. Yuki le había levantado la playera y estaba mordisqueando su pezón en busca de leche. Fue en ese momento que Max comenzó a sollozar, despertando a su pareja. —¿Qué pasa? —Preguntó un Sergio adormilado y una sonrisa se formó en sus labios cuando vio la escena —Te hizo lo mismo. Entonces Max tomo de los hombros al pequeño y lo obligó a separarse de él. Luego se tapo el pecho con la mano, acariciando la zona lastimada. —Pensé que ya éramos amigos —Se quejó el rubio acomodándose la ropa. —Creo que ya empieza a quererte, antes no le gustaba tenerte cerca —Se burló el pelinegro tomando a Yuki que brazos —Voy a darte de comer, vamos bebé. Max se quedó otro rato acostado en la cama y decidió revisar su teléfono, fue entonces que vio un mensaje nuevo que llegó en la madrugada. “Regreso hoy a las 11 de la mañana” —Kamui El rubio se extraño mucho por el repentino regreso de su entrenador, pero su mirada pronto se desvío al reloj. 10:25 am. —Mierda... —Susurró Max para después levantarse de golpe de la cama y comenzar a vestirse. Sergio se percató de los ruidos en su habitación y camino con Yuki en brazos solo para ver a su novio tropezarse con sus propios pantalones. —¿Qué pasa? —El pelinegro dudó el preguntar, y el pequeño incluso estaba prestando atención a lo que hacía el rubio. —Kamui regresa en media hora —Explicó mientras se ponía sus zapatos —No puede volver y encontrarse una casa vacía. Debemos llevar a Yuki. Sergio entendió la situación, pues no se supone que tu estudiante de dieciocho años ande sacando a tu hijo de dos años de la casa. Así que comenzó a vestirse mientras dejo a Yuki viendo televisión y tomando biberón. Ambos estaban listos y salieron del departamento rumbo a la casa de Kamui, teniendo que tomar un taxi para llegar lo más rápido posible. Cuando llegaron ya era tarde. —Entrenador —Dijo Max cuando abrió la puerta y se encontró a Kamui en la entrada. —¿De dónde vienen? —Cuestionó el mayor, observando al rubio con la pañalera al hombro. —Del parque —Mintió el pelinegro apareciendo detrás de su pareja —Yuki parecía aburrido y salimos a pasear con él. Kamui lo observó detenidamente y Sergio apartó la mirada, ambos sabían una cosa: No se suponía que él estuviera ahí. —Sergio ¿No? —Entonces el mayor miró a Max con una mirada divertida —Supongo que tú eres quien cuido a mi pequeño. —¡Papi! ¡Papi! —Dijo Yuki extendiendo los brazos para alcanzar a su padre, el cual acortó la distancia y lo abrazo amorosamente. —Señor yo... —Comenzó Max, pero el mayor negó con la cabeza. —Hablaremos de eso después, les agradezco por cuidar a mi niño —Respondió Kamui —Estare ocupado el sábado, ¿Podrían cuidarlo ese día? Sergio y Max se miraron el uno al otro. Habían pensado que su entrenador estaba molesto con ellos, pero al parecer era todo lo contrario. —Claro que podemos, es un niño muy bueno —Habló Sergio y Yuki estiró su mano para intentar tocarlo, a lo cual el joven se acercó y dejo que tomara su dedo —Nos vemos luego, bebé. —Adios, Yuki —Dijo Max acariciando su mejilla, para después darle la pañalera a Kamui. El mayor beso en la mejilla a su hijo, haciéndolo sonreír pues le había provocado cosquillas. Los jóvenes salieron de la casa un poco aliviados y comenzaron a caminar rumbo a la estación de metro más cercana. Kamui se quedó a solas con su hijo y de su bolsillo saco un hoja que al leerla solo lo ponía triste. Sin embargo, él seguiría luchando por su objetivo. Por otro lado, los jóvenes enamorados continuaban su camino a casa. Ninguno decía nada, pero no había alguna tensión extraña. Sino solo paz. Max tomo la mano de su novio mientras caminaban pro la calle, observando los aparadores de las tiendas y atento por si algo llamaba la atención de su pareja. Lo que no sabía, es que Sergio estaba haciendo lo mismo con él. Y en un momento el rubio se distrajo brevemente cuando vio el maniquí de un aparador. Se puso colorado cuando se dio cuenta de que se trataba. Era una tienda de artículos para adultos y el maniquí que había llamado su atención tenía puesta lencería femenina Un corset negro con tirantes, en la parte de abajo tenía unos olanes que simulaban una falda de encaje. Iba acompañado con unas medias del mismo color, las cuales quedaban a media pierna y se unían a la tanga con un par de ligeros. Sergio se percató de esto, pero el rubio rápidamente lo jalo del brazo para avanzar más rápido. Lo que el pelinegro no sabía, era que Max lo había imaginado con esa lencería puesta. Sin embargo, continuaron su camino a casa y durmieron toda la mañana. Aunque Max estuviera más que dispuesto a tener relaciones sexuales, realmente no quería presionar a su pareja al verlo tan cansado. Así que en esa tarde no hubo más actividad en la casa de los Verstappen-Perez.  A la mañana siguiente, Sergio se levantó sintiéndose extraño. Se sentía muy caliente. —Amorcito, ya está el desayuno —Dijo Max acercándose a la cama y moviendo el hombro de su novio. Fue entonces que el pelinegro lo jalo de la playera y juntos sus labios en un muy candente encuentro. El rubio le siguió el juego, pronto se dio cuenta de lo que buscaba. —No vayamos, quedemonos en casa —Propuso el pelinegro y su novio no puso resistencia, volviendo unir sus labios hasta que su cerebro hizo click—Maldición, hoy entregan los resultados de las pruebas individuales. Y yo que te quiero tener tan dentro de mí. Max solo se limito a juntar sus labios, quería recuperar la idea de quedarse en casa. Y aunque Sergio correspondió el beso, este sabía que debían parar por más que lo deseara. Entonces todo el camino al instituto fue un verdadero infierno. Ninguno de los dos sabía cómo habían hecho para fingir que no deseaban arrancarle la ropa al otro. Pero todo se tranquilizó un poco cuando Kamui dio los resultados y Sergio obtuvo el primer lugar. Era un talento nato. Max lo seguía en segundo lugar, pero las diferencias entre los primeros lugares eran mínimas. Doriane fue el tercer lugar, así que se acercó al pelinegro para felicitarlo. Este acto no paso desapercibido para el rubio, pero intentó controlarse recordando las palabras de Kamui. Además, sintió muchas miradas pesadas sobre él. Haciendo que una incomodidad lo invadiera. —Oye, sobre lo del dolor —Dijo Doriane captando la atención de Sergio —¿Fuiste con el doctor? —Si —Mintió —Se me quitó al tercer día. La rubia se mostró nerviosa. —¿Y que te dijo el doctor? —Insistió la joven. Entonces Sergio negó con la cabeza. —Estoy bien, te prometo que no me voy a morir —Dijo Sergio y la rubia no parecía muy convencida. Ella cerró los ojos y luego suspiro pesadamente. —He leído sobre algunos casos —Comenzó la joven —Donde hombres presentan esos síntomas, señal de la maduración... —Ustedes dos, dejen de platicar y pongan atención —Dijo Kamui interrumpiendo a la joven —Hoy tenemos un invitado especial. En ese instante un joven entro al aula y los murmullos no se hicieron esperar. Pero el rostro de Lewis era todo un poema. —Hola a todos, mi nombre es Nico Rosberg y fui parte del equipo nacional de tiro con arco—El rubio se presentó ante todos, haciendo que aplaudieran en su presencia. Nico fue el primero de los Lions en formar parte del programa olímpico y participar en competencias internacionales. —Maldito... —Susurró Lewis. Y también fue el novio del moreno, hasta que pasó al programa preolímpico y termino su relación de un solo tajo —¿Él no fue un Lion? —Preguntó Charles algo somnoliento, era difícil dormir cuando compartes habitación con Lando. —Si... —Había dureza en la voz del moreno. —Lloraste mucho por él —Soltó Max en el mismo tono —Y me odiaste por entrar en su lugar. El rubio no pretendía nada más que fastidiar al estar tan de mal humor por la falta de acción con su propia pareja. — ¡Cállate!— Grito Lewis sumamente molesto por la presencia de Nico y la intromisión de Max. —Ustedes dos —Señalo Kamui —Ya que no es la primera vez que no dejan de hablar como pericos, se quedarán castigados y deberán limpiar el aula al finalizar las clases. Ambos jóvenes se miraron molestos ante este castigo, pero poco nada podían hacer antes su entrenador. Continuar a la clase de forma normal aunque Nico se percató de la presencia de Lewis y entendió por qué esa actitud tan odiosa. Sabía que lo había lastimado en el pasado y todavía había resentimientos en el presente. Sin embargo, continúa dando la clase con la mayor neutralidad posible. Aunque sus ojos se pasaron en uno de los nuevos reclutas: Sergio. Le parecía lindo y muy risueño. Pero se centro en terminar la clase y, quizá, en otro momento le pediría su número.  Max había querido que su novio se quedará junto a él en el castigo, pero el pelinegro le confesó haberle prometido a Sophie el visitarla esa tarde. Así que el rubio se quedó limpiando todo junto a Lewis, y sorprendentemente Charles se unió a ellos. La realidad era que no quería estar en su habitación a sabiendas de que Lando estaría ahí. Todo el fin de semana había sido blanco de sus burlas y música alta cada vez que quería dormir. Lando encontraba una fascinación molestarlo y recordarle que Carlos lo había elegido a él. A Lewis rápido se le pasó el coraje con Max, pues su molestia era más grande con Nico y su indiferencia al momento de tratarlo durante la clase. Mientras que Max no podía con su calor interno, buscando regresar a casa lo más rápido posible y llevándolo a si a tallar los pisos para terminar antes. Cansados los jóvenes se fueron a los vestidores, donde todavía estaban algunos de sus compañeros, pero poco a poco se quedaron solos los tres. Charles estaba hablando de un arreglo de flores que quería mandarle a su novio pero no sabía cuál escoger. Pasaba las imágenes frente de sus amigos y no se dio cuenta de que estaba a punto de revelar una privada. Cuando la imagen paso, el castaño alejo su teléfono sumamente avergonzado. —¿Qué es eso? —Soltó Max lleno de curiosidad, pero su cerebro rápidamente hizo click sobre lo que se trataba y se arrepintió de su pregunta. —Eres muy chismoso —Señaló Charles bloqueando su teléfono —Me estás poniendo en evidencia. —No hay porque avergonzarse, creo que todos nos hemos tomado fotos así —Dijo Lewis intentando calmar el ambiente. La imagen de Charles era muy sugerente como para dejar ir esa conversación. —Yo no —El boca floja de Max se hizo presente. Ambos jóvenes lo miraron, divertidos ante el rubio que mostraba demasiado digno. —Oh vamos, es solo sexo —Comenzó Charles notando un pequeño rubor en las mejillas de Max —¿O me vas a decir que nunca habías visto una foto así? Ante la falta de respuesta, todo era bastante obvio. —Deberíamos irnos ya —Lewis notó lo incómodo que estaba su amigo y quería terminar con la conversación. —¿Nunca le has mandando una foto así a Sergio? —Soltó el castaño, sumamente interesado y con ganas de molestar. —Charles... —Lewis insistió en parar eso. —¿Nunca lo han hecho? —Preguntó Charles y Lewis le dio un ligero golpe en el brazo, haciéndolo soltar un quejido de dolor. —Eso no se pregunta —Respondió el moreno y el castaño hizo una expresión confusa —Es algo íntimo. A ti nadie te cuestiona lo que haces con Logan. —Es una duda válida —Se defendió Charles —Solo quiero aclarar cualquier cuestión que tenga. Max sintió sus mejillas arder. Era una conversación bastante incómoda pero muy interesante. Así que cuando terminó la conversación y ambos jóvenes se dirigieron hacia sus dormitorios, el rubio aprovechó que se quedó solo en los vestidores y se bajó los pantalones deportivos que llevaba. Tomó su teléfono y puso la cámara a grabar mientras se acariciaba sobre su ropa interior. Su mano subía y bajaba sobre su miembro, el cual seguía atrapado en esa apretada prenda y marcaba muy bien su falo. Soltaba pequeños quejidos mientras seguía estimulandose, imaginando que era Sergio quien lo estaba tocando. Cerró los ojos mientras que su mente reproducía una imagen del pelinegro de rodillas con su miembro en la boca. Finalmente se bajó la ropa interior y continuó moviendo su mano, sintiendo como se manchaba con su líquido preseminal. —Sergio... —Susurraba sin dejar de moverse. Usando sus dos manos para aumentar el placer, con una tocando su falo y con la otra acariciando sus testículos. Pensar en sus caderas chocando contra las suyas solo lo estímulo más, y esa imagen mental lo ayudo a llegar al clímax. Cuando vio su mano llena de su propio semen, decidió que era momento de ducharse e irse a casa antes de ser atrapado. Mandando el vídeo a su pareja. Lo que no sabía, es que había sido un mal momento para mandar eso. 
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