ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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Florecer juntos

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El camino al hospital fue una tortura. Max se fue en la ambulancia y no paraba de llorar de la desesperación. Mientras que Doriane iba en un taxi y hablaba por teléfono con el doctor Marko. Llegaron y rápidamente separaron al rubio del pelinegro. En la sala de espera ninguno decía nada. No había ánimos para siquiera discutir entre ellos. La joven pudo darse cuenta de lo afectado que se encontraba Max, pues no había dejado de llorar aunque intentara disimularlo. Quería consolarlo, pero no sabia la naturaleza en que se dieron las cosas y no confiaba en él. Por su parte, Max era un manojo de nervios. Temía que lo ocurrido con Sergio fuera su culpa, que su pelea haya provocado el desmayo o algo peor. Sentía que se consumía por dentro, y cada minuto sin tener noticias, se convertía en una tortura agobiante. —Familiares de Sergio Pérez —Dijo una enfermera llegando  a la sala de espera, haciendo que ambos se levantarán inmediatamente —¿Son su familia? —Ambos jóvenes se miraron el uno al otro —Solo familiares, no amigos. —Pero he venido aquí antes con él, conozco al doctor que lo está atendiendo —Explicó Doriane, algo que lleno de curiosidad al rubio. ¿El doctor que lo está atendiendo? ¿Ha venido antes con él? ¿Qué más había estado ocultandole? —Lo siento, solo familiares —Insistió la mujer. —Espera, deje que pasen —El doctor Marko apareció y reconoció a la chica, sabiendo que era la amiga de su paciente. Doriane y Max se acercaron a él, esperanzados de escuchar buenas noticias. —Muchas gracias, Doctor —Dijo la rubia algo más tranquila —¿Cómo está él? Marko miró a Max, sospechando que se trataba de la pareja de Sergio. —Solo te conozco a ti, ¿Quién es él? —Rapidamente señaló al rubio y este extendió su mano en un saludo. —Soy Max el... Ex novio de Sergio —Soltó y pudo ver el disgusto en el rostro del profesional. Al doctor no le había gustado ese termino. Y aunque no era apropiado sacar conclusiones, temía que se tratara un abandono por parte de uno de los padres. ¿Cómo podía Max abandonar a un embarazado Sergio? Rápidamente desechó esas ideas en su cabeza, no estaba en posición de juzgar. Así que continuó con su trabajo. —Estara bien —Marko logro calmar los nervios de ambos jóvenes —Sergio es fuerte, pero le pedí que se cuidara de emociones que pudieran alterar su salud —En ese instante miró a Max —Supongo que no siguió mis indicaciones. El rubio desvío la mirada al sentir algo de culpa. —¿Puedo verlo? —Pidió Doriane. La rubia deseaba que Max se fuera, principalmente ahora que sabía que su relación con Sergio había terminado. Pero también sabía que era el padre del bebé de su amigo, y no le correspondía tomar esas decisiones. —Pueden pasar, pero sigue dormido —El doctor Marko los llevo hasta la habitación de Sergio. Doriane se acercó rápidamente a su amigo, le rompía el corazón verlo en aquella cama. Pero Max estaba destrozado por dentro. Verlo así solo le trajo malos recuerdos. Entonces vieron como se movía un poco, acomodándose en la cama y abriendo los ojos lentamente. Las luces casi lo cegaron por un momento, haciendo que cerrará los ojos rápidamente y parpadeara un par de veces antes de abrirlos por completo. —¿Qué...? —El pelinegro pronto reconoció el lugar y sus manos se posaron instintivamente en su vientre. —Sergio, sufriste un desmayo y te trajeron al hospital —Explicó Marko mientras se acercaba a él —¿Recuerdas lo que hablamos? —El joven asintió —Te dije que debías tener más cuidado. Insististe en esperar, pero te advertí que eso traía sus riesgos. Entonces el pelinegro se dio cuenta hacia dónde se dirigía la conversación y busco detenerlo un poco. —Espere, doctor, yo... —Sergio habló, pero ya era tarde. A Marko se le había acabado la paciencia. —Te hice unos estudios antes de despertar, por supuesto que también una ecografía —Reveló el doctor y Max lo miró con atención, mientras que Sergio suplicaba que se detuviera —Por suerte no perdiste el embarazo. No quería que se enterará así. —¿Qué? —Fue lo único que salió de los labios de Max. Fue en ese momento que Marko se dio cuenta de que sus suposiciones habían sido erróneas, y Max no había abandonado a Sergio al enterarse del embarazo. —Mierda... —Susurro Dorian al percatarse de la situación en la que se encontraba en medio. —Max, quería decírtelo —Sergio finalmente habló —Pero esperaba pasar las trece semanas antes de darte la noticia. La mente de Max iba a mil por hora. No entendía que estaba pasando, o cómo eso era posible que eso se haya dado. Pero había una duda que también se cernía en su interior y que se sentía incapaz de expresarlo. Sabía que de hacerlo, podría poner en jaque la situación con Sergio. Pero no podía evitar preguntarse si era suyo. Porque si Sergio lo había engañado, quizá había un posibilidad de que Nico fuera el padre. Pero no estaba dispuesto a decirlo. —No lo entiendo —Confesó el rubio todavía aturdido. —¿Podrían dejarnos solos? —Pidio el pelinegro, haciendo que el doctor y su amiga se marcharsen —Max, escúchame. El rubio se acercó lo suficiente como para respetar su espacio personal. Sentía que no podía tomarse otras atribuciones ahora que ya no eran pareja. —¿Estás embarazado? —Max quería aclarar sus dudas, pues todo parecía un mal chiste— ¿Cómo? Sergio suspiro pesadamente. —Es una larga historia, pero el doctor Marko me dijo que no soy un caso único —Comenzó —¿Recuerdas cuando me sentía muy enfermo? —El rubio asintió —Doriane me obligó a venir y me hicieron unos estudios, fue entonces que me enteré de todo. Comenzó a hacer cuentas, logrando ubicar el inicio de la mentira y su comportamiento extraño. —¿Desde ese momento lo sabías? —Intento controlar su voz, pero se sentía tan extraño consigo mismo —Quiero decir, ¿Por qué me lo ocultaste? —Sentía que te estaba arruinando la vida —Confesó —Tienes mucho potencial, podrías ser olímpico, Kamui lo dijo. ¿Cómo podría hacerte eso? Destruyendo tus sueños con una noticia de esta magnitud. El rubio termino de cortar el espacio entre ambos, sentándose en el borde de la cama. En su interior había tomado una decisión. —¿Cómo podrías arruinarme la vida con algo tan bonito? En ese momento los ojos de Sergio se llenaron de lágrimas. Fue en ese instante que Max se acercó más y lo envolvió con su cálido abrazo. El pelinegro se sintió tan protegido al estar entre sus brazos. Solo él podía provocar eso. Al rubio no le importaba si ese bebé era suyo o no, amaba a Sergio y lo apoyaría en todo para verlo feliz. —No sabes la paz que me da escuchar eso —Dijo el pelinegro mientras se separaban. Max limpio una lágrima que caía por la mejilla de su amado. Sin embargo, aún había un tema que deseaba abordar en la privacidad que todavía le podía ofrecer esa habitación de hospital. —¿Qué pasó después de que me fui? —No podía más con la incertidumbre —Sergio, no más mentiras. Entonces lo vio buscando algo. —Debió quedar en mis pantalones —Dijo el pelinegro —Después de que te fuiste leí una carta que me había dado Nico —En ese momento el rubio se puso nervioso —Entonces comprendí todo lo que sucedió entre nosotros. Max lo miraba con atención, pero por dentro ardía en celos. —Sé que nos viste —Continuó, haciendo que se tensara aún más —Pero yo no sabía que era él. Pensé que eras tú, mi amor —Entonces suspiro sintiendo como su vista se nublaba por las lágrimas que amenazaban con salir —Sé que no debería llamarte de esa manera, porque ya no somos novios y no tengo el derecho —Un sollozo escapó de sus labios —Pero te amo demasiado y mi tonto corazón no entiende que me has dejado  —Finalmente no pudo controlar más las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas —Y yo quería seguirte. Quería correr tras de ti... ¿Por qué me abandonaste? El rubio se sintió un completo idiota al descubrir que todo había sido un estúpido mal entendido. Ver a Sergio llorar siempre rompía su corazón. Entonces se acostó a su lado y lo dejo refugiarse en sus brazos, acariciando su cabello y su pequeño vientre. —Estoy aquí, no llores, por favor —Susurraba Max una y otra vez, intentando calmar su llanto. Había escuchado que el doctor Marko le pidió que no tuviera emociones fuertes y quizá era momento de cortar con esa conversación. —Yo no te engañe —Insistió el pelinegro —Nunca te haría algo así, porque te amo demasiado y pensé que lo sabías. —Soy un idiota —Max lo interrumpió —Me deje llevar, principalmente por lo que decían de mí —Entonces su ex novio se separó para mirarlo con atención y confusión —Esos rumores estúpidos, sobre que te trato mal y soy muy celoso —Explicó —Si soy celoso, lo admito. Pero no soy un hombre violento. Y entiendo si quieres a Nico, es entendible que me cambies por alguien mucho mejor. —Yo nunca te cambiaría, deja de decir eso —Sergio mostró molestia hacia esa última insinuación —Yo te amo a ti, todas mis palabras de cariño, mi amor, son todas para ti. Eres mi único amor, y no te cambiaría por nada ni por nadie. —Escuche tantas veces lo mismo que yo comencé a creerlo —Confesó —Nunca he merecido tu amor. —Ya basta, detente —Sergio se sentó y en su rostro se mostraba un atisbo de hartazgo —Deja de decir esas estupideces. ¿Cuántas veces debo decirte que te amo? —Las emociones estaban a tope —¿Por qué siempre te menosprecias? El rubio no sabía que decir, nunca había sido tan fuertemente regañado por Sergio. —Nico no me podría importar menos —Continuó el pelinegro —Leí su carta cuando te fuiste y me sentí tan mal al entender todo. Entonces quise llegar al sofá, pero solo alcance a recostarme en el suelo —Explicó —Nico fue tan tonto para caer en las mentiras del idiota de Lando. Este le mintió sobre algo tan estúpido y el tonto cayó en su juego. —¿Juego? —Max necesitaba más información para entender lo que decía su novio. —Sobre Nico y su extraño comportamiento conmigo —Continuó —Le dijo que yo le estaba dando unas cartas donde le confesaba mi amor —Se molestaba de solo recordarlo —Me explico todo en su carta. Por eso actuaba como lo hacía. —Y yo le creí al idiota de Carlos —Susurró Max y vio como su ex novio lo miraba casi exigiéndole una explicación —Yo... Ese podría ser el último clavo en el ataúd de la amistad entre el pelinegro y el castaño. —¿Qué hizo Carlos? —Pregunto Sergio pero Max se negaba a hablar —¿Que le creíste al idiota de Carlos? Es que no lo puedo creer, Max, sabes que él te odia. —Soy un tonto,lo sé. No debí creer lo que me dijo —Comenzó —Me convenció de que me estabas siendo infiel con Nico. Pudo ver la gran decepción en el rostro de Sergio. Si bien estaba molesto, un gran parte en su interior se sentía muy triste al saber que su amigo lo creía capaz de eso. Por su mente pasó la fugaz idea de creer que que Carlos estaba haciendo manipulado por Lando, pero al mismo tiempo sabía que ya no podía seguir pasando esas faltas de respeto En ese momento se sorprendió al ver como Max bajaba de la cama y se abrazaba a sus pies. —Max, quítate de ahí —Dijo Sergio sin terminar de entender lo que pasaba. —Soy tonto, por favor, perdóname —Comenzó el rubio —Te lo ruego a Sergio, por favor, ¿Podrías perdonarme? —Max, ya basta, levántate de ahí —Insistió el pelinegro —No tienes que hacer esto. —No puedo dejarlo así , mira lo que nos he hecho —Continúo el rubio —Soy un idiota, ¿Cómo pude caer en el juego de Lando? —Max —Volvió a llamarlo mientras movía sus pies para intentar zafarse de su agarre. —Y miramos ahora, casi te pierdo —Entonces se abrazo a más a él, intentando no sollozar. —Max, mi amor, mi león —Sergio le hablo con la dulzura que lo caracterizaba —Tú nunca me podrías perder, yo te amo, ¿Cuántas veces debo decírtelo? En ese momento el rubio se separó de sus pies y se acercó lentamente hacia su exnovio. —¿Aún me amas después de ser un idiota celoso? —Preguntó y el pelinegro asintió —¿Podrías perdonarme el haberte acusado de algo tan horrible? —Esa parte todavía me la tengo que pensar —Dijo Sergio con una voz firme y esto provocó que ahora Max abrazará a su vientre. —Mi amor, por favor, perdóname —Insistió el rubio —Te amo tanto, por favor, estaba tan enojado que no piense con claridad —Rogó —No quiero terminar nuestra relación, quiero estar junto a ti —Entonces se  levantó para mirarlo a los ojos —Siempre quise eso, te lo dije. Una familia contigo, una vida a tu lado. Es lo único que pido y seré feliz por la eternidad. Sergio se convirtió tanto por esas palabras que lo tomó de los hombros para acercarlo a su rostro y juntar sus labios en un dulce beso. Finalmente todo estaba aclarado y sus corazones volvían a sentir una paz añorada. Y claro que la idea de que Nico fuera al padre de sus hijos había sido desechada.  Paso una media hora en donde solo hubo muestras de afecto y tonteos de enamorados. Max acariciaba su vientre de vez en cuando. No podía dejar de observarlo. Pero su burbuja de amor fue interrumpida por el doctor Marko. Este les avisó que Doriane se había retirado para atender unos asuntos del instituto y las faltas que se habían cometido ese día por la ausencia de los tres. Entonces sugirió hacer algo al ver que la pareja se había reconciliado y quería levantar sus ánimos Ambos accedieron inmediatamente. Sergio estaba nervioso y brinco un poco al sentir el frío gel cayendo en su vientre. El aparato era igual de frío, haciéndolo sentir algo incómodo. Pero todavía estaba muy emocionado, pues habían estado aplazando ese momento durante mucho tiempo. Max estaba parado a su lado, sosteniendo su mano con delicadeza. Ambos miraban al monitor, esperando que esté les diera alguna imagen. —Ahí tienen —Dijo el doctor Marko cuando finalmente pudieron observar algo. Los dos jóvenes estaban fascinados por finalmente ver al resultado de su gran amor. No entendían muy bien cómo funcionaba. Así que esperaban que el doctor les explicara cada cosa que veía en pantalla. Pero Max no podía con su curiosidad. —¿Y dónde está su cabeza? —Preguntó el rubio —Solo veo dos circulos y unas sombras. No pudo evitar señalar el monitor, intentando dibujar con sus dedos aquella linda pero confusa imagen. —Esa es la otra noticia —Comenzó el doctor Marko —Estan esperando mellizos. Esa revelación fue bastante impactante para ambos, pero no de mala manera. —¿Qué? —Soltó Sergio y no pudo evitar sonreír al ver el monitor. Su corazón desbordaba de alegría y el cálido beso que Max le dio en frente, reafirmó la seguridad en su relación. —Te amo, te amo —Susurró Max a su oido para después dejar un rastro de besos por su mejilla. El rubio estaba más que emocionado. La idea de ser padre lo fascinaba, y más al saber que lo sería junto al amor de su vida. Pero dos veces era el paquete completo para la familia perfecta que deseaba con su amado Sergio. —¿Quieren escuchar sus latidos? —Preguntó el doctor Marko y ambos asintieron emocionados. Sergio no pudo contener las lágrimas al escuchar el latido de los corazones de sus bebés, esos pequeños que creían en su vientre. Pero Max era un río. Apretaba la mano de su novio y su vista no se despegaba del monitor. Sus lágrimas caían por sus mejillas, se sentía el hombre más afortunado del mundo. El resto de la tarde Max se convirtió en un obsesivo por cuidar de su pareja. Cuidado demasiado los bordes de la cama o de cualquier mueble que pudiera parecer una amenaza hacia su vientre. Parecía un paranoico, creyendo que cualquier cosa podría dañar a su amado Sergio. Lo ayudaba a ir al baño, le daba de comer en la boca y masajeaba sus pies. A cada ratito le preguntaba si quería algo, se debía subir o bajar el volumen de la tele o buscar otro programa para entretenerlo. Le robaba muchos, pero muchos besos. Acariciaba su cabello y también su vientre, este último había cautivado por completo su atención. Miraba de vez en cuando su novio y se emocionaba ante la idea de verlo con un viento un poco más abultado. Se moria por presumir que había logrado dejar en cinta a su novio, ya que ¿Cuántas personas en el mundo podían decir que habían embarazado un hombre? Mejor aún, al amor de su vida. Pero el doctor Marko les pidió discreción y cuidado. Les relató que habían situaciones donde las personas eran muy intolerantes con los hombres gestantes, y podrían mostrar actitudes violentas hacia ellos. Esto alertó al rubio. Pues nunca, jamás, en lo absoluto permitiría que le tocaran un solo cabello a Sergio y mucho menos a sus hijos. Así que se tuvo que tragar las ganas de festejar libremente el pronto convertirse en padre. Centrandose y volcando su atención por completo el cuidado de su pareja, Max se sentía feliz y satisfecho. Y cuando se hizo de noche, el rubio se acostó a su lado y lo abrazo hasta que su pareja se quedó dormido. A Max le gusta a la idea de pensar que, todos las noches que abrazaba a su novio por la espalda, siempre los estuvo cuidando a los tres. 
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