Operación mamá
22 de diciembre de 2025, 18:52
Sergio había logrado que Yuki se sentará a ver dibujos animados. Pues el pequeño siempre quería estar en sus brazos.
Había decidido hablar primero con Marko para confirmarle su decisión y después se lo haría saber a Max.
Quería preparar algo especial para ese momento.
Además, no podía soltarle una noticia de esa magnitud. No como si fuera nada.
Había mucho que explicar y esperaba que lo pudiera entender.
Así que decidió continuar con su día a día, se levantó del sofa y vio a su novio revisando en la cocina.
—¿Qué pasa?
El rubio suspiro pesadamente antes de hablar.
—¿Notaste lo de Pierre? —Sergio lo miró con confusión —Él no toma leche, sino que realmente come bien. Yuki apenas ha probado comida real y Kamui solo tiene formula para darle.
—Es un hombre ocupado, lo sabes bien —Dijo mientras acariciaba sus brazos para relajarlo —No estamos en posición para juzgar su crianza.
—Si lo estamos —Continuó —Cuidamos de Yuki y parece que somos los únicos que nos preocupamos porque crezca sano y fuerte.
—Maxie, Yuki no es nuestro hijo —Le recordó —No tenemos ningún derecho sobre él. Kamui hace lo que puede. Si realmente no le importará, entonces lo hubiera dejado en una guardería. Así sin más.
—Solo no quiero que se sienta abandonado —Confesó.
Entonces Sergio se animó a preguntar.
—Pasa algo más, ¿No?
A Max le daba un poco de vergüenza afrontar la situación.
¿Cómo le podría decir a su novio que se sentía reflejado en un niño de menos de 3 años?
—Deberíamos ir a comprarle papillas o verduras para darle de comer —Continuó el rubio cortando toda posibilidad de tocar aquel tema —Si Kamui no quiere darle de comer apropiadamente, nosotros empezaremos a hacerlo.
El pelinegro se acercó a él y lo abrazó.
Le daba un poco de tristeza el hecho de que su novio no terminara de confiar en él como para contarle aquello que le estaba afligiendo en relación al pequeño.
Pero sabía que debía darle tiempo.
Max vive sus emociones por etapas, algunas más intensas que otras.
Así que le dio vía libre para terminar aquel tema y empezar a abordar uno que le dejó con muchas dudas esa mañana.
—Maxie, Jenson me dijo algo muy curioso esta mañana —Comenzó apenas corto el abrazo —Me preguntó sobre la salud del entrenador y luego mencionó un grupo de apoyo.
Esto último alertó al rubio.
—¿Un grupo de apoyo? —Repitió y su novio asintió —¿Qué clase de grupo?
—No lo sé, no me dio la oportunidad de preguntar algo más —Explicó —Simplemente corto la conversación, supongo que debe ser algo muy personal.
—El entrenador no compartiría esas cosas con nosotros —Señaló Max —Pero ahora me preocupa si eso afecta a Yuki.
Sergio suspiró pesadamente.
—No te lo dije para que te preocupes por Yuki —Dijo mientras tomaba su mano —Él es un niño fuerte y decidido. Además, no está solo. También los tiene a nosotros ¿No?
Max sonrió.
—Pero, ¿Crees que deberíamos preguntarle algo al entrenador? —Preguntó y su novio asintió —Será una pérdida de tiempo. Si es algo muy personal, no lo dirá.
—Solo espero que no sea muy malo.

La pareja de enamorados caminaba por los pasillos empujando un carrito de compras.
Habían ido al súper para comprar algo de comida para el pequeño Yuki.
El bebé iba en el carrito jugando con un cochecito que el rubio quería comprarle.
— Deberíamos comprarle mitad de frutas y mitad de verduras —Propuso el pelinegro y su novio asintió —Así tendrá una comida equilibrada.
Entonces el más alto tomo una bolsa pequeña de chucherías variadas.
—Mira estos dulces, no están tan caros —Dijo mostrándolos y el bebé intentaba agarrarlo de sus manos.
—No podemos comprarle dulces, quedamos que solo comida saludable —Señaló Sergio intentando quitarle la bolsa pero el rubio se movió para evitarlo.
—Un dulcecito al año, no hace daño —Se excuso mirándolo fijamente como si estuviera rogando con la mirada.
Sergio suspiró y finalmente asintió.
—Bien, pero solo uno —Fingió molestia,Aunque en el fondo le daba mucha ternura su forma de actuar.
—Ganamos —Susurró Max para después darle un pequeño beso en la mejilla al bebé.
Yuki alzó sus bracitos pidiendo ser levantado de la silla, se había animado a ir en los brazos de Max.
Poco sabía el rubio que eso era parte de un plan malvado que venía elaborando desde que aprendió que robar estaba mal.
“¿Cómo se atravia Max a besar a su mamá?”
Era lo que pensaba el pequeño Yuki.
“Papi Kamui y mami Sergio serían más felices si Max no estuviera en medio”
El pequeño solo quería tener una familia. Le agradaba Max, pero su papá es su papá.
Así que tomo el cochecito de juguete que el rubio le había dado y logro esconderlo en bolso de su sudadera.
Todavía venía en su empaque y claramente sobresalía de la tela.
—Bien, vayamos a la caja —Dijo Sergio mientras caminaba empujando el carrito.
El rubio estaba demasiado distraído como para darse cuenta de lo que estaba pasando.
—Cuando lleguemos a casa te daré una paleta —Prometió Max para después darle otro beso en la mejilla.
De pronto Sergio se detuvo.
—Quiero jalea de uva con mantequilla de maní —Confesó el pelinegro antes de comenzar a caminar en búsqueda de lo que quería.
Ya estaban en la fila para pagar y eso ponía nervioso al rubio. Se había quedado con un bebé en brazos y una docena de papillas.
Sergio se apresuró en llegar al pasillo donde encontraría una gran variedad de mermeladas y comenzó a buscar con la mirada aquella que solía comer de niño.
Entonces la encontró, pero estaba muy arriba en el estante y no tenía ánimos de querer estirarse.
—Déjame te ayudo —Una voz familiar se hizo presente bajando aquel frasco tan deseado —Aquí tienes, bonito.
Nico sonrió con amabilidad, pero el pelinegro se incómodo ante el apodo cariñoso.
—Muchas gracias —Respondió tomando el frasco en sus manos —Ya debo irme.
Sergio comenzó a caminar discretamente.
No quería parecer grosero.
—¿Hoy también estás cuidando a Yuki? —Pregunto Nico llegando a su lado —Es que quiero saludarlo. Kamui rara vez lo lleva al instituto.
Entonces al pelinegro se le ocurrió una idea.
—¿Hace cuánto conoces a Kamui?
—Casi un año, ¿Por qué? —A Nico también le pareció interesante su curiosidad.
—Nada, es solo que Jenson me preguntó algo interesante —Comenzó intentando buscar las palabras adecuadas —Sobre un grupo de apoyo.
En ese momento Nico suspiró.
—Si, supongo que lo dejo —Respondió el rubio —Es un tema muy personal, no deberíamos hablar de eso.
Fue entonces que llegaron a la caja y Max los vio llegar.
Su expresión cambio rápidamente.
Odiaba como Nico se sentía con la confianza de acercarse demasiado a su novio.
—Hola —Dijo Max a secas cuando lo tuvo enfrente —¿Qué quieres?
—Maxie... —Sergio lo regañó.
—Hola Yuki —Respondió Nico ignorando su pregunta —Cuídate mucho, bebé —Le hizo unos mimos al niño y antes de irse se giro para ver a Max — Adiós.
Su fría y dura despedida era igual de amenazara que su pregunta.
Había un cambio en Nico desde ese frío sábado.
Resultado de los rumores que llegaron a su persona sobre una pareja que estaba siendo el blanco de chismes de la institución.
Creía que, si eso era verdad, él debía salvar a Sergio de su violento y posesivo novio.
—Mi amor, avanza —Dijo Sergio haciéndole saber que eran los siguientes en la fila.
El rubio coloco todas las cosas en el mostrador: las papillas y la jalea con mantequilla.
El pelinegro pago y ambos comenzaron a avanzar hacia la salida.
Fue en ese momento que un guardia los detuvo.
—Caballero, ¿Podría prestarme su ticket? —Dijo el hombre y Max acepto sin protestar —Aquí falta algo, ¿Puede sacar lo que sobresale de su bolsillo?
Max dejo a Yuki en los brazos de su novio y metió las manos en su bolsillo, cerrando los ojos cuando sintió el objeto escondido.
—Puedo explicarlo —Comenzó el rubio mientras sacaba el cochecito todavía en su empaque.
—¿Maxie? ¿Por qué no lo pusiste en el carrito de compras? —Preguntó el pelinegro mientras sentía como Yuki se abrazaba a su cuerpo y escondía su rostro en su cuello.
—Lo pagaré, ¿Está bien? —Continuó Max mientras era revisado por el guardia —Yuki lo estaba jugando y pensé que lo había tirado en algún lado. Revisen las cámaras, verá que yo no lo guarde en mis bolsillos.
—Bien, revisaremos —Respondió el guardia y los tres caminaron hacia una habitación donde checaron lo que el rubio decía.
Fue entonces que vieron como el pequeño Yuki había sido quien provocó toda esa situación.
—Bebé, si lo querías solo nos lo hubieras dicho —La voz de Sergio se torno seria —No tienes porque hacer eso, mira el problema en el que estamos.
Las mejillas de Yuki comenzaron a ponerse coloradas, y sus ojitos se llenaron de lágrimas.
No quería decepcionar a mamá.
—No llores, bebé —Dijo Max abrazándolo —Todos cometemos errores, solo debemos aprender de ellos.
—Miren, fue una travesura del pequeño —Comenzó el guardia —Vamos a caja y terminemos con este asunto.
Los jóvenes asintieron y resolvieron todo el problema pagando por el juguete.
Así fue como regresaron a la estación del metro para poder irse a la casa de Kamui.
Yuki no les había dirigido la palabra en todo el camino. Se mostraba muy indignado con ambos.
1. Su plan había salido mal y él quedó como el malo.
2. Max y Sergio se dieron otro beso frente a él, todo se le salía de sus pequeñas manos.
—Bebé, ¿Estarás así toda la tarde? —Pregunto Sergio acercándose a él para verlo, pero el pequeño se giro para evitar mirar su rostro.
—Yuki, mi niño, se te hizo una pregunta —Insistió Max sintiendo como el pequeño se refugiaba en sus brazos —Si no quieres hablarnos, ¿Entonces con quién compartire estos dulces?
Entonces el bebé se giro a ver a Sergio y con los ojitos llorosos se decidió hablar.
—Perdón —Susurró con una voz llorosa.
Sergio se conmovió tanto por esto y en todo el camino a casa lo estuvo mimando para que se alegrará.

Llegaron a casa de Kamui y prepararon todo para darle de comer al pequeño.
A Yuki le encantaba la papilla, le gustaba probar alimentos nuevos.
Y Max estaba muy orgulloso de su pequeño.
—Escuche que hay una pequeña feria —Comenzó el rubio —¿Y si vamos un rato?
—¿No es demasiado ruido para un niño? —Preguntó el pelinegro mientras veía como el pequeño terminaba su comida —¿Y si es la primera vez que va a una? No quiero robarle ese momento a Kamui.
—¿Y se supone que Yuki tenga que esperarlo hasta que él quiera llevarlo? —Reclamó Max pero rápidamente retomo la compostura —Quiero decir, siempre esta encerrado en ese lugar. Vamos.
Sergio no quería creer que estaban mimando a Yuki.
Pero era verdad que el pequeño apenas había visto poco del mundo exterior. Así que accedió.
Y esa tarde baño al pequeño para alistarlo a su salida nocturna. Los tres estaban emocionados.
Llegaron al lugar y había muchos ruidos y movimiento.
Niños corriendo de acá para allá.
Música y juegos.
Probaron unos cuantos para entretenerlo. El pequeño estaba embelesado con tantos sonidos y colores.
Deseaba mucho subirse a aquella atracción de una oruga que servía como un pequeño tren para niños.
Pero por su edad y altura, no podía subir.
Esto entristeció al pequeño pero Max no iba a dejar que ese fuera un recuerdo malo en su infancia.
Así que consiguió ganar un osito de peluche para su pequeño. Alegrandole la noche.
También le compro una paleta y Yuki estaba muy feliz por esto. Pero se molestó cuando vio como Max le daba un beso a Sergio.
Entonces le puso la paleta en la cabeza, haciendo que el caramelo se mezclará con sus rubios cabellos.
Lo tuvieron que quitar con cuidado ya que el dulce se había pegado un poco a su cabello, pero nada que no pudiera solucionarse.
Al final Yuki se fue con tres peluches nuevo, un sombrero vaquero y una pistola de agua.

Al día siguiente, Max se levantó a hacer el desayuno mientras que Sergio seguía dormido abrazando al pequeño.
Yuki tenía la afición de dar patadas al dormir, así que el pelinegro cuidó mucho que no golpeará su vientre durante la noche.
Desayunaron tranquilos mientras esperaban la llegada de Kamui.
Sergio devoraba su pan tostado con jalea de uva y mantequilla de maní. Era muy obvio porque le gustaba tanto, pero Max no le sintió ningún sabor especial como para actuar así.
Pronto limpiaron todo y se pusieron a ver una película, provocando que Yuki se quedará dormido a la mitad de esta.
—Maxie... —Sergio susurro llamando su atención —Eres muy bueno cuidando a Yuki. Le tienes mucha paciencia, eso es lindo.
El halago inesperado solo provocó un rubor notable en las mejillas del rubio.
Max sonrió en respuesta y ambos escucharon la puerta abrirse.
Kanuni iba a saludar pero la pareja de enamorados le hicieron una señal para que guardara silencio.
El mayor se conmovió al ver tal escena. Sabía que su hijo estaba en buenas manos cuando él se iba de viaje.
A los minutos los jóvenes lograron levantarse sin despertar al pequeño. Sergio comenzó a guardar todas sus cosas, dejando el lugar impecable.
Y mientras el pelinegro se preparaba para irse, Kamui llamo a Max para darle su pago y hablar a solas.
—Yuki los quiere mucho —Señaló mientras le daba el sobre con dinero —Eres un joven muy amable, me equivoqué contigo. Todos lo hicieron.
Max se confundió al escuchar esto.
—¿Todos? —Repitió —¿De qué habla?
—De los rumores —Soltó Kamui sin pensarlo —Que eres explosivo... Violento.
El rubio se puso nervioso al escuchar esto.
¿Eso era lo que creían sus compañeros?
—No soy nada de eso —Se apuro en defenderse.
—Lo sé, y lamento mucho haberlo creído —Continuó el mayor —¿Podrías disculparme por eso?
Max asintió.
Todo el camino a casa fue silencioso.
El rubio sabía que era cierto, que sus sospechas eran verdaderas y que todos en el instituto estaban hablando mal de él.
Pero no se consideraba una persona violenta.
Impulsivo sí, violento no.
Había visto la forma como su padre actuaba, la manera en que perdía los estribos cuando se molestaba.
Ese era un hombre violento.
Y él no era su padre.