ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
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El oso

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Habían pasado dos semanas y muchas cosas cambiaron en el camino. —Charles, ¿Estás seguro de que quieres hacer esto? —Preguntó Lewis con algo de preocupación. —Si, necesito hacerlo ahora —Respondió el castaño, entonces suspiro antes de continuar —Cobrese la cuna, por favor. El joven extendió su tarjeta de crédito a la cajera, quien lo tomó para procesar el pago. —Su firma, por favor —Pidió la chica. —No entiendo porque la compraste, ni siquiera han nacido —Comenzó el moreno y pronto unió los puntos en su cabeza —Desgraciado, quieres ser el tío favorito. —Es la manera en que debe ser —Respondió Charles con una sonrisa de satisfacción. Lewis no estaba dispuesto a permitir eso. —Si la competencia ya inició, entonces seré yo quien gane —Dijo el moreno para después salir corriendo a la zona de bebés y comenzar a buscar articulos para sus futuros sobrinos. Charles vio tambalear su futuro como el tío favorito, asi que corrio detras de él para continuar comprando cosas para los bebés. Entre pañales, biberones. ropa y zapatos, los dos ni siquiera se detuvieron a pensar en su propia economía. Pronto vieron algo que llamó la atención de ambos. Un oso de peluche vestido de chef. Se voltearon a ver el uno al otro, como si entre ellos se pudieran leer la mente y salieron corriendo por atrapar el oso primero. —¡Suéltalo! —Lewis jalaba de un brazo del enorme peluche. —¡No, tú suéltalo! —Charles lo retenía del otro brazo. —Si lo rompen, lo pagan —Dijo uno de los encargados de la tienda. Los dos continuaron forcejeando, no estaban dispuestos a ceder por ese enorme regalo. Pasaron dos horas para cuando los jóvenes llegaron al departamento de sus amigos y sus manos estaban ocupadas con todos los regalos que habían traído. —Dios mío —Susurró Sergio cuando se asomo para ver lo que pasaba. —¿Qué es todo eso? —Preguntó Max mientras se recargaba en la puerta. No era algo que esperaba ver al abrir. —¿Podemos pasar? —Charles rápidamente mostró sus manos ocupadas. La pareja de enamorados se hizo a un lado para dejar que sus amigos entraran. Traían diversas bolsas de compras, pero un objeto llamó especialmente su atención. El  oso de peluche. —¿Qué le pasó a sus brazos? —Pregunto el pelinegro al notar que el peluche estaba roto. —Están en esta bolsa—Respondió Lewis dándole una de las bolsas de compra. Los dos jóvenes jalaron tanto el peluche que terminaron separando los brazos del cuerpo, y casi se les va el alma al escuchar el precio, pues era una edición de colección. —Miren, YO les compre esto para los niños —El castaño los interrumpió mostrando la caja donde venia la cuna que había comprado. Fue una odisea llevarla con tantas bolsas. —Pero no eres tan listo, porque olvidaste que son dos bebés y no uno —Respondió el moreno con un tono burlón —Así que YO compre la  segunda cuna. —Chicos, se los agradecemos mucho pero no era necesario —Dijo Sergio observando todos los obsequios. —Así es, además, ni siquiera tenemos espacio para todo esto —Continuó el rubio —Es muy amable de su parte, pero... —No vamos a regresarlos —Dijo Charles con una voz firme. —Los regalos no se devuelven —Completo Lewis. La pareja se miraron entre ellos, no sabían donde meterían tantas cosas. Pero algo había quedado claro: Necesitaban una casa más grande. Sus amigos se quedaron un rato ayudándolos a guardar todo, era demasiado que hasta parecía un juego de tetris, buscando acomodar todo de la mejor manera posible. Por suerte Yuki estaba dormido y no se despertó con todo el movimiento en el departamento. Max cocino algo rico para los cuatro y la conversación comenzó a girar en temas banales, bromeando y riendo entre ellos. —¿Están nerviosos? —Preguntó Charles de la nada, y los demás lo miraron con confusión —Sobre la clasificación nacional. —No hables de eso, estoy comiendo —Respondió Lewis para después beber un poco de agua. Ese tema les ponía los pelos de punta. Se estaban jugando algo muy grande. —Estoy embarazado,  no me estreses —Advirtió sergio acariciando su vientre de ahora trece semanas. —Siento que no debemos pensar demasiado en ello, solo nos estamos poniendo más nerviosos —Dijo Max —Todos queremos estar en los primero lugares, pero siento que todo está demasiado tenso desde que ocurrió, ya saben, lo de Lando. En esas dos semanas habían pasado diversas cosas. Lando enfrentaría su primer juicio por intento de asesinato contra Nico, el cual se llevaría acabó  el viernes  de la misma semana de la competencia por clasificación. Y el rubio tenía que dar su testimonio, para reafirmar que la versión de Nico era la correcta. —Me siento mal por Nico —Confesó el moreno —No quiere que lo visiten, se está aislando de todos. Lamentablemente, gracias al ataque que casi le costó la vida, nico no podría competir por su clasificación al equipo nacional. Pues estaba en recuperación y no estaría a tiempo para la competencia. Esto claramente lo frustro, pero decidio centrarse en su recuperación. —Hubieras denunciado a Lando por lo que te hizo, dicen que lo confesó a Carlos —Señaló Charles. —No quiero pasar por situaciones estresantes —Explicó —Ahora solo me preocupan mis bebés. Lando igualmente no se hundió solo. La prensa se había vuelto carroñera intentando buscar más información para sus notas relacionadas al caso.  Incluso los medios escritos habían estado explotando la noticia lo máximo posible. Los periódicos de esa mañana eran atroces con la familia Norris, y mientras más buscaba, más lo arrastraban. Pero no les gustaba la mención de Max en todo esto. Sin embargo, uno de los periódicos más importantes lo menciono en la edición de esa mañana.  Y no fue suficiente con explotar el tema de Nico y Lando, sino que también comenzaron a perseguir a Daniel, y tal spotlight no le sentó nada bien. Pues otro de los periódicos más importantes saco más notas sobre él y el ataque que mencionó Lando en la grabación.  —Solo espero que el dia de la competencia nos vaya bien y nada de esto nos perjudique —Dijo Lewis —Y que la prensa deje en paz a Max una vez terminada esta pesadilla. Los jóvenes continuaron con su conversación, mirando como Yuki se había despertado por todo el ruido y comenzaba a jugar con Jimmy. Max lo hizo lavarse las manos y Lewis pidió abrazarlo para darle de comer. —¿Han sabido algo sobre...? —Preguntó Charles señalando con la mirada  al pequeño. —Poco, solo lo que Jenson nos dice —Explicó Sergio —No quiere visitas. Y al bebé no le haría bien el ver lo que está pasando. A sus amigos solo les dijeron que Kamui no estaba bien de salud pero se dieron cuenta de que realmente era algo malo como para tener a Yuki a su cuidado casi durante un mes. —Hemos tenido suerte, casi no hace preguntas —Completo Max. —Es un niño muy pequeño —El castaño solo logro poner emocional a su amigo. —No quiero pensar más en eso —Dijo el pelinegro levantándose de la mesa. —Yuki es un niño grande —Respondió Lewis jugando con el nene —¿Verdad? Dilo, Yuki, di que eres grande. —Ande —Balbuceó el pequeño. —Pero mi niño grande ya se tiene que bañar, o llegaremos tarde —Sergio tomó a Yuki de los brazos del moreno y caminó con él hacia el baño. —¿Van a salir? —Preguntó Charles con preocupación, no había considerado eso cuando llegó a su puerta esa mañana. —Sí, iremos con el doctor Marko por el chequeo mensual —Explicó el rubio —Volveremos a ver a nuestros bebés. —Espero que todo salga bien —Dijo Lewis —Charles y yo ya nos vamos, quizá podamos encontrarnos para cenar esta noche, ¿Qué les parece? —Te confirmaré más tarde —Respondió Max con una sonrisa, cualquiera podría decir que estaba emocionado. Los jóvenes se despidieron de sus amigos y se marcharon del departamento. Sabían que no debían molestar más a la pareja en un día tan importante.  Una hora después, la pareja de enamorados estaban entrando al consultorio del doctor Marko. —Buenas tardes jóvenes, y... —El doctor vio al pequeño en los brazos de Max —Parece que tenemos un invitado. —Pelón —Balbuceó el nene. —Él es Yuki —Sergio se apresuró a hablar —Es el hijo de un amigo, nosotros lo cuidamos. —Buenos Yuki, si te portas bien te regalare una paleta —El mayor mostró un tarro de dulces que siempre sacaba cuando sus pacientes llegaban con hijos. El pequeño se emocionó ante la idea de recibir un dulce. Pronto continuaron con todo el procedimiento. Pesaron a Sergio, respondieron miles de preguntas sobre su alimentación y finalmente se recostó para sentir el frio gel en su ya abultado vientre.  —Veamos, todo parece ir muy bien —Comenzó Marko —Aquí tenemos al bebé A, y por este lado al bebé B —Notó la emoción en la mirada de la pareja —¿Quieren escuchar sus latidos? Ambos asintieron al instante. Max tomó con fuerza la mano de su pareja, mientras que con su otro brazo cargaba al pequeño Yuki que no terminaba de entender lo que estaba pasando. Fue entonces que el latido del corazón de uno de los bebés los emocionó al borde de las lágrimas. —Es nuestro bebé —Susurró el rubio con cierta debilidad en su voz, estaba intentando no llorar. —Ese es el bebé A, escuchemos al bebé B —Explicó el doctor. El latir del corazón era fuerte, señal de una buena salud. Sergio sonrió y no pudo resistir más las lágrimas, finalmente habían salido adelante de las temidas trece semanas y sus bebés estaban perfectamente bien de salud. Max levantó la mano de su pareja y le dio un suave beso. Tampoco pudo resistir el llanto, y empeoro cuando Yuki comenzó a limpiarle las lágrimas. Esto conmovió al doctor. Durante cada visita, lo único que venía a su mente eran aquellos recuerdos del amor que se fue de su lado. Amaba demasiado a Pedro y no pudo salvarlo en el parto, además de haber perdido al hijo que tuvieron juntos. En ese entonces no tenían mucho conocimiento sobre los hombres gestantes, y era peor que un tabú. Por eso había puesto todo su esfuerzo en el embarazo de Sergio, pues quería que él lo logrará. Así que, cuando se sentaron de nuevo en el consultorio, tomó una bocanada de aire antes de decirles lo siguiente: —Sería buena idea programar la cesárea —Comenzó el doctor —No nos arriesgaremos con un parto natural, pondría en riesgo tu salud. Ambos jóvenes se miraron el uno al otro. Nunca habían tocado ese tema y tenían muchas dudas. Para la buena suerte de Marko, la pareja no puso resistencia, ya había experimentado la "valentía" de querer hacer un parto natural y este casi siempre terminaba en la muerte de una de las dos partes. O las dos, como le pasó a él. —¿Podría darnos la ecografía de nuestros bebés? —Preguntó Max sacándolo de sus pensamientos. —Claro, en un momento la traigo —Dijo levantándose —Por cierto, ¿No quieren saber el sexo? Ambos volvieron a mirarse. —No, queremos que sea una sorpresa —Respondió el pelinegro y el rubio asintió mostrándole su apoyo. Marko no insistió y fue por una copia de la ecografía que había tomado. Al poco tiempo los jóvenes recibieron la ecografía y Max le tomo una foto para mandarsela a sus padres y amigos.  Después de recibir algunas indicaciones, más vitaminas para sergio y consejos para evitar el estrés de la competencia, se despidieron del doctor Marko y este le regaló una paleta al pequeño Yuki. Estaban felices de volver a casa. Había sido un día exitoso.  Estaban a punto de irse a dormir cuando el rubio decidió tocar un tema que lo había estado evitando los últimos días. Hasta que la visita de esa tarde se lo hizo recordar. —Sobre el sexo de los bebés —Comenzó —¿Es buena idea que sea sorpresa? Tenemos que escoger los nombres y... confieso que me gustaría saberlo. Sergio se mostró algo afligido. —Pero es algo muy especial —Susurró —No me gustaría solo leerlo de un papel. —¿Quieres que hagamos una fiesta de maternidad? —Preguntó Max y su novio lo miró confuso —Ya sabes, donde se festeja el embarazo y se revela el sexo. Sergio levantó los hombros y desvió la mirada. Se sentía mal de solo pensar en todo lo que debía privarse al ser un hombre gestante. —No podemos hacerlo, se supone que es secreto —Comenzó a jugar con sus dedos mientras buscaba la forma de cambiar el tema, entonces recordó ese oso de peluche —A Yuki le encantaría el oso. —¿El oso? —Repitió el rubio, dándose cuenta cómo desvió la conversación pero no quiso insistir  —Bueno, le encanto el hornito que me regalaste. Quizá quiera ser chef. El pelinegro sonrió al recordar como siempre lloraba cuando le negaban jugar con el hornito. Pues quería estar todo el tiempo cocinando y se saltaba la siesta, lo que perturbaba su sueño en la noche. Miró al pequeño durmiendo en el pequeño nido entre ambos. —¿Y si lo adoptamos? —Soltó sin previo aviso, notando la sorpresa en el rostro de su novio —Maxie, ya se que debemos pensar positivo sobre Kamui pero me temo que la situación es muy difícil. No quiero que Yuki termine en una familia de extraños. El rubio sonrió con ternura. —Amo la idea de que Yuki sea nuestro hijo, pero sabes bien que esa decisión no esta en nuestras manos —Explicó —Tenemos que hablar con Kamui, es la única manera. Max se acercó al rostro de su novio y le plantó un dulce beso en los labios. Podía ver la preocupación en sus lindos ojos, así que decidió abrazarlo y hacerle mismos hasta que se quedara dormido. Mañana seria un dia largo. La competencia por clasificación para el equipo nacional no era cualquier cosa, y los dos debían dar el máximo esfuerzo para alcanzar sus sueños. 
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