ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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Ojitos llorones

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Sergio miraba su anillo con emoción. De hecho, no había dejado de hacerlo desde que Max se lo puso en el dedo. Esto hizo que caminar se volviera una práctica peligrosa para él. —Amorcito, no te vayas a caer —Dijo Max tomándolo de la mano, pues el pelinegro había estado apunto de chocar con un niño que venía en el camino —Papá debe estar esperándonos en la cafetería. —Ya quiero darles la noticia —Sergio continuó admirando su anillo —Que todos sepan que estaremos juntos para siempre. En ese momento el rubio detuvo el paso, haciendo que su novio lo imitará algo confundido. —Ellos ya lo saben, le he pedido permiso a papá —Comenzó Max jugando con sus dedos sobre el anillo —Quería seguir todos los pasos correctos para tener tu mano. —No necesitabas hacer eso —El pelinegro acarició con delicadeza su barbilla, haciendo un suave recorrido sobre su piel —Más que mi mano, siempre has tenido mi corazón. —Lo sé, mi amor —Respondió el rubio acercándose a él para robarle un corto besos a sus labios —Pero la opinión de Papá es importante. Pronto seremos familia y quiero tener una buena relación con él. —Pero si papá ya te adora —Ambos no pudieron esbozar una sonrisa, sabían que eso era verdad —Él te quiere mucho, no tienes que temer. —No es lo mismo ser tu novio, que ser tu esposo —Soltó haciéndolo reír. —Me gusta como suena eso —Confesó —Maxie, me agrada la idea de pensarte como mi esposo. Fue entonces que el rubio lo tomo por la cintura y acortó la distancia entre ambos, juntando sus cuerpos. —Eres más de lo que hubiera pedido en esta vida —Comenzó —Más de lo que merezco. —Eso no es cierto —Sergio lo interrumpió —Tú mereces mucho amor —Posó sus manos sobre sus mejillas, acariciando con sus dedos aquel rostro que tanto le gustaba —No vuelvas a decir lo contrario, porque no es asi, lo mereces todo. —Pero creo que papá está enojado conmigo —Confesó bajando la mirada. —¿Por qué piensas eso? —Preguntó el pelinegro y se dio cuenta de que su prometido estaba viendo su barriga de embarazo —¿Por los bebés? —Max asintió —Ninguno de los dos podía adivinarlo. —Si, lo sé. Pero también lo entiendo perfectamente —Continuó —Somos muy jóvenes y desde que nos conocimos me he apegado a ti como si mi vida dependiera de eso. Nos fuimos juntos a la ciudad y ahora tendremos nuestra propia familia. Quizá sea eso lo que le molesta, que te he apartado de su lado. —No me has apartado de él, no digas eso —Respondió Sergio para después darle un beso en la mejilla —Ya no pienses así. —Es solo que quiero que sepa que su opinión me importa —Fue entonces que sintió como su pareja lo envolvía con sus brazos y acurrucaba su cabeza en su pecho. —Gracias por ser tan considerado —Susurró el pelinegro —Te amo. Max ser abrazo a su cuerpo, sintiendo ambos encajaban como dos piezas de rompecabezas hechas el uno para el otro. —Yo te amo mucho más —Respondió haciéndolo sonreír.  Por otro lado, en la cafetería los nervios estaban a flor de piel. Mientras que en la cocina todo tenía un tono más cálido. —Vamos, tienes que dar todo tu esfuerzo si quieres hacer los mejores postres —Dijo George mostrando como se hacía un buen amasado. —No lo presiones demasiado, apenas puede sostener la cuchara —Señaló Lewis, quien sostenía al pequeño Yuki para que pudiera mezclar bien los ingredientes. —Él dijo que quería ser el mejor —Se defendió el castaño. —No tiene ni tres años —Señaló Charles llegando —No presiones al pequeño. —¿Y tú qué haces aquí? —George lo miró con cierta molestia al ver interrumpidas sus lecciones —Sólo el personal autorizado puede estar en la cocina. —Soy el mejor amigo del hijo del dueño —Comenzó Charles —Además de ser el futuro tío y padrino favorito. Lewis lo volteó a ver rápidamente. —¿Tío y padrino? —Repitió George — ¿De quién? —Charles... —Lo llamó el moreno con cierto tono amenazante. —Me voy, pero eso no cambia los hechos —Aseguró antes de marcharse, tomando una bandeja de galletas de chocolates para el camino. —¿De qué hablaba? —Preguntó George, no podía dejar ir el tema. Lewis sonrió y le dio un beso en la mejilla a su novio. —Una vez, cuando estábamos entrenando, sufrió un mal golpe y quedo medio tonto, no le hagas caso —Explicó para después usar una de sus manos para despeinarlo, haciendo que su red del cabello se cayera. —Cariño, no hagas eso —Se quejo el castaño dejando todo de lado para volver arreglarse el cabello. —Pero te ves más guapo sin esa cosa —El moreno hizo un puchero que solo provocó la risa de su novio. —¿Entonce me veo feo con esto? —Cuestionó fingiendo indignación. Lewis rápidamente tomó en brazos al pequeño, separándolo de su amado cuenco, y corrió a consolar a su novio. —Claro que no, mi amor, tu siempre te ves lindo —Respondió para después darle un dulce beso, que poco a poco fue volviéndose más travieso. Fue entonces que el bebé no dejó de moverse para zafarse del agarre del joven, haciendo que ambos se separaran. —Perdón, Yuki, sé que te prometí que haríamos un pastel —Dijo George tomándolo en brazos —Terminaré de meter el pan al horno, y luego continuamos con tu pastel, ¿Trato? El pequeño asintió y los tres se pusieron manos a la obra para terminar rápido. —¿Ya regresaron? —Preguntó Don Toño saliendo de su oficina, caminando en la cocina en busca de alguna señal de sus hijos. —No lo sé, jefe, no hemos salido para confirmar nada —Respondió George mientras observaba al hombre caminar. Estaba hecho un manojo de nervios. Ya era la tercera vez que preguntaba en menos de media hora. Agradeció al joven y salió de la cocina, encontrando a Pato y Oscar atendiendo a unos clientes. En la mesa de la esquina del local pudo ver a Sophie espiando por la ventana, anhelando el regreso de sus hijos. —¿Ni una señal? —Preguntó el mayor y la mujer negó con la cabeza —¿Qué les lleva tanto tiempo? Sophie suspiró pesadamente, estaba tan o más nerviosa que el hombre. —Mi muchacho estaba tan nervioso antes de salir de casa —Comenzó —¿Cree que Sergio le dijo que no y por eso tardan tanto en volver? —No, claro que no —Don Toño se sentó en la silla frente a ella y observó por la ventana como caía la nieve —Sería una locura pensar que mi Sergio le diría que no. —¿En verdad cree eso? —Se podía notar lo afligida que estaba. —Sí, mi niño lo ama demasiado como para irse lejos de casa —Comenzó mientras jugaba con sus dedos visiblemente nervioso —Le dará el sí, lo sé. Lo conozco. De los dos, Sophie era quien más temía la respuesta de Sergio. Ya había sido testigo de como su simple existencia significaba todo para su hijo. Max lo amaba, de eso no había duda. Su corazón le perteneció casi desde ese instante en que caminó hacia él en aquel parque. Una negativa afectaría demasiado a su hijo, le rompería por completo el corazón. —¿Qué les pasa? —Preguntó Óscar casi en un susurro y pegándose más a su novio. —No lo sé, han estado nerviosos casi todo el día —Explicó Pato en el mismo tono —Espero que no esté pasando nada malo. Fue entonces que la puerta del local se abrió y la campana sonó anunciando la llegada de alguien. —Dios, que locura la nieve —Dijo Lance quitándose su abrigo para colgarlo. —¿Cómo te fue en la entrega? —Preguntó  Kelly mientras terminaba de limpiar una mesa. —No me gusta hacer entregas, me despeinó —Se quejó —Y luego, mientras venía, me encontré a esos dos exhibicionistas. —¿Quienes? —Preguntó Óscar algo divertido, pero Kelly le quiso avisar a su amigo de que Don Toño y la madre de Max estaban presentes. —Sergio y Max andaban de melosos, que asco, ¿Acaso no saben que están en vía pública? — Evidentemente Lance no entendió las señales. —¿Qué dijiste de mis hijos? —Don Toño no tardó en levantarse de su asiento y esto provocó que Lance pegará un grito asustado. —M-me llaman en la cocina —Se excusó el joven caminando lejos del hombre. —No es cierto —Dijo Kelly divertida ante la situación. —¡Ya voy, George! —Gritó Lance antes de salir corriendo para escapar de DonToño. —Chamaco... —Susurró el mayor. —Esas son buenas noticias, ¿No? —Preguntó Sophie levantándose —Quiero decir, si estaban 'melosos' entre ellos, es porque están felices ¿No? —Ahí vienen —Señaló Pato haciendo que los dos adultos voltearan a ver a la parejita asomándose por la ventana. Una sensación de relajación se apoderó del lugar cuando vieron las brillantes sonrisas en los rostros de los jóvenes. Fue entonces que Sergio levantó la mano y mostró con alegría su anillo de compromiso. No hubo necesidad de decir palabra, todos sabían lo que significaba. Y eso lleno de regocijo el lugar.  Don Toño decidió cerrar el local por el resto del día, pues quería celebrar el reciente compromiso de sus hijos. —Claro que luego haremos una fiesta más grande —Explicó el mayor a los amigos de sus hijos —La mejor fiesta de compromiso que verán, y la más grande después de la boda. —Será todo un deleite llevar acabo los preparativos —Comenzó Sophie —Los puedo ayudar en lo que necesiten. Sergio sonrió con amabilidad, le gustaba tener una madre con quién compartir un momento tan especial en su vida. —¿Y que se siente? —Preguntó Kelly mientras observaba el anillo —Debe sentirse muy bonito. —Es una sensación maravilloso —Sergio suspiro antes de continuar y dirigió su mirada a su prometido —Saber que te vas a casar con el amor de tu vida, es simplemente algo extraordinario. Max sintió sus mejillas arder. Incluso después de tanto tiempo juntos, Sergio aún era capaz de provocar ese efecto en él. —Yo también acepto —Dijo Lance llegando de la nada. Los chicos en la mesa lo miraron confundidos. —¿Aceptar qué? —Preguntó el rubio. —Ser la dama de honor, claro —Explicó como si fuera lo más obvio del mundo. —¿Cómo te atreves? —Kelly rápidamente intervino, y luego recobró la compostura —Claro que aquí quien escoge es Sergio, ¿Verdad? La joven se acomodo de manera en que podía casi tapar por completo a Lance. Ambos estaban compitiendo por ese puesto. —Chicos, los aprecio mucho... —Apenas escucharon esto y los dos comprendieron que habían perdido —Pero ya tengo a alguien más en mente —Bajo un poco la mirada y luego la dirigío a su prometido —Sino te molesta, claro. Max comenzó a negar con la cabeza. —Mi amor, sabes que no tengo ningún problema con quién sea tu elección —Respondió tomando su mano con delicadeza —Siempre serás libre de elegir. Los dos jóvenes enamorados acortaron el espacio entre ambos y sus labios se encontraron en un dulce beso. —Miren el pastel de Yuki —Dijo Lewis llegando con el pequeño en brazos y acompañado de George, quien llevaba el postre para compartirlo. —¡Tonoto! —Gritó el pequeño apenas vio al rubio y pidió irse a sus brazos. —Mi bebé, ¿Eso hiciste todo el día? —Preguntó Max mientras lo abrazaba —Mi pequeño panadero, algún día tendrás un local como este. —Es muy apasionado para tener menos de tres años —Dijo George acomodando todo para partir el pastel. —Iré por unos platos —Propusó Óscar levantándose de su asiento para irse a la cocina. —¿Cómo se porto? —Preguntó Sergio mientras le hacía mimos al pequeño. —Es un niño tranquilo cuando no está persiguiendo al perro —Respondió Lewis con una sonrisa. —¿Estas cosas negras saben bien? —Preguntó el rubio mientras miraba su bebida. —Son bobas, se está volviendo muy popular en las ventas del local —Explicó Kelly mientras probaba su propia bebida. Max la imitó pero lo hizo demasiado rápido y la boba golpeó en su garganta, haciéndolo toser. La joven no pudo evitar soltar una risa ante esto. Pero rápidamente quiso disimularlo. —No le den nada de esto a Yuki —Dijo Max mientras se recuperaba de la humillación. Pero no pudo evitar comparar las bobas con los ojitos de Yuki, grandes y llorones, pero sumamente adorables. Siguieron conversando un poco pero uno de ellos se dio cuenta de que hacía falta algo. —Pondré un poco de música, seré su DJ esta tarde —Bromeó Pato comenzando a buscar alguna que otra canción para disfrutar la fiesta. —Saldre a buscar a Logan, está perdido con la nieve —Dijo Charles levantándose de su asiento, pero no dio ni tres pasos cuando la puerta se abrió y el rubio entro cubierto de blanco —Amor, pareces una paleta. Rápidamente se apuro a ayudarlo a entrar en calor, quitándole el abrigo húmedo y abrazándose a su cuerpo, sentándose el uno al lado del otro. —Voy al baño, no me dejen sin pastel —Dijo Lance mientras salía corriendo hacia el tocador. Pero lamentablemente se chocó con Óscar, quien venía saliendo de la cocina y este tropezó hasta casi golpear a Sergio, de no ser por los reflejos rápidos de Max, quien lo jalo al notar el peligro. —¡Idiota, fíjate! —Gritó Max sumamente enojado. —Maxie... —Susurró Sergio al notar lo molesto que estaba —Fue un accidente. No paso nada. —¡Hey! —Respondió Pato en el mismo tono que el rubio —¡No le hables así! —¡Chicos! —Don Toño alzó la voz, pero ya era tarde. —¡Ese idiota casi lastima a mis bebés! —Soltó Max sin pensarlo, guiado más por la furia que por la razón. —¿Bebés? —Repitió Kelly y un silencio se apoderó del lugar. Tenían mucho que explicarle a su amigos. Y el secreto se hacía cada vez menos privado. 
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