ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
Notas:
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Revelación

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Ajenos a todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor, el grupo de amigos se encontraba en la cafetería en espera de indicaciones. Sergio se removía en su asiento, se mostraba muy incómodo. —¿Qué te pasa, amorcito? —Pregunto Max cuando lo vio jalar el cuello de su abrigo, como si este le estorbara. —Mi león, no me siento bien —Respondió el pelinegro pasando sus manos por sus ojitos cansados. —Te dije que fueras a la enfermería —Se quejó Lewis, algo que provocó una mirada molesta de Max. No le gustaba que regañaran a su amorcito. —Creo que estaremos mucho tiempo aquí —Señaló Charles —Quizá sea mejor que vayas de una vez antes de que te pongas peor. La pareja de enamorados se miró el uno al otro. En una situación normal hubieran ido inmediatamente con el doctor Marko. Pero algo estaba pasando en el instituto y sabían que era poco probable que los dejaran ir. No tendrían más opción que confiar en la doctora Susie. —Vamos, mi amor —Comenzó un Max —Estaré contigo, te voy a cuidar. Sergio sonrío más aliviado, le gustaba saber que nunca más estaría solo en un momento así. Tomaron sus cosas y comenzaron a caminar hacia la salida del comedor. Entonces fueron detenidos en la puerta. —¿A dónde van? —Preguntó uno de Los vigilantes. —Mi novio no se siente muy bien y lo llevaré a la enfermería —Explicó el rubio. El vigilante observó detenidamente a Sergio y se dio cuenta que el joven realmente se veía mal. —Revisare sus cosas y se podrán ir —Explicó —Yo los llevaré y traeré de vuelta. Los dos jóvenes volvieron a mirarse. No les daba buena espina lo que estaba pasando. Sin embargo, Max se quitó la mochila y dejó que el vigilante viera el contenido. El hombre hizo una mueca intentando ocultar su sonrisa al notar que la mayoría de cosas que tenía la mochila eran snacks de la pareja y un par de bufandas. —Bien, vamos. Comenzaron a caminar por los pasillos hasta llegar a la enfermería, ahí el hombre lo dejó entrar solos. —Chicos —Dijo Susie cuando los vio entrar —¿Qué hacen aquí? La mujer se limpiaba las lágrimas mientras se levantaba de su silla. —Mi novio no se siente bien, pero si es un mal momento quizá deberíamos irnos —Comenzó Max —Es solo que no nos dejan salir y no sabemos por qué. —No, no, pasen y siéntense —Dijo la doctora con la voz más animada que puedo procesar —Ha ocurrido algo en la institución. Pero ya lo están resolviendo. No los dejan ir porque quieren informarles a todos sobre lo que sucedió. —¿Paso algo malo? —Pregunto Sergio algo nervioso mientras se sentaba en una de las camas. —No te preocupes por eso, mejor dime qué te duele —Dijo Susie con una sonrisa amigable. —Me siento cansado y algo calientito —Explicó y ese momento la mujer tomo un termómetro. —¿Podrías quitarte el abrigo? Por favor —Pidió y ambos se quedaron viendo —Si tienes fiebre podrías empeorar la situación, quiero checar tu temperatura y así poder recetar medicamentos. Sergio y Max se miraban el uno al otro, fue entonces que el pelinegro asintió en aprobación. —Doctora, ¿Podemos confiarle algo? —Comenzó el rubio y la mujer asintió algo confundida —Estamos en una situación especial, y no queremos que nadie se entere por seguridad. En ese momento Sergio comenzó a quitarse el abrigo y dejo expuesto su abultado vientre de embarazo.  Al principio Susie se quedó en silencio. En algunas ocasiones había llegado a escuchar sobre ese tema. No lo creía posible, pues nunca había presenciado un caso. Sin embargo, eso no significaba que tuviera algo en contra. —Por favor, no diga nada —Sergio se apresuró a hablar —No queremos que nadie más se entere, nos da mucho miedo que tengan alguna reacción violenta en nuestra contra. Max se apresuró en poner su mano sobre el vientre de su pareja. Sentía que debía protegerlo en dado caso en que su embarazo no fuera del gusto de la doctora. —Impresionante —Dijo Susie observándolo —¿Puedo? Entonces extendió su mano pidiendo su permiso para tocarlo. El rubio miró a su pareja, sumamente asustado, pero Sergio asintió y permitió que la mujer lo tocara. Susie puso su mano sobre el vientre del joven y acarició con delicadeza, una sonrisa se asomó sus labios y esto relajó a la pareja. —Que bonito —Soltó la doctora para después alejarse —¿Cuántas semanas tienes? Max suspiro aliviado, al menos sabían que podían confiar en ella. —Once —Respondió el pelinegro. —¿Y ya han pensado en algún nombre? —Se podía notar la emoción en la voz de la mujer. —Hemos pensado en algunos hombres pero todavía no estamos seguros —Dijo el rubio. —Son mellizos, así que debemos pensar el doble —Completó Sergio con una sonrisa. Le emocionaba mucho hablar sobre sus bebés. Y estaba feliz al poder hacerlo con otra persona que no fuera su novio. No le gustaba guardar el secreto porque era algo que lo hacía feliz, pero sabía que tenía que cuidar la seguridad de sus pequeños. —¿Mellizos? Muchas felicidades chicos — Dijo la doctora dándole un gran abrazo a cada uno —Pero son muy jóvenes, dos bebés es mucho trabajo. En ese momento escucharon como la puerta se cerró y los tres voltearon a ver sumamente asustados. —Queríamos ver si estabas bien —Dijo Lewis con una cara de asombro que era difícil de disimular. —Yo te conseguí uno de tus dulces favoritos —Charles apareció detrás del moreno sosteniendo una bolsa transparente llena de gomitas. Los dos jóvenes no pretendían escuchar esa conversación, y terminaron recibiendo las noticias de manera indirecta. —Par de chismosos —Sergio se mostró molesto —¿Nadie sabe tocar la puerta antes de entrar? —Cálmate, amorcito —Dijo Max abrazandolo por la cintura —Te va a hacer daño. Piensa en los bebés. El pelinegro suspiró pesadamente, no saldrían de esa habitación hasta poder explicar lo que había sucedido. Les contó todo lo que le había dicho el doctor Marko y les permitió a los dos jóvenes acariciar su pancita. Estaban impresionados ante la noticia. Susie terminó de atenderlo y le receto un medicamento que no le haría daño durante la gestación. Pues recibió un mensaje donde afirmaban que necesitaban su ayuda inmediatamente. Los jóvenes se despidieron de la doctora y caminaron juntos fuera de la enfermería. Los vigilantes que los habían acompañado comenzaron a caminar a su lado y les pareció extraño como los dos amigos estaban actuando. Charles y Lewis parecían unos maniacos. —¡La puerta! ¡La puerta! —Dijo el moreno señalando una puerta abierta en medio del camino. Ni siquiera les estorbaba, pero al conocer la condición de su amigo comenzaron a actuar de la misma manera sobreprotectora que lo hacía Max. Charles corrió para cerrar la puerta y empujó el bote de basura que estaba en el camino. —Si lo tiras, lo recoges —Le dijo uno de los vigilantes. —¿No lo entiende? Esta es una situación especial —se defendió el castaño. —¡Ya hasta los dos! —Sergio los regañó —Charles, recoge la basura y colócala en su lugar. Lewis, ya deja de alimentar su paranoia. Los dos jóvenes se comportaron y rápidamente llegaron a la cafetería. Buscaron un asiento disponible para Sergio y pronto los tres actuaban como perros guardianes, no dejando que alguien se le acercara a él. El pelinegro suspiró pesadamente, sabía que sería un embarazo largo.  Carlos caminaba por los pasillos de la institución. Estaba muy nervioso. Detuvo la grabación apenas salió de su habitación. Había dejado a su novio más tranquilo y este confiaba en que su pareja no lo iba a delatar. Lando no podía estar más equivocado. Había pensado que su ataque de pánico la había servido para convencer a Carlos de que era inocente y todavía ha sido un accidente. Sin embargo, en ese momento Carlos estaba caminando rumbo a la cafetería. Tenía todas las pruebas de su culpabilidad. —Señor —Dijo Carlos llegando con uno de los guardias —Sé quien apuñaló a Nico. El ambiente se tensó apenas dijo eso. Algunos estudiantes estaban cerca de él y escucharon todo. Pronto comenzaron a murmurar sobre lo que había pasado. Y el pánico se fue apoderando poco a poco de la habitación. “Lo apuñaló” “Atacó a su amigo” “Dicen que intentó matarlo” “Es un asesino” —¿Qué pasa? —Pregunto Sergio cuando vio como Doriane se acercaba a él con una expresión de preocupación en el rostro. —Es Lando —Comenzó la joven —Dicen que apuñaló al Nico. El grupo de amigos se miraron entre ellos, estaban en shock. —¿Estás segura? —Pregunto Lewis invitándola a sentarse con ellos. —Si, fue Carlos quien lo dijo, su novio —Afirmó Doriane y pudo notar lo preocupados que estaban —Ustedes los conocen ¿No? —Alguna vez fueron nuestros amigos —Explicó Charles —Dios mío, él realmente es un psicópata. —Él te hubiera matado esa tarde —Dijo Lewis mirando a Sergio —Lando lo hubiera hecho, es un maniático. Sergio se pegó más a Max, refugiándose en sus brazos. —¿Por qué haría algo así? —Soltó el rubio recordando lo último entre ellos —¿Por qué a Nico? ¿Qué lo llevo a eso? En su mente comenzó a hilar todas las cosas. Algo en su interior le decía que él era el objetivo, y no Nico. —No entiendo, ¿Por qué hablan como si esta no fuera la primera vez que Lando hiciera algo así? —Preguntó Doriane sumamente confundida. —Porque no lo es —Respondió Charles —Hace unos meses él y su amigo Daniel atacaron a Sergio, y le provocaron una factura en el brazo. —No quería que ganara la competencia local y pasará las pruebas preolímpicas —Añadió Lewis. —Ese idiota apuñaló a mi perro, ahora estoy seguro —Susurró el pelinegro en una mezcla de tristeza y enojo. —¿Qué? ¿Y por qué no lo denunciaron? —Soltó la joven visiblemente molesta —¿Cómo pudieron quedarse callados ante algo así? —No teníamos pruebas —Max defendió al grupo —Y la única persona que podía delatarlos está muerto. —Max —Dijo Sergio al notar la frialdad con la que hablo sobre la muerte de Jos. —Lo siento, mi amor, pero es la verdad —Continuó el rubio — Él provocó todo eso y nunca se lo voy a perdonar. Era una mala persona y por su culpa todos piensan que soy como él. —No eres como tú padre, Max —Dijo Lewis haciendo que el rubio se conmoviera, era diferente a cuando Sergio lo decía porque sentía que solo lo hacia al ser su pareja —Jos era cruel contigo, todos lo vimos. Tú jamás serías así con Yuki, nunca podrías tratar así a tus hijos. —Tu papá me daba miedo, lo admito —Soltó Charles encogiéndose de hombros. —Jos no es mi papá —Afirmó Max —Solo es el hombre que me crío. Pero nunca fue un padre para mí —En ese momento sintió como Sergio tomaba su mano y entrelazaba sus dedos con los suyos —Don Toño es mi padre, y ahora tengo mi propia familia. Así que no me voy a molestar más por el fantasma de ese señor. En ese momento Charles se apoyo en el hombro de Max, intentando darle un abrazo que no resultaba incómodo al conocerse mejor. Lewis coloco su mano en el brazo de su amigo, mostrándole su apoyo. Doriane se conmovió ante esto, se dio cuenta de que el grupo de amigos era más bien una hermandad. Y también se arrepintió de muchas cosas. —Max —Comenzó la joven —Lamento mucho haberte tratado mal todo esté tiempo, me deje llevar por lo que decían de ti. Eso no me permitió ver tu verdadera personalidad. El rubio sonrió con amabilidad. —No te preocupes por eso, Lando es un experto manipulador —Dijo el rubio —Inclusó yo caí en su juego y casi lo pierdo todo. Pero ahora las consecuencias de sus actos lo alcanzaron. Y espero que Nico esté bien. —Chicos, atención todos —La voz de un hombre alertó a los jóvenes —El día de hoy ocurrió un incidente que puso en peligro a todos nuestros deportistas —Todos comenzaron a murmurar otra vez —Deben mantener la calma, tenemos el control de la situación. Fue entonces que comenzaron a hacer un pase de lista para revisar que todos estaban ahí y asegurarse de que estuvieran bien.  Lando temblaba de miedo, no era capaz de tranquilizarse a sí mismo. Tomó su teléfono y comenzó a marcar el número de su padre. Sabía que lo necesitaría. —Papi, paso algo —Su voz temblaba —Alguien atacó a uno de mis amigos e intentan culparme. Entonces escuchó como alguien tocaba su puerta con fuerza. —Por favor, ayúdame —Se apresuró en decir —Yo no lo hice, pero vi quien lo hizo. —Lando Norris, abre la puerta, por favor —Dijo una voz desconocida al otro lado de la puerta. El joven había puesto el seguro al sentir tanto miedo. —Fue Max Verstappen, yo vi cuando lo apuñaló —Continuó hablando al teléfono —Luego se fue corriendo, y ahora les está diciendo a todos que fui yo. —Traigan las llaves —Escucho otra vez esa voz —Abran esa puerta. —Tienes que hacer algo, papá —Rogó —Él quiere quitarme mi futuro, nuestro sueño. Entonces la puerta se abrió de golpe y esto lo hizo brincar en su cama. No, no eran los vigilantes de la institución ni ningún maestro. —Papá, la policía está en mi habitación —Susurró con una voz temblorosa. El director había llamado a la policia para que llevarán este caso como un intento de asesinato. —Lando Norris, quedas detenido por el intento de asesinato a Nico Rosberg —Comenzó el oficial obligándolo a levantarse de su cama y poniéndole las esposas, el joven estaba sollozando —Tienes derecho a declarar o guardar silencio. También tienes derecho a un abogado, en caso de no contar con uno, el Estado se lo proporcionará. El joven fue obligado a salir de su habitación y lo guiaron por el pasillo para sacarlo de la institución. En ese momento los jóvenes estaban saliendo de la cafetería al hacerles saber que el posible culpable ya había sido detenido. Todavía llevaba la ropa que uso cuando taco a Nico, pues no se había dado cuenta de las pequeñas manchas de sangre en esta. El grupo de amigos estaba casi enfrente de sus demás compañeros. Teniendo una perfecta vista del camino de la vergüenza del ex líder de los Lions. —Hagamos una fortaleza, es peligroso —Dijo Charles y Lewis asintió. Se tomaron de las manos juntos a Max y cubrieron a Sergio como si fueran un gran muro de piedra. El pelinegro solo alcanzó a ver cómo Lando desviaba la mirada para no ser observado. —Ahora ellos te ven como realmente eres —Susurró Max cuando el castaño paso a su lado. Esto hizo enervar la sangre de Lando. Una vez más, Max le había ganado. Pero no se iba a dejar vencer tan fácilmente. Confiaba en que su novio se hubiera desecho del arma y que su padre contrataría al mejor abogado. Sin embargo, todas sus esperanzas se fueron al caño cuando vio a Carlos al final del pasillo. Su rostro mostraba una mezcla de vergüenza y furia. Lo miraba con desdén, con asco. Cuando llegó frente a él, solo pudo escuchar una cosa: —Tus palabras serán tu condena. Entonces comprendió que estaba completamente solo. Había llegado al fin del camino. 
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