ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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Pájaros del mismo plumaje

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"El ataque ocurrido dentro de las instalaciones del instituto nacional del deporte genera controversia y llama a todo el país a poner la mirada sobre la vida privada de los jóvenes atletas que representan a nuestra nación..." Sergio y Max se encontraban viendo las noticias de esa noche cuando escucharon sonar el timbre. —Yo me encargo —Dijo el rubio levantándose y caminando hacia la puerta para ver por la mirilla —Es Jenson. Abrió la puerta y el hombre se miraba muy cansado. —Disculpe que los moleste, chicos —Dijo Jenson, quien cargaba Yuki con uno de sus  brazos y con la otra tomaba de la mano a Pierre —Kamui me dio su dirección. —Pase, adelante —Dijo Max y el hombre entró junto con los niños, mientras que el más joven cerró la puerta una vez que estuvieron dentro. —Señor, ¿Qué hace aquí a esta hora? —Sergio se levantó del sofá para tomar al pequeño Yuki —Bebé, ¿Qué haces despierto? Yuki tenía las mejillas coloradas y se rascaba los ojos con sus pequeñas manos, signo de que había estado llorando. Max noto un atisbo de preocupación en el rostro del hombre, eran las 9 de la noche y estaba solo con los niños. —¿Sucedió algo? —Preguntó el rubio, no le daba buena espina la situación. —Kamui se desmayó —Comenzó, haciendo que los dos jóvenes se miraran el uno al otro  — Está en el hospital. Planeaba cuidar a Yuki esta noche, pero no ha dejado de llorar. Solo repetía "Tonoto" una y otra vez, y Kamui me dijo que así le dice a uno de ustedes. —¿Kamui esta bien? —Pregunto el pelinegro con clara preocupación. —Eso espero —Respondió Jenson para después suspirar pesadamente —¿Podrían cuidarlo esta noche? Prometo que mañana vendré temprano para llevarlo a la guardería. —No se preocupe por eso, nosotros lo cuidaremos el tiempo que sea necesario —Dijo Max y Jenson sonrió agradecido —Ya es bastante tarde —Habló el mayor —Llamaré un taxi y nos iremos a casa. —Cuídense mucho y descanse, lo necesita —Dijo Sergio mientras sentía como Yuki se abrazaba a su cuello, pero Max no podía permitir que su novio cargará demasiado tiempo al pequeño y se lo quitó de los brazos. —Hasta luego chicos, y muchas gracias —Fue lo último que dijo Jenson antes de marcharse. Por suerte les  había traído la pañalera del pequeño, así que tenían lo necesario para esa noche. Se sentaron en el sofá y Yuki comenzó a jugar con Jimmy, quien siempre buscaba al bebé cuando estaba en el departamento. —Max, eso no es bueno —Dijo Sergio con clara preocupación —Kamui se desmayó. —Lo sé —Respondió el rubio tomando su mano con delicadeza —Pero ya esta siendo atendido, no te preocupes, por favor, piensa en nuestros bebés. Entonces le dio un suave beso en la frente, haciéndolo relajarse un poco. Su novio tenía razón, no debía preocuparse en su estado. Debía desear la pronta recuperación de Kamui y cuidar bien de Yuki. No podía hacer más. —Mami —Lo llamo el pequeño, ya no se molestaba en corregirlo. —¿Qué pasó, corazón? —El pelinegro le extendió la mano, así que Yuki la tomo para acercarse a él y le dio un beso en la mejilla. —Yuki, bebé, ¿Tienes sueño? —Preguntó Max levantando al niño para abrazarlo y el pequeño asintió —Vamos a dormir, deja a mami descansar. El rubio lo llevó hasta su habitación, hizo un pequeño nido de almohadas y lo acostó en medio. Luego comenzó a buscar en internet cuentos infantiles narrados, hasta que encontró uno que conocía. —Un príncipe enamorado, lo leí hace unos años, es bueno —Dijo al pequeño bebé que solo lo miraba con atención sin entender nada. Reprodujo el video pero pronto lo quito cuando leyó uno de los comentarios. "Sé que es una versión infantil, pero no debieron cambiar al compositor por una bailarina" Hizo una mueca de disgusto al leer esto y prefirió poner música de cuna. Al poco tiempo el pequeño cayó en los brazos de morfeo, sintiéndose protegido con aquellos jóvenes que le tenían un cariño genuino. —¿Ya se durmió? —Preguntó Sergio con cierta sorpresa al ver regresar a su pareja. —Si, pobre, estaba cansado —Respondió Max sentándose a su lado —¿Puedo? El pelinegro sonrió ante esta pregunta y se recostó en el sofá, abriendo las piernas y dejando el espacio suficiente para que Max se colocara entre ellas, apoyando ligeramente su cabeza sobre su vientre. Eso era algo que le gustaba hacer todas las noches. Tocaba y besaba su pancita, también susurraba frases cariñosas. Todo eso mientras su novio acariciaba su rubio cabello. No podían esperar para tenerlos en sus brazos.  A la mañana, sin siquiera esperarlo, Max terminó en la estación de policía para declarar sobre lo ocurrido la mañana del lunes antes de que Nico fuera atacado. El nombre Max fue mencionado dos veces. Una vez por Lando, acusándolo de ser el culpable, y la segunda vez por Nico, quién aseguraba su inocencia. El rubio no tenía miedo de nada, así que contó una versión simplificada de los hechos. Salió del aula, tuvo una discusión con Lando, el asunto escalo un poco pero se fue después de que Nico intervino. Entonces siguió su camino hacia el baño y luego a la cafetería. Esta versión concordaba con lo dicho por Nico, quien mencionó que salió del aula porque sabía que Lando y Max tenían problemas y quería evitar cualquier pelea. Solo que él acompletaba el relato mencionando que Lando, en un arranque de locura y molestia por su intervención, termino apuñalandolo. Mientras que la versión de Lando era muy diferente. Max lo había ido a molestar, pelearon y el rubio estaba siendo muy brutal, así que saco el arma para defenderse, Nico intervino y Max se enojo, le quitó el arma y lo apuñaló. Luego salió corriendo después de hacerlo tomar el arma para culparlo. Pero la actitud de Max no concordaba con lo que se esperaría de alguien con un actuar tan desmedido como lo relataba Lando. Por el contrario, se mostraba muy cooperativo y abierto al diálogo. No mostraba molestia y respondía todo sin incongruencias. Cuando salieron de la estación, Sergio no entendía muy bien porque razón la policía busco a su novio y porque este se quedó bastante tiempo ahí adentro. Finalmente Max le explicó todo y el pelinegro mostró cierta molestia, pero también preocupación. —Maxie, no debiste pelear con él —Comenzó Sergio —No valía la pena. Además, te pudo haber lastimado. —Mi amorcito, él se metió contigo, te hizo sentir mal y me enoje —Explicó el rubio sentándose en una banca que había en el parque al que llegaron. Sergio lo imitó, se sentía agotado. Estaba cansado por cargar a un muy dormido Yuki. —No lo entiendes, ¿Verdad? —Max lo miró confundido —Lando te pudo haber lastimado a ti —El rubio quiso hablar pero su pareja le hizo una señal para que lo dejara continuar —¿Crees que él quería apuñalar a Nico? —No... No, lo sé —Respondió Max balbuceando un poco —Ni siquiera sé si discutieron después de que me fui. —Mi león, yo no sé que haría si te perdiera —Dijo el pelinegro con sus ojitos llenos de lágrimas —No vuelvas a buscar problemas con alguien tan peligroso, él ya estaba en alerta desde que se descubrió su mentira. Te pudo haber apuñalado, y yo me hubiera muerto contigo. Entonces comenzó a sollozar con solo pensarlo. —Sergio no digas eso —La voz del rubio era firme —No lo vuelvas a decir. Acarició su mejilla con ternura, siendo muy cuidadoso, limpiando una lágrima que se deslizaba por esta y dejando un suave beso en su lugar. —Ya paso —Continuó —Estara detenido hasta el juicio. Nico lo está demandando por intento de homicidio, tiene a toda la institución apoyándolo, no hay forma de que Lando se libre de esto. —¿Y te llamarán a testificar? —Preguntó Sergio limpiándose las lágrimas. —Eso creo, pero no te preocupes por eso —Max le dio otro beso —Te amo, mi amor, yo nunca te dejare solo. Entonces unieron sus labios en un breve instante debido a que Yuki se estiró al sentir el movimiento de Max. —Creo que deberíamos llevar a Yuki a descansar, hemos estado afuera todo el día —Dijo Sergio acariciando el cabello del bebé —Hay que pasar por sus cosas a casa de Kamui y luego ir al departamento. Me duelen los pies. —Bien, tomemos un taxi y vamos —Respondió Max levantándose para después ofrecer su mano y ayudar a su novio a ponerse de pie —Deberíamos comprar un auto. —No tenemos dinero —Le recordó —Tendría que ser uno muy barato. Y nosotros no sabemos negociar. El rubio sonrió ante esto. Pero lo sabía bien, necesitaban un auto si tendrían una familia. Pues sería muy complicado moverse con dos bebés. Así que se prometió a si mismo solucionar ese problema.  Esa noche volvieron a su rutina de siempre. Cenaron, vieron un poco de televisión y le cantaron a Yuki para que se durmiera y así acostarlo en el nido de la cama. Max volví a estar entre las piernas de su novio. Escuchando y besando su pancita. Después platicaban un poco sobre todo lo ocurrido esos días. Para al final terminar con unos besos y caricias donde seguían demostrando el amor que sentían el uno por el otro. —¿Te he dicho que te amo? —Preguntó el rubio cuando estaban acomodándose en la cama. —Cientos de veces —El pelinegro no pudo evitar sonreír. —Bueno, te amo, por si lo habías olvidado —Respondió juguetonamente. —Pero yo te amo más —Dijo Sergio para después juntar sus labios en un corto beso. —Eso no es cierto —Se defendió Max, pero su novio se giro para darle la espalda. —Es cierto, y no lo pienso discutir —Insistió el pelinegro. El rubio quería protestar, pero no deseaba iniciar una discusión tonta con el pequeño Yuki durmiendo entre ellos. Así que se acomodo en su lado de la cama y cerró los ojos dejando que el sueño lo guiará. Eran las dos de la mañana cuando Sergio despertó para ir al baño. Intentando hacer ruido la primera vez que se levantó. Fue considerado durante la segunda vez. Pero para la tercera vez estaba harto. ¿Por qué no dejaba de ir al baño? Se puso a ver videos en su teléfono, sabiendo que volvería a ir al baño en unos cuantos minutos. Y así fue. Pero ver tantos videos de comida solo le provocó una cosa: Hambre. Tuvo un antojo sencillo: panqueques con mucho jarabe y mantequilla. Amaba los panqueques de su novio, Pero eso estaba profundamente dormido. Sergio quería despertarlo pero sabía que se enojaría por interrumpir su sueño, aunque luego se le pasaría. Pero después podría usarlo en una discusión y no le daría armas para atacarlo. Así que decidió hacer que se despertara por su cuenta, claro, con un poco de su intervención. La respiración relajada de Max se vio interrumpida cuando su novio uso dos dedos para juntar sus fosas nasales, impidiéndole respirar por un segundo. —Agh —Dijo Max después de tomar una gran bocanada de aire. Su novio lo soltó al instante —¿Qué pasó? —Mi león, ¿Tuviste una pesadilla? —Preguntó el pelinegro mientras acariciaba su mejilla con delicadeza. —Sentí que me faltaba el aire —Explicó el rubio para después bostezar, entonces miró a su novio todavía despierto —¿Por qué no estás durmiendo? Desvelarte te puede hacer daño. Sergio agachó la mirada, se estaba mostrando tímido. —No he dejado de ir al baño —Dijo mientras se acariciaba la pancita. —¿Por qué? ¿Acaso algo te hizo daño? —Max rápidamente se sentó, se mostraba preocupado. —No dejo de orinar, siento que me voy a quedar seco —El pelinegro hizo un puchero mientras desviaba la mirada —Y... —¿Y? —Repitio el rubio poniéndole suma atención. —Tengo hambre. El rubio suspiró aliviado. —¿Y qué quieres comer, amorcito? —preguntó mirando el reloj. Eran casi las tres de la madrugada y comenzó a rezarle a Dios para que lo ayudara y que el antojo no fuera algo complicado. —Panqueques con jarabe y mantequilla, pero que sea mucho, mucho jarabe —Explicó y pudo ver la emoción en su mirada. Max amaba lo mucho que a su novio le encantaba su comida. Así que se levantó de la cama, intentando no despertar a Yuki, y se fue a la cocina para prepararle su antojito. Sergio estaba más que feliz cuando se comió todos los panqueques. Y con el estómago lleno, se fue a dormir muy contento. Pasaron tres días desde el ataque a Nico y finalmente anunciaron la reanudación de las actividades en el instituto. Claro que eso sería parte del lunes, pero el viernes se les pidió asistir para una pequeña junta. Estaba casi todo su curso reunido cuando un hombre entró al aula. Era joven, alto y muy bien parecido. —Hola jóvenes, buenos días —Comenzó —Soy José Canales, pero me pueden llamar Jo, y seré su entrenador en lo que resta del curso. Entonces alguien levantó la mano, era Doriane. —¿Y que hay del entrenador Kamui? —Preguntó la rubia. —Se encuentra de licencia por asuntos personales, así que yo tomaré su lugar temporalmente —Explicó —¿Alguna otra pregunta? Después de responder distintas preguntas y aclarar todas sus dudas, los jóvenes pudieron retirarse para descansar ese fin de semana y retomar las actividades dentro de dos días. La ausencia de Kamui solo aumentaba los nervios en la pareja. Temián que su estado de salud fuera peor de lo que decía. Pero ahora debían cuidar a Yuki, hacerle saber que no estaba solo y que ellos realmente lo querían. Sin embargo, no sabrían qué decir si el niño preguntaba por su padre. Y eso los asustaba un poco.  .
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