El bebé de papá
22 de diciembre de 2025, 18:52
Habían pasado dos semanas desde aquel encuentro en los vestidores.
Días en donde ocurrieron muchas cosas.
Primero, Lewis comenzó a mostrar cierta distancia entre la pareja y él, siendo algo incómodo después de escuchar todo el escándalo.
Aunque, afortunadamente, se le pasó a los tres días.
Misma cantidad de tiempo que le llevó a Sergio el dejar en paz a su novio.
Max no entendía lo que pasaba o por qué su pareja de repente estaba tan necesitado de él, pero claro que lo disfrutaba.
Aunque sentía que se iba a desmayar la última vez que su novio lo montó. Y por suerte, o mala fortuna, esos días terminaron.
Pero algo curioso ocurrió durante esos tiempo y era que, en esos dos fines de semana, Kamui no le había pedido cuidar al niño.
Esto lo entristeció demasiado. Ya que había decidido convivir más con el pequeño para poder aprender y mejorar su trato con los bebés.
Pero su extraña separación solo le generó dudas sobre su trabajo.
¿Yuki habrá dicho las malas palabras que aprendió?
¿Acaso se quejó de algo?
¿Le habrá contado que casi lloró junto a él?
No lo sabía con certeza, pero Kamui parecía tener dudas sobre él.
Sergio no era ciego, había anotado como su novio ponía atención a cada cosa que decía Kamui esperando a que lo llamara para cuidar al nene ese fin de semana.
¿Acaso vendría un tercer fin de semana consecutivo sin cuidar a Yuki?
No, no lo iba a permitir.
Ese viernes, cuando terminó la clase, Sergio se acercó a Kamui sumamente decidido sobre lo que iban a hablar.
Max había ido al baño, así que no podía ver lo que estaba pasando.
—Señor, ¿Podemos hablar? —Preguntó Sergio por una voz firme y Kamui asintió —Es sobre Yuki —El hombre pronto se tensó —Sé que está muy ocupado y no es algo que sea de mi incumbencia, pero puedo notar que Max extraña al niño
En ese momento el entrenador se relajó un poco.
—Si ha encontrado otra niñera, por favor, dígaselo —Sergio continuó hablando —No lo deje esperando por algo que no va a suceder. No sea muy duro con él, está dando lo mejor de sí.
Kamui suspiró pesadamente antes de hablar.
—¿Crees que Max sea apropiado para cuidar de un niño? —Preguntó.
Muchos rumores estaban corriendo acerca del rubio, todos muy malos.
Lando había aprovechado los eventos más recientes para meter cizaña sobre ambos.
La marca en el cuello de Sergio había sido muy notoria para varios, y fue algo de lo que se aprovechó el castaño para decir que Max lo golpeaba.
Si bien había sido hecha en un momento íntimo y caliente entre ambos jóvenes. Eso poco importaba para la narración que se estaba haciendo alrededor de la pareja enamorada.
El aislamiento de Sergio también era señalado. Era muy notorio cuando Max lo buscaba o lo observaba excesivamente al verlo hablar con otras personas.
Sergio hacía lo mismo pero a nadie le importaba, porque el malo en esta historia siempre sería el rubio.
Además, el accidente de Jos había sido reportado por algunos periódicos locales y Lando lo uso para darle más credibilidad a su historia.
“Hombre que atropelló a un joven repartidor pierde la vida en accidente mientras intentaba escapar”
Ahora toda la institución sabía que Jos había muerto al huir después de lastimar al amigo de su hijo.
Entonces comenzaron a murmurar que “Si creces con un hombre violento, te vuelves un hombre violento”.
Y si bien Kamui intentaba mantenerse al margen de estos rumores, tampoco se arriesgaría a dejar a su hijo con alguien con dicha fama.
—No es experto, pero nunca trataría mal a Yuki —La voz de Sergio lo saco de sus pensamientos —No sé que lo hizo cambiar de opinión, ya que usted fue quien accedió a darle el cuidado del pequeño, pero le juro que Max realmente lo intenta.
Kamui lo pensó por un momento, notaba la sinceridad de Sergio y no podía pasar por alto el hecho de que Yuki había estado muy feliz después de ese fin de semana.
Y quizá la presencia de Sergio lo tranquilizaba, pero seguiría siendo una prueba.
—Bien, este fin de semana viajaré e iba a dejar a Yuki con una amiga —Comenzó el entrenador —Pero si Max realmente cree que pueda hacerlo, debe decirlo él mismo.
—Usted no lo conoce, él no es muy bueno expresando lo que siente —Sergio rápidamente lo excuso —Le juro que si se lo pregunta, él dirá que sí inmediatamente.
Kamui no era un hombre que se dejaba envolver fácilmente. Yuki es lo más importante y preciado de su vida, así que era muy precavido respecto a su cuidado.
Confío en Max ya que lo miraba como un chico amable, medio tonto pero responsable.
Y no sabía si debía creer en los rumores o no. Y aunque Sergio insistiera, temía que estuviera sesgado por su relación.
Pero no era justo darle una oportunidad de demostrar lo contrario a lo que se decía de él.
—Dile que venga, hablaré con él —Dijo Kamui y Sergio asintió para después salir casi corriendo en busca de su pareja.
Al llegar al baño lo vio arreglándose el cabello, al rubio le gustaba verse bonito para su novio.
—¿Amorcito? —A Max le preocupó verlo tan agitado.
—Debes ir con Kamui ahorita —Respondió Sergio algo cansado —Quiere hablar contigo.
No le diría nada de lo que habían conversado y esperaba que su entrenador tampoco lo hiciera.
Deseaba que la reacción de Max fuera genuina y así demostrarle a Kamui que lo que decía era cierto.
El rubio se mostraba confundido pero se apuró en obedecer y se fue rápidamente hacia el aula donde sabía que lo estaría esperando.
—Entrenador, ¿Quería verme? —Preguntó Max apenas llegó.
—Sí, Verstappen —Comenzó Kamui observando detenidamente a su estudiante —Quería saber si este fin de semana podrías cuidar a Yuki.
El rostro del rubio se iluminó apenas escuchó eso.
Este acto no pasó desapercibido para el mayor, entendiendo que Sergio decía la verdad.
—S-sí, puedo cuidarlo —Balbuceo un poco al responder.
Realmente creyó que Kamui nunca más le pediría cuidar al niño, así que estaba más que emocionado.
Después de la conversación que tuvo con Sergio, quería demostrarle que realmente sería un buen padre para sus futuros hijos.
Kamui le pidió llegar a las 8 de la mañana del sábado, pues esa tarde estaría preparando todo para asegurarse de observar bien todo lo que sucedía ese fin de semana.

A la mañana siguiente Sergio y Max se preparaban para ir a la casa de Kamui.
Aunque Max no le había dicho, el pelinegro se dio cuenta de lo emocionado que estaba y notaba un cambio en él
Iban de camino a la casa de Kamui cuando recibieron un mensaje de este pidiéndoles que se vieran en el instituto.
Tenía unos asuntos pendientes antes de marcharse, así que los jóvenes se dispusieron a encontrarlo en dicho lugar.
Cuando llegaron lo vieron nervioso e impaciente, pero aseguró que volvería el domingo a mediodía.
Se despidió con un gran abrazo y beso a su pequeño hijo que todavía estaba algo adormilado.
El pequeño rápidamente abrazó a Sergio, reconociendo de quién se trataba.
Llevaba consigo el juguete que le habían comprado y no se despegaba de ese arco de juguete.
—¿Deberíamos irnos a casa? —Preguntó Sergio mientras cargaba el bebé.
Kamui le había dado las llaves de su casa a Max, así que lo más lógico era que fueran para allá.
—¿Chicos? —Pero la voz de Lewis los interrumpió —¿Qué hacen aquí en fin de semana? Pensé que se quedarían en su nidito de amor —Entonces se detuvo en seco cuando vio lo que Sergio traía en brazos —¿Y ese bebé? No me digan que ustedes...
—Es Yuki, el bebé de Kamui, lo cuidamos los fines de semana —Explicó el pelinegro.
Entonces el moreno se acercó al bebé y tomó su mano con delicadeza
—Qué bonito nene —Dijo Lewis cuando el pequeño Yuki envolvió uno de sus dedos con su mano —Creo que le agradó —Entonces observó el objeto que colgaba de su bracito —Mira, tiene un pequeño arco.
—Sí, yo se la regalé —Respondió Max con mucho orgullo.
Era feliz al saber que el juguete que él escogió le había gustado mucho al pequeño
—¿Y si vamos adentro? —Propuso el moreno —Es una mañana muy fría, podría enfermarse.
Los jóvenes aceptaron y entraron junto a su amigo al instituto.
Habían pocas personas en el pasillo, pero a todos les llamó la atención el pequeño bebé que iba en brazos del pelinegro.
—En la cafetería están dando chocolate caliente, deberíamos ir por un poco —Dijo Lewis mientras caminaban tranquilamente y se acercó para pellizcar la mejilla del bebé, el cual le dio un manotazo para alejarlo —Ouch.
Sergio soltó una pequeña risa al ver eso, mientras que Max caminaba a su lado cargando la pañalera.
Le gustaba ver a su novio en su lado más paternal, llevando a un pequeño bebé en brazos que ojalá un día se tratara de uno suyo.
—No creo que deba tomar chocolate, está muy pequeño —Señalo el pelinegro —Quiza un poco de leche tibia.
Revisaron la pañalera y encontraron un vaso entrenador para que pudieran servirle al pequeño.
Estaban los tres sentados en una mesa cuando escucharon algunos murmullos.
“¿De quien es ese bebé?”
“¿No es una lindura?”
“¿Serán sus padres?”
Sergio y Max optaron por ignorar esas habladurías.
Entonces Yuki dejo de lado su vaso e intento tomar la taza del pelinegro, quien rápidamente la alejo.
—No, bebé, no puedes tomar chocolate —Dijo Sergio y notó como sus ojitos se llenaron de lágrimas —Creo que tiene hambre, hay que darle algo de comer.
—Pero está tomando leche, ¿No es lo que siempre come? —Pregunto Max mientras buscaba algo en la pañalera.
—Se ve grande como para solo tomar leche —Dijo el moreno acercando su mano para volver a tocar su mejilla, pero está vez Yuki atrapó uno de sus dedos con su boca y presionó con sus pequeños dientes, haciéndolo soltar un grito de dolor.
—Cuidado, muerde mucho —Advirtió Max tomando al bebé en brazos y haciéndolo pararse en sus piernas.
El pequeño Yuki jugaba con su arco como si estuviera arrojando una flecha.
—¿Cuántos años tiene? —Pregunto Lewis todavía tocando su dedo lastimado, intentando aliviar el dolor.
—Dile cuántos años tienes, bebé —Sergio acarició la pancita del pequeño para animarlo a no ser tan tímido.
Yuki se giró para verlos y levantó dos de sus deditos como respuesta.
—Eres un niño muy listo —Lewis no se rendía, quería agradarle al pequeño —Parece que quiere practicar con su pequeño arco.
—Jugará después, tenemos que comprar su comida —Dijo Max mientras hacia que el pequeño se sentará en su regazo.
—Preguntare si pueden preparar algo para él —Respondió Lewis levantándose de su asiento y caminando hacia los encargados de la cocina.
—Mami, quiero jugar —Soltó el pequeño Yuki, haciendo que los dos voltearan a verlo.
—¿Mami? —Repitió Sergio y vio como el bebé lo tomaba de la mano —Bebé, yo no...
—Dicen que en unos quince minutos tendrán lista su comida —La voz de Lewis los saco del desconcierto —Ve a pagarlo, Maxie.
Entonces el pelinegro lo miro como si hubiera dicho sus últimas palabras en vida.
Pronto el moreno trago en seco.
Algunas veces lo había escuchado llamarlo de esa manera, así que solo quería molestarlos.
—Solo yo puedo llamarlo así —Afirmó con una voz seria —Y tal vez su mamá.
El rubio asintió mostrándose del lado de su novio.
—¡Mami! —Grito Yuki llamado su atención.
—¿Cómo? —Pregunto Max intentando que el niño repitiera la palabra.
—Ve a pagarlo o no lo harán —Lewis insistió y el rubio le pasó el bebé a su novio para después alejarse de la mesa.
—Pum —Dijo Yuki tirando de su pequeño arco.
—Deberías distraerlo en lo que preparan su comida, quizá llevándolo al gimnasio de tiro —Propuso el moreno y Sergio negó con la cabeza —No hay nadie a esta hora, estarán bien. Le diré a Charles que los alcance y para que conozca a Yuki.
—¿Por qué no nos acompañas?
—Porque tengo hambre y voy a desayunar —Explicó con una sonrisa y vio como su amigo se levantaba con el bebé en brazos.

Una vez en el aula, Sergio dejo que Yuki caminara un poco al verlo emocionado con la diana frente a él.
—¿Quieres intentarlo, bebé? —Sergio había traído consigo dos flechas del juguete del bebé y lo ayudo a colocarlo en su arco.
Apenas tenía un poco de potencia y no llego ni a medio camino.
—Creo que necesitarás otra diana, una más pequeña —El pelinegro se giro rápidamente cuando escuchó esa voz poco familiar —Perdón, no quería asustarte.
Nico estaba ahí, ni siquiera lo escuchó llegar.
—No te preocupes, ya nos vamos —Dijo Sergio levantando al pequeño Yuki en brazos —No quería molestar.
Entonces el rubio soltó una pequeña risa.
—¿Molestar? No soy el dueño de este lugar —Nico se acercó para acortar la distancia entre ambos —Queria practicar un poco, solo faltan unos meses para las pruebas nacionales.
—Lo sé, no pretendo estorbar —El pelinegro estaba apunto de irse cuando sintió como lo tomaba del brazo.
—Quédense, creo que el pequeño Yuki quiere ver un poco de acción con el arco — Insistió el rubio mientras que con sus dedos acariciaba suavemente la piel de Sergio.
—¿Cómo sabes su nombre? —El pelinegro retrocedió un poco intentando mantener la distancia entre ambos.
Por alguna razón se puso alerta.
—Conozco a Kamui desde hace tiempo, no es la primera vez que veo a su hijo —Explicó el rubio mientras se posicionaba para dar su primer tiro —Le gusta mi precisión.
Entonces dio un diez perfecto.
—Eres muy talentoso —Sergio estaba impresionado con las habilidades de Nico, quien hacia que todo se viera muy fácil.
—Te puedo ayudar a mejorar, si eso deseas —Comenzó Nico para después tirar otro diez —Aunque ya eres el mejor de los nuevos reclutas. Pero si necesitas prácticas privadas, puedo dartelas.
Sergio sonrió ante esto, se sentía bien ser reconocido por alguien con mayor trayectoria.
—Gracias, siempre doy mi mejor esfuerzo —Explicó el pelinegro y Nico sonrió de vuelta.
—Aquí estás —Dijo Charles interrumpiendo la conversación —Vine en cuanto Lewis me avisó que estarías aquí.
—Charles, mira, él es Yuki —Respondió Sergio girando para verlo y tomando la manita del pequeño —Di hola, bebé.
—Hola Yuki —El castaño se acercó para darle un beso en la mejilla —Ah, hola Nico.
El rubio no entendió el cambio en su voz en el momento que le hablo. Apenas había cruzado palabra con ese joven.
—Hola, Charles ¿Verdad? —El castaño asintió —Te he visto y eres muy bueno.
—Gracias —Charles se mostraba muy tenso —Le preguntaré a Max, tu novio, si ya está lista la comida del bebé.
El castaño hizo énfasis en la palabra “Novio” pues se dio cuenta de las intenciones del rubio.
Nico cerró los ojos y se giro cuando escuchó esto, entonces entendió que sus posibilidades eran muy bajas.
En ese momento Charles tomo su teléfono y mando un mensaje a la pareja de su amigo:
“Ven a la sala de prácticas por tu novio porque hay un rubio que te lo está sonsacando”
Bloqueó su teléfono y se giro a ver a Nico con cara de pocos amigos.
Sergio estaba demasiado inmerso en el cuidado de Yuki que ni siquiera se dio cuenta de las insinuaciones del rubio.
Y Max salió corriendo apenas leyó ese mensaje.
Lewis lo siguió de cerca, temía que algo malo hubiera pasado.
Ambos se detuvieron en seco cuando observaron como Nico se acercaba a Sergio con la excusa de querer convivir con el bebé.
Charles lo estaba casi matando con la mirada y Sergio solo se enfocaba en Yuki.
—Hola, mi amor —Dijo el pelinegro apenas notó su presencia.
Fue entonces que Max camino a paso firme hasta llegar a su novio. Lo tomo de la cintura y junto sus labios en un muy apasionado encuentro.
—Ven nene —Charles tomo a Yuki de los brazos de Sergio y comenzó a hacerle mimos.
—Hola Nico —Lewis finalmente dijo palabra y el rubio se mostró sumamente incómodo.
Su voz era dura, algo fría y un poco molesta. Había mucho resentimiento.
Pronto Sergio se separó de su novio y lo miró confundido.
—Ya está el desayuno del bebé, comamos un poco y vayamos a casa —Dijo Max antes de que su novio pudiera decir algo.
Salieron del aula y se fueron con Charles siguiéndolos. Entonces los ex novios se quedaron solos.
—Lewis, ha pasado mucho tiempo —Nico se animó a hablar.
—No quiero hablar contigo, desvergonzado —Fue lo único que respondió el moreno antes de marcharse.
Las cosas no salieron como el rubio esperaba.

Después de que los dos novios desayunaran junto al bebé, la pequeña familia postiza se despidió de sus amigos y se fueron a la casa de Kamui.
Max no le dijo nada a Sergio, no quería discusiones frente al pequeño.
Se pusieron a ver películas mientras el pelinegro preparaba unas papillas para el bebé, y el rubio saco de su mochila algo que había comprado y ocultado.
—¿Te gustan? —Pregunto Max y el pequeño asintió sin siquiera saber lo que eran —¿Quieres que juguemos?
Yuki volvió a asentir y el rubio se levantó para ir por un paño mojado.
Regreso con el pequeño y abrió el paquete de tatuajes falsos de animalitos.
Comenzaron a pegarselos por los brazos y la cara, ocultando todo esto de un muy distraído Sergio.
—Amorcito, ven —Dijo Max esperando a que su novio se asomara.
Cuando el pelinegro salió de la cocina y los vio, no pudo evitar reírse.
—¿Qué les pasó? —Pregunto mientras los dos mantenían una pose “ruda”.
—¿Cómo nos quedó? —Insistió el rubio —¿Parecemos motociclistas?
—No, se ven adorables —Entonces Sergio tomó su teléfono y les saco varias fotos —Que lindos están, me los comería a besos.
El pelinegro sonrió y el bebé lo imitó, algo que provocó una risa de parte del primero.
—Mami, risa... —Dijo Yuki, algo que ya no podían dejar pasar.
—¿Cómo le dijiste? —Max quería rectificar sin más interrupciones.
—¡Mami! —Repitió el pequeño.
Entonces Sergio se acercó a él y lo tomo en brazos.
—No, bebé, yo no soy mami —Explicó pero se vio interrumpido por su novio.
—Si él es mami, entonces ¿Quién soy yo? —Habia cierta emoción en las palabras del rubio.
—¡Tonoto! —Respondió Yuki y esto solo provocó la risa del pelinegro.
—¡No es justo! —Max no pudo evitar quejarse.
—Ya basta los dos, ni yo soy mami ni él es tonoto —Explicó Sergio mientras le regresaba el bebé a su novio —Terminare de hacer la comida del bebé y le daré un baño.
—Esta bien, yo prepararé nuestra comida —Ofreció el rubio y Sergio asintió.
Después de bañar y alimentar al pequeño Yuki, este rápidamente cayó dormido.
Así que la pareja pudo disfrutar de una tarde de películas mientras el bebé dormía en los brazos de Max.
Sergio se levantó para dejar el bolw de palomitas en la cocina y servirse un poco de agua.
Fue entonces que el rubio se dio cuenta de algo inusual.
—Sus mejillas están coloradas —Dijo Max mientras observaba al pequeño.
—¿Por qué? Ni siquiera hace calor —Respondió Sergio acercándose a ellos.
El clima había sido frío ese día, incluso estaba lloviendo a cántaros apenas cayó la noche.
El rubio puso una mano en la frente del pequeño y su expresión cambio.
—Esta caliente, el bebé está caliente —Max rápidamente se levantó del sofa para terminar de acortar la distancia con su novio —¿Qué haremos?
Sergio notó la preocupación en su voz y tocó la frente del pequeño para comprobar que era verdad.
Su novio no mentía, Yuki estaba ardiendo.
—Tendríamos que llevarlo a un doctor, pero no podremos salir con la lluvia —El pelinegro comenzó a morderse las uñas de los nervios —Llamare a uno, necesitamos su consejo.
Tenía el número del doctor Horner, así que lo llamo. Y, aunque no era pediatra, le recomendó un antitermico efectivo para un niño de la edad de Yuki.
Le describió el empaque y como debía llamarse, pero en las farmacias se confundían fácilmente y sería mejor si fuera por este en persona.
—¿Cómo vas a salir con esta lluvia, amorcito? —Max estaba preocupado de que algo pudiera ocurrirle —Mejor llama a la farmacia.
—No está muy lejos, prometo no tardar —Sergio le dio un rápido beso en los labios —Cuida bien de Yuki, llámame por cualquier cosa.
El rubio no estaba nada contento, pero sabía que el pequeño lo necesitaba en ese momento.
Le habían hecho su pequeño nido de almohadas en la cama donde dormían, además de colocarle compresas frías para combatir la fiebre.
Max se acostó a su lado y le daba de beber agua para mantenerlo hidratado, además de intentar entretenerlo con sus mimos.
Sergio no tardó en volver, encontrando una escena que lo conmovió demasiado.
El rubio abrazaba al pequeño quien parecía más relajado a su lado, pequeñas lágrimas recorrían las mejillas del mayor. Realmente estaba preocupado.
—Aquí está la medicina —Dijo el pelinegro haciendo que su novio se levantará casi de golpe —Mi león, no llores. Es solo una fiebre.
—Es mi culpa, quizá no debí mojarlo cuando jugamos con los tatuajes —Su mente había hilado cosas sin sentido para culparse a si mismo.
—No es tu culpa, es un bebé, se enferma por cualquier cosa —Comenzó el pelinegro mientras sacaba el medicamento de su empaque —Debio ser el clima frío de esta mañana, ni tú ni yo tenemos la culpa de esto.
Max se tranquilizó un poco al escuchar esto y lo ayudo a darle la medicina al pequeño.
Esa vez no pego el ojo en toda la noche, el rubio lo vigiló para asegurarse de que estuviera bien.
Pero cayó rendido apenas notó que su pareja se despertaba por la mañana, sintiéndose libre de descansar.

Sergio preparaba el desayuno cuando notó algo muy peculiar de lo que no se había percatado el día anterior.
La gran cantidad de osos de peluche por toda la casa.
Sentía que todos lo observaban.
Y así era.
Pero para cuando el rubio despertó, unas manitas estaban tocando su rostro y jugando con su nariz.
Abrió los ojos y se encontró con los profundos ojos oscuros del pequeño Yuki, quien lo miraba con atención.
—¿Estás bien? —Susurró Max y el pequeño se acerco a su rostro y mordió su nariz —Ouch.
El rubio se separó rápidamente del pequeño y vio a su novio entrar por la puerta.
—¿Qué paso? —Preguntó Sergio viendo como el bebé se reía y Max se tocaba el rostro.
—Me mordió la nariz —Explicó el rubio y luego observó con atención a su pareja, notando una marca en su ojo —¿Qué te paso?
Max se levantó de la cama y casi corrió hasta él.
—Yuki me golpeó mientras dormía, ¿Se ve muy mal? —Sergio ni siquiera se había molestado en verse al espejo —¿Ya no me veo bonito?
—Tú siempre te verás bonito, pero hay que ponerte algo para el golpe —El rubio le dio un pequeño beso en los labios y se apuraron a seguir con su mañana.
Al medio día Kamui se apareció en la casa y agradeció a los jóvenes por cuidar de su hijo.
Aunque el golpe en el lojo de Sergio llamo sumamente su atención.
Los novios llegaron a su departamento y saludaron al pequeño Jimmy. Max estaba muy agotado y se echó a dormir.
Ese fue otro domingo tranquilo, uno de los pocos que les quedaba

A la mañana siguiente Sergio se despertó por un ruido extraño. Se levantó de la cama y se acercó al baño, en donde vio a su pareja vomitando.
—¡Mi león! —Dijo el pelinegro sumamente preocupado, agachándose para estar a su altura y tomándolo de los hombros, acariciando su espalda dulcemente —¿Que te pasa, amor?
Max se reincorporo y jalo de la cadena, su novio lo ayudo a levantarse y lo llevo hasta el lavamanos para que se limpiará.
—No sé qué me pasó —Comenzó el rubio echándose un poco de agua en la cara —Simplemente me dio mucho asco y vomité, ¿Crees que Yuki me contagió?
Aunque su pregunta tenía sentido, Yuki ni siquiera había presentado vómitos ese fin de semana, tan solo fue una fiebre.
—No lo sé —Respondió un Sergio muy confundido —De todas maneras tengo unas pastillas que me quedaron. Toma una y veremos cómo te va el resto del día.
El rubio asintió y continuaron su rutina mañanera. Pero las náuseas no casaban y ninguno de los dos sabía lo que le pasaba.
O quizá no estaban preparados para lo que se avecinaba.