Instinto paternal
22 de diciembre de 2025, 18:52
Habían pasado un par de días después de recibir la noticia y Sergio no había compartido nada con su pareja.
Era extraño para él poder procesar la noticia.
Sabía que tenía que contarle la verdad a Max y sería mejor hacerlo antes de que se entere por alguien más.
Aunque Doriane le había prometido no decir nada, temía que hablara en cualquier momento. Pues se mostraba preocupada cada vez que llegaba al instituto.
Y, cuando su novio no estaba, a veces se paraba frente al espejo y miraba su abdomen todavía plano.
Comenzó a hacerse ideas, pero pronto se bajó de esa nube.
Todavía no sabía cómo iba a decírselo.
Solo tenía en claro que no debía pasar de ese fin de semana.
El doctor Marko lo había estado llamando y él prometió devolverle la llamada, aunque no pensaba hacerlo.
Era viernes y quería un fin de semana tranquilo sin ninguna preocupación.
Pero comenzó a sentir los mareos y casi se desmaya en el departamento, lo cual lo preocupo por la salud de su bebé.
Salió con la excusa de ir al super por algo rápido. Max no quería dejarlo ir solo, pero él insistió.
Tomo el camino contrario al súper.

—Me alegra verte de nuevo —Dijo Helmut apenas lo vio entrar —Espero que entiendas la situación en la que te encuentras.
El pelinegro se miraba impaciente.
—¿Tiene idea de cómo me siento? —Sergio se apresuró en hablar, el doctor ya esperaba esa reacción —Tengo 18 años, 18. Mi novio y yo somos muy jóvenes, ni siquiera he podido decírselo.
El mayor suspiro algo cansado.
—Olvida eso por un momento —Comenzó —Ese día que te fuiste, todavía tenía más por decirte —El más joven se tensó —Un embarazo de un hombre gestante no es igual al de una mujer.
—¿En qué sentido? —El pelinegro temió preguntar, pero aún así lo hizo.
Helmut se acomodo en su asiento mientras intentaba encontrar una voz más amable en su interior.
—La amenaza de aborto es alta —Finalmente habló —Y también puede ponerte en riesgo.
Instintivamente, Sergio coloco su mano sobre su vientre.
—Por eso quiero hacerte está pregunta —Marko continuó —¿Deseas continuar con el embarazo? ¿O prefieres interrumpirlo? —Sergio se quedó en blanco por un momento —Puedo llamar a tus padres para que estén contigo, pero la decisión siempre estará en tus manos.
El pelinegro comenzó a acariciar su vientre mientras intentaba pensar en que responder.
Tragó en seco y levantó la mirada, pero sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—Yo quiero ser padre —Comenzó —Pase el último mes llorando porque quería tener hijos —Entonces sonrió amargamente —Si lo interrumpiera, ¿Tendría complicaciones?
El doctor asintió.
—Como te lo he dicho, sabemos muy poco sobre los hombres gestantes —Helmut miró la fotografía en su escritorio —Y la mortalidad de ellos llega a ser alta en un embarazo. Interrumpir es renunciar a esa posibilidad.
Sergio ahora cubría su vientre con sus brazos.
—¿Quiere decir que quizá no vuelva a quedar embarazado? —Soltó el pelinegro y el doctor volvió asentir.
—En ambos casos corres un riesgo —Señaló —Por solo uno de ellos te puede quitar la vida.
El joven comenzó a jugar con sus dedos, sintiéndose muy nervioso y ansioso.
Le aterraba la idea de morir, pero no sabía si podría renunciar a la idea de ser padre.
Necesitaba tiempo.
—¿Podría darme unos días para pensarlo? —Pregunto casi en un ruego y Helmut asintió —Le daré una respuesta cuando esté listo.
Sin más, Sergio se levantó de su asiento y camino hacia la puerta del consultorio.
Cada paso se sentía tan pesado. Cómo si llevara una enorme carga sobre él.
Su mente se sentía cada vez más distante de su cuerpo. Se ahogaba solo porque no era capaz de pedir ayuda.
Ya era difícil estar en esa situación, no quería que su novio pasará por lo mismo.
Prefería cargar solo con todo eso, en lugar de colocarlo en una situación tan complicada.
Había visto su reacción cuando pensó que los separarían. Sus emociones siempre habían sido mas intensas que las suyas.
Max siente demasiado y por eso necesitaba protegerlo.
¿Pero quién protegía a Sergio?

Max estaba terminando de preparar todo para ese fin de semana.
Kamui le había pedido cuidar a Yuki ya que estaría ausente por sus clásicos viajes.
Ese sábado les pidió verse en el parque cercano a su casa, pues había planeado una cita de juegos para Yuki ya que era un niño muy solitario.
Debía incentivar la convivencia con otros niños, y esa era la misión del día.
La pareja de enamorados caminaban tomados de las manos mientras que buscaban a su entrenador con la mirada.
Vieron a Kamui sentado en una banca y el cochecito del bebé al lado.
El mayor les hizo una señal para que se acercarán pero que también guardarán silencio.
Yuki estaba profundamente dormido.

(Imaginemos cosas chingonas)
S
ergio lo observó con detenimiento. Era un niño tan perfecto a sus ojos.
—Jenson no ha llegado, me temo que ustedes tendrán que esperarlo por mí —Dijo Kamui mientras se acercaba a su hijo y acariciaba su mejilla —No le quiten el chupete. Ya no debería usarlo, pero no quiero que muerda al hijo de mi amigo.
—¿Ya se va? —Pregunto el joven pelinegro al verlo levantarse del banco —Yuki llorará si despierta y no lo ve.
—Se me está haciendo tarde, y Yuki lloraría más si me voy cuando está despierto —Explicó y se despidió de ellos con un saludo de mano.
Los jóvenes se sentaron en el banco y Max comenzó a jugar con los deditos del bebé.
—Mira que pequeños son —Susurró el rubio —Es tan bonito.
El pelinegro sonrió al ver esto.
Max realmente sería un gran padre.
No sabía si era el momento adecuado, pero tenía que decirlo.
—Amor, hay algo de lo que me gustaría hablar —Comenzó el pelinegro pero en ese momento Yuki despertó y al verlos supo lo que significaba.
El pequeño comenzó a llorar por la ausencia de su padre. Pataleando sobre el carrito y tirando su frazada.
Sergio se apuro en recoger el objeto del suelo y Max no dudo en cargar al pequeño para comenzar a arrullarlo.
—Ya bebé, no llores —Repetía el rubio una y otra vez, con una voz tan dulce que derretía el corazón de su novio —Mi bebé, todo estará bien.
En ese momento el pelinegro se puso nervioso.
—¿Qué dijiste? —Pregunto rápidamente pero una voz desconocida los interrumpió.
—Hola, ¿Ustedes son Sergio y Max? —Un hombre de cabello castaño y ojos claros se acercó a ellos —Soy Jenson Button, amigo de Koba, él me dijo que están a cargo de Yuki.
—Así es, soy Sergio y él es mi novio Max —Dijo Sergio levantándose —El pequeño Yuki acaba de despertar de su siesta.
Yuki se abrazaba al cuerpo del rubio, hundiendo su cabecita en su cuello.
—Oh, él es el mi pequeño Pierre —Jenson señaló a su hijo, quien se encontraba jugando con sus lentes de sol.

—Pero si eres una lindura —El pelinegro se agachó para estar a su altura —¿Te gustan los autos?
—Vromm vromm —Respondió el pequeño mientras empujaba su cuerpo para intentar avanzar con su cochecito, pero su padre se lo impedía al sostenerlo.
—Es un gusto en conocerlos —Max finalmente habló, ya que de había empeñado en tranquilizar al pequeño —Mira Yuki, es tu amigo Pierre.
—No, ellos no se conocen todavía —Señaló el mayor —Es la primera vez que Koba acepta una cita de juegos para los peques.
—Entonces deberían conocerse —Dijo Sergio y Max bajo al pequeño Yuki, quien se acercó al cochecito y tocó una de las luces.
Pierre bajo gracias a la ayuda de su padre y se acercó al más pequeño.
Los dos se miraron por un momento, como si estuvieran esperando a que el otro hiciera algo.
Fue entonces que Yuki se quitó el chupete y se lo ofreció a Pierre.
Los mayores comenzaron a reírse ante esa acción. Pero Pierre respondió ofreciéndole los lentes de sol.
—Pierre, saluda a Yuki —Dijo Jenson y el pequeño se acerco al niño y le pego un beso en la mejilla.
Para sorpresa de todos, Yuki lo imitó y le dio un beso en el mismo sitio.
Si bien los dos niños eran cariñosos cuando tomaban confianza, Pierre era más atento y cuidadoso.
Su crianza lo había llevado a ser más aventurero pero también empático.
A sus tres años le gustaba correr, jugar y brincar.
Amaba hacer reír a los demás y dar muestras de cariño hacia los más pequeños
Mientras que Yuki era un poco más retraído con extraños, principalmente otros niños.
A pesar de tener dos años y medio, seguía tomando biberón y usaba chupete.
Además, no podía correr a la misma velocidad que otros pequeños de su edad debido a sus piernas algo débiles.
Se mostraba más vulnerable en el sentido emocional y más frágil físicamente.
Y era pequeño, más bajito que otros niños, lo cual le servía para esconderse pero lo hacía parecer menor a la edad correspondiente.

Los pequeños estaban jugando bajo la supervisión de Max, quien gustaba de estar en compañía de los bebés.
No iba a mentir.
Si bien Pierre había mostrado afecto al pequeño Yuki, Max todavía no confiaba en él.
Temía que lo mordiera, golpeara o lastimara de alguna manera.
A sus ojos, ese niño era una extraño con mayor altura y fuerza que Yuki. No lo dejaría solo con él.
—Parece que se llevan bien —Comenzó Jenson mientras miraba a los peques —Max es realmente bueno con ellos.
Sergio sonrió orgulloso.
—Sí, ama mucho a Yuki —Respondió —Me alegra que Kamui lo haya contratado para cuidarlo. Le ha servido mucho para aprender sobre los bebés.
Jenson se acomodó en su asiento visiblemente nervioso.
Respiró profundo y tuvo la valentía de hablar.
—¿Puedo preguntarte algo? —El mayor mostraba una seriedad ajena a como había llegado esa mañana, así que el joven asintió —¿Cómo has visto a Koba?
El pelinegro no entendía la pregunta.
—¿A qué se refiere?
—¿Lo ves bien? ¿Su actitud como ha sido? —Comenzó a bombardearlo con preguntas —¿Lo ves alegre o triste?
—Lo veo normal, como siempre ha sido —Sergio se apuro en hablar —Nos da clases entre semana y tiene sus viajes de trabajo.
Jenson suspiró pesadamente.
—Es que hace tiempo que no lo veo —Continuó el mayor —Se está escondiendo de mí. Ya ni siquiera llega al grupo de apoyo.
—¿Grupo de apoyo? —Repitió el pelinegro.
El castaño negó con la cabeza y se acomodo de nuevo en su asiento.
—Olvídalo —Pidió y Sergio no insistió más.
De pronto escucharon algo que llamo la atención de ambos.
Yuki se había tropezado y caigo. Aunque no había lesión física, el susto lo puso a llorar.
Max lo abrazaba para reconfortarlo.
Pero el bebé no quería ser cargado, y pronto fue dejado en el suelo.
Entonces Pierre se acercó a él y lo abrazo para intentar calmarlo.
Sorprendentemente funcionó y correspondió a su abrazo, regalando una linda y conmovedora imagen.
Siguieron jugando mientras los mayores los vigilaban. Esta vez sin accidentes.
Llegó la hora del almuerzo y Pierre intento convidarle a su nuevo amigo de su comida, pero Yuki solo tomaba biberón.
Había hecho un avance con la comida de la cafetería, pero no podían hacer nada si Kamui solo les daba biberón al pequeño.
Mientras el padre no cambiará el alimento del niño, este seguiría aferrándose a la comida que se le daba.
Los mayores también comieron y aguantaron la risa cuando notaron que los pequeños se quedaron dormidos el uno junto al otro.
Jenson levantó a su pequeño y llamó un taxi para poder irse, había terminado la cita de juegos.
Por su parte, Max quería hacer uso de la cangurera del bebé. Así que acomodó a un adormilado Yuki y lo llevó cargando pegado a su pecho.
Comenzaron a caminar hacia la casa de Kamui. Pues sabían que el bebé necesitaba dormir en sus horas adecuadas.
Ambos jóvenes conversaban sobre la cita de juegos. Les emocionaba lo feliz que había sido el pequeño Yuki.
Se notaba lo mucho que necesitaba convivir con otro niño. Y, por suerte, ese otro pequeño era Pierre.
Ese bebé había demostrado tanta paciencia con un niño que tenía fascinación por morder.
Pero un vínculo se había creado entre ambos esa misma mañana.
Cuando llegaron a la casa Sergio se sorprendió al ver unos ojitos curiosos observándolo detenidamente.

Yo que se había levantado pero no había hecho ningún ruido para alertarlos.
Entraron al lugar y comenzaron a dejar todo lo que llevaban encima.
Max sacó al pequeño de la cangurera y se lo dio a su novio para que lo cargara en lo que guardaba todo.
El rubio no se había percatado de que su pareja había estado evitando cargar al bebé durante todo el día.
Si algo era cierto, es que Sergio se había vuelto un poco paranoico respecto al tema de su embarazo.
Como el doctor Marko le había dicho que había posibilidades de que su embarazo fuera de riesgo, intentó no hacer mucho esfuerzo y eso incluía no cargará al pequeño.
Así que rápidamente sofá para no aguantar todo el peso del bebé por si solo.
Si bien había dicho que se tomaría unos días para pensarlo. Sentía que la decisión estaba tomada desde hacía mucho tiempo.
Sergio siempre quiso ser padre y no estaba dispuesto a renunciar a ese sueño.

Nota: Vamos a medio camino 🤠