ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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Caída en picada

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Sergio sentía como el beso iba subiendo de intensidad. El agarre fuerte de “Max” resultaba poco familiar. Con una de sus manos lo obligó a abrir los labios, metiendo su lengua con algo de brusquedad. La forma en como lo apretaba con su abrazo fuerte, su demandante su lengua y sus manos tocando su trasero, buscando la manera de pegarlo más a su cuerpo, provocando roces que terminaban estimulandolo. Un quejido se escapó de su labios al sentir su tacto. Pero sabía que debía detenerlo. Todo esto se sentía demasiado. Poco natural. Abrió los ojos lentamente, sintiendo como un escalofríos recorría su cuerpo de pies a cabeza y un hueco se formo en su estómago al percatarse del extraño que lo había estado tocando todo ese tiempo. De pronto su cuerpo se sintió pesado, y sus piernas no eran capaces de moverse de su sitio. Sus labios seguían demandando por más, pero Sergio no era capaz de mover un solo músculo. Pronto su cerebro hizo click y pudo reconocer a Nico, pero solo sentía como sus labios se movían sobre los suyos y sus manos recorrían su cuerpo. Y esa sensación en sus pantalones lo estaba atormentando. Pero, como si de un momento de lucidez se tratara, finalmente su cuerpo fue capaz de hacer un movimiento. Sus manos rápidamente se posaron sobre el pecho de Nico, intentando crear un espacio entre ambos y logrando separarlo de sus labios. —Sueltame —Fue lo único que pudo decir casi en un susurro. Estaba muy asustado. Entonces Nico sonrió como si de una broma se tratase. —No hay nadie cerca. Su respuesta solo lo alteró aún más. Entonces el rubio volvió a acortar el espacio, apesar de la débil resistencia que ponía el pelinegro debido a su estado alterado. Nico pensaba que todo esto era un juego. Creía que Sergio estaba consintiendo su actuar y que su miedo era porque Max estuviera cerca, pero él sabía que no era así. No había casi nadie en esa zona. Mucho menos a es hora. Las cartas de Sergio, su amabilidad y hasta su repentina atención le habían hecho creer que ambos estaban en la misma página. Así que lo tomo con más fuerza de la cintura, invitándolo a no ser tan tímido. Pero esto solo alertó al pelinegro, quien se sentía intimidado pero también arrinconado por el mayor, y, ante la idea de algo peor, saco todas sus fuerzas y logro empujarlo lejos. —¡Déjame! —Gritó Sergio con tanta fuerza que un par de palomas salieron volando por el escándalo. Incluso sintió que se había desgarrado la garganta al hacer eso. El rubio lo miro desconcertado, podía notar el terror en sus ojos. —¿Qué te pasa? —Nico intento acercarse, pero se detuvo cuando lo vio retroceder para mantener la distancia —Creí que ambos queríamos eso. Sergio comenzó a negar con la cabeza. —No, yo jamás querría eso y menos contigo —Se defendió —¿Por qué hiciste eso? Entonces sus ojos se llenaron de lágrimas, se sentía tan abrumado. —Sergio, yo... —Nico volvió a intentar acercarse pero el pelinegro le dio un manotazo. Instintivamente, el rubio lo tomo del brazo con fuerza y esto lo hizo chillar del dolor, o más bien del miedo y desesperación. El contacto no debió lastimarlo, pero el temor a ser tocado pudo más y sollozo haciendo que Nico lo soltara al instante. Entonces pudo entender la razón por la cual estaba actuando así. En como sus acciones afectaron emocionalmente al pelinegro y ahora era tarde para enmendarlo. —Perdón... —Fue lo único que pudo decir, pero Sergio tomó eso como una oportunidad para poder escapar de sus garras.  Max caminaba tan rápido como podía, mientas que intentaba no pensar en lo que había visto. Estaba empapado por la lluvia, pero poco o nada le importaba en ese momento. Pensó en regresar a la floristería y contarle a su mamá lo sucedido, pero no quería afligirla una vez más. Sin embargo, sintió como alguien lo jala del brazo y por un momento pensó que se trataba de su novio. —¡No me toques! —Gritó Max mientras se jalaba con brusquedad para librarse del agarre. Entonces se dio cuenta de que se había equivocado, pero la persona frente a él no era precisamente una que quisiera ves en ese instante. —¿Qué te pasa? —El castaño volvió a poner su mano sobre el brazo del rubio, está vez con un poco más de delicadeza. Se sorprendió cuando vio que no puso resistencia, notando lo afligido que estaba. Max se sentía tan mal que ni siquiera quería pelear con Lando. —Tengo que irme —Insistió el rubio pero poco o nada hacia para librarse de su agarre. —Max, no estás bien —Respondió Lando acortando el espacio entre ambos, y con una mano acariciando su mejilla. El rubio se giro para cortar el contacto, pero no pudo evitar sollozar al recordar que Sergio le hacía lo mismo. De pronto fue sorprendido cuando Lando se abrazo a su cuerpo, haciendo que finalmente rompiera en llanto. Max se abrazo con fuerza mientras dejaba que las lágrimas salieran por completo. Su respiración se volvía agitada por el esfuerzo, y su garganta comenzaba a picar. Lando sonrió en sus brazos, todo había salido a la perfección. Esa tarde había estado hablando con Nico para entregarle otra carta, y fue entonces cuando vio a Sergio parado viendo a la nada. Era muy observador, tanto que se percató de la presencia del rubio y le dijo a Nico que lo prudente era aprovechar la ausencia de Max para concretar su relación con Sergio. Las estrellas se alinearon para él y todo sucedió como debía ser. Si bien sabía que sería difícil lograr que Max se quede a su lado, al menos intentaría que Sergio no lo tuviera. Porque él quería todo lo que Sergio tenía. ¿Cómo podía alguien llegar de la nada y tenerlo todo? Quería ser el mejor del curso. La estrella del equipo. Al novio amoroso. La familia perfecta. Y sabía que era un trabajo lento el conseguir separarlos, pero al menos había logrado romper algo entre ambos. Pero, por más que la cabeza de Max fuera un lío debido a tantas emociones, su intuición lo hizo alejarse del castaño. —¿Qué te pasa? —Esta acción lo aturdió. Sin decir nada, el rubio comenzó a caminar lejos de Lando. Y está vez no se dejó detener. Lo sabía bien, no tenía que confiar en él. No importaba si Sergio ya no lo quería, no planeaba hacer migas con el tipo que le hizo tanto daño. Así que llegó a la estación de metro y se fue directamente a casa. Su corazón estaba tan lastimado y afligido, tanto que hasta Jimmy fue corriendo a consolarlo apenas llegó. Max lo saludo con cierta melancolía, ¿Sería buen momento para empezar a buscar otro lugar donde vivir? Jimmy se había acostumbrado a Sergio, y no le gustaba la idea de hacerlo sufrir con su separación. Decidió omitir ese tema por un rato, se quitó la ropa mojada y se dio una ducha rápida. Se vistió y comenzó a preparar la cena. Tiempo, eso es lo que le daría a Sergio hasta que decidiera terminar la relación. Si el pelinegro no se animaba, entonces él lo haría. Estaba en un punto sin retorno.  Sergio llevaba media hora sentado en esa banca. Sus ojos seguían perdidos y el frío viento revolvía su mojado cabello. “¿Cómo pudo dejar que pasara eso?” se repetía una y otra vez en su cabeza, como si tuviera culpa alguna. Confundió a Max con un extraño. Si, conocía a Nico pero muy por encima, ni siquiera le tenía tanta confianza. Pero no fue solo el beso, sino todo lo demás. Y odiaba la forma en como su cuerpo reaccionó a eso. Sentía que no podía volver a casa. “¿Cómo miraría a los ojos a Max?” pensó. Todo comenzó a sentirse más pesado, y sabía que no podía evitar la realidad por más que lo quisiera. Entonces decidió continuar con su camino, levantándose de la banca y llegando a la estación de metro. Pero su mente seguía divagando, partiéndose tanto ese amargo recuerdo que sentía lo iba a atormentar toda su vida. Cuando llegó a casa, se quedó unos minutos mirando la puerta de la entrada principal. Seguía debatiendose si decir la verdad. Si le contaba a Max lo sucedido, este seguramente mataría a Nico. Y ya lo había perjudicado demasiado como para arriesgar más su futuro. Pero sentía que se moría por dentro y no sabía cuanto tiempo aguantaría esa angustia. Abrió la puerta lentamente, escuchando como Max estaba cocinando con música a alto volúmen. —Llegue —Fue lo único que pudo salir de sus labios. El pelinegro dejo su mochila en la entrada y se quitó el abrigo. Max estaba ignorando hasta sus propios pensamientos. Continuando con la comida y dejando que la música lo distrayera lo suficiente como para no explotar en llanto en ese mismo instante. Sergio camino hasta su habitación, se quitó la ropa con cuidado y se metió a bañar. Al principio se estaba limpiando con cuidado, pero poco a poco comenzó a tallarse con más fuerza, al punto de irritar su piel. Era como si quisiera borrar hasta el mínimo rastro del toque de Nico. Por su parte, Max unía más puntos en su cabeza. El beso, la demora de casi una hora en regresar y la huida al baño. Al menos esperaba que fuera discreto. Termino de preparar todo y comenzó a servir. La música a alto volumen impidió que pudiera escuchar los sollozos de su novio en el baño. Cuando Sergio pudo sentirse un poco más calmado, se vistió e intento aparentar que todo estaba bien. Sin embargo, se vistió con una sudadera que cubría gran parte de su cuerpo. Pues se había lastimado al bañarse y no quería que lo viera. —Huele delicioso —Dijo el pelinegro llegando a la mesa. —Gracias —Respondió el rubio sin siquiera mirarlo, haciendo una pausa antes de continuar —¿Cómo te fue hoy. Sergio fingió una sonrisa que ni él se creía. —Bien, todo salió bien —No sabía si era una forma de tranquilizarse a si mismo, pero había funcionado un poco. Max lo observó, viendo cierta tristeza en los ojos. No sabía si era culpa o quizá lástima. Pero estaba dispuesto a darle más oportunidades para terminar con él. —Fue un día pesado, ¿No? —Dijo el rubio —Te veo muy tenso. Esto solo puso nervioso al pelinegro. —Las pruebas serán dentro de poco, todos estamos así —Se excuso y rápidamente busco desviar el tema —Kamui dice que tenemos mucho futuro... —¿Juntos o separados? —Soltó Max sin pensarlo, maldiciendose en su interior. La falsa sonrisa de Sergio cayó. —Ju-juntos —Balbuceó. —Ojalá entres en el equipo nacional, tal vez sea lo mejor para ambos —La forma en como lo dijo logro incomodar a su novio. —¿En qué sentido? —Temió preguntar pero lo hizo. El rubio no podía evitar tenerle algo de resentimiento. No lo odiaba ni mucho menos, pero ni siquiera él era consciente de su forma tan tajante de responder. —La comida se va a enfriar —Mantenía una voz firme, pero algo golpeada. Sergio se sintió peor. ¿Acaso Max ya estaba harto de él? —¿Q-quieres hablar de algo? —Balbuceó otra vez. Estaba muy nervioso. —No. La comisura de los labios del rubio mostraban cierto disgusto al momento de responder. Bajando tanto que se notaba su molestia. El pelinegro no quería presionar, pero temía que su relación muriera en ese instante. —Maxie... —Ese apodo cariñoso rompió algo en el rubio. Max levantó la mirada y en sus ojos solo se pudo divisar un atisbo de hartazgo. Sergio agachó la cabeza y continuó comiendo. Los dos se sentían asfixiados. Y si la cena había sido difícil, todo empeoró en la cama. Max intentaba no ser grosero, pero no podía evitar sentirse tan molesto por el silencio de su novio. ¿Por qué no le decía la verdad? Si quería terminar debía decirlo y ya. Pero estaba tan acostumbrado a abrazarlo al dormir, que cuando intento hacerlo se sorprendió al ver la reacción abrupta de su pareja. El pelinegro casi brinca al sentir su tacto, teniendo un pequeño deja Vu con lo ocurrido esa tarde. Y aunque no lo quería así, el rubio tomó eso como un acto de desprecio. Entonces se giro para darle la espalda y no molestarlo más con su cariño. —Buenas noches, amorcito. No pudo evitar llamarlo de esa manera, estaba tan enamorado como molesto. —Buenas noches. Pero Sergio seguía perdido en su dolor.  Pasaron dos días desde esa terrible tarde donde algo se rompió entre ambos. Días donde ninguno de los dos era capaz de abordar el tema. Estaban a punto de terminar el entrenamiento cuando Nico decidió acercarse a Sergio para comprobar sus sospechas. El pelinegro había levantado un muro invisible entre ambos, no dejando que se acerque o le dirija la palabra. Pero el rubio se sentía tan mal por lo ocurrido. Así que le escribio una carta que le pidió leer cuando estuviera listo. Max vio cuando se la entrego, y su coraje solo aumento al notar la falta de discreción en el actuar de los “amantes”. Estaba tan harto de la situación que decidió que esa tarde confrontaría a su pareja. Ya no podía soportarlo más, si Sergio no lo hacía, entonces tomaría la difícil decisión de terminar la relación. Cuando salieron del instituto unas nubes negras comenzaron a asomarse en el cielo y Max no estaba dispuesto a esperar a que la lluvia cayera sobre ellos. Ese día Sergio se sentía especialmente agotado, el embarazo lo había tenido así los últimos días y no le gustaba la forma en que su novio caminaba demasiado rápido. —Mi león, espérame —Pidió el pelinegro mientras intentaba seguir su paso. El rubio se detuvo y lo tomó de la mano, haciéndolo caminar tan rápido como él. Cuando las gotas de lluvia comenzaron a caer, Max se aventuró a correr para poder alcanzar a refugiarse en la estación de metro. Esto, a la par, hacía que Sergio se esforzara de más al momento de seguirlo. Lo mismo ocurrió cuando bajaban del metro y tenían que llegar a casa. Correr, correr y correr. Subieron al elevador y Sergio sentía que el piso se tambaleaba. Definitivamente no se sentía bien. Max abrió la puerta de la casa, haciendo que el pelinegro entrara primero y después cerró sabiendo que era ahora o nunca. —Tenemos que hablar —Comenzó el rubio haciendo que su pareja se pusiera nervioso —No puedo soportarlo más, han pasado días y la situación no mejora —¿De qué hablas? —Preguntó Sergio casi en un susurro. —No puedo entender cómo pudiste ocultarlo tanto tiempo —Señaló, aturdiendolo con sus palabras —Yo sé que no soy perfecto. Que mi familia no es la mejor. Pero sabías lo mucho que te amaba, que te amo, ¿Cómo pudiste hacernos eso? Sergio estaba sin palabras. —¿Cuántas veces? —Continuó el rubio —Dime, ¿Cuántas veces ocurrió? —¿Ocurrir qué? —El pelinegro sentía que su voz se hacía más débil. No terminaba de procesar lo que estaba pasando. —¿Cuántas veces te vistes en secreto con él? —Acusó y eso solo provocó que los ojos de Sergio se llenaran de lágrimas —Dime la verdad, ¿Te acostaste con él? El llanto no se hizo esperar. ¿Cómo podía Max pensar algo así? El pelinegro comenzó a sollozar y el rubio sentía que le dolía la cabeza de tanto aguantar las lágrimas. —Y-yo... —Balbuceó el más bajo, sintiéndose culpable —N-n-no... N-nunca. —Todas esas tardes que desaparecías, ¿A dónde ibas? —Otro ataque más y Sergio sabía que tenía que decir la verdad. —Déjame explicarte —Finalmente pudo decir algo sin trabarse. —No me digas que estoy mintiendo —Max lo interrumpió —No me digas que está en mi cabeza, porque yo te vi esa tarde cuando lo besabas. Te tocaba y tú te dejabas. Así que no me digas que estoy loco. Ese recuerdo volvió a afligir a Sergio. Había estado ignorándolo toda la semana. Creyendo que, mientras menos lo pensaba, más rápido dejaba de existir. —Solo tenías que terminar conmigo —La voz de Max lo sacó de sus pensamientos —No iba a pasar nada si dejabas de amarme. Créeme que lo entiendo —Sentía como su voz comenzaba a quebrarse —Yo tampoco podría amar a alguien como yo. —Maxie... —El corazón de Sergio se rompió al escuchar esto último. ¿Cómo podía decir eso de sí mismo? —No me llames así —Esta vez su voz sonó más dura, molesta y cansada —Guarda tus apodos cariñosos para el hombre que realmente amas. Y deja de fingir o sentir lástima por mí. —Eso no es así —Esta vez Sergio lo interrumpió —Te lo juro Max, déjame explicártelo. —Terminamos —Dijo el rubio de manera tajante —Ya no tienes que explicar nada. Yo nunca podría odiarte, así que no te preocupes por mí. —Maxie... —Insistió Sergio tomando su brazo para intentar calmarlo. Entonces Max se movió bruscamente, zafándose de su agarre y siendo él quien ahora lo tomaba del brazo. —Te dije que no me llames así —Su voz a pesar de ser dura, no pretendía ser agresiva. Sin embargo, Sergio tuvo otro Deja Vu al sentir el toque de Max sobre su brazo y chilló adolorido al ser invadido por sus recuerdos. El agarre del rubio ni siquiera fue fuerte. Lo había tomado con delicadeza, pero los recuerdos estaban atormentando al pelinegro y eso provocó su reacción tan abrupta. Pero Max sintió que se había sobrepasado. Y sus propias inseguridades comenzaron a atacarlo, comenzando a compararse a sí mismo con su padre. Él no quería ser un hombre violento. Entonces lo soltó rápidamente y se pasó las manos sobre el cabello. Estaba estresado, cansado y decepcionado de sí mismo. Sin decir una palabra, el rubio tomó su mochila y caminó a su habitación. Sergio lo observó desde la sala y vio cómo guardaba algunas prendas de ropa y un par de zapatos —Max, no... —Sabía que había sido por su reacción, incluso él seguía aturdido por eso —¿A dónde vas? El rubio salió de la habitación y caminó hacia la puerta, pero el pelinegro se interpuso en su camino. No quería que se fuera —Te dije que terminamos —Entonces Max lo tomó con delicadeza del hombro y lo hizo moverse para quitarlo del camino. —Max... —Sergio volvió a llamarlo casi en una súplica. Pero el rubio abrió la puerta y salió sin mirar atrás. —¡Max! —Esta vez gritó, pero ya no había nada que pudiera hacer para detenerlo. Podría haberle gritado que estaba esperando un hijo suyo, pero ¿Acaso eso no era una forma de retenerlo? No quería ser egoísta, pero tampoco usar su embarazo como una forma de oobligarlo a estar a su lado. O al menos eso pensaba él. Todo ha pasado tan rápido, había sido tan confuso y molesto. Su afligido corazón apenas podía soportar y procesar lo ocurrido, pero no se podía decir lo mismo del resto de su cuerpo. Salió al balcón para intentar verlo. Pero no podía, no veía nada.  Max llegó al Instituto, no tenía donde más ir y tampoco quería molestar a su madre. Llamó a Lewis para pedirle verlo, necesitaba un amigo con quien hablar. Cuando le contó lo ocurrido, vio como sus puños se apretaban de lo molesto que estaba. —¿Crees que lo hice mal? —Preguntó el rubio —No lo sé, tú eres quien conoce más a Sergio y personalmente no creo que él haría algo así —Dijo el moreno y suspiró antes de continuar —Pero sí es algo que haría Nico. Supe que le gustaba desde la primera vez que lo vi cuando se hizo muy amiguito por lo de Yuki. —Me siento mal por cómo terminaron las cosas —Confesó Max —No me pude controlar, estaba tan molesto. —¿Y qué harás ahora? ¿Pedirás que te admitan el cambio para vivir aquí? —Preguntó Lewis observando la tristeza de su amigo —¿De verdad no quieres volver a hablar con Sergio sobre lo ocurrido? Quizás todo fue un malentendido. —No lo sé, quizá mañana debo volver a hablar con él —Max se levantó del banco donde estaban sentados —De momento veré si me pueden dar una habitación para quedarme esta noche. Los dos amigos buscaron resolver ese problema y por suerte tenían una disponible para situaciones delicadas, reservadas para alumnos que abandonaban su hogar. Lewis lo obligó a ir a la cafetería para comer algo, ya era bastante tarde y había pocos alumnos fuera de sus habitaciones. Esa noche apenas se acostó en la cama y no pudo evitar sentirse mal. Algo en su interior le decía que debía salir corriendo a buscar a Sergio y pedirle perdón. Sin embargo, no hizo caso a su instinto. Pues se recordó a sí mismo que él había sido engañado y no al revés. Pero se decidió por salir a caminar al patio central de la institución. Así poder distraerse en esa noche que parecía ser de insomnio. —Bonita noche, ¿No? —Dijo Lando apareciendo detrás de él —Supongo que los tuvimos la misma idea de dar un paseo. —No deseo hablar con nadie ahora —Señaló Max continuando su camino. —No pretendo molestarte —Insistió el castaño —Es solo que me sigo dando cuenta cuando estás molesto o algo te está afligiendo demasiado . Max se sentó en una banca y el otro lo imitó. —¿Por qué de repente te preocupas por mí? —Cuestionó —Me sigues, me abrazas y ahora dices que te das cuenta cuando no me siento bien. Lando sonrió ante esto. —¿No recuerdas que fuimos novios? —Respondió pegándose un poco al rubio —Estuve ahí para ti todas las veces en las que tu padre te gritaba y te exigía ser el mejor arquero. Incluso si no estamos juntos, sigo preocupándome por ti Max sonrío amargamente ante esos recuerdos de su juventud. No entendía por qué Lando de repente traía a colación todos esos escenarios. Y todo hizo click cuando sintió sus labios sobre los suyos. El castaño había tomado esa sonrisa como una señal de haber tocado buenos recuerdos en el interior de su expareja. Y, si bien al inicio parecía que Max no mostraría rechazo hacia él, pronto sintió cómo lo tomaba de los hombros para alejarlo de su rostro. —Así que eso es lo que has estado buscando todo este tiempo —Dijo el rubio —No es una preocupación genuina si esperas algo a cambio. —Maxie, ¿De qué estás hablando? —Lando quiso hacerse el tonto. —Yo no me preocupo por ti —Confesó —No me importa lo que pase contigo, mientras sea lejos de mí. Si pudiera desear que pasara contigo, pediría que te encierren como el maldito bastardo que eres. Y no me vuelvas a llamar de esa manera. Lando no pudo responder. Se sentía tan aturdido por el actuar del rubio. Siempre pensó que tenía el control de la situación, pero Max ya no era aquel niño que recordaba. Y si bien había logrado romper su relación con Sergio, esto no significaba que Max iría corriendo a sus brazos y le entregaría su amor. El rubio regresó a su habitación, se sentía agotado por todo lo que había pasado en su vida y finalmente se dejo caer en los brazos de Morfeo.  A la mañana siguiente Max estaba más que listo para empezar el día, pero también nervioso por cómo serían las cosas a partir de ahora Llegó a su primera clase con Kamui. Sus amigos ya se encontraban ahí y Lewis les estaba contando cómo Carlos se había acercado a él para pedirle cambio de habitación. Se quejaba de lo mucho que lo estaban haciendo empacar gracias a sus peleas amorosas. Uno a uno fueron llegando y no pasó desapercibido para Max el hecho de que su ahora ex novio no se había presentado. Al principio pensó que tal vez se sentía muy avergonzado por lo ocurrido y no quería verlo. Pero al mismo tiempo dudaba que esto fuera verdad. Esto debido a que, incluso cuando Sergio se sentía mal de salud, este nunca dejó de asistir a los entrenamientos. Y eso pronto lo alertó. Kamui salió un momento para atender una llamada. Entonces el rubio aprovechó para sacar su teléfono y marcar a Sergio. La línea sonaba activa, pero nadie respondía. Creyendo que quizá no le quería responder a él, le pidió a sus amigos que también lo llamaran. Primero Charles, nada. Después Lewis, nada otra vez. Doriane se percató de todo esto. Ella había visto llegar al rubio la noche anterior y se le hizo extraño no verlo con su amigo. Tomó su teléfono y comenzó a llamar, creyendo que tal vez a ella sí le respondería. Nada. —Iré a casa, no puedo quedarme aquí sin hacer nada —Max había entrado en pánico. Sentía que algo no iba bien —Vamos contigo —Ofreció Lewis y Charles asintió dándole su apoyo. —No, ustedes quédense por si llega en mi ausencia —Pidió Max y tomó sus cosas para después salir casi corriendo del aula. Doriane lo observó, sospechando que algo muy malo había ocurrido y se decidió por seguirlo. Max se dio cuenta de esto cuando salió del instituto y la escuchó correr detrás de él. —¿Y tú qué quieres? —Le dijo el rubio sumamente molesto, creyendo que ella había sido parte del engaño. —¿Dónde está Sergio? —Reclamó la joven —¿Acaso le hiciste algo? —No le hice nada —Se defendió —Deja de seguirme, esto no es asunto tuyo. —Es mi amigo, no lo voy a dejar solo y mucho menos contigo. La joven era tan terca como él, pero Max no estaba dispuesto a perder el tiempo en una discusión que no lo ayudaría a llegar a Sergio. Tomaron un taxi y llegaron al departamento. Todo el camino hasta llegar a la puerta principal se había sentido como una eternidad. Max abrió y fue corriendo a su habitación, pensaba encontrarlo dormido sobre su cama. La joven se dio cuenta de que la puerta del balcón estaba abierta y solo hizo falta dar unos pasos para horrorizarse al ver a su amigo atendido en el suelo. —¡Sergio! —Gritó acercándose rápidamente a él. Max salió corriendo de la habitación y fue hacia donde la escuchó. Estaba tendido en el suelo, no reaccionaba a los movimientos de su amiga y eso les hizo saber que estaba inconsciente. No sabía lo que había pasado. O si podrían salir de eso. 
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