Alguien que conocí
22 de diciembre de 2025, 18:52
Doriane no dejo de observar a Sergio durante toda la clase. Podía notar que se sentía mal pero lo fingía muy bien.
Max tampoco era ciego, sentía que algo estaba mal. Pero su propio malestar lo hizo creer que solo eran ideas suyas.
Sin embargo, todo empeoró cuando la clase termino y Kamui no le permitió irse con su novio, el cual ansiaba llegar a casa para descansar.
—Sabes qué línea tomar ¿Verdad? —Pregunto el rubio mientras veía como su novio guardaba sus cosas.
—No te preocupes, no voy a perderme —Sergio se giro y le dió un corto beso en los labios.
—Mejor ve a la florería de mamá —Insistió Max tomando su mano —Te veré ahí en cuanto salga.
El pelinegro negó rápidamente.
—No puedo verla a los ojos después de lo que pasó.
El rubio le había contado vagamente el tema del vídeo y la reacción de Sophie, claro que ninguno de los dos había tenido el valor de visitarla después de eso.
—Bien, pero llámame por cualquier cosa —Max finalmente cedió.
Ambos se despidieron con un corto beso antes de que el pelinegro se marchara buscando no encontrarse con alguien en su camino.
Para su mala suerte, Doriane lo estaba esperando en la entrada.
—Vámonos —Dijo la joven tomándolo del brazo hasta casi arrastrarlo a un taxi.
—Espera, ¿Qué haces? —Sergio rápidamente se zafó de su agarre.
—Iremos con un doctor para que te revise —Explicó —No puedes dejarlo pasar, no más. Hoy casi te desmayas.
—Pero no paso —Se defendió.
—¿Y que hubiera pasado si te desmayabas sin nadie cerca para auxiliarte? —Señaló, tenía un buen punto —No es momento para fingir que todo está bien. No sé lo que está pasando en tu vida privada, pero no me mantendré al margen con este tema.
—Casi me desmayo porque no he comido nada en todo el día —Insistió Sergio —Déjame ir a casa, necesito descansar.
—Primero al doctor y luego a casa, yo te invito a la comida —Propuso.
El pelinegro suspiro pesadamente, sabía que ella no se rendiría.
—Bien, iremos pero después de eso me dejaras en paz —Sergio no se andaba con juegos, no le gustaban las intromisiones.
Doriane no tuvo más opción que aceptar.
Quizá Sergio no querría volver a hablarle, pero al menos se quitaría esa duda que venía rondando en su cabeza.
Subieron al taxi y se dirigieron al lugar, sin saber que muchas cosas cambiaran ese día.

Max se sentía un poco mejor después de un día lleno de náuseas. Todavía no podía entender Qué era lo que le había hecho tanto daño.
Continuó limpiando todo, acomodando cada cosa en su lugar, mientras contaba los minutos para poder salir huyendo.
Pensó en qué debería de hacer para alegrar más a su pareja. Lo había visto sumamente agotado, así que quería levantarle los ánimos.
Decidió que esa noche prepararía una cena romántica, así que llamó a su suegro para preguntarle cuál era la comida favorita de Sergio.
Se sentía mal al no saberlo, ¿Acaso era un mal novio por eso?
Sin embargo la respuesta de Don Toño no llegó. Había estado muy ocupado y no pudo atender el teléfono.
Pero eso no lo detendría, haría la mejor cena para su amorcito y procuraría que lo pasarán bien.
Así que decidió pasar al súper antes de irse a casa. Pero primero debía limpiar todo o si no tendría problemas.
No quería hacer enojar a Kamui y mucho menos generar más malentendidos.
Sabía que la situación en la que los encontró no era exactamente un malentendido, pero no quería que pensara que hacían eso todo el tiempo.
Aunque sería un mentiroso si dijera que no le gustaría hacer eso todo el tiempo.
Le daba vergüenza exponer sus intimidades de esa forma. Aunque al principio lo encontró divertido, ahora sabía que tenían que ser más cuidadosos.
Principalmente si quería que los dejaran seguir viendo al pequeño Yuki.
Porque sentía que ese niño se estaba volviendo a su adoración.
Así que continuó limpiando para acabar rápido, pero también dejarlo impecable.
Tomaría una foto y se la mandaría a Kamui para demostrar su responsabilidad con las tareas dadas.
Quería ser tomado en serio por todos, empezando por su entrenador.
Pero, principalmente, quería demostrarle a Sergio que él se toma en serio su relación y que tampoco dejaría pasar detalles bonitos como lo que haría esa noche.
Y si bien sus planes estaban más que perfectos, pronto recibió un mensaje que lo puso nervioso.
“Ven a verme, no seas un mal hijo :(
—Mamá”
No quería verla.
Le daba miedo.
¿Y si le decía algo sobre el vídeo?
¿Con que cara la miraría?
Sin embargo, sabía que resistirse solo iba a provocar la molestia de su madre y una inevitable visita a su departamento.
Suspiró visiblemente frustrado, tendría que ir a verla sí o sí.
Pues no quería que se presentará en su departamento e incomodara a su novio con “La charla” una vez más.

Sergio y Doriane esperaban la llamada del doctor, pues ese día estaba ocupado y debía encontrar un espacio para atenderlo.
Cuando finalmente dijeron el nombre del pelinegro, una extraña sensación de nervios se apoderó de su cuerpo.
Una cosa es saber que no estás bien, otra muy diferente es escucharlo de un experto.
Tocaron la puerta y escucharon "Adelante" de una voz muy madura.
—Buenas tardes —Dijo Doriane y le dio un pequeño golpe al pelinegro para que hiciera lo mismo.
—Buenas tardes, doctor —Sergio la imitó.
El hombre se levantó de su asiento para saludarlos.
Era viejo, algo calvo y barrigón.
—Soy el doctor Helmut Marko —Se presentó —Un placer conocerlos jóvenes, supongo que mi cita es contigo, ¿Verdad?
La rubia negó rápidamente con la cabeza y señaló a su amigo.
Entonces el semblante del hombre cambio.
Sabía lo que eso podía significar.
De hecho, cuando los invito a sentarse y regreso a su lugar, no pudo evitar comparar a aquel joven con aquella fotografía en su escritorio.
—Sergio no se ha sentido bien, hace unas semanas presento unos dolores abdominales —Comenzó la joven al notar que su amigo no quería hablar —Unos dolores comparables a los cólicos menstruales.
El doctor Marko suspiro pesadamente.
—¿Tu pareja es hombre o mujer? —Pregunto con la seriedad que lo caracterizaba.
Sergio miró a su amiga y ella asintió.
—Tengo un novio.
El hombre apunto en su libreta mientras fruncía el ceño, parecía molesto.
—¿Han tenido relaciones sexuales? —Esa pregunta solo hizo que el joven se pusiera colorado —Tienes que ser honesto, sino no podremos avanzar.
Sergio asintió tímidamente.
—Hoy estaba apunto de desmayarse —Doriane volvió a tomar la iniciativa y el pelinegro le dio un ligero golpe en el brazo para llamar su atención.
—¿Has tenidos mareos? —Continuo el doctor y Sergio asintió —¿Vómito? ¿Asco?
Entonces negó.
—Yo no.
—¿Tú no? —El pelinegro volvió a negar —¿Alguien más si? —De nuevo asintió, y Marko tuvo miedo al preguntar —¿Tu novio?
—Sí —Respondió Sergio, quizá eso lo ayudaría a salir de ahí.
Pues creía que alguno de los dos, sino ambos, habían pescado una infección.
—Esto solo lo he leído en Manhwas —Susurró su amiga.
—¿Has notado algún cambio en tu cuerpo? —Helmut necesitaba confirmar sus sospechas —Aquí dice que tienes 18, ¿Hace cuanto cumpliste la mayoría de edad?
—Hace unos meses —Respondió el pelinegro y se detuvo un momento antes de continuar —Y bueno, sobre lo otro... —Entonces bajo la mirada sumamente avergonzado —Quizá haya algo.
—¿Qué cosa? —Al doctor Marko no le gustaban los rodeos.
—Bueno, cuando mi novio y yo... —Sergio sentía sus mejillas arder —Ya sabe... Resulta extraño, pero ya no necesitamos... ajá.
El pelinegro también era consciente de la situación extraña con su lubricación. El hecho de que estuviera listo para su novio y ni siquiera habían comenzando sus juegos calientes.
—Habla claro —Helmut miraba la fotografía de vez en cuando.
—Cuando tenemos sexo... Ya no necesito que me lubrique —Confesó el pelinegro sumamente avergonzado y tapándose el rostro con las manos.
—¿Qué? —Doriane no pudo evitar sonrojarse al escuchar esto.
—Mira Sergio, tendremos que hacerte unos análisis de sangre —Helmut mantuvo una voz serena al notar lo tenso que se puso —Tranquilo, es solo para descartar cualquier cosa.
No estaba dispuesto a darle más información de no ser necesario. Primero quería su cooperación.
—¿Cuánto me costará? —El pelinegro no solo tenía miedo por su salud, sino también por su bolsillo.
No contaba con mucho dinero y estar enfermo solo le traería más problemas.
—El instituto al que asiste cubre tus gastos médicos, así que en ese aspecto no tendremos ningún problema —El doctor continuo explicando lo que harían, y en todo momento intentaba no levantar sospechas.
Sergio sintió miedo cuando lo llevaron al laboratorio para sacarle las muestras de sangre y casi llora durante todo el proceso.
Tenía mucha hambre, estaba cansado y asustado.
Se sentaron a esperar los resultados, que no tardarían demasiado en llegar. Pues escucho como el doctor Marko le decía al encargado que esas pruebas le eran urgentes.
Esto solo aumento sus temores.
—Bien, déjenme revisar esto —El doctor Marko tenía unos documentos en sus manos, eran los resultados.
Resopló frustrado.
—¿Estoy bien? —El pelinegro volvió a preocuparse después de notar lo tenso que se puso el doctor.
Helmut dejo los papeles aún lado y busco entonar una voz más amigable.
—Señorita, ¿Podría dejarnos a solas? —Pidio el doctor pero Sergio tomó la mano de la joven.
—No, quiero que se quede —El pelinegro sentía que no podría afrontar la noticia solo.
—Esta bien, solo quiero que sepas que tú información médica es confidencial —Le recordó —¿Alguna vez has escuchado sobre los hombres gestantes?
Doriane cerró los ojos al escuchar esto
Había pensado en eso desde la primera vez que Sergio le contó sobre sus dolores y había querido advertirle sobre esa situación.
Sin embargo, ya era demasiado tarde.
—¿De qué habla? ¿Es una especie de broma? —Sergio sonrió incómodamente.
—No es ninguna broma —Helmut habló con firmeza —De hecho, no eres el primer caso que he visto —Hizo una pausa antes de continuar —Es una mutación excepcional, disculpa la palabra, pero es realmente extraordinario. Pocas veces se dan, y lamentablemente es al azar.
—¿Por qué me cuenta todo esto? —El pelinegro se removió en su asiento, quería irse.
—La medicina no ha avanzado lo suficiente para poder descubrir aquello que determina que el hombre si o no podra ser capaz de concebir —Helmut se inclinó hacia adelante de su asiento, quería obtener toda su atención —Cuando digo que esto ocurre al azar, es porque un varón nacido de un varón gestante, no necesariamente puede tener la misma capacidad de concebir. Por ejemplo, tú eres uno de esos casos.
—¿Qué? —Fue lo único que salió de los labios de Sergio.
—No fuiste gestado por un hombre, pero posees la capacidad de embarazarte —Explicó como si fuera lo más común del mundo —Cuando un joven varón llega a los 18 años, su cuerpo comienza a cambiar y se presentan etapas donde el libido es más elevado. No ocurre con todos, porque son pocos los que llegan a ese estado de madurez sexual.
—Es una broma, ¿No? —El pelinegro estaba en negación —Bien, me voy a reír pero ya basta.
—Sergio, esto es real —Doriane apretó su mano ligeramente.
—Estas esperando un bebé —Helmut soltó y ambos jóvenes lo voltearon a ver —Las pruebas de sangre no mienten.
El doctor le pasó los resultados de los análisis y el joven los tomo, pero ni siquiera los miro.
—Ahora debemos hablar de lo que pasará a continuación —El mayor estaba hablando pero el joven no espero y se levantó de su asiento para salir de su oficina —Sergio, espera.
Helmut comenzó a negar con la cabeza al ver como los dos jóvenes se marchaban.
Tomo aquel portaretrato en su escritorio y dio un largo suspiro, acariciando aquella fotografía con sus dedos.
Pedro, su amado Pedro.
El hombre que no pudo salvar.
Por su parte, el pelinegro continuó su camino ignorando los gritos de una Doriane que lo perseguía.
Tomo un taxi y se marchó a casa.
Se sentía mal.
No sabía que hacer o que pensar.
De repente él ya no era él, sino que su cuerpo se sentía diferente desde la noticia y no sabía cómo procesarlo.
Y lo peor, ¿Cómo se lo diría Max?

Max no pudo entrar a la floristería.
Le dio mucha vergüenza tener que enfrentar a su madre y termino yéndose al súper para comprar todo lo de la cena.
No puedo evitar ir a la zona de bebés y también se llevó un beanie de oso panda.
Sus ojitos le recordaba a esos osos.
¿No era Yuki un niño demasiado adorable?
Al final decidió irse a casa y preparar todo.
Cuando llegó Sergio no estaba, así que tenía tiempo para dejar todo listo. Aunque admitía que le preocupaba un poco, sabía que debía dejar de ser tan apegado a su novio por el bien de ambos.
Ya luego le preguntaría dónde había estado.
Guardo el beanie para que Jimmy no jugará con este, y después se puso a preparar la comida.
Al terminar solo se dedicó a poner la mesa y esperar a su novio, quien pronto llegó al departamento.
Cuando un desanimado Sergio entro a su hogar, se llevó la sorpresa de encontrar a su pareja esperándolo con la comida recién hecha.

(Imagen de referencia de este guapo)
—Amorcito, llegaste —Max se levantó de su asiento y junto sus labios en un casto beso —No tuve tiempo de comprar alguna decoración para hacer un ambiente más romántico, perdón.
—Esto es muy lindo, mi león —La voz de Sergio sonaba apagada a pesar de sus intentos de sonar alegre —Gracias.
Esta actitud no paso desapercibida para su novio.
—¿Estás bien? —Pregunto el rubio mientras lo tomaba de la mano —¿Te paso algo?
“No” pensó el pelinegro.
—Si, fui al doctor porque me sentía un poco mal —Comenzó intentando mentalizarse para lo que estaba a punto de decir —Me revisaron, por eso tarde en venir.
—¿Y que te dijeron? —En la voz de Max había un hilo de preocupación— ¿Estás enfermo?
—Me dijo que debía descansar más, que estaba muy estresado —Mintió.
—Entonces relájate y come, mi amor.
El rubio lo llevo hasta la mesa y lo hizo sentarse mientras le servía de comer.
Sergio lo miraba con atención, observando su sonrisa e intentando pretender que está igual de bien.
Pero estaba muy preocupado.
Max le había dicho que quería hijos a su debido tiempo y ellos seguían siendo muy jóvenes.
Le aterraba la idea de estar arruinando su vida.