ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
Notas:
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¿Que quieres qué?

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TW NSFW ESTE CAPÍTULO TIENE CONTENIDO ADULTO. Después de dar vueltas explicando una y otra vez como se dieron las cosas, parecía que finalmente sus amigos habían entendido todo. Así que pronto comenzaron a felicitarlos, mientras que uno de ellos, el que quería confirmar que todo era real y no una broma, soltó lo siguiente: —Entonces, ¿Lo hicieron tanto que lo terminaste preñando? —Preguntó Lance con una sonrisa en sus labios. Sergio pronto se sintió avergonzado y desvió la mirada. Mientras que Max sentía arder sus mejillas de lo sonrojado que se puso. —¡Cállate! —Gritó Kelly mientras negaba con la cabeza. —Págame —Comenzó el joven —Apostamos y gané. —¿Estuvieron apostando sobre nosotros?  —Max se mostró molesto ante esto. Principalmente porque habían hecho que Sergio se avergonzara —Hablen. —Ya los dos —Dijo Don Toño —Comportense. Lance se encogió de hombros cuando vio como el rubio lo miraba con molestia. Estaba a salvo por la presencia de su jefe, pero sabía que en cualquier momento se enfrentaría al león enjaulado. Pero la fiesta continuó como si nada. Partieron el pastel de Yuki y el pequeño se mostró muy contento, además, sergio le explico porque su estómago estaba tan abultado y porque nadie debía tocarlo con brusquedad. A lo que el nene se limitó a tocar su barriga con delicadeza, entendiendo la razón por la cual todos se mostraban muy cuidadosos con el joven.  Para cuando comenzó a anochecer, los chicos se fueron marchando poco a poco. Algunos siendo llevados a casa por los padres de Oscar o los de Logan, debido a la nieve que no dejaba de caer. Una vez cerrado el local, Don Toño los llevo a todos a casa donde entraron en calor gracias a que prepararon chocolate caliente, el cual acompañaron con unas galletas de su local. Yuki jugaba con Max, el perro, el cual asombrosamente se había apegado al pequeño y siempre buscaba llamar su atención. —Parece que Max lo quiere mucho —Dijo Don Toño observando la adorable escena. —Claro que mi hijo lo quiere mucho —Respondió Sophie sin darse cuenta de que hablaban del perro, pero rápidamente lo entendió —Uhm, no me acostumbro. En ese momento Sergio estornudo, llamando la atención de todos. —Creo que me iré a la cama —Dijo el pelinegro levantándose de su asiento. —¿Estás bien? —Preguntó el rubio mientras lo tomaba de la mano. —Sí, eso es lo que el embarazo me deja muy agotado —Afirmó Sergio estirándose un poco para después dar un gran bostezo. —Abrigate bien, el clima está cambiando y luego tienes la costumbre de dejar las ventanas abiertas —Regañó Don Toño mientras recogía todo para lavar los platos. —Déjame hacerlo —Ofreció Sophie levantándose de su asiento. —Yo me encargaré de que Yuki duerma y lo pondré en la cuna —Dijo Max levantando al pequeño del suelo —Amorcito, tú ve a descansar. Los jóvenes se despidieron de los adultos y el pelinegro pronto se quedó dormido abrazando su almohada. Mientras que Max arrullo al bebé y lo dejó descansar en la cuna. Pronto llegó a su habitación y se encontró con la adorable escena de su pareja abrazando la almohada en forma de serpiente. Se acostó a su lado y lo abrazo por la cintura, pegándose a su cuerpo tanto como le era posible. Era una costumbre que había adquirido desde la primera vez que durmieron juntos.  A la mañana siguiente, Max casi pega un grito cuando se despertó y lo primero que vio fueron los ojos saltones de aquella almohada. No lo iba admitir en voz alta, pero realmente había estado sintiendo celos por esa suave y tonta serpiente con ojos saltones y lengua burlona. Odiaba lo mucho que su ahora prometido se abrazaba a ella, pues deseaba que lo abrazará a él. Pero siempre se decía a sí mismo que era por la comodidad de su pareja y sus bebés en el vientre. —Amorcito, buenos días —Susurró el rubio para después darle un beso en la mejilla. En ese instante se dio cuenta de algo fuera de lo común. Volvió a darle un beso y confirmó sus sospechas. —Uhm... —Se quejó Sergio cuando sintió como lo movía para despertarlo. —Mi amor, creo que tienes fiebre —Dijo Max sentándose en la cama y poniendo su mano con delicadeza sobre su mejilla y frente —Le hablaré a mamá. El rubio no tardo en ir y regresar por Sophie, quien rápidamente se percató de que lo dicho por su hijo era cierto. —Mi pobre niño, el clima te hizo daño —La mujer acariciaba los cabellos oscuros del joven y le dio un beso en la frente —Quédate a su lado mientras le preparo algo bueno para él. Max hizo caso a su madre y se acostó al lado de su prometido, tomó su teléfono y preguntó al Doctor Marko por algún medicamento para su pareja.  Cuando sergio despertó se sentía somnoliento y miró el rostro de preocupación en su prometido. —¿Qué pasa? —Preguntó mientras intentaba sentarse, pero el rubio no se lo permitió —¿Mi león? —Amorcito, tienes fiebre —Comenzó —¿Acaso no te sientes mal? —Un poquito, pero no es nada de qué preocuparse —El pelinegro bostezo mientras veía como su novio se levantaba y se ponía su chaqueta —¿A donde vas? Es muy temprano. —Ire a la farmacia, comprare tu medicina y volveré rápidamente —Explicó —Mamá está haciéndote una sopa, come todo. —No me gusta la sopa —Se quejo mientras se abrazaba a su almohada. —La comerás te guste o no— Dijo el rubio antes de acercarse y darle un corto beso en los labios como despedida —No tardó. Max salió de la habitación rápidamente, estaba muy preocupado por su pareja. Al poco tiempo llegó Sophie y obligó al pelinegro a comer a regañadientes. Cuando terminó, la mujer se retiró y dejó solo al joven para que descansara, y mientras este se acomodaba en la cama, sintió que algo lo molestaba cerca de su espalda. Tomo el objeto con una de sus manos y lo observó, era el teléfono de su prometido. —Lo olvido —Susurró y una idea fugaz paso por su mente. Entonces presiono un botón lateral y vio que se podia desbloquear por medio de una huella. Sonrió pensando en intentarlo, asombrándose cuando el dispositivo reconoció su huella y se desbloqueo. Rapidamente se pregunto cuando fue que su pareja tomo su mano y registro su huella, quizá lo hizo mientras estaba dormido. Pero el deseo de chismear en aquel dispositivo hizo que mirara hacia la puerta esperando no ser atrapado en su travesura. En sus mensajes no habia nada interesante, solo chats con su familia y amigos. Hasta que vio un grupo que no conocía y sonrió al leer el nombre. “Padres primerizos” En este se pasaban consejos sobre la crianza de bebés y el cuidado de la pareja embarazada. Su corazón se conmovió al notar el esfuerzo que hacía por su pequeña familia. Decidió salir de la aplicación al no encontrar nada más interesante, y se fue a su galería. Se llevó otra sorpresa al ver la cantidad de fotos que tenia de Jimmy y Sassy, otras más de Yuki haciendo cualquier cosa y una carpeta llena de fotos suyas que tomó cuando estaba distraído. Tambien tenia un apartado donde estaban fotos de cositas de bebés, muchas tomadas en tiendas, y algunas otras bajadas de internet. El pelinegro sonrió al ver todo esto. Pero todo el ambiente cambió cuando encontró una carpeta peculiar. Una serie de videos de Max tocándose frente a la cámara. Al parecer le había tomado un gusto el hacer eso. También habían imágenes donde tenía poca o nada se ropa. Todo eso había sido tomado con la finalidad de mandárselo al pelinegro, pero al final se arrepentía y los terminaba acumulando. Sin embargo, eso tuvo un efecto en el joven curioso que terminó por examinar cada uno de estos. Ahora se sentía caliente de un manera diferente. Y pronto un antojo hizo que se le hiciera agua la boca.  Cuando el rubio regreso, Sergio fingió que no había visto nada y dejo su teléfono en la mesita de noche. Max lo tomo sin percatarse de nada extraño. Pasaron un par de horas donde el pelinegro no hacía nada más que buscar alguna excusa para hacer un movimiento. Había tomado su medicamento y se sentía mucho mejor. Así que tomo su propio teléfono y busco en internet alguna razón que le diera justificación a lo que estaba a punto de hacer. Sabiéndolo preocupado por su bienestar, cuando los dos estaban solos en la habitación, Sergio decidió dar inicio a su travesura. —Estaba leyendo en internet sobre algo que me puede ayudar en el embarazo —Comenzó mientras acariciaba su rostro con delicadeza —Pero necesito tu colaboración. El rubio sonrió al sentir la mano de su prometido en su mejilla. —Claro que si, amorcito —Respondió tomando su muñeca para besar su mano —Solo dime lo que quieres y lo haré realidad. Sergio se acercó a su rostro y le dio un suave beso en los labios, algo que hizo sonreír a su pareja. —Es que realmente lo necesito —Susurró el pelinegro mientras bajaba su mano hasta la entrepierna de su novio y comenzaba a acariciar su miembro —Lo quiero en mi boca. Max se sorprendió ante esto. Al principio le pareció una broma, pero al ver la seriedad en su rostro supo que hablaba en serio. —Amorcito, no creo que sea buena idea —El rubio se mordió el labio al sentir el agarre de su pareja —Nos pueden escuchar, además, no sé si deberíamos... —¿No me quieres entre tus piernas? —Preguntó con tanta soltura que puso arder las mejillas de su prometido. —Sabes que eso nunca ha sido el problema... —Max dejo escapar un gemido cuando la mano se apretó ligeramente sobre su falo. —Déjame chupartela —Pidió con aquellos ojos de súplica que tanto le gustaban. Max sabía que había perdido esa batalla. Pronto su novio le había bajado los pantalones cortos y sus boxer, dejándolo desnudo de la cintura para abajo. El rubio miraba el techo de la habitación, intentando no dejar escapar ningún gemido ante la sensación de la lengua de su pareja paseando sobre su piel. Sergio disfrutaba de saborear a su prometido en esas circunstancias. Le gustaba meter su carne a la boca y dejarlo ir tan lejos hasta casi provocarle arcadas. Lo tomaba como si fuera una paleta. —Mierda... —Lo escuchó susurrar cuando apretó sus labios sobre la cabeza de su pene —Más... Si, comeme. El pelinegro sonrió y saco el miembro de su boca para comenzar a pasarlo por sus labios. Su respiración chocando contra su cálida y delicada piel provocó un escalofríos en su pareja. Continuó jugando con su lengua, llegando hasta sus testículos y metiendo uno a su boca, chupando y soltando, repitiendo lo mismo en el otro. Max se sostenía de las sábanas, quería soltar todo lo que estaba reteniendo en su garganta. El silencio nunca fue su amigo. Siempre le había gustado la sensación de la linda boca de su pareja tomándolo de esa forma. —Te quiero coger —Confesó el rubio dejándose llevar por el placer. Sergio volvió a sonreír sobre su piel, pasando su lengua una vez más sobre las venas de aquel miembro colorado que tanto le gustaba. —Estas a punto de correrte y lo necesito en mi boca —Insistió el pelinegro volviendo a meter esa carne y apretando sus labios hasta casi arrancarle un gemido. —Dime que no lo quieres —Retó. Max sabía bien lo que hacía. Era imposible que Sergio no tuviera la necesidad de ser llenado después de ver lo muy concentrado y feliz que estaba mientras lo comía. El pelinegro no podía negarlo. Sentía la humedad entre sus piernas, él también quería atención. Sabía que debían ser cuidadosos si iban a llevar eso al siguiente nivel. —Pero lo quiero en mi boca —Advirtió y esto solo hizo sonreír a su prometido. Con luz verde, Max termino acomodando a su pareja a su lado, sintiendo su trasero desnudo pegándose a su cuerpo. —Dime si algo te duele o te sientes incómodo —Dijo el rubio y su pareja asintió, luego comenzó a acariciar su entrada con sus dedos, mientras el pelinegro todavía movía su mano sobre su pene. —Maxie... —Susurró Sergio al sentirlo dentro suyo, sus dedos se movían para acostumbrarlo a lo que estaba por venir. El rubio amaba mucho a su novio, y lo había querido desnudar por completo pero este se negó alegando que sería más fácil vestirse si los interrumpían y solo tenían que ponerse los pantalones. Aunque sabía que se debía a que no le gustaba que viera su vientre abultado. Esa inseguridad que no iba a pronunciar en voz alta, pero que su prometido conocía claramente. Y si bien no dejaría que lo viera 'gordo', eso no impedía que quisiera amasar sus pechos que visiblemente habían crecido un poco. Los quejidos del pelinegro hicieron que Max supiera que estaba haciendo un buen trabajo con sus dedos. Verlo morderse el labio para ahogar un gemido era algo que le fascinaba ver. —Cógeme —Soltó en un ruego haciendo reír a su pareja. —Creí que solo lo querías en tu boca —Se burló y pudo ver la molestia en su rostro —Vamos, dilo una vez más. Sergio bufó molesto, pero el movimiento de tijeras de los dedos de su pareja lo hicieron presionar un poco el pene de este y ambos chillaron casi al instante. —Mierda, Max, solo cógeme —Se quejó el pelinegro cuando recuperó el aliento. El rubio sabía que no podía seguir alargando esos juegos. Así que saco sus dedos y le dio una fuerte nalgada que resonó en la habitación. —Perdón... —Susurró al recordar que no estaban en su departamento y esto podía alertar a los mayores en el primer piso. Sergio no dijo nada, solo abrió más las piernas y se ayudó de su mano para darle una linda vista de su trasero. Max se acomodo entre sus nalgas y poco a poco fue introduciendose en él, cerrando los ojos para concentrarse en no emitir ruido. Mientras que el pelinegro suspiró pesadamente y un quejido salió de sus labios, moviendo sus caderas para buscar más contacto. El ritmo era tortuosamente lento. Sabían que no debían hacer tanto ruido. Así que el rubio cuido de ir a paso lento con su pareja, mientras que de sus labios escapaban pequeños quejidos que parecían gruñidos. Se pego a espalda, sosteniéndose de su pecho y acariciándolo, gimiendo en su oído para provocar más de él. Sergio se sentía ahogado. El miembro de su novio se había vuelto un objeto de tortura. Ese pedazo de carne que se movía entre sus nalgas y cuyo sonido era tan obsceno que no sabía que tanto podía callarse. Escucharlo gemir mientras sus dedos jugaban con su pezón era otro castigo para el pelinegro. Y es que mantener el silencio en una situación así era por demás un reto. Deseaba poder externar lo que sentía cada vez que su pareja entraba en él. Pero al mismo tiempo lo excitaba la idea de mantener todo en secreto. Pronto Max dejo su pecho y su mano descendió a su pierna, apretando su muslo mientras seguía follandolo. No contento con esto, el rubio pronto tomo el miembro de su prometido y comenzó a masturbarlo y con su boca llenaba de besos su nuca y oreja. Sergio apretó los dientes con fuerza cuando su prometido le dio una ligera mordida en el lóbulo de su oreja. ¿Acaso Max estaba buscando delatarse? ¿O por qué tanto empeño en provocarlo de esa manera? La realidad era que el rubio había estado deseándolo desde hacía unas semanas y no había hecho ni un movimiento para intentarlo al verlo tan fatigado. Además, estaba la cuestión del embarazo y no quería incomodarlo con el tema de la desnudez. Pero no podía ser más contrario. Porque a Max le gustaba mucho, demasiado como para decirlo en palabras. Pues siempre quería llevárselo a la cama. Y ahora que fue Sergio quien dio el primer paso, lo aprovecharía el tiempo que durara. Moviendo su mano sobre su falo, pronto los dedos de Max se vieron bañados de la excitación de su pareja. Sergio ni siquiera pudo emitir gemido alguno, solo cerro los ojos y abrió la boca, y sintió como el calor lo consumía por dentro. Con una sonrisa en sus labios, decidió jugar con él. —¿Realmente tenías fiebre está mañana o solo estabas caliente? —La pregunta del rubio desconcertó un poco al pelinegro —¿O querías mi verga como medicina? Sergio realmente había tendido fiebre esa mañana. Pero le gustaba cuando Max le hablaba de esa manera, así que le siguió el juego. —Si, Maxie, quiero mi medicina —Susurró girandose a verlo, siendo recibido por esos carnosos labios que invadieron su boca con su lengua. Esta vez las embestidas del rubio tomaron un ritmo más rápido, haciendo que el sonido del choque de pieles llenará la habitación junto a sus respiraciones agitadas. —¿La quieres? —Preguntó Max con cierta dificultad, sabía que estaba cerca. —S-si... Dámelo en la boca —Insistió Sergio para después morderse el labio ante la idea de ser llenado. El rubio no tardó en salir de él y subirse sobre su cuerpo, llegando a sostenerse de la cabecera para poner poner su miembro a la altura de sus labios y dejar que su carne llenará su paredes vocales. El pelinegro apretó los labios y solo movió un poco su cabeza cuando sintió el líquido caliente llenando su boca. Max soltó un gemido ronco al correrse en la lengua húmeda y caliente de su pareja, agarrándose con fuerza de la cabecera y deseando no haber sido escuchado. Algo agitado, bajo y se acostó al lado de su pareja. Observando como se relamia los labios después de haber completado su travesura. —Si preguntan... —Comenzó Sergio volteandose para verlo —Te golpeaste el dedo mientras caminabas. El rubio sonrió y se acercó para juntar sus labios en un suave y tierno beso. Sabían que tenían que limpiar todo eso antes de que Sophie apareciera e hiciera preguntas. Pero de eso se encargaría él mientras dejaba a su prometido descansar en aquella cama. Max amaba mucho cuidar a Sergio, más allá del embarazo, siempre le gustó ver por él y hacerle saber que siempre contaría con su apoyo. Porque realmente lo amaba.  Nota: Perdón por tardar tanto 😭 está historia se actualiza un día sí y un día no, a la par de mi otro fic Lazos de sangre.
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