ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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Sobreprotector

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Sergio descubrió una nueva faceta de su novio. Desde que supo del embarazo, Max se había vuelto loco. Se había pasado toda la tarde del sábado cuidando a su novio, protegiéndolo de cada esquina de la casa. No lo dejaba ni ir al baño solo, tenía miedo de todo. Que si corría, si se levantaba, si se sentaba, si se acostaba. Todo se había vuelto peligroso a ojos del rubio. Y aunque al principio era adorable, pronto se volvió molesto para el pelinegro. Nada cambió al dia siguiente, todo fue igual. Ni siquiera quería dejarlo ir al super a hacer las compras, diciéndole que mejor descansará este fin de semana y las compras la dejaran para el lunes. Así que todo el fin de semana se la paso acostado y siendo atendido por su tierno, y bastante obsesivo, novio. El lunes los dos retomaron su rutina diaria. Max preparo un abundante desayuno para llenar a una familia completa, pero él solo quería que su amorcito y sus bebés estuvieran más que satisfechos. En cambio, a Sergio no le apetecía comer demasiado. Temía que al engordar perdiera todo lo que, según su punto de vista, lo hacía atractivo a los ojos de su pareja. Pero no se podía negar a comer, sabía bien que era por su estado y no quería tener problemas de salud. Además, Max cocinaba delicioso y disfrutaba mucho de sus platillos. Continuaron su camino, llegaron al instituto y rápidamente saludaron a sus amigos en el aula. El rubio abrazaba por la cintura a su novio, cuidando que nadie le tocara ni un solo pelo. Kamui le pidió ayuda para que sacara algunos materiales que usaría para la clase. Todo iba con normalidad hasta que vio cómo Nico se le acerco a Sergio. Ya no eran celos, sino temor de que su actuar pusiera mal a su pareja. —Max, lleva esto por favor —Y Kamui lo notó, así que intervino para evitar una confrontación. —Sergio, ¿Podemos hablar? —La voz de Nico lo tensó, pero asintió a sabiendas de que tenían que aclarar todo entre ambos. Se alejaron un poco y finalmente el pelinegro hablo. —Leí tu carta, creo que ambos sabemos que juego sucio fue este —Sergio mostraba lejanía ante la figura del rubio. No le gustaba tener sus manos cerca de él. Nico se removió en su sitio, se mostraba inquieto ante la conversación y el actuar de su compañero, pero lo entendía muy bien. Había estado trabajando en eso. —Lamento mucho todo esto —Comenzó —Yo creí en sus palabras y te hice daño al no escucharte —Ambos estaban frustrados ante ese recuerdo —He estado asistiendo a la psicóloga del instituto, creo que nos servirá entender a profundidad lo que pasó. —Tienes razon, deberia ir porque... —Sergio no sabía si era apropiado decirlo, pero necesitaba sacarlo de su interior —No me gusta la idea de tenerte cerca. Me asusta. El rubio desvió la mirada. Entendía  bien y no lo culpaba por su reacción, pero también lo afectaba en cómo se miraba a sí mismo. —Que linda pareja —La voz de Lando los hizo voltear a ambos —Que novios tan románticos, se alejaron de todos para tener privacidad. Y eso fue suficiente para comenzar una discusión. —¿No te da vergüenza? —Comenzó el pelinegro —Vas por ahí diciendo tus tonterías tan descaradamente, y luego actúas tan inocente. —Idiota, no me hables así —Respondió el castaño —Solo te estaba haciendo un favor. Temeroso de que su teatro se desmoronará, Lando optó por continuar con su farsa. —Tu juego termino, Lando —Esta vez Nico hablo —Ambos sabemos la verdad, así que no tiene caso que sigas mintiendo. El castaño sonrió nervioso, había perdido el control de la situación. Sin embargo, todavía le quedaba un poco de suerte. —¿Qué está pasando? —Preguntó Kamui sumamente molesto —Ya les he dicho que me molesta esta falta de disciplina —Les recordó —Castigados, se quedaran a limpiar esta tarde. Los jóvenes sabian que no podían hacer nada al respecto. Obviamente este castigo no incluía a Nico, pues era el ayudante del entrenador y tenia muchas ventajas al respecto, además de otras responsabilidades. Y Max se puso muy nervioso. Sabía que nada bueno podría salir de dejar a su novio a solas con el estúpido y violento de Lando. Pero no podía reclamar porque Kamui le volveria a recordar que tiene que separar lo personal de lo profesional. Aunque esto no le gustara para nada.  Termino la clase y los dos jóvenes se quedaron limpiando el aula. Sergio no tenía ánimos de hablar, pero no se podía decir lo mismo del castaño. —Tienes suerte de que Kamui nos haya interrumpido —Comenzó Lando mientras movía algunos materiales a la bodega —Nada me hubiera gustado más que partirte la cara. El pelinegro lo ignoró, sabía que solo estaba buscando una provocación. —Solo eres valiente cuando alguno de tus amantes está presente para defenderte —El castaño siguió presionando —¿Qué hacías escondiéndote con Nico? —Entonces acortó un poco la distancia con Sergio, no lo dejaría en paz —No te detienes ni porque tu novio está presente, que sinvergüenza. En ese momento Sergio empezó a hacer una lista mental de razones por las cuales no debía responder a las provocaciones de Lando. Debía recordarse a sí mismo que estaba gestando y no podía permitirse un esfuerzo tan grande como agarrar a golpes a ese idiota. —No sé cómo Max te soporta —Continuó Lando mientras lo empujaba ligeramente, esto hizo que el pelinegro se pusiera en alerta —Yo jamás sería novio de una puta. Y eso fue la gota que derramó el vaso. Sergio, quién estaba barriendo, tomó con firmeza el palo de la escoba, se giró y le dio un golpe en la espalda que lo hizo tambalear. —¡Imbécil! —gritó el castaño con molestia. Sin embargo, había sellado su destino al momento de haberlo insultado de esa manera. El pelinegro estaba harto de cómo el ex líder de los Lions había estado manchando su imagen por un estúpido plan para separarlo de su pareja. Por su culpa casi termina con Max, por poco le provoca un aborto y estaba seguro de que, de no haber descubierto la verdad, probablemente pensarían que los hijos que llevaban su vientre no eran de su novio sino de Nico. Si Lando quería hablar de violencia, él le mostraría lo que es ser violento cuando estás tan enojado con alguien. Le dio otro golpe y esta vez sí lo logró derribar. No se necesitaba mucho esfuerzo cuando tenías una escoba en la mano. Lando se quejaba en el suelo al recibir diversos golpes en el cuerpo. —¡Ya basta, idiota! ¡Detente! —Gritaba el castaño intentando poner sus manos para evitar el golpe. —¡No vuelvas a llamarme así! —Gritó Sergio mientras lo golpeaba —¡No vuelvas a meterte con mi novio! —Otro golpe —¡No vuelvas a meterte en mi vida! —Uno más —¡No vuelvas a meterte con mi familia! Max, quién pasaba cerca de ahí porque no podía controlar los nervios al saber que su novio estaba solo con ese idiota, se sorprendió mucho cuando lo vio agarrarlo a escobazos contra el suelo. —¡Amorcito! —Dijo Max corriendo para separarlos —Te vas a lastimar. Sergio retrocedió en sus pasos y el rubio le quitó la escoba de las manos. Lando se levantó del suelo, estaba muy colorado y desalineado. —Imbécil, esta me la pagarás —Amenazó el castaño —¿Cómo te atreves a pegarme? ¿Cómo te atreves a tocarme? Ya verás lo que puedo hacer para castigarte por esto. Max se puso frente a Sergio, intentando protegerlo de cualquier tontería que pudiera intentar su ex amigo. —Haré que los expulsen a ambos —Continúa Lando —Par de violentos, con razón están juntos. —Anda y diles —Respondió Max sumamente molesto —Vamos, ve y habla tu mierda que tanto te encanta. —Esto no tenía que pasar entre nosotros —Insistió el castaño —Pero tú nunca quisiste renunciar a él. Ni siquiera porque te engaño con Nico. Eres un ciego idiota. En ese momento Max sonrío. —Ya deja tu truco barato —Esta vez fue Sergio quien habló —Ya no puedes manipular a nadie en esta habitación. Pronto todos verán tu verdadera cara. —Así que ve y dile a todos el cuento que tanto te gusta relatar —Continuó el rubio —Hazlo y te denunciaré por difamación. Haré que te expulsen y el dinero de tu papá no va a evitar eso. Todos sabemos por qué estás aquí, es evidente tu falta de talento. —Tu padre casi mata a otro chico — Lando recurrió a golpes bajos —Todos lo saben, eres el hijo de un asesino. Esto claramente afectó a Max. El recuerdo de su padre y todo lo que lo rodeaba era simplemente amargo y molesto. Sergio se percató de esto y no dejaría que lastimaran a su pareja de esa manera. —Lo que hizo su padre no tiene nada que ver con él —Comenzó el pelinegro —Son nuestras propias acciones las que nos definen. En este caso, tú eres el asesino. Esto puso muy nervioso al castaño. No sabía si Sergio estaba hablando del tema de Max, el perro, y no pudo evitar sentirse expuesto. Creía haber cerrado ese capítulo en su vida. Libre y sin consecuencias. Ninguna sospecha en el camino. Pero ahora todo parecía distinto, porque él había sido señalado. —No sé de que estás hablando —Comenzó Lando —Te denunciaré por difamación. —¿Con que pruebas? —Preguntó Sergio con un media sonrisa —No le he dicho a nadie más que a ti, ni siquiera hay un testigo que pueda avalar eso. Pero dime una cosa, ¿Crees que no encontraré a alguien que te haya escuchado hablar esas tonterías de Max? —El castaño retrocedió en sus propios pasos al escuchar esto —Ese es el problema de los chismes, es demasiado fácil encontrar la raíz de todo. Porque todos son unos chismosos. —¿Que está pasando aquí? —La voz de Carlos hizo que los tres voltearan a verlo —¿De qué están hablando? —Preguntale a tu novio, idiota —Dijo Max arrojando la escoba al suelo para después tomar la mano de su pareja e irse de ahí. Carlos miraba con atención a su pareja, había llegado a escuchar un poco de la discusión cuando llegó al aula. Quería llevarle algo de tomar a su novio y pensó en poder hablar con Sergio. Pero se llevó una sorpresa al escuchar lo que estaban hablando. Lando se mostraba diferente cuando no estaba presente. Lo sospechaba pero finalmente lo comprobó. Cuando le cuestionó lo que había sucedido entre los tres, este intentó cambiar la conversación y puso excusas tontas. Definitivamente algo estaba mal y tendría que averiguarlo.  La pareja de enamorados siguió su camino hacia el supermercado. Se sentían más tranquilos después de confrontar a Lando, pues le habían hecho saber que sus artimañas no resultaron como le hubiera gustado. —Me hubiera gustado que Yuki nos acompañará este fin de semana —Comenzó Max mientras empujaba el carrito de compras —Pero me alegra que Kamui pase más tiempo con él. Sergio no pudo evitar sonreír con cierta melancolía, el tema de Kamui era muy delicado y frustrante. —¿Ha hablado contigo otra vez, sobre eso? —El rubio negó con la cabeza y el pelinegro continuó —No podre cargar tanto a Yuki. Ya sabes que le encanta estar en mis brazos, así que tendremos que buscar otra forma de entretenerlo. —Quizá algún juguete —Propuso el rubio desviándose a la zona infantil. —Maxie... —Dijo su novio intentando perseguirlo. El pelinegro amaba lo mucho que su pareja quería mucho al pequeño Yuki, pero realmente habían comprado muchos juguetes para él. —Mira este camión de bomberos —Mostró el rubio —¿O querrá otra pelota? —Mi león, ya tiene muchos juguetes y ninguno termina de gustarle tanto como ese arco y flecha que le regalaste —Le recordó haciéndolo sonreír orgulloso —¿Por qué no mejor hacemos una cita de juegos con el lindo Pierre? Es muy amable con Yuki. El rubio hizo una mueca al recordar a “ese mocoso” que había jugado con su niño. —Mejor hay que traerlo y que él elija su juguete —Propuso el rubio y Sergio tomó el carrito para comenzar a empujarlo lejos de esa zona. Sin embargo, se giro un momento y vio como su novio observaba una caja rosa que tenía un juguete dentro. Era uno peculiar. Se acercó en silencio al ver lo mucho que le había gustado. Era un hornito para preparar postres y era perfectamente funcional. —¿Eso es un juguete? —Preguntó Sergio asombrado al saber que los niños jugaban con algo que parecía más de personas adultas. Max inmediatamente alejo sus manos de la caja, como si hubiera sido regañado por ver algo “de niña”. —Vamos por las compras —Dijo el rubio yéndose hasta el carrito y tomando la mano de su novio para marcharse de ahí. Habían muchas cosas que Sergio no sabía de Max. Cuando era niño, él siempre quiso probar distintas cosas gracias a su curiosidad. Pero su padre siempre le decía que no. Uno de sus tantos anhelos fue un horno para hacer galletas y diversos postres. Le parecía fantástico y quería intentarlo. Jos se lo negó rotundamente. Además, lo golpeó por haberse interesado en algo “de niña”. Así que, cuando vio de nuevo el juguete que tanto alguna vez le había gustado, no pudo evitar verlo con cierta nostalgia y deseo. Pero le daba miedo tocar ese tema. Porque sentía que estaba haciendo algo malo. Sin embargo, aunque Sergio no supiera el contexto detrás de esto, se prometió a si mismo regresar a esa tienda por el juguete que le había gustado a su novio. 
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