Vínculo familiar
22 de diciembre de 2025, 18:52
A la mañana siguiente, Sergio comenzó a despertar cuando sintió una mano acariciando su vientre y, cuando se movió un poco debido al contacto, percibió como esta subió a su mejilla y sus dedos delinearon su barbilla, recibiendo un beso cerca de la comisura de sus labios.
Cuando terminó de abrir lo ojos se encontró con la dulce mirada de su novio, para después darle un beso en la punta de su nariz.
—Buenos días —Dijo el pelinegro sonriendo al ser tratado con tanto cariño.
—Buenos días —Respondió Max —¿Sabes que estaba pensando mientras dormías? —Su novio negó con la cabeza —Me preguntaba si nuestros bebés heredarán tus lindas pecas.
—O tal vez tus lindos ojos, azules y curiosos—Señaló, nunca se cansaba de confesar lo mucho que le gustaban los ojos de su novio.
—Tendremos hijos perfectos si se parecen a ti —Comentó para después darle un dulce beso en los labios.
En ese momento la puerta se abrió sin previo aviso, revelando al hombre que había estado haciendo malabares para llegar lo antes posible
—¿Qué le pasó a mi hijo? —Preguntó Don Toño entrando para ver a su hijo —Max, ¿Qué paso?
El rubio se levantó casi de un brinco, su rostro palideció y se miraba visiblemente nervioso.
¿Como le podria decir a su suegrito, quien le había dado toda la confianza de llevarse a su retoño a la ciudad, que habían cometido el acto amoroso las suficientes veces como para dejarlo en cinta no solo de una, sino de dos criaturas?
—Papá, estoy bien —Dijo Sergio intentando sentarse en la cama, pero Max rápidamente lo auxilio como si estuviera convaleciente y no tuviera la capacidad de hacerlo por su cuenta.
—¿Cómo puedes decir eso? Te desmayaste, eso me dijo tu doctor cuando me llamo —Sergio había puesto de contacto de emergencia a su padre, lo cual los había llevado a esa situación —No intentes minimizarlo.
A Max no le gustó la idea de que sergio pusiera a su padre como el contacto de emergencia. Principalmente por la lejanía del lugar de residencia de este y por los problemas del corazón que acarreaba desde el incidente del asalto.
—Me ocultaste tu infarto —Reclamó el pelinegro, logrando voltear las cosas.
—Amorcito, no te alteres —Pidió el rubio tomando su mano con delicadeza.
La visible preocupación de Max hacía sospechar al mayor, quien creía no había sido un simple desmayo.
—Hijo, dime la verdad, ¿Qué pasó? —Don Toño se mostró más sereno y puso una mano en el hombro de Max —Sé que tú no me mentirías.
Lo había atrapado.
Definitivamente sabía que su yerno no le mentiría para no perder la confianza.
Pero Max nunca haría algo que incomodara o molestara a su novio, así que volteo a verlo esperando su consentimiento para hablar, recibiendo un sí con la cabeza como respuesta.
—Es algo difícil de explicar, incluso yo no sé cómo empezar —El rubio apretó ligeramente la mano de su novio y comenzó a relatar todo lo que les había dicho el doctor Marko.
Un atisbo de confusión e incredulidad se puso notar en el rostro del mayor. Soltó una pequeña risa pensando que era una broma, hasta que notó los rostros serios de los jóvenes, entonces comprendió que no se trataba de alguna mentira.
—¿Pero estas bien? —Comenzó Don Toño —Quiero decir, con la idea de tenerlo —Se puso nervioso al no saber escoger sus palabras —Y te desmayaste, ¿Eso quiere decir que tu salud es delicada?
El pelinegro se dio cuenta de lo preocupado que estaba su padre. Sabía cómo se sentía porque él también había estado tan confundido cuando se enteró de todo.
—Papá, tranquilo —Respondió Sergio con una sonrisa amable y acariciando suavemente su vientre —Estamos bien. El doctor dijo que no debo sufrir emociones fuertes, principalmente antes de las trece semanas.
—Debemos decirle lo otro... —Susurró el rubio lo suficientemente bajo como para que solo su novio pudiera escucharlo.
Don Toño asintió un poco más calmado y busco en los bolsillos de su pantalón su teléfono, lo sacó y marco un numero conocido.
Los jóvenes lo miraron expectantes mientras el mayor salía de habitación para conversar con mayor privacidad.
—¿Qué está pasando? —Preguntó Sergio algo nervioso por el repentino actuar de su padre.
—Tranquilo, mi amor, estoy aqui. Así que no tienes que preocuparte —Max tomó su mano con delicadeza, dándole un pequeño beso en el dorso de esta.
—Jóvenes —El doctor Marko entró a la habitación —Vengo por mi paciente, necesitó pesarlo para saber cómo vamos en ese aspecto. Sabes que te pedí comer bien, y espero que hayas seguido mis indicaciones.
El pelinegro asintió algo incomodo, no le gustaba subirse a esa pesa y ver cuánto había "engordado".
El rubio ayudó a su pareja a ponerse de pie, siendo muy cuidadoso para que no se golpeara con nada y lo acompañó hasta donde haría la revisión.
No pensaba dejarlo solo en ningún momento. Nunca más.

Cuando terminaron la revisión, Max volvió a tomar de la mano a su pareja para caminar de vuelta a su habitación.
Sergio se sentía mucho mejor y le darían el alta esa tarde.
Claro, le prescribieron más vitaminas para ayudarlo en su gestación, además de recibir otro sermón del doctor Marko sobre su falta de cuidado a pesar de sus indicaciones.
El rubio abrió la puerta de la habitación, viendo a Don toño sentado cerca de la cama y su sonrisa se desvaneció cuando identificó a la otra persona que lo estaba acompañando.
—Max Emilian Verstappen, ¿Me puedes decir que está pasando? —La voz de Sophie era firme y demandante, algo que puso nervioso a su hijo.
Eran pocas las ocasiones donde había visto a su madre molesta con él, normalmente era el niño de sus ojos, pero esa tarde todo era diferente.
—Dijo tu nombre completo... —Susurró el pelinegro visiblemente preocupado.
—M-mami... —Balbuceo Max sin siquiera poder dar un paso más.
—Vengan para acá y cierren la puerta —Ordenó la mujer y ambos obedecieron, más por temor que por respeto —¿Qué pasó?
—Le he contado lo que ustedes me dijeron, pero simplemente no me cree —Empezó Don Toño levantándose de su asiento para acercarse a ellos —Y yo no puedo creerlo, es difícil.
Ambos jóvenes se miraron el uno al otro y Max ayudó a su pareja a sentarse en la cama, para después buscar algo en uno de los cajones de la mesita que estaba al lado de esta.
Lo tomo con cuidado y se los acerco a ambos padres, haciendo de sus rostros de sorpresa todo un deleite para cualquiera que estuviera viendo ese momento especial.

Una imagen dice mas que mil palabras. Los jóvenes no mentían sobre lo que estaba pasando.
—Dios mío... —Dijo Sophie sosteniendo la ecografía —¿Son dos?
El rubio asintió intentando ocultar su sonrisa de emoción.
—¿Dos? —Repitió Don Toño con cierta preocupación y volvió a tomar asiento.
—Mi niño —En ese momento la mujer se acercó a Sergio y le dio dos besos, uno en cada mejilla, luego se giró hacia Max y le dio un ligero golpe en su brazo —¿Y tú no podías dejarlo en paz?
Max se quejo un poco al sentir el contacto, acariciando rápidamente la zona afectada.
—¡Mami! —Se quejo el rubio.
—En realidad, yo era quien no lo dejaba en paz —Confesó el pelinegro y todo se sintió un poco incómodo.
—No había necesidad de ser tan agresiva —Continuó quejándose —Al menos nos hubieras dejado terminar de contar todo. Yo no sabía que Sergio se embarazo, apenas me entere ayer.
Entonces recibió otro pequeño golpe de parte de su padre.
—¿Se embarazo? —Repitió sus palabras —Más bien, lo embarazaste. Porque los bebés no se hacen solos, Maxie.
—Si, mami, perdón —Susurró el rubio después de ser regañado.
—Bien, ahora debemos hablar sobre todo el proceso —Interrumpió Don Toño —Es claro que ambos desean tenerlos, así que tenemos que apoyarlos con su decisión.
—Estoy de acuerdo —Respondió Sophie —Aunque creo que son demasiado jóvenes, eso me preocupa demasiado.
—Trabajaré muy duro por mi familia —Dijo Max en una promesa, haciendo sonreír a su pareja.
—Estamos a poco tiempo para las pruebas nacionales, si lo conseguimos, podremos mantener a nuestra familia con la beca deportiva y aún seguiríamos en el programa —Explicó el pelinegro —Lo estuve investigando las últimas semanas, y el entrenador Kamui cree que ambos tenemos más que merecido un lugar en el equipo nacional.
—Entonces deberán informar sobre el embarazo ¿no? —Continuó Sophie —Quiero decir, cariño, ahora no se nota pero pronto lo hará, justo cuando menos te lo esperas.
—Pero no podemos decirle a nadie —Advirtió el pelinegro —El doctor Marko dice que es muy peligroso, que podrían hacerme daño.
—¿Hacerte daño? —Pregunto Don Toño levantándose para acercarse a su hijo —Dime quien se atreva, y le daré una lección. Nadie tocará a mi hijo ni a mis nietos.
—Solo debemos cuidar que nadie se entere hasta el nacimiento —Continuó Max intentando que no se intensificara el ambiente.
—Bien, pero si son dos bebés el departamento les quedará pequeño —Señaló la mujer —Eso también será un problema.
—Faltan meses para el nacimiento —Insistió el rubio —Ya tendremos tiempo para hablar de eso, de momento hay que dejar que Sergio descanse.
Los mayores asintieron y el pelinegro sonrió agradecido por haber detenido esa conversación que le resultaba un poco incómoda.
Max se acostó a su lado, sabiendo bien que le gustaba dormirse recostado en su pecho mientras le acariciaba el cabello.
Pero el rubio también aprovechaba para tocar su vientre, no podía con la emoción que inundaba en su pecho ante la idea de ver crecer a sus bebés en el vientre de su pareja.
Los dos padres salieron de la habitación todavía abrumados por la noticia.
—Son muy jóvenes —Insistió Sophie.
—Lo sé, pero ellos tomaron su decisión —Señaló Don Toño —Debemos apoyarlos, sin importar que. Solo nos tienen a nosotros...
—Y nosotros a ellos —Completó la mujer.
—Así es, y ahora hay dos pequeños en camino —Continuó —Y sé que mi hijo no cambiará de opinión. No, lo veo en su mirada. Cuando él toma una decisión, difícilmente da marcha atrás.
—Con razón veía algo diferente en él —Recordó la mujer con una ligera sonrisa en sus labios —Aquel día fue a la floristería y me dio la impresión de que se veía más lindo de costumbre. Realmente tiene un brillo especial.
—Todavía no lo entiendo —Confesó el mayor —Pero solo deseo que todo salga bien. Ambos desean está familia en camino.
Los dos miraron por la pequeña ventana que daba a la habitación del joven. Podían verlos a uno en los brazos del otro, siendo felices ante su futura vida familiar.
Y los dos no podían estar más orgullosos, tanto los padres como los hijos.

Sergio había dormido por dos horas y Max no había dejado de observar todo de él.
La forma en como respiraba, los pequeños estirones al dormir, la manera en como se pegaba más a su cuerpo y hundía su rostro en su cuello.
Amaba demasiado a Sergio como para omitir esos detalles.
Y cuando finalmente le dieron el alta, Don Toño no dudo en llevarlos a su departamento y sermonear a Sergio con que debía hacerle caso al doctor.
—Y te tomas tus vitaminas —Dijo el mayor.
—También debes tener cuidado con lo que comes, no todo es bueno —Señaló Sophie acariciando su mejilla con su mano, la cual Max rápidamente aparto.
—Ya lo sabemos, el doctor Marko nos dio una lista de alimentos buenos y otros que debemos evitar —Aclaró el rubio —Ya lo regañaron por comer muchos postres y golosinas.
El rubio sonrió al recordar esto y Sergio hizo un puchero.
—¿Estás comiendo cosas dulces? —Comenzó Don Toño y su hijo asintió —Eso significa que serán dos lindas niñas.
Habían ciertas creencias donde se decían que los antojos te avisaban si el bebé era un niño o una niña.
Si tus antojos eran dulces, lo más probable es que tuvieras a una niña en camino.
Pero si estos eran más salados o picosos, quizá se trataba de un niño.
El mayor lo creía fielmente, pues su esposa tuvo muchos antojos picantes y después nació su amado Sergio.
—Tampoco hay que confiarse demasiado en eso —Señaló Sophie —Cuando estaba embarazada solo se me antojaban golosinas, siempre era un postre. Y, sin embargo, tuve a mi Maxie, así que no tiene nada que ver.
—Ya lo veremos —Dijo Don Toño sin fiarse del todo del relato de la mujer.
Él se aferró a lo que creía, mientras que ella seguía dudando de eso.
Una vez se fueron, Max hizo que Sergio se acostara en el sofá mientras él preparaba algo de comer.
Jimmy se acostó al lado del pelinegro y comenzó a ronronear mientras se restregaba en su vientre.
Sergio se sentí feliz. Muy pleno.
Sus miedos se habían ido y ya no dudaba de sus decisiones.
Sabía que Max estaría con él sin importar que, y este mismo también se miraba muy emocionado por la noticia del embarazo.
Y fue entonces que su camino de flores solo se hizo más brillante y colorido.