ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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La importancia de estar

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Nico abrió los ojos lentamente y los cerró tan pronto las luces lo atacaron. Se quejó ligeramente y una sensación de incomodidad lo inundó. Puso su mano sobre la herida, recordando todo lo que ocurrió momentos antes de perder el conocimiento. —Lando... —Susurró. "Está despierto" logró escuchar antes de sentir la mano de alguien en su rostro. —Nico, ¿Me escuchas? —Susie estaba muy preocupada con él, le dio los primeros auxilios apenas se descubrió su ataque y gracias ella pudo salvarse —Por favor, di algo. La mujer se había visto muy afectada por el ataque a Nico, y salió corriendo cuando recibió la llamada donde le avisaban que estaba a punto de despertar. El joven se relamió los labios antes de siquiera decir algo, abrió los ojos y se encontró con el rostro preocupado de aquella mujer que había sido como una madre para él desde que ingreso al programa olímpico. —Fue muy rápido —Comenzó el rubio —Todo sucedió demasiado rápido. —Tranquilo, no te esfuerces demasiado —La mujer se sintió un poco más aliviada al verlo reaccionar. —Quiero declarar —Afirmó el joven. Susie le pidió que se tomara las cosas con calma. Primero debía centrarse en su recuperación y cuando se sintiera mejor podría declarar con la policía. Nico se negó, sabía que debía ser más rápido que el dinero de Norris. La doctora no podía detenerlo, así que se quedó junto a él y el abogado de la institución para que pudiera hablar con las autoridades y así resolver ese problema lo antes posible. Por otro lado, en una habitación en el mismo hospital se encontraba Kamui. Se había desmayado después de llegar al hospital para ver a Nico, y por suerte lo atendieron rápidamente. La puerta se abrió y una figura conocida entro. —Koba —Jenson cerró la puerta tras de si. Su rostro mostraba un atisbo de preocupación. Le dolía ver a su amigo así. —Hola... —Dijo el entrenador para después soltar un suspiro  —¿Acaso me veo tan mal? —Su amigo sonrió ante esto  —Yuki... —Yuki y Pierre están en la guardería, pensé en traerlos pero habría complicado todo —Explicó —Dada la situación. —No debiste de venir —Comenzó Kamui sentándose en la cama —Lamento mucho que salieras del trabajo por mi culpa. —No digas estupideces —Jenson se apresuró a hablar —Eres mi amigo, no te voy a dejar solo en un momento así. —Gracias —Dijo el entrenador —Realmente siempre estás para mí. —Es lo que hacemos nosotros, apoyarnos el uno al otro —Respondió con una media sonrisa cuando los recuerdos lo invadieron. Jenson y Kamui se habían conocido de una manera muy peculiar. Los dos habían perdido a sus esposas y se quedaron con sus hijos pequeños, tratando de rehacer su vida, ambos terminaron en un grupo de apoyo para sobrellevar la pérdida. La madre de Yuki había fallecido al poco tiempo de dar a luz, debido a complicaciones que se dieron en el parto. Mientras que la madre de Pierre murió en un accidente automovilístico, algo que le generó un miedo a Jenson para poner las manos en el volante. Siempre se culpo a si mismo. —Llegaste rápido —Dijo Kamui sacándolo de sus pensamientos. —A veces el metro es bueno —Respondió con una sonrisa. Debido al accidente, el auto de Jenson se quedó en la cochera los últimos años. No era capaz de subirse de nuevo. Pero Pierre amaba ese carro. Por eso pidió un cochecito para pasear en las tardes cuando lo llevaba al parque. —Lamento haber dejado de ir a las reuniones —Comenzó el entrenador —Es solo que mi mente ha estado muy ocupada. Los últimos meses han sido una lucha constante y ya no quiero pensar en eso. Hubo un silencio que poco a poco se volvió incómodo. Jenson quería hacer esa pregunta. No le gustaba que su amigo siguiera evadiendo el tema. Temía mucho por su salud. —¿Ya pensaste lo de la cirugía? —Pregunto mientras se paraba al lado de su cama —Esa clase de desmayo no es normal, incluso en tu condición. Kamui se removió en su cama, se mostraba algo incomodó. —Este fin de semana pedí que me programara la cirugía —Comenzó pero inmediatamente desvió la mirada —Pero el pronóstico ha empeorado —Jenson lo miró con confusión y su amigo suspiro preparándose para lo que iba a decir —El cáncer se ha expendido al hígado. —Dios mío —Jenson tomo su mano con delicadeza intentando mostrar apoyo—¿Y cuando sera la cirugía? Supongo que lo antes posible, considerando que el cáncer se está expandiendo. —Será a finales del siguiente mes. Esto hizo que su amigo soltara su mano inmediatamente, más por impresión que por molestia. —¿A finales de diciembre? —Quería confirmar que la información era correcta, pero deseaba que se tratase de una broma. Y Kamui asintió —¿Por qué no puede ser antes? —Era más conveniente para mí —Explicó. Al principio no lo entendió, pero pronto unió los puntos. —No me digas que es por las pruebas para el equipo nacional —Señaló esperando que lo negara, no fue así —¡Maldición, Koba! Se miraba sumamente frustrado. Kamui siempre había puesto el trabajo primero, quizá esa fue una de las razones que lo llevaron a esa situación. Y si bien Jenson no podía reclamar nada, ya que su trabajo también era su vida, él sabia que nunca le haría eso a su hijo. —Los chicos me necesitan —Se excusó. —Yuki te necesita —Señaló —Estas atrasando tu vida por... —Estoy atrasando mi muerte —Lo interrumpió —Ambos lo sabemos. Incluso si sobrevivo, solo serán cinco años. —Y Yuki tendrá la edad suficiente para entender porque su padre se fue y lo mucho que lucho por estar a su lado —Jenson no quitaría el dedo del renglón —Esas pruebas no valen nada, tu vida sí. Kamui no dijo nada. Ambos sabían que sería difícil cambiar esa decisión. Jenson conocía lo terco que podía ser su amigo y se lamentaba mucho porque no pudiera ver las cosas de la manera en que él lo hacía.  Sergio y Max estaban en casa después de un largo día lleno de emociones. Al menos había un poco de tranquilidad al saber que sus amigos se alegraron por la noticia y se preocupaban por el bienestar del pelinegro. Este último se estaba sintiendo mucho mejor. Y le dio un subidón de energía. Así que, antes de llegar al departamento, pasaron a comprar tierra para las plantas y saludaron a Sophie. Esta le dio a Sergio dos diarios que le había pedido. Esto llamo la atención del rubio, llenándolo de curiosidad. Pero no quiso preguntar nada hasta que estuvieran solos en casa. Una vez ahí, Max se fue a darle de comer a Jimmy y Sergio decidió cambiar su ropa por algo más cómodo. En ese momento recibió un mensaje de papá Toño. “¿Cómo estás, mi niño? Hoy no me mandaste nada. Mira a Max, se la tome está mañana 🤣 te extraña”  El pelinegro sonrió al ver esa foto. Él también lo extrañaba. Volvió a leer el mensaje de su padre, le parecía adorable que siempre estuviera esperando una foto de su pancita. Se levantó la playera hasta la mitad del pecho y se tomó una foto con el siguiente mensaje. “Hoy tuve entrenamiento temprano y no me dio mucho tiempo. Mira, esta cada vez más grande💕”  No le diría lo inseguro que se estaba sintiendo con el aumento de peso. Y mucho menos lo que ocurrió con Nico. De decirle, era muy probable que Don Toño condujera como un loco para llevárselo de regreso a casa. Termino de vestirse y se fue a la sala, donde tomo el costal de tierra y lo arrastró hasta el balcón. Desde hacía días quería arreglar sus plantas pero no había podido debido a lo agotado que se sentía todo el tiempo. Así que se puso a limpiarlas una por una. Tomaba la tierra en sus guantes de jardinería, y pronto un pensamientos fugaz paso por su mente. Tenía hambre. Y esa tierra olía bien, quizá sabía igual de bien. No le haría daño, ¿O si? Tomo un poco y lo fue acercando a su boca, estaba deseando probarla. —¿Qué haces? —La voz de Max lo saco de sus pensamientos —¿Te estás comiendo la tierra? Sergio rápidamente negó con la cabeza, pero luego comenzó a asentir. —No, digo, si... —Balbuceó —Es que se me antojo. Pero no me la comí, te lo juro. —Amorcito —Dijo el rubio como un regaño —Ya te dije que me digas que antojos tienes, no quiero que te ocultes para comer tierra. —Pero huele muy rico —Se defendió acercándole un poco de tierra a su pareja. —Huele a tierra mojada —Dijo Max después de olerla. —Pero se me antojo —Sergio se levantó con cuidado y mostró sus ojitos llenos de lágrimas —Quiero comer tierra. El rubio suspiro pesadamente. —Vamos adentro, ya casi empieza tu novela —Se apuro en cambiar de tema —Yo terminaré de limpiar todo. El pelinegro camino de nuevo a dentro, no sin antes darle sus guantes de jardinería. Se sentía algo sucio así que decidió darse una ducha antes de acostarse a ver su telenovela favorita. La hora del baño se había vuelto su momento favorito del día. Le gustaba mucho apreciar su pancita mientras se duchaba, aunque luego no le gustaba tener que verse al espejo cuando se vestía y notar lo “gordo” que estaba. Salió con cuidado del baño y comenzó a vestirse con una de sus pijamas favoritas. Max termino de levantar todo y barrió un poco para limpiar la tierra que había tirado su novio. Fue entonces que escucho un chillido proveniente de su habitación. Salió corriendo y abril la puerta de un solo golpe, apoyándola contra la pared. —¿Qué pasó? —Dijo el rubio entrando —¿Estás bien? Sergio estaba dándole la espalda y lloraba fuertemente, se giro y le mostró lo que había pasado. Su playera no bajaba debido a la pancita que tenía. —No me queda —Respondió entre sollozos. Max acortó la distancia entre ambos y lo tomo de las manos con delicadeza. —Te comprare una parecida —Prometió. —Yo no quiero más ropa, quiero la mía —Sergio siguió llorando y Max lo abrazo. El pelinegro hundió su rostro en el cuello de su pareja y se dejó apapachar hasta tranquilizarse. Después el rubio rebuscó en la ropa que Sophie le había regalado hace unos días. Ya que sabía que el cambio corporal era más rápido de lo que pensaban. Encontró una de las pijamas y lo ayudo a cambiarse. Un poco más tranquilo, Sergio se acostó en el sofá mientas comenzaba su telenovela y Max le llevo algo de leche caliente para que pasará el rato. Tomo su teléfono y marco al doctor para saber que hacer con los antojos raros de su novio. “Puedes reemplazarlo por algo parecido” Su consejo lo ayudo a encontrar una solución. —¿Todavía quieres comer tierra? —Preguntó Max llegando a la sala y Sergio asintió tímidamente —Iré por tierra que puedas comer, tú quédate ahí y no te muevas. El pelinegro volvió a asentir y vio como su novio se marchó del departamento. Entonces el teléfono de Sergio volvió a vibrar. Era papá Toño. “Le mostré la foto a Max y creo que no le gustó”  Sergio sonrió al recibir el mensaje y decidió mandarle otra foto. “Dile que no se enoje, también son sus hermanitos”  Después de esto volvió a bloquear su teléfono y continuó viendo su telenovela. Por otro lado, Max llegó a la panadería y compro un pan de chocolate, tenía un plan. Antes de entrar al departamento, se sentó afuera del pasillo y comenzó a destrozar ese pan hasta que solo quedaron migajas. Realmente parecía tierra. Entro a casa y lo vio muy concentrado en el sofá. —Mira, aquí está tu tierra —Dijo el rubio extendiendole la bolsa de papel cuyo interior contenía el pan destrozado. El rostro de Sergio se iluminó y comenzó a comer sin cuestionarse nada. Esto hizo sonreír a su novio. Ya sabía cómo podía lidiar con los antojos de su pareja. Se sentó a su lado en el sofá, y sintió como recargaba su cabeza en su hombro. Lo acompaño a ver su telenovela como todas las tardes, aunque a veces perdía el hilo de lo que pasaba en esta. Lo importante era estar ahí para su novio y sus bebés. Hacerles saber que papá realmente se preocupaba por ellos. 
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