ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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Un accidente en tres pasos

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Sergio había llegado a la dirección que Sophie le mando a su hijo, así que entro a la tienda y comenzó a buscarla. —Mi niño —Dijo Sophie cuando lo vio y lo envolvió en un cálido abrazo -¿Y mi Maxie? —Se quedó ayudando en la escuela —Mintió, no le diría que había sido castigado por andar de bocón —Este lugar es muy bonito. A Sophie le gustaban las flores, gracias a un ramo de estás fue que accedió a salir con el padre de Max. Le hubiera gustado tener su propia floristería, pero a Jos no le gustaba su creatividad o que desperdiciara tiempo fuera de casa. Y gracias a su matrimonio abusivo y controlador, Sophie no pudo hacer mucho durante su tiempo como esposa y ahora se le había complicado mucho la búsqueda de empleo con tan poca experiencia. Por suerte, su hermano conocía a una mujer que estaba buscando a alguien para atender su floristería por las mañanas. Así que gracias a su ayuda pudo conseguir un empleo relacionado a algo que le gustaba.  (Referencia) —¿Cómo les está yendo en su vida juntos? —Sophie no pudo evitar preguntar —Espero que no se estén metiendo en problemas. La madre de Max se había dado cuenta del comportamiento posesivo de su hijo y, aunque no era violento, le asustaba la idea de que no pudiera controlar su temperamento con su pareja. —Bueno, Max es un poco celoso y a veces no sabe controlar su boca —Comenzó el pelinegro —Pero me gusta así, creo que en eso somos parecidos. Sophie sonrió ante la sinceridad del joven, y pronto el teléfono de la tienda comenzó a sonar, disculpándose para poder atender. Al mismo tiempo el teléfono de Sergio sonó con la llegada de un mensaje. No dudo en abrirlo cuando vio que se trataba de Max, sin saber exactamente el contenido de este. Era un vídeo que se mostraba en negro al principio, y luego pronto vio como se bajaba los pantalones deportivos y se acariciaba el miembro. Bloqueó su teléfono apenas escucho el primer gemido a todo volumen. Guardándolo en el bolsillo de su pantalón. Sin embargo, cuando levantó la vista sus ojos se encontraron con los de Sophie, quien rápidamente unió los puntos. —Ya debo irme —Dijo Sergio antes de que ella terminara la llamada —Nos vemos luego. Salió de ahí casi corriendo, siendo presa de la vergüenza y la excitación. No sabía cómo se le había ocurrido hacer eso y mucho menos en ese momento. Pero tenía una gran necesidad y una idea vino a su mente, una que quizá cambiaría su vida para siempre. Corrió hacia aquella tienda donde pasaron el día anterior. Entro rápido y se compró la lencería que tanto le había gustado a su novio. Llegó al departamento y se dio una ducha rápida, pero miró aquella bolsa de compras y no dudo en ponerse la prenda. Se miró al espejo y sus mejillas se pusieron coloradas al ver sus piernas en aquellas medias que apretaban su piel y resaltaban su figura. Tomo su teléfono y mando un mensaje a su novio. "Ven, necesito tu ayuda" Entonces se acostó en su cama y comenzó a tocarse mientras veía el vídeo que su pareja le había mandado. El rubio caminaba por los pasillos de la institución, se sentía un poco más relajado después de haber hecho su travesura en los vestidores. Fue entonces cuando el mensaje en su teléfono y no dudo en correr hacia la salida. ¿Había pasado algo malo? ¿Era una emergencia? No tenía tiempo para preguntar, solo para correr. Y termino tomando un taxi para llegar lo antes posible. Abrió la puerta del departamento pero no vio a su pareja por ningún lado. Solo escucho unos pequeños quejidos provenientes de su habitación. —¿Amorcito? —Preguntó el rubio mientras ponía su mano en el pomo de la puerta y la abría lentamente. Entonces escucho unos pasos rápidos y al entrar no vio a nadie. Esto lo alertó de inmediato. Dio un par de pasos hasta que escucho movimiento del otro lado de la cama, justo del lado donde el dormía. Fue ese momento que Sergio se asomo, ocultando su cuerpo de la vista de su pareja y mostrando solo sus lindos ojos. —¿Si te muestro algo prometes no burlarte de mí? —Pregunto el pelinegro aún ocultándose de su pareja. El rubio sonrió confundido, pero eso cambio al ver la expresión seria en su rostro. —Claro que no me burlare de ti amorcito —Respondió Max expectante a la revelación que le haría. Entonces Sergio comenzó a gatear hasta mostrar su cuerpo portando la lencería, dando una imagen sumamente provocativa. El rubio se quedó sin palabras cuando lo vio gatear hasta él, quedando de rodillas frente suyo y sentándose sobre sus propias piernas, estando un poco abiertas y revelando esa tanga negra que apenas cubría su miembro. Fue entonces que Max arrojó su mochila lejos aun lado, y el pelinegro tomó eso como una señal para continuar con su juego. —¿Te gusta? —Preguntó Sergio mientras ponía sus manos en las piernas de su novio e iba subiendo poco a poco, recorriendolo delicadamente —Lo compré para ti. Entonces sus manos se encontraron la orilla de sus pantalones deportivos y los fue bajando hasta llegar a la mitad de su pierna. Max comenzó a quitarse la playera mientras que su novio lo acariciaba sobre su ropa interior. Siempre era un espectáculo visual el tenerlo en esa posición, tan deseoso como sumiso. Pasando su lengua sobre el miembro de su pareja, el cual era asfixiado por sus boxers. El rubio no tardó en poner su mano sobre el cabello de su novio, invitándolo a tomar más de él. Y así lo hizo. Bajando la ropa interior de su pareja, el pelinegro tomó su miembro con la boca y comenzó a lamer la punta, mientras que con su mano lo masturbaba. Lo saboreaba cubriéndolo con su saliva, mirando fijamente a los ojos a su novio quien disfrutaba de dicha sensación. Max gemía y lo agarraba de sus cabellos con fuerza, había deseado eso desde esa mañana. Era tal cual lo había imaginado en los vestidores. Después paso su lengua sobre su longitud, delineando  las venas de este hasta llegar a la punta y luego meterlo todo en su boca. El rubio se mordió el labio fascinado al verlo comerlo por completo, moviendo su cabeza en un vaivén que poco a poco lo enloquecía. Sergio se apoyaba en las caderas de su novio, sosteniéndose con sus manos mientras dejaba que su carne llenara su boca hasta tocar su garganta. Tosió un poco, pero eso no le impidió continuar. Hasta que lo saco de su boca y pregunto: —¿Lo estoy haciendo bien? —Esto hizo sonreír al rubio, pues sonaba tan inocente apesar de tener su miembro junto a sus labios. —Lo estás haciendo muy bien —Susurró Max mientras acariciaba su cabello —¿Puedo ayudarte? El pelinegro sabía muy bien a lo que se refería. Era algo que a ambos les gustaba. —Puedes hacerme lo que quieras —Respondió Sergio para después meterse toda su carne a su boca. El rubio enredó sus dedos en su cabellera negra y comenzó a marcar el ritmo, follando la linda boca de su novio. Su lengua húmeda y caliente envolviendo su falo era algo que siempre lo ayudaba a alcanzar el máximo placer. Marcaba un vaivén donde la paredes vocales del pelinegro succionaban el miembro del más alto y luego lo sacaba un momento para recuperar el aire. Sin embargo, sus manos traviesas no dejaban de tocarlo. Pasando sus dedos por sus testículos y sosteniendo el tronco de su miembro para seguir estimulandolo. El sonido de su miembro siendo devorado por su pareja, sus respiraciones agitadas y los gemidos de placer llenaban la habitación. Pronto el ritmo se intensificó, haciendo que Max soltara quejidos más alaridos, anunciando la llegada de un orgasmo. Sergio estaba más que listo para recibirlo en su boca, metiendo toda su carne hasta sentir como el líquido caliente escurría hasta su garganta. Sin embargo, cuando lo saco de su boca una última descarga cayó en sus labios y está fue limpiada por los dedos de Max. El pelinegro lo tomo de la muñeca y llevo sus dedos a su boca, limpiando con su lengua cada uno de ellos. El rubio lo hizo levantarse del suelo y lo tomo de la cintura para acercarlo más a su cuerpo, acariciando la lencería con sus dedos y recorriendo su espalda hasta llegar a su trasero. Se posó en uno de sus muslos descubiertos y le dio una pequeña nalgada, para después apretarlo y dirigir sus dedos hacia su entrada. Con la otra mano delineó sus labios, tomándolo del mentón y acercándolo a su rostro para juntarlos en un beso algo acalorado. Sergio posó sus manos sobre los hombros de su novio, profundizando el beso mientras el rubio tocaba su apretado agujero. —Amor, ¿Tú...—Max no pudo terminar de hablar cuando sus labios volvieron a ser atrapados por los de Sergio. La duda seguía en su mente, ¿Acaso Sergio había estimulado esa zona previamente? ¿O por qué razón lo encontraba tan húmedo y listo para él? El rubio no quiso ahondar más en el tema, sabiendo que debía ocupar su mente para otras cosas. Así que comenzó a arrastrarlo hasta la cama donde lo recostó y continuó devorando sus labios, con su mano jugando con la tanga negra que llevaba su pareja. Se separó un poco para terminar de bajar sus pantalones junto con su ropa interior, quedando completamente desnudo frente a su novio. Sergio abrió las piernas y Max no dudo en hundir su rostro entre aquellos muslos que tanto le gustaban. Estirando la prenda que tanto le estorbaba para poder liberar la erección de su pareja. El pelinegro arqueaba la espalda al sentir la lengua de su novio recorriendo su piel más sensible, ansiaba ser llenado por él lo antes posible. Nunca se había sentido así. —Maxie... —Susurró el pelinegro —Por favor... Max se reincorporo, sabiendo bien lo que su pareja deseaba y no se lo negaría. Con sus dedos tomó delicadamente el elástico de la lencería de su pareja, descendiendo aquella tanga hasta llegar a sus pies y arrojarla lejos. Entonces se acomodó entre sus piernas dejando que su miembro se posicionara en su entrada y comenzó a moverse poco a poco. Era extraña la facilidad con la que había entrado en su pareja, pero poco le importó al ver el deseo en los ojos de este. Lo tomo de la cintura y comenzó a mover sus caderas mientras que su novio soltaba pequeños quejidos de placer. Sergio ensartaba sus uñas en su espalda, aferrándose al cuerpo de su pareja y disfrutando de la forma en como su miembro golpeaba su interior. Max lo tomo de la cintura, enredando sus dedos en los olanes que pretendían ser una falda de su corset y comenzando a moverse en un vaivén que solo tenía al pelinegro pidiendo más. Golpeando su interior con intensidad, observando como sus pechos se movían en esa apretada prenda. Con una de sus manos lo sostenía de la cintura, y con otra acariciaba sus pechos. Apretando sobre la tela que los cubría, viendo como disfrutaba de su toque. Sergio abrió más sus piernas, dándole total acceso a su pareja. Sintiendo como lo apretaba con cada embestida. El rubio comenzó a subirse sobre él, dejando que su rostro se hundiera en su cuello y sus gemidos le provocarán un escalofríos al escucharlos tan cerca de su oído. Esto solo lo excitó aún más, tomando su cintura con fuerza y embistiendolo bruscamente, pellizcandolo ligeramente en sus pechos hasta llegar a su cuello y sostenerlo de este. Sergio gemía y se abrazaba a su cintura con sus piernas, deseando sentirlo tan dentro de él. Pronto el deseo que tanto estaba buscando se hizo realidad. Llenandolo con su líquido caliente y dándole una sensación muy satisfactoria, llevándolo a su propio orgasmo. Se quedaron estáticos en esa posición, y el rubio se lamento no haber podido atrasar el clímax. Pues le fascinaba la imagen tan sensual de su pareja en lencería. Intento separarse de él para acostarse a su lado, pero Sergio todavía se abrazaba a su cintura y parecía no querer moverse. —Amorcito, necesito descansar —Dijo Max casi en un susurro y el pelinegro finalmente lo soltó. El rubio se acostó a su lado intentando recuperar el aliento y se giró para observar a su pareja, no pudo evitar deleitarse con dicha vista. Seguía lamentándose por haber terminado tan rápido, pero no sabía que su pareja después lo arrastraría hasta la ducha para continuar con sus jugueteos.  Al día siguiente cuando se encontraban en su entrenamiento, Max no pudo evitar sentirse observado por su pareja. Las actividades del día anterior lo habían dejado agotado, y podría reconocer fácilmente esa mirada lujuriosa. Cuando terminó la clase, el rubio fue atacado por su novio en los vestidores pensando que no había nadie más. No podían estar más equivocados. Lewis se miraba en el espejo y tomaba fotografías de su muy trabajado cuerpo. Estaba solo en los vestidores mientras se desnudaba para mandarle otra clase de fotos a su novio, cuando de repente la puerta se abrió de golpe y él se escondió al ver de quién se trataba a través de la camara de su teléfono. —Amorcito, nos van a atrapar —Advirtió Max después de ser empujado para sentarse en una banca del vestidor. Pero a Sergio poco o nada le importaba si alguien los miraba. Estaba demasiado necesitado. Bajo los pantalones cortos de su novio y comenzó a chupar la punta de su miembro mientras que el rubio lo tomaba de los cabellos. —Ah... Si... —Max comenzó a quejarse y Lewis no sabía cómo escapar de ahí sin que todo fuera más incómodo. Sergio metió toda su carne en la boca y comenzó a mover su cabeza en un vaivén que hizo que su pareja se tapara la boca con la mano para evitar ser más ruidoso. Pero pronto el pelinegro levantó la playera de su pareja y comenzó a dejar un camino de besos desde su abdomen hasta llegar a sus labios. El rubio temía que fueran atrapados en el acto, pero era débil ante los encantos de su pareja. Era difícil pensar cuando su miembro era atrapado por los labios de su novio, haciendo un sonido lo suficientemente obsceno como para tentarlo a continuar. Sergio jugaba con su lengua, lamiendo el falo y metiéndolo hasta la garganta, mientras que con una mano comenzaba a bajar sus apretados shorts. —Nos pueden ver —Insistió el rubio pero para ese punto ya era presa del deseo. El pelinegro se levantó del suelo y termino de bajarse los shorts junto con sus boxers hasta la mitad de sus piernas. Tenía prisa. Sin decir palabra, se sentó sobre su pareja. Max estaba apunto de protestar por la falta de preparación, pero quedó más confundido al sentir la humedad y necesitada entrada de su pareja. Sergio comenzó a dar pequeños brincos sobre su miembro, haciendo que el rubio llevará sus manos a su cintura para ayudarlo. Lewis comenzó a caminar silenciosamente hasta la salida de los vestidores cuando escuchó lo que estaban haciendo y se apresuró en no ver nada. Salió y decidió quedarse en la puerta, si alguien encontraba a Sergio y Max en aquella posición era muy probable que los expulsaran. —Maxie, lléname —Suplicó el pelinegro y el rubio cedió al saber que contaban con poco tiempo. Lo hizo levantarse y comenzó a empotrarlo contra uno de los casilleros. Tomándolo con fuerza de sus shorts, atraía el cuerpo de su novio haciendo que sus caderas chocarán. Sus gemidos eran demasiado fuertes, haciendo que Lewis se pusiera nervioso de que alguien los escuchará e hiciera preguntas. Pero Max elevó todo cuando comenzó a tocar los pechos de su pareja, pellizcando uno de sus pezones y haciéndolo gritar. Si iban a hacer eso, lo haría bien. Continuo moviendo sus caderas y jaló del cabello a su novio, Sergio solo cerraba los ojos y entre abría los labios, sumergido en el placer que le estaba dando. No tardó mucho para correrse dentro de él, llenandolo con su líquido caliente y dejando su trasero colorado. Sergio sonrió tontamente después de su travesura y capricho cumplido. Pero Max estaba más que agotado. Tenía muchas dudas, pero, lamentablemente, era muy tarde para preguntar. 
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