ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
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El secreto

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Sergio entro a la oficina del doctor Marko, habia tomado una decisión y sabía que no se arrepentiría. —Bienvenido, toma asiento —Dijo el hombre y el pelinegro así lo hizo —Dime, ¿Como has estado? —Bien, gracias, ya he procesado las noticias —Respondió Sergio algo nervioso. —Me dijiste que querías hablar de algo importante —Continuó el mayor —He de suponer que has tomado una decisión. El pelinegro asintió e hizo una pausa antes de hablar. —Voy a tenerlo —Comenzó —Estoy seguro de que quiero tener a mi bebé. Marko se mostro un poco incómodo con la decisión de su paciente. Pero sabía que no podía interferir en su elección y, muy en el fondo, quería apoyarlo durante su embarazo. —Bien, entonces podemos dar seguimiento a tu embarazo —Dijo el mayor mientras apuntaba algo en su computador —Haremos una serie de exámenes para determinar tu salud y checar que todo vaya bien —En ese momento noto lo nervioso que estaba al verlo moverse sobre su asiento —Tranquilo, es el procedimiento. Checáremos tu peso en cada cita, y tambien tu presión arterial. Te voy a recetar algunas vitaminas para ayudarte en todo el proceso, será largo, tedioso y muchas veces incómodo. —Lo entiendo —Sergio no solo mostraba iniciativa, sino también seguridad ante sus palabras y decisiones. —También haremos una ecografía para determinar si todo va bien —Continuó el doctor pero su paciente negó con la cabeza —¿No? Sergio, creo que has entendido bien, pero es necesario. Debemos prevenir cualquier anomalía... —No, no quiero verlo antes que Max o sin él —Explicó. —¿Max? —Mi novio, no seria justo para él —Insistió —¿Podemos posponerlo hasta que se lo cuente todo? —¿No le has dado la noticia? —Preguntó y el pelinegro negó con la cabeza —¿Y cuanto tiempo te llevará eso? La ecografía es necesaria, no se puede posponer demasiado tiempo. —Se lo diré pronto, pero ¿Podemos avanzar con lo demás? —Sergio rápidamente quiso cambiar de tema —¿Cuáles son los riesgos a los que tengo que estar atento? Marko comenzó a revisar en su computador bajo la atenta mirada del joven arquero. —Bueno, tienes aproximadamente cuatro semanas y por lo tanto sigues en el marco de peligro —Comenzó —La primeras trece semanas son las más importantes y, por la naturaleza de tu cuerpo, tu embarazo es de riesgo, así que debes cuidarte. No corras ni te agites demasiado, no cargues cosas pesadas ni nada que pueda generar un esfuerzo mayor. Se prudente. El pelinegro asintió a sus indicaciones. —Por el momento checáremos tu peso y la presión, espero que para nuestra próxima cita finalmente podremos lleva acabó la ecografía —Marko parecía molesto cuando se refería a ese tema, no le gustaba la idea de esperar. El joven se levantó de su asiento y siguió al doctor para comenzar con los estudios.  Max estaba muy alterado.   No sabía cómo iba a ocultarle a Sergio todo lo que supo de Kamui. Se habían prometido no mentirse entre ellos, así que estaba en una encrucijada. Era abrumador, un poco molesto y frustrante. Quizá debió detenerse cuando leyó ese documento y en lugar de preguntar, le hubiera gustado marcharse en ese mismo instante. Pero ahora todo tenía sentido. El grupo de apoyo, los constantes viajes y el descuido del pequeño. Había demasiadas cosas pasando al mismo tiempo que era casi asfixiante. Jamás se había sentido tan mal. Era confuso, porque esa situación le resultaba tan familiar pero al mismo tiempo distante. Camino fuera del instituto rumbo a la floristería de su madre, pero no pensó que podría tener tan mala suerte cuando se encontró de frente al tipo que había estado esparciendo mentiras sobre él. —¿Y esa carita? —Susurró Lando pasando junto a él. No esperaba que esta acción tendría sus consecuencias. Pronto sintió como unas manos lo empujaban haciéndolo caer al suelo. —¿Qué te pasa, idiota? —Soltó el castaño un poco aturdido por el accionar del rubio —¿Qué me pasa? ¿Todavía lo preguntas? —Max pronto le dio una patada, por suerte no había nadie cerca que pudiera ver eso —Te la pasas hablando mierda sobre mí, ¿Pero ahora finges demencia? Lando se levantó tan rápido como pudo y lo encaró. —No te tengo miedo —El castaño sacó su navaja del bolsillo y la mostró amenazante —Vamos, acércate de nuevo. Veamos si eres tan valiente. Max se lo pensó mucho antes de siquiera decir algo. Estaba enojado, si. Quizá estaba desquitando todo con Lando, tal vez. Pero no era idiota, sabía bien que su ex líder era capaz de apuñalarlo y mucho más. Así que, para la satisfacción de Lando, retrocedió en sus pasos dispuesto a dejarlo ahí. —Lo sabía, eres un cobarde —Se burló y el rubio sonrió. —Yo no soy quien está sosteniendo una navaja —Respondió —Si fueras valiente me dirías las cosas a la cara, no irías hablando mal de mi a mis espaldas. Eres un cobarde y un llorón. Lando estaba más que dispuesto a lastimarlo si continuaba hablándole de esa manera. —¿Acaso se está diciendo alguna mentira? —Comenzó la provocación del castaño —Deja de pensar eso, mejor enfócate en tu novio, no vayas a tratarlo de la misma forma en que tu padre trataba a tu madre. En ese momento Max se quedó estático. No sabía que decir ante eso, pues jamás se lo había planteado de esa forma. ¿Era así el como todos lo veían? ¿Un hombre posesivo y violento con aquellos que dice amar? —Tú y yo fuimos amigos —Lando notó el efecto que tuvo sus palabras —Incluso llegamos a ser más que eso. Te conozco bien, pero tú no confías en mí y piensas que intento arruinarte —Entonces guardo la navaja —Yo puedo ayudarte, te prometo que no soy la persona que dijo esas cosas. Max no le creía. —Tengo que irme —El rubio siguió su camino, no pretendía ser víctima de las manipulaciones del castaño.  Sergio había ido a comprar al súper para justificar su ausencia. Compro un poco de fruta, que era algo que se le había antojado mucho en esos días. Mango con chamoy. Encontró la fruta pero no el chamoy, lo cual lo deprimió. Asi que recurrió a su segundo antojo: Duraznos en almíbar. Compro una lata y un tenedor, se sentó en una banca cerca de la floristería de Sophie y se dispuso a comer antes de marcharse. Había escuchado que en ocasiones los gustos llegaban a ser por demás extraños, pero había tenido suerte de no estar en una situación así. Por el momento. Cuando terminó de comer, se fue hacia la floristería y vio a Sophie de espaldas mientras atendía una llamada. Pronto colgó y su mirada se iluminó cuando lo vio. —Mi niño, que bueno que viniste —Sophie lo abrazo y el pelinegro sonrió —Te ves muy guapo, ¿Te hiciste algo en el cabello? —No, quizá deba cortarlo pronto —Sergio se pasó una mano por el cabello y camino detrás de ella. Aunque recibió una negativa, Sophie sentía y veía algo diferente en él, solo que no era capaz de descifrarlo. —Bien, debemos aprovechar que mi hijo no ha llegado —Comenzó la mujer —Puede ser una fiesta pequeña, íntima. —Me parece muy bien, ¿Que clase de fiesta le hacía a Max de pequeño? —Pregunto el pelinegro sin darse cuenta de la incomodidad de Sophie —Quizá podamos recrear una, sería divertido. —Max nunca tuvo una. Esa respuesta lo tomo por sorpresa. Quería preguntar más, pero no sabía si estaba en posición de hacerlo. —Suena horrible ¿Verdad? —Sophie continuó —¿Qué padre no celebra los cumpleaños de su hijo? A Jos simplemente no le gustaba, decía que era un desperdicio y distracción para mi Maxie. Sergio pudo notar su voz un poco temblorosa. Se notaba que ese tema le afectaba. —Pero ahora podemos hacerle tantas fiestas como podamos —Dijo intentando alegrarla. Sophie sonrió. —Así es mi niño, y tú tienes un gran corazón —Respondió acariciando su mejilla con delicadeza —Me alegra tanto que estés en la vida de mi hijo. Ese verano que pasaron juntos antes de irse a la ciudad, Sophie aprendió muchas cosas de Sergio. Lo conoció tanto que llegó a amarlo como su hijo. Porque, a pesar de los golpes de la vida, Sergio jamás agachó la cabeza y se mantuvo con un corazón noble. Eso era algo que veía en Max, y quizá el lazo más fuerte que los une. Por eso se empeñaba en cuidarlo como una madre cuida a sus hijos. En ese momento la puerta del local se abrió y un alterado Max entró al lugar. —Perdón por la demora, hola mami —El rubio se acercó a su madre y le dio un beso en la mejilla. Sophie correspondió a su cariño dándole un pellizco en su brazo, algo que lo hizo alejarse y comenzó a acariciar la marca que dejó en su piel. —¿Por qué? —Max se quejó. —¿Cómo que por qué? —Comenzó la mujer —¿Crees que ya lo olvide? ¿Que clase de videos de mandas a tu novio? Sergio retrocedió en sus pasos instintivamente. —Mami, era un juego —Mintió el rubio y rápidamente volteo a ver a su novio —¿Verdad, amorcito? Dile que era un juego. Una broma. El pelinegro miró a Max, quien le imploraba su ayuda con la mirada, y luego a Sophie, quien parecía estar leyendo su mente. —¿Si? —Su respuesta más que una confirmación generaba confusión. —¡Amorcito! —Sollozo el rubio casi haciendo un berrinche. —Y ni siquiera visitas a tu madre —Reclamó Sophie y Max hizo un puchero, era un ataque tras otro. La conversación comenzó con disculpas y rápidamente cayeron en temas banales. Fue entonces que Sergio hizo una simple pregunta que lo cambiaría todo. —Este lugar es muy bonito, ¿Siempre quiso trabajar en un sitio como este? —Mamá ama las flores —Dijo Max y Sophie asintió. —Si, siempre me han gustado —Comenzó —Cuando era joven vivía en una enorme casa, y en el jardín había una gran variedad de flores. Era todo muy bello —Sophie se detuvo un momento recordando su juventud —Solia pasar largas horas leyendo rodeada de tanta belleza, hasta que un día un joven se acercó a hablarme. El rubio no pudo evitar preguntar. —¿Papá? —Ella asintió. —Sí, en ese entonces no nos conocíamos y él confesó que le había parecido muy bonita —Continuó —Comenzamos a conversar y él insistió en salir. Era muy celoso y me llevaba flores todos los días al salir del colegio. Me dejaba cartas con frases de amor. Dijo que estaba enamorado de mí —Entonces soltó un pequeño suspiro —Eramos muy jóvenes y yo era muy tonta, me pidió escapar y accedí. Nos casamos y mi vida cambio para siempre. Sergio se sintió nervioso al escuchar esto. No pudo evitar comparar ambas situaciones. —¿En qué sentido? —Preguntó el pelinegro. —Nos mudamos lejos de mi casa y nunca volví a ver ese jardín que tanto me gustaba —Explicó —Decia que me amaba, pero me encerró en cuatro grises paredes. Sentí que mi vida perdió el color —Sus ojos mostraban una innegable tristeza —Pero luego nació mi Maxie, y comencé a sentirme viva otra vez. Mi bebé, siempre me motivo y llenó toda mi vida de diversos colores. El rubio sonrió ante las palabras dulces de su madre. Sin embargo, en su interior todo era una montaña rusa de emociones. ¿Acaso él estaba haciendo lo mismo con Sergio? Los celos. Las flores. La mudanza lejos de su antiguo hogar. ¿Estaba repitiendo un patrón? ¿Había encerrado a Sergio entre cuatro grises paredes? ¿Y si su insistencia de un amor eterno lo habían arrastrado a una vida que no deseaba? ¿Estaría imponiendo sus propios deseos sobre los de su pareja? Su corazón, angustiado, apenas podía con ese día tan pesado como abrumador.  —Te lo juro, ese tipo es un animal —Se quejó Lando mientras mostraba el pequeño rasguño que se hizo después de que Max lo empujó esa tarde. —Deberías denunciarlo, te atacó —Dijo su amigo. —¿Y luego qué? —Comenzó el castaño —Se va a desquitar con Sergio, y yo no quiero eso. La carta de empatía le había funcionado todo ese tiempo. —Primero necesitamos asegurarnos de que él esté bien —Continuó Lando bajando un poco la voz —Sé que te gusta desde el primer día, pero vas demasiado lento con eso. ¿No viste la marca que traía en el cuello? ¿O su ojo morado? No puedes ser tan lento, Nico. El rubio suspiro pesadamente. Lamentaba mucho ver y escuchar sobre la situación de Sergio. La primera vez que lo vio lo notó como un joven tan amable y lleno de vida, pero en los últimos días ese brillo se iba apagando. Lo notaba cansado, algo triste y distante. Max se mostraba absorbente con él y no daba espacio a que conviviera con otras personas. Era un escenario desolador y él solo quería sacarlo de ahí. Al principio sintió que no le correspondía, pero Lando lo convenció de lo contrario. —Me dijo que el miércoles me entregaría otra carta para ti —Comenzó el castaño —Tienes que seguir siendo discreto cuando Max esté presente, sabes lo posesivo que suele ser. —No se cómo puede fingir tan bien frente a él —Señaló el rubio —Supongo que debe ser algo que aprendió a hacer con el tiempo. —A Sergio le gustas, pero le da miedo dejar a Max —Insistió Lando —Ellos viven juntos, estoy seguro de que Max lo botara a la calle apenas se entere de todo. Pero no sin antes darle una paliza. Nico se tensó con solo pensar en eso. —Seré más cuidadoso, no quiero que le pase algo malo —Prometió. Lando lucho bastante para poder disimular una sonrisa que se había formado en sus labios. Su plan seguía funcionando, aunque Max creyera que lo sabía todo. Pero él se encargaría de hacerle saber que los juegos mentales son más poderosos de lo que parecen. 
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