Hasta la eternidad
22 de diciembre de 2025, 18:52
Habían pasado un par de días desde que los jóvenes obtuvieron su clasificación y pase olímpico, pero también desde que Max tuvo que testificar en contra de Lando.
La defensa de Lando intentó desestimar la grabación de su confesión al haber sido hecha bajo un estado de shock, pero los abogados de Nico se aferraron a esta prueba y a los testimonios, tanto de la víctima como del tercero involucrado.
Eran dos familias peleando por quien tenía la razón, ambas tan poderosas como influyentes.
Pero era poco lo que podían hacer con tanto en contra.
No solo era el intento de asesinato a Nico, sino también la corrupción de la familia Norris y cómo esto afectaba al instituto nacional del deporte, abriéndose una investigación alterna para resolver ese caso.
Se le ofreció un trato a Lando, pero este no aceptó, pues se negaba a tomar responsabilidad de sus acciones.
Al final el juez dio una sentencia de acuerdo al jurado, al no aceptar el trato, Lando se enfrentaba a tres años y medio de prisión, quinientas horas de servicio comunitario y una multa por cien mil dólares en compensación a la víctima.
Por otro lado, su actitud antideportiva lo llevó a un veto que se le fue dado por el comité olímpico, donde se le prohibía participar en cualquier disciplina olímpica de por vida.
La defensa podía apelar esta sentencia y pedir que se lleve a cabo otro juicio, pero seria muy dificil lograr eso debido a la presión que estaba poniendo el comité olímpico para terminar con ese tema lo más rápido posible.
Ahora los jóvenes se encontraban haciendo sus maletas para viajar de regreso al pueblo, pues pasarían sus vacaciones de invierno en casa y disfrutarían de las festividades con sus familias y amigos.
Yuki se iba a quedar con Kamui y Jenson junto a Pierre, pues su padre había sentido una mejoría en su salud y ansiaba pasar tiempo con su pequeño hijo.
Así que la pareja estaba ocupada con su viaje de regreso a casa.
—No olvides esto —Dijo Sergio dándole un par de diarios que había estado llenando con distintas fotos de su pancita de embarazo.
Quería crear recuerdos tempranos para sus hijos. Que supieran que realmente estaba maravillado por su llegada.
Max se apresuró en acomodar todo. Estarían fuera casi un mes y eso lo llenaba de emoción.
—¿Llevas tus vitaminas? —Preguntó el rubio y su novio asintió —Mi amor, leí en internet que una almohada de embarazo te ayudará a dormir mejor.
—¿Crees que deberíamos comprar una? —Cuestionó el pelinegro mientras terminaba de doblar su ropa.
—Como papá Toño va a venir a traernos, creo que lo más apropiado sería comprarlo antes del viaje —Propuso Max acercándose a él y tomándolo de las mejillas para darle un beso en la frente —Y así sería un pendiente menos. No quiero que te esfuerces demasiado estos días.
—Tienes razón —Respondió mientras acariciaba su vientre —Podemos ir ahorita para que mañana solo esperemos a papá. No le gusta hacer paradas durante los viajes.
—Si quieres voy y vengo —El rubio rápidamente tomó sus llaves.
—Pero yo quiero escogerla —Sergio lo miraba con tanta ternura que no pudo decirle que no.
—Vamos amorcito, pero tomaremos un taxi para que no te sientas cansado —Respondió pasándole su abrigo —No olvides tu bufanda, no quiero que te enfermes.
Salieron de casa y llegaron al súper, comenzaron a dar vueltas intentando encontrar algo que le gustara al pelinegro.
—Voy a preguntar con algún encargado—Dijo el rubio al no poder encontrar la almohada que buscaban.
Sergio se quedó observando algunos juegos de sábanas. Le gustaba mucho ir al súper y entretenerse viendo cualquier cosita.
—Hola —Una voz familiar lo hizo girar casi al instante —¿Podemos hablar?
El pelinegro retrocedió en sus pasos, marcando una distancia entre ambos.
—Carlos... —Susurró —¿Qué haces aquí?
—Estaba haciendo unas compras antes de volver a casa —Comenzó —Cómo sabrás, fui expulsado del instituto —Entonces hizo una pausa —Lamento mucho todo lo que pasó. No tienes idea de cómo lo siento.
Sergio había ansiado escuchar esas palabras desde hacía mucho tiempo.
Y si bien deseaba perdonar todo y seguir adelante, era muy difícil hacerlo tomando en cuenta las circunstancias en las que se desarrolló todo.
—Realmente no quiero hablar contigo —Admitió con cierta pena —Lo que hiciste fue más allá de lo que nunca antes me habían lastimado —Entonces armó de valor para continuar —Eras mi mejor amigo, crecimos juntos, y comenzaste a hablar cosas horribles de mí. ¿Cómo pudiste creer que yo le haría eso a mi novio? ¿Qué ganabas diciendo esas cosas? Y todo esto por el estúpido de Lando.
—Sé que fuí un idiota en creerle a Lando —Respondió avanzando unos pasos para intentar cortar la distancia —Pero quiero que sepas que realmente lo lamento. Me dejé segar por mi odio a Max.
—¿Por qué lo odias tanto? —Comenzó el pelinegro con cierta curiosidad, no encontraba sentido tanta saña —Se honesto conmigo, ¿Es solamente por el tema del Lando? ¿O hay algo más?
Carlos se mostraba un poco incómodo ante esta insinuación.
—Quizá haya algo más —Confesó desviando la mirada —Pero fue algo que sentí hace mucho tiempo, antes de que llegaras, antes de Charles, antes de todo.
Para Sergio fue fácil unir los puntos.
Era algo que había sospechado pero le era difícil externar. No quería creer que todo eso fueran celos.
—Entonces era eso, ¿No? —Señaló Sergio alejándose un poco más —Estabas molesto no porque Lando se fuera con Max, sino porque él no se fue contigo ¿Verdad? Nunca se trató de Lando, siempre fue sobre Max.
Carlos tragón seco ante este señalamiento.
—Yo... —Apenas pudo decir antes de ser interrumpido.
—Y por eso estabas tan molesto conmigo —Continuó el pelinegro —Y en lugar de ser mi amigo decidiste actuar como un amante celoso, porque una vez más no fuiste tú.
—Nunca fue contra ti —Carlos rápidamente lo interrumpió —Es solo que no podía evitar molestarme con Max.
—Estás molesto con él porque nunca te escogió —Sergio volvió a señalar —Por eso actuaste como lo hiciste. No todo fue una manipulación de Lando. Admítelo, muy en el fondo querías hacer esto.
—Y me arrepiento profundamente.
—No me sirve de nada que estés arrepentido —Sergio comenzó a caminar pero Carlos lo tomó del brazo, haciendo que se volteara bruscamente y le dieron manotazo para que lo soltara —Por tu culpa casi pierdo todo. Pero eso te hubiera gustado, ¿No?
El pelinegro tenía los sentimientos a flor de piel.
—No, no me hubiera gustado —Insistió —Te lo juro, Sergio lo estoy superando. Ya nada de eso me interesa. Solo quiero que volvamos a ser amigos.
—No podemos ser amigos, no después de todo lo que sucedió —Afirmó el pelinegro —No puedo confiar en ti, porque tú decidiste no confiar en mí.
—Sergio... —Susurro.
—Decidiste arruinar nuestra amistad por un capricho —Continuó —Dijiste cosas horribles de mí, de Max, lastimaste a Charles, y él te amaba demasiado. Lo mejor es continuar cada quien por su lado.
—Por favor... —Suplicó.
—Lo siento Carlos, pero no te puedo permitir ser parte de mi familia —Fue lo último que le dijo antes de marcharse.
Sergio sabía bien que si Carlos no le hubiera dicho esas cosas horribles a Max, haciéndolo por su voluntad, quizá nunca hubiera tenido ese desmayo que casi le cuesta la vida a sus pequeños.
Y aunque le doliera, a veces era mejor soltar y dejar ir aquello que nos hace daño.
De pronto se encontró a su novio corriendo con una almohada grande en forma de serpiente.
—Amorcito, mira lo que encontré —Dijo el rubio llegando hacia él —Tiene una cara muy coqueta.
Esa almohada era perfecta para abrazar en las noches. Tenía un decorado como si fuera una serpiente, incluso tenía una cara con la lengua afuera y ojos saltones.
—Me encanta —Respondió Sergio con una sonrisa y después se acercó al rostro de su novio para darle un beso en los labios —Te amo demasiado, vámonos a casa ¿Sí?
El pelinegro no iba a permitir que la confesión de Carlos perturbara sus emociones y mucho menos su relación.
Había decidido cerrar ese capítulo para siempre y seguir adelante por sus hijos.
Ya nadie lo iba a lastimar.
Llegaron a la caja y el rubio se apresuró en pagar el objeto. Fue entonces que su teléfono comenzó a sonar.
—Está bien, vamos para allá —Dijo Max antes de colgar.
—¿Qué pasó? —La voz seria de su novio lo tensó.
Al ver su mirada afligida sabía que algo no iba bien.

Esa tarde habían pasado demasiadas cosas. Pero la pareja intentó mantener la calma.
Jenson había llamado a Max debido a una situación que se dio un par de horas antes.
Kamui había recaído.
Era como si toda la energía de su cuerpo hubiera desaparecido.
Se sentía cansado y adolorido, se puso tan mal que tuvo que ser llevado al hospital y le dijeron que tenía que quedarse hasta el día de su cirugía.
Faltaban unas semanas para esto y Yuki no podía quedarse tanto tiempo ahí.
Jenson tampoco se podía hacer cargo de dos niños y menos en el hospital, pues estaban muy pequeños para entender lo que pasaba.
Así que los jóvenes se volvieron a hacer cargo del pequeño Yuki.
Y después de pasar a recogerlo del hospital, la pareja fue a casa de Kamui para llevarse algunas cosas que le servirían para la estancia del pequeño en el pueblo.
Además, Yuki se había acostumbrado demasiado a ese oso de peluche que Sergio había reparado para él.
Entre tantas cosas que llevaron, estaba ese oso.

Terminaron de alistar todo y pidieron un taxi para irse de nuevo al departamento.
Ambos habían acordado no hablar sobre Kamui frente al pequeño, pues su tarea era más que nada distraerlo de esas cosas.
Sin embargo, Sergio se tomó el tiempo para hacer una llamada a su padre y avisarle sobre la llegada del pequeño a casa.
Asi que al día siguiente, en la camioneta de Don Toño iban cuatro adultos y un pequeño.
Sophie amaba distraer a Yuki.
Disfrutaba mucho pasar el tiempo con él, pues le recordaba cuando Max era un pequeño que siempre quería estar en sus brazos.
El viaje se sintió más ligero debido a la convivencia que se dio.
Todos estaban felices cuando llegaron a la casa de los Pérez. Y Don Toño les ayudó a bajar todas las maletas.
Fue entonces que Sergio le tomo una foto a Max porque le pareció adorable verlo llevar todas sus cosas por él.

Entraron a la casa y el primero en recibirlos fue Max, el perro.
Para su buena suerte, Jimmy y Sassy mostraron paciencia con el canino.
—Tengo una cuna lista para Yuki —Afirmó el mayor con orgullo.
—¿Qué? —Pregunto Sergio acercándose a ver lo que su padre había hecho.
—Era tuya cuando eras chiquito —Explicó Don Toño —Ahora Yuki podrá dormir aquí.
El pelinegro no dijo nada, solo comenzó a reírse y decidieron terminar de arreglar todas las cosas.
Después se tomaron el día para descansar debido al viaje. Yuki se acopló perfectamente a Don Toño, quién lo abrazaba y jugaba con él todo el tiempo.
El hombre había acomodado todo en su casa para que sus invitados se sintieran cómodos y no hubiera ningún problema.
Incluso compró una cama más grande para la habitación de Sergio y así no tuvieran un problema por el espacio.
Esa noche el pelinegro durmió plácidamente con aquella almohada, mientras que su novio lo abrazaba por la espalda y acariciaba su vientre hasta quedarse dormido.
No podía sospechar nada de lo que estaba a punto de ocurrir en esos días.

Pasaron un par de días donde la pareja no hacía más que pasear y divertirse con sus amigos.
Lewis y Charles también habían regresado al pueblo, recuperando el tiempo con sus parejas y poniéndose al día con todos ellos.
Lance miraba con sospecha aquella barriga que Sergio intentaba ocultar con grandes abrigos. Pero no iba a preguntar nada que pudiera incomodarlo.
Una mañana Sergio decidió estar en la cafetería para recordar los viejos tiempos, y Max aprovechó esto para hablar con su madre sobre algo que había estado pensando durante mucho tiempo.
Cuando Sophie lo escuchó, se emocionó demasiado pero también le recordó la importancia de pedir la bendición del padre de su pareja.
Es así como el rubio puedo encontrar un momento a solas con Don Toño y pedirle su permiso, confesándole que había estado esperando hasta poder obtener su bendición.
El mayor estaba más que contento con la idea, le agradeció mucho que lo tomara en cuenta y le dijo lo orgulloso que estaba de él.
Con la aprobación de ambos padres, Max se aventuró a preparar una tarde especial con su novio.
Ambos abrigaron bien porque ese día era especialmente frío.

El pelinegro no tenía idea de que estaba pasando y porque su novio le había pedido pasear por el parque donde se conocieron.
Pero estaba contento de pasar el tiempo a su lado y no hizo muchas preguntas.
—¿Crees que va a nevar? —Preguntó Sergio mirando el cielo y una suave brisa revolvió su cabello.
—Aquí nunca ha nevado —Afirmó el rubio mientras lo sostenía de la mano.
Estaba muy nervioso, tanto que sentía que no le iban a salir las palabras y lo arruinaría todo.
—Me gusta la ciudad, pero amo este lugar —Comenzó el pelinegro —¿Sabes amor?, ese día casi no salgo de casa. Cuando te conocí —Confesó deteniéndose un momento —Me daba mucha pena que la gente me mirara demasiado solo porque Max llevaba un chaleco como perro de servicio. Pero él insistió en salir, llevaba demasiado tiempo encerrado.
Entonces le tengo que agradecer muchas cosas a Max dijo el rubio con una sonrisa si él no hubiera insistido jamás nos hubiéramos conocido no su novio asintió y quizás nunca hubiéramos podido conocernos de la forma en que lo hicimos.
Hubiéramos estado atrapados en la pelea de los equipos señaló Sergio casi riéndose ahora que recordaba lo absurda de sus confrontaciones Pero eso no pasó y estoy feliz de que todo sucedió de manera diferente.
En ese momento Max lo tomó de la mano ya acarició sus nudillos con sus dedos.
Respiró hondo e intentó alejar cualquier miedo que se asomara en su mente.
Era ahora o nunca.
—Eres mi primer amor de verdad, ¿Recuerdas? —El pelinegro asintió —Pero también eres el amor de mi vida, y llevo meses deseando sellar eso para la eternidad —Entonces se separo un poco, dejando un pequeño espacio entre ambos y sacó algo de su bolsillo para después arrodillarse frente a él —¿Me darías el honor de ser tu esposo?
Sergio observó como aquella cajita aterciopelada se abría mostrando un hermoso anillo símbolo de su amor.

El pelinegro se emocionó hasta las lágrimas, asintiendo poco a poco hasta finalmente romper en llanto.
—Sí... —Susurró —Claro que sí —levantó un poquito más la voz —Sí, mi amor, siempre será un sí.
Max sonrió ante esto y con sus manos temblorosas sacó el anillo de la caja y lo colocó en su dedo.
Con ayuda de su novio, ahora prometido, se levantó de suelo y lo tomó de las mejillas para acercarse a sus labios y darle un tierno beso.
Fue entonces que una fuerte brisa los hizo separarse por un momento.
Ambos observaron como la nieve comenzaba a caer del cielo y se mezclaba con las hojas secas de los árboles que estaba haciendo revueltas por el viento.
El rubio volvió a tomarlo de la cintura y junto esos labios una vez más
Ambos sabían que su amor sería para la eternidad.

Nota: No tiene ni idea de cuánto he estado esperando por escribir esto :D