Un cumpleaños para recordar
22 de diciembre de 2025, 18:52
Pasaron los días y Max se mostraba cada vez más preocupado por su situación con su novio.
Había dejado de preguntar a dónde y con quien iba cada tarde saliendo del instituto. No quería ser controlador ni ser obsesivo.
Sin embargo, las constantes salidas del pelinegro lo ponían nervioso, principalmente después de notar lo cansado que siempre estaba al volver.
También el secreto de Kamui lo estaba atormentando, ¿Como era capaz de cargar con tal información?
Se sentía abrumado por ocultarle eso a su pareja, pero al mismo tiempo sentía que este le estaba ocultando otras cosas. Y temía mucho preguntar y saber la respuesta.
Su mente estaba sumergida en tantos problemas y su corazón estaba constantemente afligido por el futuro.
Todas esas distracciones le hicieron olvidar su propio cumpleaños.
Era viernes por la noche y sergio se encontraba viendo su telenovela mientras el rubio terminaba de preparar la cena.
Jimmy se paseaba entre sus pies buscando su atención para obtener un poco de comida.
Todo parecía estar en su lugar, pero al mismo tiempo se sentía tan distante.
Escucho como sergio se levantaba del sofá y abría la puerta del balcón, estaba en una llamada que parecía querer que fuera muy privada.
—¿Vomitaste en el camino? Eres un tonto —Max solo alcanzo a escuchar una pequeña risa por parte del pelinegro, así que caminó en silencio para intentar obtener más —¿En donde queda ese lugar? Te he extrañado, aunque no lo creas.
El rubio sintió su corazón latir muy rápidamente, pero se alejó cuando escucho como Jimmy se había subido a la encimera.
—Bájate de ahí —Regañó al gato y termino de arreglar todo para que este no volviera a hacer sus travesuras.
—¿Me puedes pasar a mi papá? —Preguntó Sergio mientras seguía en la llamada —Hola, papi, ¿Cómo estás?
Max volvió a acercarse para intentar escuchar.
—¿Estas muy cansado? —El pelinegro no se había percatado de su presencia —Fue un dia largo, supongo que para ti lo fue aún más -Hubo una pausa —No, no, no supone que él sepa algo. Ni siquiera quiero que sospeche. Llevo días ocultando esto, me sorprende que no haya hecho preguntas.
El rubio quería decir algo.
Toda esa situación era demasiado para soportarlo.
—Yo tambien te extraño demasiado, no sabes cuanto deseo darte un gran abrazo —Continuó _Claro que te quiero, mucho, mucho.
En ese instante Max se alejó, no podía quedarse a escuchar más.
¿Acaso Sergio lo estaba engañando?
¿O quién era la persona al que le hablaba con tanto cariño?
Estaba celoso, muy celoso.
Pero se tragó su coraje y regreso a la cocina.
—La cena está lista —Dijo fingiendo que no pasaba nada.
Por dentro era un mar de emociones.
—Maxie me está llamando, hablamos luego papá —Sergio colgó la llamada y cerró la puerta del balcón una vez estuvo dentro del departamento —Huele delicioso. Tu comida siempre es un manjar.
Max le sirvió en silencio, sabía que si hablaba podría comenzar una discusión donde él terminaría llorando.
Sergio se percató de su actitud y se puso nervioso al sentir el ambiente tan tenso.
No sabía por qué ese repentino cambio en su comportamiento, ¿Acaso vio algo que lo delató frente a él?
No, había sido muy cuidadoso con la organización de la fiesta sorpresa que le tenía preparada.
¿O había descubierto su embarazo? Imposible, no era una idea que se le pudiera cruzar por la mente.
Se había checado varias veces en el espejo, ni siquiera era notorio.
Además, Max debía ser igual de ignorante que él sobre ese tema. Asi que rapidamente descarto esa posibilidad.
Pero no sabía qué le pasaba o porque actuaba como si estuviera molesto con él.
Y eso lo ponía mal.

Lewis estaba caminando afuera del instituto. Había salido a correr como todas las noches desde que se mudó con Lando.
Vivir con él era una pesadilla.
No respetaba el espacio personal.
Hacía constantes ruidos para despertarlo por las mañanas.
Tomaba las cosas que no eran suyas y siempre estaba buscando una forma de empezar una pelea.
Al castaño le había molestado mucho la idea de perder a su juguete, Charles, y por eso comenzó a molestar al moreno para obligarlo a regresar a su antigua habitación.
Pero Lewis era fuerte y no se iba a dejar. Conocía bien sus mañas, habían convivido el tiempo suficiente como para saber que él lo intimidaba.
Sus ataques solo eran palabrería.
El moreno se detuvo para marcar un número conocido en su teléfono.
—¿Qué pasa? —Susurró al notar que su pareja no le respondía.
Eso era raro en él, pues George siempre estaba mandando mensajes y llamándolo de vez en cuando. Que no respondiera no estaba en su naturaleza.
Pronto sintió que alguien le tocó el hombro y se giró casi al instante.
—No respondí porque prefería decir "Hola" en persona —Explicó el castaño y los ojos de su pareja se iluminaron al darse cuenta de que era él.
Lewis acortó el espacio entre ambos y junto sus labios en un corto beso.
—¿Qué haces aquí? ¿Cuando llegaste? —Pregunto el moreno apenas se separaron pero todavía sostenía su cintura con firmeza para mantenerlo pegado a su cuerpo —¿Por qué no me dijiste nada?
—Porque quería sorprenderte —Explicó George mientras ponía sus manos en sus mejillas y con sus dedos delineaba cada parte de su mentón —Te extrañe mucho.
Entonces volvió a juntar sus labios en un corto contacto.
—Pero, ¿Viniste hasta aquí tú solito? —La voz de Lewis denotaba preocupación.
Entonces George se apuró en tranquilizarlo.
—No, Don toño nos trajo esta tarde —Explicó —Sabía que te encontraría regresando de correr, asi como me contaste que se había convertido en parte de tu rutina.
—Pero es bastante tarde, amor, pudo ser peligroso —Señaló el moreno —Debiste avisarme, asi no hubiera salido y te habría dedicado la tarde completa.
—¿Y eso cómo hubiera sido? —Preguntó con una sonrisa picara.
Lewis sonrió.
—Dijiste que Don toño los trajo, ¿Quienes más vinieron contigo? —Quiso cambiar de tema.
—Olvida eso, y responde mi pregunta —Insistió el castaño pegándose más a su cuerpo.
¿Quién más fue con él? La respuesta era clara.
Logan caminaba por los pasillos de la institución hasta que dio con la habitación que actualmente tenía su novio.
Toco la puerta un par de veces hasta que esta fue abierta por un adormilado Charles.
—¿Si? —En primera instancia no lo reconoció y esto hizo sonreír al rubio.
—Que lindo te miras con tus ojitos cansados —Dijo Logan y en ese momento el castaño lo miró con atención para después abalanzarse a sus brazos —¿Finalmente despertó mi bello durmiente?
Charles se abrazaba con fuerza a su cuerpo, deseando no separarse nunca más.
—¿Cuando llegaste? —Preguntó sin separarse de él —Debiste avisarme, así arreglaba un poco mi habitación.
El rubio sonrió ante esto y con su mano comenzó a acariciar su cabello.
Pronto entraron a la habitación, sentándose en la cama del joven, y no pudo evitar hacer la pregunta más importante.
—Me dijiste que te mudaste de habitación, dime, ¿Quien es tu compañero ahora? —Preguntó poniendo nervioso al castaño —No quiero incomodarlo cuando venga.
Charles no le había contado nada sobre su nuevo compañero de habitación.
No quería que se sintiera celoso al tratarse de su novio.
Desde que se mudó todo el ambiente había sido tenso e incluso extraño.
Carlos y Charles se conocían de años, habían compartido tantas cosas juntos.
Ambos estaban presentes en los momentos especiales del otro. Pero ahora todo era tan distante.
Era una situación extraña. Viviendo con un desconocido y que esta a su vez sea alguien que hayas tratado en los últimos años.
Alguien al que alguna vez conoció.
Se ignoraban la mayor parte del tiempo y apenas se dirigían alguna que otra mirada.
Charles ya no sentía nada por Carlos.
En algún punto llegó a sentir lástima por él. Les había mal su incapacidad de darse cuenta de la clase de persona con la que estaba.
Pero sabía que sería imposible retomar la relación, ni siquiera como una amistad.
Carlos lo había engañado en tantos aspectos como era posible. Mantenía una extraña relación con Lando al mismo tiempo que la suya.
Nunca podría volver con él.
Pero ahora debía explicarle a Logan que ya no había espacio para otra persona en su corazón.
Charles estaba seguro de su amor por su actual novio.
Pero debía ser valiente para afrontar esa incómoda situación.
—Carlos es mi compañero —Confesó el castaño.
El semblante de Logan cambió, se notaba molesto pero al mismo tiempo mantenía la calma.
—¿Por qué no me lo contaste? —Intentó controlar su voz para que no sonará como un reclamo.
—No quiero que estés celoso o pienses que te engañaré con él —Explicó Charles —Te juro que Carlos ya no significa nada para mí. Mi corazón es totalmente tuyo.
El rubio tomó su mano y la acarició con delicadeza.
—Confío en ti, pero no en él —Confesó —Carlos ha demostrado ser muy traicionero. Temo que cuando lando se aburra y lo deje, él termine buscándote y quiera convencerte con su pasado juntos.
Charles rápidamente negó con la cabeza.
—Eso jamás —Dijo haciendo una promesa —Yo sí conozco el respeto y jamás te traicionaría. No te haría lo mismo que me hicieron.
Bajo esas palabras, Logan abrazo una vez más a su novio y lo lleno de besos. Realmente lo había extrañado.
Estuvieron un rato platicando sobre sus vidas lejos del otro.
Pero sabían que no podía quedarse mucho tiempo porque había un límite de horario para las visitas y tuvieron que decirse adiós por esa noche.

Era la mañana del sábado, pero no era un día cualquiera.
Sergio y Max se habian levantado temprano para ir a la casa de Kamui y cuidar a Yuki.
El rubio se sintió un poco decepcionado cuando no recibió ni una felicitación de su pareja.
Creyó que, al estar en una nueva etapa en sus vidas, esos pequeños detalles cobrarían más importancia.
Pero Sergio parecía haberlo olvidado y, aunque no quisiera admitirlo, eso lo había lastimado.
El pelinegro era un muro.
Había estado soportando esa mentira toda la semana. Estaba que se moría de la emoción por esa tarde y quería que su novio supiera lo mucho que lo ama.
Pero sabía que debía mantener su papel hasta que fuera el momento adecuado.
No debía arruinar la sorpresa.
Además, esa noche le daría la noticia.
Llegaron a la casa de Kamui y este se despidió de ellos después de dejar a su hijo dormido.
Antes de marcharse le susurró a Sergio
"No dejes que Max vea el regalo en la pañalera"
Esa mañana la pasaron tranquilos junto al pequeño, quien había dormido plácidamente ignorando a sus cuidadores.
Para la tarde, Sergio tenía que empezar a buscar una excusa que los llevará de regreso al departamento.
Había estado intercambiando mensajes toda la mañana, recibiendo avances de la fiesta por parte de Sophie y sus amigos.
Sin embargo, Max creía que estaba hablando con otra persona. Recordando la llamada de la que había sido testigo.
Y sus celos e inseguridades volvieron a hacerse presentes cada vez que lo veía mirar su teléfono.
—Oye mi amor, ¿Podríamos ir al departamento? —Preguntó Sergio sacándolo de sus pensamientos —Es que olvide algo que quería darle a Yuki, pero no quiero regresar solito.
El pelinegro se había quebrado la cabeza buscando alguna excusa.
—No sé si sea buena idea sacar a Yuki —Dijo el rubio mientras miraba por la ventana —Creo que lloverá y no quiero que se enferme.
—No se va a enfermar, iremos en taxi y regresaremos rápidamente —Insistió a pesar de las dudas de su pareja.
Pero Max no era capaz de negarle nada.
Tomaron la pañalera y le pusieron un abrigo al pequeño, luego salieron de la casa de Kamui para tomar un taxi que los dejo frente a su edificio.
Sergio se iba poniendo más nervioso con cada paso que daban.
Subieron al elevador y Yuki lo miraba con atención, era como si el pequeño presintiera lo que estaba apunto de ocurrir.
Max saco las llaves y se acercó a la puerta.
Entonces escucho un ruido extraño proveniente del interior del departamento.
Le hizo una señal de silencio a su novio.
Al otro lado se escuchaban unas risas que pudo haberlas reconocido de no ser por lo alterado que se puso al sentir que su familia estaba en peligro.
—¿Qué pasa? —Pregunto el pelinegro, temía que haya descubierto la sorpresa antes de tiempo.
En su lugar, Max se quitó la pañalera del hombro y la sostuvo con fuerza de las correas, estaba más que listo para atacar a los invasores de su hogar.
—Bájate con el niño, amorcito —Pidió el rubio colocándose delante suyo en un instinto de protección.
Sergio no se movió, pero si abrazó al pequeño Yuki al sentirse un poco asustado.
Sabía quienes estaban dentro del departamento, pero no esperaba que Max se pusiera tan a la defensiva.
—Amor, baja en lo que yo me encargo —Insistió.
—¿Encargarte de qué? No seas tonto, Max —Estaba muy nervioso —No me iré.
El rubio lo miró con molestia, ¿Por qué no podía entender que estaba preocupado por su integridad?
Sabía lo terco que su novio podía llegar a ser. Así que suspiro pesadamente y abrió con cuidado mientras se preparaba para atacar a los invasores.
El departamento estaba a oscuras cuando pronto escuchó unos pasos frente a ellos y Sergio encendió la luz.
—¡Sorpresa! —Gritaron Charles y Lewis al unísono con los demás invitados.
Los dos jóvenes habían saltado para darle la bienvenida a la pareja, pero no esperaban que en ese momento Max actuaría por puro instinto y golpearía a uno de ellos usando la pañalera.
—¡Charles! —Grito Logan corriendo para auxiliar a su pareja.
—¿Estás bien? —Dijo Lewis agachándose para estar a su altura.
La rapidez con la que ocurrió todo dejo perplejo al castaño, tirado en el suelo al perder el equilibrio tras el golpe.
—Estoy bien, tranquilos —Charles pronto los tranquilizo mientras se levantaba del suelo.
—Maxie... —Sergio lo regañó casi en un susurro.
—Perdón, estaba muy asustado —El rubio se disculpo al notar que de había equivocado.
Charles se acercó y fingió devolverle el golpe, para al final darle un abrazo.
Pronto todos comenzaron a acercarse a él para abrazarlo y darle sus buenos deseos.
Sergio se hizo a un lado para observar toda la escena.
Al principio Max se mostró un poco incómodo con las muestras de cariño, pero después se fue relajando.
—Hijo —La voz de Don Toño hizo que el pelinegro se girará y le dio un gran abrazo a su padre —Te hemos extrañado.
Entonces bajo la mirada y se encontró con Max, el perro, sacando la lengua mientras levantaba una pata como saludo.
—Max —Dijo Sergio agachándose para estar a su lado —Mira, Max, te presento a Yuki.
Bajo al pequeño y este comenzó a acariciar las orejas del perro, quien le dio unas cuantas lamidas.
—Hijo, ¿Quien es ese bebé? —Pregunto Don Toño cuando su hijo se reincorporo pero mantenía el agarre de Yuki con su pequeña mano —¿Es quien me habías contado?
Sergio le había hablado muy por encima sobre Yuki, pero no le había dicho la gran importancia que estaba teniendo en sus vidas.
—Si, es un bebé muy bien portado —Entonces volvió a cargarlo —Mira Yuki, él es mi papá.
—Tata —Dijo el pequeño estirando los brazos para que el señor lo cargara.
Don Toño no dudo en abrazar a Yuki, le hizo recordar cuando su Sergio era muy pequeño y siempre quería estar en sus brazos.
—Hola Yuki, que bonito eres —El mayor comenzó a mecerlo en sus brazos, dando pequeños saltitos para animarlo y hacerlo reír.
—Mi niño —Dijo Sophie acercándose a ellos y dándole un beso en la mejilla al pelinegro —Salio muy bien ¿No? Excepto por tu amigo en el suelo.
—Debí saber que algo así pasaría, Max es muy protector con nosotros —Explicó Sergio y Sophie enfoco su atención en el pequeño —Él es Yuki, es el bebé que cuidamos los fines de semana.
—Hola pequeño —Sophie acercó su mano a la mejilla del pequeño e intento tocarlo, pero Yuki fue más rápido y tomo su dedo con su manita y casi se la lleva a la boca para morderla.
—Yuki, no, no —Regañó el pelinegro —Perdón, tiene la costumbre de morder.
Sophie retiro su mano y tomo a Sergio del brazo, caminando a su lado hasta llevarlo junto a Max.
El rubio había sido víctima de sus amigos, quienes le pusieron varios artículos de fiesta cómo sombreros, lentes y una bufanda de plumas.
—¿Cómo me veo? —Preguntó Max cuando lo vio llegar.
Sergio no pudo evitar soltar una pequeña risa al verlo. Pero se acercó a él y le dio un corto beso en los labios.
Sus amigos comenzaron a hacer ruidos burlones ante esto, haciéndolos reír.
—Ya van a empezar —Soltó Lance.
—Déjalos en paz, si tuvieras pareja no actuarias así —Oscar no pudo evitar señalar ese punto y Lance negó con la cabeza.
—Así como nosotros —Pato se abrazo a su novio y se dieron un corto beso.
—Estoy rodeada de homosexuales —Soltó Kelly y los demás comenzaron a reírse.
Los amigos se habían reunido después de tanto tiempo.
Sophie dio un pequeño discurso agradeciendo a Sergio por ayudarla a planear esa fiesta y mantener el secreto durante días.
Fue entonces que Max entendió que todo lo había confundido y él mismo había sido presa de sus propias inseguridades.
Pronto se sentaron a platicar y Yuki se distraía contándole sus aventuras a Kelly, quien se había mostrado muy maternal con el pequeño.
El pelinegro estaba en la cocina poniendo las velas al pastel de Max y Sophie estaba sacando todos los platos que iban a utilizar.
—Toma los fósforos —Dijo la mujer y Sergio los tomo, comenzando a encender las dieciocho velas del pastel.
Sophie salió de la cocina y les hizo una señal a los jóvenes para que comenzará a cantar.
Todos entonaban la canción mientras Sergio caminaban tranquilamente llevando el pastel y cuidando no apagar las velas en el trayecto.
Solo él podía notar lo emocional que se puso su pareja al estar viviendo un momento así.
Max no lo diría, pero ese era su recuerdo más preciado que jamás había tenido en un cumpleaños.
Pronto reconoció que su pastel era un cheesecake.
Cuando era pequeño, en cada cumpleaños, siempre se preguntaba porque él no había tenido ninguna fiesta a comparación de sus amigos de la escuela.
Jos ni siquiera le permitía asistir a esas fiesta, pero Max sabía cómo eran gracias a los dibujos animados y algunos libros que hablaban de estás.
Siempre quiso una.
Incluso en una ocasión hizo una lista con recortes de revistas, donde enumeraba cada cosa que quería para su fiesta de cumpleaños.
Jos se comenzó a reír y le recordó que nunca pagaría por algo así.
Max dejo de insistir con el paso del tiempo, y pronto acepto que nunca tendría algo así.
Su mamá hacia todo lo posible por alegrarlo.
Y a escondidas siempre le compraba una rebanada de su postre favorito y le ponía una vela:
Cheesecake.
Sí, siempre le había gustado pero solo lo podía comer en sus cumpleaños debido a la dieta estricta en la que estaba gracias a su padre.
Pero ahora, después de tantos años y tanto conflicto.
Después de todo el dolor, finalmente estaba viendo el arcoiris.
¿Y quién iluminaba sus días?
¿Quien lo hacía feliz con solo una sonrisa?
¿Quién le había regalado el mejor cumpleaños?
Sergio, su primer amor de verdad.
—Pide un deseo —La voz del pelinegro lo regresó a la realidad.
Soplo la vela, pero no pidió ningún deseo.
¿Qué más podría desear? Tenía todo lo que amaba en esa vida.
Pronto los aplausos se hicieron presentes. Repartieron el pastel y siguieron conversando.
Los chicos pusieron música y se retaron a un duelo de karaoke.
Al final Don Toño los hizo callarse porque cantaban horrible y los vecinos podrían quejarse de tanto ruido.
Así que, al final de esa dulce velada, se retiraron para dejar a la pareja con el pequeño y les desearon buenas noches.
La familia Lance tenía una casa cerca del centro de la ciudad y era donde se habían estado quedando.
Así que la pareja no tenía mucho de qué preocuparse esa noche. Yuki pronto se quedó dormido, y fue colocado en el pequeño nido que volvieron a hacer en su cama.
Sergio estaba ansioso por darle la noticia.
Pero no se esperaba a que Max comenzara una conversación que sería un punto de inflexión en su relación.
—Lamento haber dudado de ti —Se disculpó tomando por sorpresa al pelinegro —Estos días han sido muy pesados para mí.
Pronto notó su voz cansada algo que rápidamente lo preocupó.
—¿Por qué, amor? Dime —Sergio lo abrazó mientras se sentaba a su lado en el sofá.
El rubio lo pensó por un momento, le había dado su promesa a Kamui, pero ya no podía soportarlo.
Su novio tenía su entera confianza y, ocultarle algo así no solo era difícil, sino que también lo sentía como una traición.
Respiró profundamente y se decidió por hablar.
—Ya sé lo que está pasando con él, con Kamui, y me pidió que no le contara a nadie —Comenzó Max sosteniendo su mano —Me enteré esta semana y lamento haberlo ocultado.
—¿De qué estás hablando? —Sergio solo se preocupaba más y más al notar lo mal que le ponía esa conversación.
—Kamui tiene cáncer.