ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

La caída

Ajustes de texto
Max se quedó unos minutos en el baño para recuperarse del golpe, pero luego se dio cuenta de que seria fácil de que lo acusaran de haber golpeado de Lando. Se lavó las manos y se llevo un poco de agua al rostro. Entendía que no hizo nada malo al poner en su sitio a Lando, pero sabia que tenia que tener una coartada en dado caso que este quisiera denunciarlo con las autoridades de la institución. Así que camino rápidamente hacia la cafetería. Compro un jugo de durazno y tomo otra ruta para regresar al aula. —Amorcito, fui por un jugo para ti —Dijo el rubio llegando hasta donde estaba su pareja —Sé que te gustan mucho los duraznos en almíbar, pero sabes que es exceso de azúcar y que pueda hacer daño. Al menos puedes pasar el antojo con este juguito. Si bien le servía de excusa, la verdad es que Max había querido comprar ese jugo porque Sergio acostumbraba a hacer berrinche cuando no lo dejaba comer lo que quería. El pelinegro lo tomó gustosamente y le dio un suave beso en la mejilla. Kamui se había dado cuenta de la ausencia del rubio pero lo dejó pasar al ver que había sido por una cuestión de necesidad. Miró su reloj y pensó que quizá era una buena idea darles un descanso. —Chicos, tienen 20 minutos para relajarse —Dijo el entrenador y los demás suspiraron aliviados. El pequeño grupo de amigos se sentó en una banca mientras disfrutaban de algunos snacks. —Sergio, perdóname que te lo diga pero te ves muy cansado —Comenzó a Charles —Creo que el clima frío no te sienta bien. El castaño acercó su mano a la mejilla del pelinegro y lo acarició para saber si tenía fiebre. Max le dio una pequeña palmada para alejar su mano de su novio. —Veamos —Dijo el rubio poniendo su mano sobre la frente de su pareja para checar su temperatura —Estas algo calientito. —Quizás deberías ir a la enfermería —Propuso Lewis, algo que tenso a la pareja. —Ya no quiero —Charles mostraba el vaso de chocolate a medio tomar. Se sentía muy lleno y no quería más. —Te dije que no te sirvieras otra vez si ibas a dejarlo —Se quejó el moreno extendiendo su mano para tomarlo. En ese instante, sin querer, golpeó ligeramente el vientre del pelinegro. Apenas fue un roce, pero esto alertó a la pareja e hizo que Max pusiera su mano sobre el vientre de su novio intentando protegerlo. —¿Qué pasa? —Preguntó el castaño y notó lo abultado que estaba el abdomen de su amigo. —Max, no seas exagerado —Se volvió a quejar Lewis —No dejas que nadie lo toque, pareces paranoico. Sin embargo, Charles no podía con su curiosidad y tomó el borde del abrigo de Sergio para levantarlo un poco y observar mejor aquella barriga. El pelinegro rápidamente bajó la prenda de un manotazo y se mostró muy molesto por esa intromisión. —Yo... —Comenzó el castaño sin saber que decir —Nada, perdón. Le parecía extraña la forma del vientre de su amigo. Solo había visto eso una vez, era la pancita de una mujer embarazada. Pero claro que no se iba a hilar tantas ideas en su cabecita. No lo creía posible. Sin embargo, Sergio y Max compartieron una mirada cómplice. Sabían que algo había llamado la atención de su amigo y tendrían que analizar si decirles la verdad o no. Por otro lado, Kamui estaba conversando con sus alumnos cuando su teléfono comenzó a vibrar. Se levantó para alejarse y atender con tranquilidad. Su rostro se transformó al escuchar a la persona al otro lado de la línea. Colgó la llamada e hizo todo lo posible por guardar tranquilidad. —Chicos, vuelvo en un momento, no se muevan de aquí —Pidió con la voz más serena que pudo procesar. No podía decirles lo que había ocurrido porque el atacante estaba en el instituto y las autoridades ya estaban resguardando la zona. Sabía que alguno de ellos llegaría en menos de cinco minutos para llevárselos a todos a la cafetería y poder revisar sus pertenencias. La tranquilidad abandonó el lugar.  Lando corría por los pasillos, estaba sumamente asustado. Todavía sostenía la navaja manchada con sangre del ex estrella de los Lions, y esto provoco que su mano derecha estuviera cubierta de ese color carmesí. Sabia que no podía continuar de esa manera, que alguien lo vería y seria atrapado. Así que decidió irse al baño para limpiarse. Dejo correr el agua de la llave mientras lavaba sus manos. La sangre desaparecía poco a poco, pero era difícil sacar el recuerdo de su cabeza. Ni siquiera podía mover bien su mano, se había provocado un esguince al haber dado la puñalada. No quería lastimar a Nico, pensaba que era Max. Si, había sido un idiota, pero nunca pensó llegar tan lejos. Ni siquiera se sintió mal cuando apuñaló a Max, el perro, porque consideraba que su vida no valía nada al tratarse de un simple animal. Pero ahora estaba preocupado. Porque lo podrían atrapar fácilmente y terminaría expulsado, o peor. —¡Idiota! ¡Idiota! —Se gritaba a si mismo frente al espejo mientras se daba unos cuantos golpes al rostro. Estaba cayendo en la desesperación. Había lavado la navaja y la guardó en su bolsillo. Escuchó pasos en el pasillo y se asomo para descubrir que los alumnos estaban siendo llevados hacia la cafetería. Entonces aprovecho para mezclarse entre ellos, pero necesitaba llegar a su habitación sin ser visto. Así que comenzó a escabullirse tan rápido como le era posible e intentando no llamar la atención. Sin embargo, ya había sido observado por alguien. Cuando llegaron al aula de Kamui para llevarse a los alumnos, Carlos estaba más que preocupado por la ausencia de su novio. Entonces comenzó a buscarlo para asegurarse de que todo estuviera bien. Pues había crecido cierto pánico al desconocer las razones detrás del actuar de las autoridades escolares. Pero se sorprendió mucho cuando lo vio escabullirse lejos de los demás, pudo reconocer el camino hacia su habitación. Vio como su novio entraba y cerraba tras de si. —Mierda... —Susurró Lando mientras guardaba la navaja en uno de los cajones de su mesita de noche —Estas jodido, lo estas. En ese momento pego un brinco cuando vio a Carlos entrar a la habitación. —Cariño, yo... —Se mostró visiblemente nervioso, algo que alertó a Carlos —No me sentía bien, así que regrese a la habitación. No tenías que venir a buscarme. —¿Estás bien? —Comenzó Carlos sentándose en su cama, necesitaba que se calmara —Te ves mal. —Ya te dije, me dolía el estómago así que preferí irme antes de que me pusiera peor —Insistió para después acostarse en su cama. Sin embargo, Carlos no lo iba a dejar así nada más. Había estado pensando mucho en aquella discusión que tuvieron cuando Sergio acuso a Lando de lo peor. Quería saber lo que le diría al respecto cuando lo confrontara, pero también se lo quería mostrar a Sergio para comprobar su versión. Así que estaba grabando esa conversación con su teléfono. —Necesitamos hablar —Comenzó Carlos y Lando quiso fingir dormir —Sobre Nico. En ese momento Lando abrió los ojos inmensamente e intento controlar sus nervios. —¿S-sobre Nico? —Balbuceó un poco. —Sé lo que hiciste —Carlos recordaba la conversación que tuvieron —¿Por qué? ¿Cómo pudiste? Nico confiaba en ti, y mira lo que hiciste. Lando se sentó en la orilla de su cama y miro con cierto temor a su pareja. Temía lo que pudiera venir. —¿De qué estás hablando? —Su voz era temblorosa —Yo no le hice nada. —No me mientas —Continuó Carlos —Yo sé todo, lo vi y escuché. Lando suspiro pesadamente y sintió como su cuerpo temblaba ante esa confrontación. —Dime la verdad —Insistió —Dimelo, Lando, ¿Por qué lo hiciste? Entonces el más joven cerro los ojos y se llevó la manos a la cara, intentando detener las lágrimas que se asomaban. —No me pude controlar, quería ganarle —Comenzó Lando, confundiendo a su pareja, pues no estaban hablando de lo mismo —Pensé que podría hacerlo, no pensé en las consecuencias. Fue en ese momento que Carlos se percató de algunas manchas de sangre en la ropa de su pareja. Él solo quería saber si era verdad que le había mentido sobre el tema de Nico y Sergio. Y aunque podía hacerlo, decidió no detenerlo. —Pensé que era Max, no Nico —Lando continuó con su relato —Estaba muy molesto, no quería apuñalarlo —Sus sollozos estaban fuera de control —Cuando me di cuenta, él ya estaba en el suelo —Se detuvo un momento para intentar tomar aire —No se sintió igual, no como con el tonto perro. Carlos se quedó estático al escuchar esto. No tardó mucho en unir todos los puntos. Lando estaba cantando todo gracias a que estaba siendo presa del pánico. Pero por un momento olvidó quien era el mejor amigo de su novio. —¿El perro? —Pregunto casi en un susurro. —Pensé que iba a morderme y no se callaba, tuve que hacerlo ¿Tú me entiendes, verdad? —Dijo Lando poniéndose de rodillas frente a él y tomándolo con fuerza de las manos —Por favor, dime qué lo entiendes. Carlos asintió más por compromiso que por estar de acuerdo. Estaba asustado ante la persona que tenía frente a él. Porque de un momento a otro su novio se había convertido en un desconocido. —¿Golpeaste al dueño del perro? —Pregunto con cierto temor. No quiso decir el nombre de Sergio, quizá eso lo haría reaccionar y no respondería más preguntas. —No, fue Daniel —Soltó —Yo nunca le había hecho daño a nadie, nunca —Rapidamente volvió a justificarse —Pero Max se estaba comportando como un idiota. Y pensé que era él, lo juro, pensé que era él y no Nico. Era como si pensara que al decir que siempre creyó que “era Max” de alguna manera justificaba su actuar. Y aunque Carlos odiaba al rubio, jamás se le hubiera cruzado por su mente hacer algo de esa magnitud. —M-mi mano, me duele —La voz de Lando volvió a sacarlo de sus pensamientos —Creo que me lastime. Carlos tomo con cuidado su mano, notando lo temblorosas que estaban las manos de ambos. —Lo apuñalaste con tu navaja nueva, ¿No? —Realmente no sabía de dónde había sacado las fuerzas para afrontar esa situación. Incluso podía recordar aquella platica sobre su navaja nueva. Una que casualmente compro después del ataque a Sergio. —En el cajón —Respondió Lando mientras seguía llorando —Ayúdame, por favor, te necesito. Carlos asintió para que se calmara. Lo ayudo a relajarse un poco hasta que finalmente dejo de llorar. Tomo una bolsa de plástico y la uso para agarrar la navaja y guardarla dentro de esta. Le prometió a Lando que lo ayudaría, que estaría ahí para él. Pero todos tienen un límite y ese ya había sido cruzado.  Kamui estaba nervioso, había ido con los vigilantes para revisar las cámaras de seguridad y notaron que todo ocurrió en un punto ciego que no habían registrado. Solo lograron a identificar a tres personas en el área. Nico, Lando y Max. Sin embargo, al seguir el camino de cada uno, pudieron notar como Max se había ido al baño y minutos después a la cafetería. Se mostraba tranquilo y no tenía ninguna actitud sospechosa. De Nico solo tenían la imagen de la última vez que se le vio caminando hacia el lugar. Mientras que Lando estaba en una encrucijada. Se le vio llegar a la escena momentos antes de que se diera el ataque. Tardó mucho en escena, mucho más que Max. Y luego fue captado corriendo por los pasillos, llevando algo en la mano. Estaba más que jodido. Pero sabían bien que el padre de Lando no permitiría que su hijo fuera acusado de algo así. Tenía mucho dinero y sería difícil hacerle frente sin el arma con sus huellas. Nico estaba inconsciente pero estable. Así que esperarían a que despertara para poder obtener su testimonio. Kamui se sentía exhausto. Sentía que no podía con todo eso, era demasiado. Su salud no mejoraba y situaciones así no ayudaban. Y el estrés pudo más, cayéndose al suelo, siendo víctima de un desmayo. 
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)