Asfixiante
22 de diciembre de 2025, 18:52
Habían pasado dos semanas desde que Carlos le había hecho esa terrible afirmación.
Max había decidido no decirle nada a su pareja, principalmente porque no creía que eso fuera verdad. Además, eso lastimaría mucho a Sergio, porque sabia que seguia teniendo cariño por su ex mejor amigo.
Al pelinegro se le romperia el corazon si supiera que su ex amigo había estado diciendo esas cosas horribles sobre él. En eso Max tenía razón, y se enfocó en proteger sus sentimientos sacrificando los suyos.
No creía que fuera verdad. No estaba en la naturaleza de su novio el engañar. Pero cada vez que veía a su ex compañero cerca de su pareja, sus celos se hacían presentes y sus inseguridades comenzaron a atacarlo.
Y por más que lo intentara, no pudo evitar compararse con Nico.
Porque él era todo lo que Max no era.
Tenía una familia estable, unos padres que lo aman, lo apoyan y no lo golpean.
Jamás tuvo un padre abusivo.
No, Keke no era como Jos.
Él sí cuidaba y amaba a su hijo. Iba a cada competencia a apoyarlo, darle ánimos sin necesidad de amenazarla para que lo hiciera perfecto.
Además, nunca intentó matar a nadie ni lastimó de gravedad al novio de su hijo.
Nico no solo era guapo y carismático, sino también popular.
Llamaba la atención a donde sea que iba y jamás fue señalado como alguien violento u obsesivo.
Era el ex Lion más exitoso.
Pasó las pruebas preolímpicas antes que Max. Compitió en torneos internacionales antes que él.
Ganó más premios.
A los ojos de Max, Nico era mucho mejor que él, como arquero y pareja romántica.
No podía competir contra él, y eso lo afligía demasiado.
Por su parte, Sergio se sentía incómodo con la extraña cercanía que estaba mostrando Nico.
La forma en cómo le hablaba, la manera en como miraba a Max y los comentarios raros que solía decirle casi en un susurro:
"No tienes que estar ahí"
"Sabes que cuentas conmigo"
"¿Lo has pensado bien?"
Quería hablar con él para preguntarle al respecto, pero Max se mostraba muy molesto con la presencia del ex lion y no quería que se sintiera celoso, asi que mantuvo la distancia.
Sentía que no podía alejarlo de la manera en que le gustaría.
Nico sin duda alguna representaba una parte importante en la institución. Negarse a él, confrontarlo o acusarlo de algo sería muy riesgoso para su futuro.
Lo último que necesitaba era hacer enojar a alguien que estaba profesionalmente por encima de él.
No quería creer que estuviera pasando algo más allá de lo profesional, o de una simple amistad.
Pero el "Ser educado" de alguna forma lo orillaba a aceptar ese incómodo trato.
Y, por otro lado, tampoco quería ni necesitaba empezar una debido a que el doctor Marko le advirtió sobre las emociones fuertes.
Ese tema también era muy delicado.
Tenía poco más de seis semanas de gestación, y al doctor no le gustó para nada la idea de esperar.
Le parecía muy descuidado de su parte, demasiado riesgoso.
Pero tampoco podía obligarlo a hacer algo, aunque esto significara avanzar a ciegas.
El pelinegro había estado tomando sus vitaminas, comía bien e intentaba no hacer grandes esfuerzos.
Tenía muy pocos antojos, y nada de nauseas.
Esa última parte se la llevaba Max.
Sin embargo, al estar embarazado lógicamente comenzó a ganar algo de peso, y la repentina actitud extraña de su novio lo llevo a pensar que se debía a su cambio físico que cada semana se hacía más notorio.
Así que, con las emociones a tope, los dos jóvenes apenas estaban sobrellevando su relación debido a la intervención de terceros que amenazaban con destruir su amor.

Era lunes cuando en medio de una clase de Kamui, Nico comenzó a acercarse demasiado a Sergio, algo que Max observó con atención.
Doriane se había percatado de esta situación, pero le resultaba extraño la idea de pensar que su amigo tenía un doble juego. Así que decidió guardar silencio para no perjudicarlo.
—¿Necesitas ayuda? —Preguntó Nico con una sonrisa amable, pero Sergio negó con la cabeza —¿Podemos hablar esta tarde?
—No, estaré ocupado —Respondió el pelinegro para después alejarse un poco.
Nico se giró y vio como Max los observaba, creyendo que se trataba del temor por su reacción, decidió no insistir más.
Sergio no había mentido.
Esa tarde tenía cita con el medico, asi que no tenía tiempo para los extraños juegos de Nico.
Pero también se dio cuenta de los celos de su novio, y no quería hacerlo sentir inseguro.
Quería hablar con él esa tarde, aclarar todo sobre su actitud y así poder seguir adelante.
Si todo se trataba de su peso, entonces tendría que confesar el embarazo, pero esperaba tener al menos un poco más de tiempo hasta llegar a las trece semanas y estar tranquilo con su salud.
Así que una vez terminada su rutina en el instituto, la pareja caminaba rumbo a la salida del edificio mientras un extraño silencio se posaba entre ambos.
El rubio sentía una necesidad de mostrarle a Sergio su valía.
—Mi amor, ¿Quieres comer algo especial esta tarde? —Preguntó Max mientras lo tomaba de la mano.
El pelinegro sonrió ante ese gesto, pero se sentía mal por tener que negarse.
—No puedo, le prometí a Doriane ayudarla con algo —Mintió.
Max se tenso un poco al escuchar esto.
Sabía que no le agradaba a Doriane y temía que ella tuviera algo que ver con el tema de Nico.
Además, últimamente le había estado usando como excusa para desaparecer por las tardes en al menos una vez la semana
Por alguna razón ella siempre quería algo que no se podia cancelar.
—¿Llegaras para la cena? —Su voz se mostraba algo desanimada.
Entonces Sergio se detuvo y com sus manos tomó las suyas.
—Mi leon, no tienes porque ponerte asi —Dijo para despues darle un beso en la mejilla —Sabes que me gusta mucho tu comida, pero esta tarde tengo un pendiente. Llegaré para la cena, siempre estaré contigo.
Max no dudo en acortar el espacio entre ambos, atrapando sus labios con los suyos.
El pelinegro se abrazó a su cuerpo, sintiéndose protegido y amado por su pareja.
—Doriane me está esperando —Sergio se separó un poco y le dio otro beso en la mejilla como despedida.
El rubio sonrió mientras lo miraba marcharse. Sabía que Doriane no lo soportaba y no quería crear un encuentro incomodó acompañando a su pareja.
Comenzó a alejarse mientras el frío viento despeinaba su cabello. Dio una ligera patada a unas hojas secas que estaban en el suelo, intentando distraerse en el camino a casa.
—Esperame, tonta —Escucho una voz familiar y se giró para ver como Doriane corría para darle alcance a una de sus amigas.
La observó caminar con despreocupación, viendo a ambas chicas entrar a una cafetería cercana al instituto.
No tardó en conectar los puntos, sintiéndose un poco nervioso ante esto.
Tomó su teléfono y comenzó a llamar a su novio, sonando dos veces antes de que finalmente respondiera.
—¿Hola? —Dijo Sergio del otro lado de la línea —¿Pasó algo, mi leon? .
Entonces el rubio decidió hacer la pregunta que puso en jaque su relación.
—¿Ya estas con tu amiguita?
Esperaba que su respuesta fuera negativa, no le diría que la había visto pasar con sus amigas y mucho menos que se había detenido para verla en una de las mesas del local.
—Claro que si, no te preocupes demasiado.
Max cerró los ojos al escuchar esto y su corazon comenzo a latir con fuerza.
—¿Puedes pasarmela? —Su boca actuó más rápido que su cerebro, pero no podía evitar esa impulsividad en un momento así.
—Eh... No, sabes que no le gusta hablar contigo —Mintió —Luego pensara que estas celoso, otra vez.
A Sergio no le gustaba usar el tema de los celos, pero no podía evitar mentir una y otra vez, creyendo que hacía lo mejor para ambos.
El rubio suspiro antes de hablar.
—Bien, te veré en casa.
No espero una respuesta y simplemente cortó la llamada.
Entonces cambió el rumbo de su trayecto, ya no yendo a casa sino a la floristería donde trabaja su mamá.
Al llegar ella lo saludó con una gran sonrisa, pero pronto un atisbo de preocupación se mostró en su rostro al ver los ojos rojos de su hijo.
—¿Qué pasó? —Preguntó Sophie acercándose a él y abrazándolo casi al instante —¿Esta todo bien?
—M-mami... —Balbuceo un poco y se detuvo un momento para intentar tranquilizarse —¿Alguna vez te sentiste muy mal?
—Maxie, ¿De que hablas? ¿Acaso estás enfermo? —La mujer posó sus manos en las mejillas coloradas de su hijo, observando bien alguna señal que le pudiera decir lo que estaba pasando.
Pero Max comenzó a sollozar.
—No, es sobre sergio —Confesó y vio como su madre se tensó —Siento que algo no está bien. Que quizá se ha aburrido de mi.
Sophie intentaba entender a su hijo en medio de su llanto.
Le hizo recordar cuando él era pequeño y se había caído jugando, lloraba por una raspadura en su pierna y Jos lo regaño más fuerte para hacerle entender porque no debía actuar así.
Pero ella siempre lo consolaba.
Y no quería creer que Sergio le estuviera haciendo daño a su pequeño, pues lo apreciaba mucho, pero ella era la madre de Max y sus prioridades estaban claras.
—¿Por qué dices eso? —Comenzó —¿Acaso te hizo o dijo algo? Dímelo, hijo, ¿Qué pasó?
—No sé, mamá —Max se limpiaba sus lágrimas con algo de torpeza —Actua raro conmigo, desaparece por algunas tardes y lo veo muy cercano a un tipo que siempre le anda coqueteando, incluso frente a mi.
—¿Sergio engañandote? —Preguntó incrédula —Pero si se mira muy bondadoso, incluso se ponía nervioso ante la idea de que descubrieras tu fiesta sorpresa.
—¿Estoy enloqueciendo? —El rubio se sentía asustado al pensar que sus celos eran injustificados y que todo estaba en su cabeza.
Desearía que así fuera, pero al mismo tiempo no le gustaba la idea de ser esa clase de persona.
—No, hijo, no quería que pensaras eso. Solo me sorprendió —Explicó —¿Y Sergio corresponde a los coqueteos de ese tipo?
Max desvió la mirada.
—No frente a mí.
—¿A que te refieres? —Ella lo tomó de la barbilla y lo obligo a verla.
—Me llego un rumor —Comenzó sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas —Dicen que él me engaña con ese tipo —Soltó —Mamá, ¿Por qué? ¿Qué hice mal? ¿Acaso sigue resentido por lo de papá? Pensé que habíamos arreglado todo.
El rubio hablaba con tanta rapidez que apenas se le entendía.
—Max, cálmate —Ella comenzó a acariciar sus brazos para intentar tranquilizarlo —Primero dime, ¿Quienes dijeron eso? Lo de la infidelidad.
Un poco más calmado, max suspiro antes de hablar.
—Carlos.
En ese momento Sophie desvió la mirada con molestia.
—¿Carlos? —Repitió —¿El chico que me dijiste que te odia? ¿Le creíste a alguien que te odia?
El rubio desvió la mirada, sabía lo tonto que se escuchaba todo eso.
Pero no todo era la palabra de Carlos, sino también las acciones de Nico y la actitud de su novio ante esto.
—Sé que es estúpido, pero parece que a Sergio le gusta ese tipo —Insistió.
— ¿Y ya hablaste con él al respecto? —La pregunta de su madre lo tensó.
—Tengo miedo.
—No tienes porque tener miedo, sabes que tendrás que hacerlo tarde o temprano —Su madre le dio un pequeño beso en la mejilla —Mi pequeño, siempre me tendras a mi, pase lo que pase.
Max suspiró un poco aliviado por sacar aquello que lo estaba carcomiendo por dentro.
Sabía que debía hablar con sergio. Saber si lo de Carlos era todo mentira, si estaba en su mente o realmente era verdad.
Todavía conservaba el anillo de compromiso que le había comprado.
Pero quería saber si su novio en verdad quería estar con él, o quizá era momento de dejarlo ir.

Por otro lado, Kamui había querido hablar con Max esa tarde. Quería avisarle que ese fin de semana Yuki se iría de viaje con él al campo y que no iba a cuidarlo.
Tambien le daria el numero del psicólogo al que estaba yendo. Pues realmente se preocupaba por su alumno y más después de ver como físicamente se notaba cansado. Y no sabia que lo traía de un humor extraño.
Pero este no atendía las llamadas.
Sergio venía de regreso de su cita con el doctor, cuando recibió una llamada de Kamui.
Se detuvo un momento en el instituto, siendo recibido por su entrenador.
Este le pidió que le informará a Max sobre lo del fin de semana, pero no mencionó al psicólogo al ser algo tan personal.
Finalmente tocó otro tema.
—También quería hablar contigo sobre algo más, y se trata de Max —Dijo Kamui.
El joven se tensó un poco, ¿Acaso había pasado algo malo?
—¿Qué pasa con Max? ¿Esta todo bien?
—Tranquilo —Kamui sonrió al notar lo mucho que su alumno se preocupaba por su pareja — También es sobre ti —Eso lo puso un poco nervioso —Ustedes son los mejores del curso, sin duda alguna brillarán en las pruebas finales. Tienen un gran futuro, y todo mi apoyo. Solo quería mencionarles eso, que no se rindan. Porque estoy seguro que pronto serán olímpicos.
Esta última parte de la conversación persiguió a Sergio incluso después de salir de la oficina de su entrenador.
El futuro era un tema muy difícil.
No creía que max se molestara ante la idea de tener hijos, pero la cuestión de posiblemente renunciar a sus sueños o limitar sus capacidades, eso sí que era difícil de aceptar.
El pelinegro detuvo sus pasos frente a un enorme cartel donde una figura olímpica usaba un arco y flecha. Este promocional incluía una frase:
"Nunca te rindas"
Sergio suspiro pesadamente.
¿Había tomado la decisión correcta al continuar con el embarazo? ¿O en ese momento solo pensó en sí mismo y sus deseos de ser padre?
Ver este cartel lo hizo pensar más en el futuro, no en el suyo, en el de Max.
Y se quedó unos minutos analizando eso en su mente. Abrumado ante la idea de haberse equivocado.
Por su parte, Max había notado las llamadas de Kamui y decidió regresar al instituto pues tampoco le respondia cuando intentó contactarlo, pues estaba ocupado hablando con Sergio.
Y ahí lo vio, a unos cuantos metros de él.
El pelinegro se miraba tan lindo observando aquel cartel, quizá era un buen momento para mostrarse romántico y alejar esas malas ideas de su cabeza.
Sergio estaba a punto de irse cuando gracias al vidrio de la ventana pudo divisar unos cabellos rubios acercándose hacia él, abrazándolo por la cintura y hundiendo su rostro en su cuello.
Le encantaba cuando lo abrazaba, lo hacía sentir tan protegido.
Sintió como sus manos lo tomaban cierta delicadeza, creando la necesidad de buscar un encuentro más íntimo.
El pelinegro cerró los ojos y se inclinó un poco para voltear a su dirección. Fue entonces que el rubio posó sus labios sobre los suyos, saboreando su dulce piel.
El beso rápidamente se profundizó, buscando obtener más del otro, sergio se giró y rodeo su cuello con sus brazos, mientras que el otros comenzaba a acariciar su cuerpo, un poco más animado de lo usual.
Sus respiraciones agitadas y el sonido de la lluvia comenzando a caer era lo único que podía escucharse.
El corazón de Max se rompió en un instante, cuando vio cómo Nico besaba a su novio con tanta familiaridad y el otro no ponía resistencia.
Entonces supo que sus sospechas eran verdaderas.
Marchándose de ahí antes de que los amantes pudieran verlo. Sintiendo como sus pasos se hacían más pesados y la distancia a casa se volvía infinita.
Y sus lágrimas se mezclaban con la lluvia que le hacia compañía.