ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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Murmullos

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Sergio se apuro a ir a la farmacia por otro medicamento, pues el antitermico no ayudaría a lo que Max estaba sintiendo. Cuando llegó notó la expresión en el rostro del vendedor, sabía que se trataba del golpe en su cara. Así que compró maquillaje que lo ayudaría a cubrir la herida. Esto solo incómodo más al vendedor, quien no dejaba de observarlo detenidamente. Sin embargo, Sergio continuo su camino de vuelta al departamento y le entrego el medicamento a su novio. Se fue al baño y con cuidado se puso el maquillaje para intentan disimular la herida. —Amorcito, ¿Qué haces? —Preguntó Max acercándose para verlo. —¿Me veo bien? —Sergio se giró para mostrarle lo que se había hecho en el rostro —No me gustaría ir con este moretón, me veo horrible. El rubio lo tomo del mentón y observó detenidamente su cara, y con sus dedos comenzó a intentar arreglar un poco lo que había hecho su novio. —Tú siempre serás hermoso —Susurró Max para después darle un corto beso en los labios. El pelinegro sonrió y acarició su mejilla, incluso en su condición, Max seguía siendo muy atento.  Llegaron al instituto y para nadie paso desapercibido el maquillaje mal aplicado en el rostro de Sergio, haciendo notorio un moretón. El pelinegro no era consciente de que las habladurías no eran por "no verse bonito" sino porque pensaron que estaba siendo víctima de violencia dentro de su relación. El rubio caminaba a su lado, y tenía una cara de pocos amigos debido a las náuseas que estaba presentando. Pero eso solo le dio un mal aspecto que hacía creíble la idea de ser un joven violento. —¿Cómo te sientes? —Sergio acarició tiernamente su cabello —¿Todavía tienes asco? Estaban sentados en la cafetería esperando a sus amigos, pues no les había dado tiempo de desayunar en casa. —Me siento un poco mejor —Respondió Max para después tomar su mano con delicadeza. —¿Y a ti que te paso en el ojo? —Pregunto Charles llegando junto con Lewis —Se ve muy mal. El pelinegro se apuro a intentar cubrirse con las manos, pero el rubio lo detuvo y le dio un pequeño beso en la mejilla, muy cerca de la zona afectada. Un “Que cínico” se escuchó muy cerca de ellos, algo que solo Max notó al estar tan atento a las miradas que lo habían estado incomodando desde que llegaron. —¿Te pusiste maquillaje? —Señaló Lewis mientras lo miraba fijamente, su voz interrumpió los pensamientos del rubio y distrajo a Sergio de escuchar los murmullos. —No quería que se notara —Respondio el pelinegro sumamente avergonzado. En otra mesa cercana, Kamui disfrutaba de su café mientras revisaba las grabaciones de uno de los osos que uso para vigilar a los jóvenes que cuidaron a su hijo. Podía ver a Max ayudando a Yuki con los tatuajes falsos, poniéndole mucha atención mientras se reía con el pequeño. ¿Cómo podía haber sido tan tonto? Max era un buen muchacho, solo que demasiado cerrado para otras personas. Se notaba demasiado en su dulce forma de actuar con el pequeño Yuki. “Tonoto” esa palabra la repetía el bebé cada vez que hablaban sobre Max. Ni siquiera sabía lo que significaba, pero parecía tenerle un gran cariño a la joven arquero. También notó lo apegado que era Yuki con Sergio, abrazándose a él cada vez que podía. Kamui levantó la mirada y observó a la pareja a unos metros de él, se miraban muy bien juntos. Solo había revisado las grabaciones de los osos de la sala, todavía faltaba ver las de la habitación de invitados. Pero lo poco que la había visto lo convenció para saber que Max no sería capaz de golpear a Sergio. Se notaba que era un muchacho muy celoso y posesivo, y quizá debería hablar con él sobre eso y recomendarle a un buen psicólogo que lo ha estado atendiendo. Pero ya encontraría el momento para abordar ese tema. Bebió lo último que quedaba de su café y se levantó de su asiento. Debía llegar a preparar todo para su clase de esa mañana. Mientras tanto, los jóvenes continuaban con su desayuno, riendo y molestándose entre ellos. Sin embargo, Max no pudo evitar sentirse observado. Sabía que algo no iba bien, pero no era capaz de descifrar de que se trataba. Aún así continuaron su mañana con tranquilidad. Ajenos a los rumores que crecían a su alrededor. Charles y Lewis se habían adelantado la pareja de enamorados se habían detenido en el baño. Max necesitaba refrescarse un poco, se sentía mejor pero aún tenía algo de náuseas. Sergio iba a revisar su maquillaje, el cual se había corrido un poco y no se miraba para nada bien. Llegaron al aula y Kamui los estaba esperando con cara de pocos amigos. Habían llegado 15 minutos tarde. —Clase, dígale buenas noches a sus compañeros —Ordenó Kamui y todos obedecieron al unísono. Sergio y Max se miraron el uno al otro sumamente avergonzados. Lewis Y Charles no podían contender la risa de la situación. Lando también se reía, pero eso solo molestó a la pareja enamorada. —Como les gusta perder el tiempo, entonces hoy se quedarán hasta tarde para limpiar y acomodar todo —Continúo Kamui con una voz firme, quería poner el ejemplo —No acepto excusas. —Entrenador, no sea muy duro con ellos —La voz de Nico tenso a Max. Lewis lo miraba con una cara de pocos amigos, simplemente había mucho resentimiento. —Se necesita compromiso para estar aquí, tienen que demostrarlo —Insistió Kamui y Nico le dedicó media sonrisa a Sergio, quien solo lo miraba como un acto amigable. Pero en Max creció una necesidad de marcar territorio, tomándolo de la mano para hacer notar su presencia. Doriane se sorprendió cuando vio el moretón mal maquillado de Sergio, asustadose ante la idea de que los rumores fueran ciertos. Quería acercarse a él y ofrecerle su ayuda pero temía su reacción. Ella era muy compasiva e intentaría ayudarlo en menor o mayor medida. Pero necesitaba que Max se alejara para evitarle problemas a su amigo. Ya había intentado abarcar el tema con Lewis, pero él simplemente no cedía. Era muy difícil entrar en ese grupo de amigos y poder hacerlos saber lo que estaba pasando. Se volvía complicado el poder ayudar, si es que todo eso era verdad. Sin embargo, era difícil acercarse a Sergio. Pasaba todo el día con Max, sin despegarse ni por un segundo. Charles y Lewis eran otro par de pegajosos, siendo grandes amigos e ignorando el mundo a su alrededor. Buscaría la forma de acercarse a Sergio, ya encontraría el momento.  Terminó la clase y todos comenzaron a marcharse, excepto la parejita de novios tan problemática como cariñosa. Comenzaron a limpiar en silencio, sabían que si se ponían a platicar nunca iban a terminar con el trabajo. Sin embargo, Max poco a poco comenzó a tener pequeños roces con su novio, quien parecía animarse cada vez que lo tenía cerca. Por otro lado, Kamui sintió que había sido algo duro con los jóvenes y ni siquiera los dejo explicarse. Así que aprovecho el hecho de que sus alumnos ya se habían marchado y compró unos helados para sus arqueros estrellas. Cuando entro al aula fue recibido por unos ruidos extraños, un sonido de cuerpos chocando. —Cállate —Dijo Max lo suficientemente audible como para que su entrenador supiera en donde estaban escondidos. —Maxie... —Susurró Sergio antes de ser callado por la mano de Max posandose en sus labios. Los jóvenes habían decidido desahogar su calor interno en la bodega que usaban para guardar sus instrumentos. Max tenía sometido a Sergio contra un mueble, con los pantalones cortos a media pierna y sosteniéndolo de su playera. El rubio movía sus caderas llenando el apretado agujero de su novio, dándole una que otra nalgada para animarlo. Dejo un par de besos en su nuca, provocando un escalofríos en el pelinegro y este logro bajar la mano de Max para poder expresar su deseo. —Muerdeme. El rubio obedeció, dejando una notoria marca en el cuello de su pareja. Kamui se sorprendió al comprender toda esta situación y rápidamente salió de ahí. Solo tuvo que esperar un poco hasta que los jóvenes terminaran con su calentura, estando sumamente nervioso por lo que les diría. Cuando escuchó como la parejita estaba más tranquila y conversando mientras tomaban sus cosas para marcharse a los vestidores, Kamui supo que era el momento de entrar. —E-entrenador —Balbuceó Sergio al verlo llegar. No habían pasado ni cinco minutos cuando Max se corrió dentro de él y había limpiado el desastre que dejaron en la bodega. —Ya nos íbamos —Dijo Max buscando una forma de escapar. —Ustedes no van a ningún lado —Comenzó Kamui con una voz seria pero nerviosa —Tienen mucha suerte de que fuera yo y no alguien más. Sino estarían expulsados. Los dos se miraron el uno al otro, estaban muy avergonzados. Incluso Max se puso colorado al escuchar todo eso, y Sergio se sonrojo un poco, y sus mejillas ardieron. Era cierto que había obtenido cierta fascinación en satisfacer sus necesidades sexuales en lugares poco apropiados, pero la adrenalina venía acompañada de riesgos. Y lo habían arruinado. —¿No se cansan de meterse en problemas? —El entrenador continuo hablando —Son los únicos que hacen escándalo porque una chica le hablo al otro, porque llegan tarde y ahora por exhibicionistas —Kamui intentaba no levantar demasiado la voz —Espero que no lo hayan hecho en mi casa. —No, eso jamás —Sergio se apuro en responder —Nunca haríamos algo así en su casa, y mucho menos expondríamos a Yuki de esa manera. Solo fue una tontería que se nos ocurrió. —Castigueme a mi, yo incite todo esto —Max se colocó enfrente de su novio, mirando fijamente al entrenador. —Los castigaré a ambos y limpiarán este lugar—Comenzó Kamui —Sergio, tú serás responsable de tener todo listo y ordenado para la clase de mañana temprano. Max, limpiaras todo por la tarde —Odenó —No los volveré a castigar juntos. Ya aprendí de mi error. Los jóvenes se marcharon ante la mirada atenta de su entrenador. Los helados se habían derretido y ninguno de los dos merecía ser premiado por sus comportamientos. —Pensé que nos iban a expulsar —Dijo Sergio mientras se comenzaba a desvestir para meterse a la ducha y limpiar su cuerpo de sus travesuras. —Solo espero que no crea que siempre somos así —Respondió Max imitándolo. —Ya no más tonterías —Advirtió el pelinegro cuando sintió el cuerpo de su pareja muy cerca del suyo y el rubio asintió.  Al día siguiente, Max se despertó sintiendo mucho asco y fue incapaz de cocinar algo para el desayuno. Como Sergio debía arreglar el aula antes de la clase, decidieron que era mejor irse al instituto y desayunar algo ligero en el comedor. Llegaron y el pelinegro no pudo comer, pues necesitaba terminar el asunto del aula y no perder más el tiempo. Max se quedó junto a Lewis y Charles en la mesa, quiénes se preocuparon al ver su aspecto. —No sé por quién preocuparme más —Comenzó Charles —Si por ti, que parece que quieres golpear a medio mundo. O por Sergio, quien tiene una enorme marca en el cuello. —Como si no supieras cómo la obtuvo —Se burló Lewis. —Siento que voy a vomitar —Dijo Max tallándose los ojos con las manos y sus amigos pusieron una expresión de asco. “¿Viste su cuello?” escuchó a alguien murmurar y se giró para intentar encontrar a quién había mencionado eso. —¿Al menos ya tomaste algún medicamento? —La voz de Charles lo regresó a la realidad. —¿Alguien escuchó eso? —Preguntó el rubio —Desde ayer siento que las personas me observan demasiado. Pensé que era paranoia, pero ahora lo puedo confirmar. —Sinceramente no hablo con nadie más que con ustedes —Respondió Lewis —Pero si quieres que pregunte o investigue si están hablando sobre ti, no tengo problema en hacerlo. —Pero, ¿Qué podrían estar hablando de mí? —Max pronto se mostró inseguro. No conocía a nadie más que a sus amigos y a su novio, y temía dar una mala imagen al resto de sus compañeros. —Que eres un celoso y un presumido —Se burló Charles —Como quisiera que Logan estuviera aquí. —Intentaré convivir con otros para saber de lo que están hablando y así puedas estar más tranquilo —Habló el Moreno volviendo a la conversación —De mientras toma algo para el dolor. Por otro lado, en el aula Sergio se encontraba acomodando todo para preparar la clase de esta mañana. Fue entonces cuando la puerta se abrió y pensó que se trataba de su novio. Así que estuvo a punto de protestar para que se fuera y no lo regañaran. —Buenos días —Una voz familiar lo hizo girarse. —¿Qué haces aquí tan temprano? —Preguntó Sergio ignorando su saludo. —Yo estoy bien gracias por preguntar —Respondió Doriane con cierta burla y entonces vio la marca en el cuello —¿Qué te paso? Sergio se acomodó la ropa sintiéndose incómodo por la mirada acusatoria de su amiga. —Nada. —¿Nada? —Repitió la rubia —Tienes la marca de una mordida en el cuello ¿Y dices que es nada? —Es algo privado —Insistió el pelinegro con cierta molestia. Doriane pronto se dio cuenta de que esa no era la manera de acercarse Sergio y de seguir así solo lo iba a espantar. —Perdón, no fue mi intención ser maleducada —La rubia mostró una sonrisa amable y pronto fue correspondida —¿Quieres que te ayude en algo? Sergio iba a protestar para que se fuera no quería que el entrenador Kamui se molestara con él por recibir ayuda. Pero esa mañana se había estado sintiendo especialmente mal. No sabía lo que tenía, pero se sentía un poco cansado y mareado. Sin embargo, no dijo nada para no alertar a su pareja, que de por sí la estaba pasando mal. Doriane comenzó a ayudar a Sergio a arreglar todas las cosas. Lo miraba de reojo para ver su estado de ánimo y asegurarse de que estuviera bien. Sergio sintió como la vista se le nublaba un poco y se recargó en una de las dianas, tirando algunos objetos en su camino. —Ugh... —Fue lo único que pudo salir de su boca. Era como si el peso se estuviera moviendo y las luces fueran extremadamente brillantes como para tener los ojos abiertos. —¿Qué te pasa? —La rubia se acercó a él rápidamente y lo tomó de los brazos para evitar que se cayera —Háblame Sergio, dime qué tienes. En su voz escuchaba una clara preocupación, temía que sus sospechas fueran ciertas y que sus consejos no llegaran a tiempo. —No me siento bien —Confesó el pelinegro —Necesito sentarme. —Tenemos que ir al médico —Dijo Doriane y Sergio negó con la cabeza —No te estoy preguntando, estoy diciendo que vamos a ir al médico. El pelinegro respiró hondo hasta que se calmó un poco. —Me mareé porque no he desayunado, eso es todo —No sabía a quién de los dos intentaba convencer, si a Doriane o a sí mismo —Al menos yo terminé con esto, ayúdame a llegar al comedor y verás cómo me voy a reponer. La rubia negó con la cabeza, no podía creer lo necio que era su amigo En el comedor ante la atenta mirada el novio de este. Doriane admitía que Max la intimidaba bastante. La simple idea de que él fuera un tipo violento la asustaba y por eso quería ayudar a Sergio. El pelinegro era muy dulce, ¿Cómo se atrevía Max a lastimarlo? Pero ahora estaba más que preocupada. Sergio podría estar mal por dos cosas: La primera, algún mal golpe recibido por Max. Y la segunda, bueno, para eso necesitaba más que solo una amplia imaginación. 
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