ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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Retrato de amor

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Estaban en vísperas de navidad cuando el ruido de un taladro comenzó a sonar por toda la casa. La pareja de enamorados estaba durmiendo cuando la puerta de su habitación se abrió, y unos pequeños pies corrieron hasta la cama. Dando un pequeño salto, Yuki logró subirse y abrazarse a su amado 'tonoto', quién lo envolvió en sus brazos apenas sintió su peso sobre él. —¿Qué pasa? —Preguntó el rubio algo somnoliento. Yuki se tapó los oídos con sus dos pequeñas manos, haciéndole saber que el ruido lo había asustado. —¿Tienes miedo? —Max intentó sentarse aún con el pequeño en brazos, Yuki asintió —Cerremos la puerta y durmamos otro rato. El rubio se levantó de la cama mientras el pequeño se abrazaba a él y escondía su rostro en su cuello. Cerró la puerta, no sin antes ver la razón de tal escándalo. Don Toño estaba instalando un pequeño corral para la escalera. Pues últimamente el pequeño había estado muy inquieto y quería evitar accidentes. Max terminó de cerrar la puerta y regresó a la cama con el pequeño en brazos, dejándolo dormir entre él y su prometido, quien le daba la espalda porque estaba abrazando esa 'estúpida almohada'. Arrullaba al pequeño para intentar hacerlo dormir, pero él fue quien terminó durmiéndose mientras el pequeño lo observaba. Yuki no quería que se durmiera. Así que comenzó a tocar su cara para intentar despertarlo, pero no sabía lo agotado que estaba el joven y que difícilmente lograría sacarlo de ese estado otra vez. El pequeño comenzó a hacer sonidos con la boca, quizá el ruido lo despertaría. Nada. Entonces se aventuró a llamarle, pero algo diferente estaba a apunto de salir de su boca. —Pa... —Balbuceo pero se detuvo a sí mismo de continuar. En lugar de eso, el pequeño Yuki decidió acostarse apoyado en su pecho y cerró los ojos para dormir junto a él. Instintivamente Max lo abrazo y Yuki se sintió seguro en sus brazos, pero su pequeña mente se confundía en si estaba bien o non llamarlo de aquella manera. Sentía que estaba traicionando a Kamui.  Esa mañana desayunaron con tranquilidad. Don toño comenzó a hablar de las compras de navidad e insistió mucho ir al centro comercial. Quería aprovechar todo el tiempo posible con sus hijos. Así que los jóvenes se estaban alistando para salir mientras que Sophie vestía a Yuki, quien lloraba porque no quería bañarse y solo deseaba jugar con Max, el perro. —¿Crees que me veo bien? —Sergio mostraba su vestimenta, donde su vientre abultado sobresalía a pesar de las capas de ropa —¿Se nota demasiado? Max lo miraba con adoración, realmente le gustaba verlo con su pancita de embarazo. Le parecía cada vez más lindo. —Te ves hermoso —Susurró mientras lo abrazaba y le daba un beso en la frente. —Tengo miedo de que alguien lo note y me quiera hacer algo —Respondió sin deshacer el abrazo, le gustaba estar pegado a su cuerpo. —Siempre estare contigo —El rubio comenzó a acariciar sus oscuros cabellos en busca de mostrarle calma —Mientras esté a tu lado, nadie podrá tocarte ni uno solo de tus rizos. Sergio cerró los ojos, disfrutando de sus caricias en su cabello y espalda. Max siempre sabia como hacerlo sentir seguro. Se separó por un momento y le dio un suave beso en los labios, algo que los hizo sonreír a ambos. Entonces alguien toco la puerta y el rubio abrió, solo para ser recibido por el pequeño y bien abrigado Yuki. —Parece un algodon de azucar —Dijo el pelinegro y pronto el pequeño pidió ser cargado. —Me costó mucho vestirlo, es un niño muy rebelde —Sophie sonreía viendo al bebé en los brazos de Max, quien lo llenó de besos apenas lo levantó. Yuki se abrazó a su cuerpo y casi le muerde la oreja, haciendo que el rubio se separara un poco entre risas. La pareja salió junto al pequeño al patio, esperando a Don Toño mientras miraban la nieve caer. —Es increible como sigue nevando —Comenzó Max estirando su mano para intentar atrapar algo —Al menos Yuki se divierte con todo esto.  El pequeño se agachaba para intentar agarrar algo de nieve, pero Sophie rápidamente lo levanto del suelo. —No, no, te puedes enfermar —La mujer lo abrazo pero este rápido comenzó a moverse buscando ir a los brazos de su tonoto. —Espero que papá no tarde demasiado, no quiero que mi prometido se vuelva a enfermar —Últimamente el rubio buscaba cualquier excusa para referirse a Sergio como su prometido. —Listo, familia, vámonos —Los cuatro observaron al hombre mayor que salía junto a Max, el perro, bien abrigado con una bufanda. Pero no duró nada en revolcarse sobre la nieve y llenar su pelaje de esta.  Subieron a la camioneta intentando aguantar la risa. Era inevitable preguntarse cuánto tiempo tardó Don toño en vestir al perro, pues este se mostró muy orgulloso de haber puesto presentable al canino. —Yuki, no lo jales —Dijo el pelinegro cuando vio al bebé estirar de la bufanda del perro —No te gustaría que él te arrastrará de tu abrigo, tratalo bien. —Ya escuchaste, compórtate —El pequeño miró con cierto recelo a su tonoto. Lo estaba haciendo quedar mal ante mamá. Pero también representaba una figura de autoridad para él, así que tampoco quería decepcionarlo.  Llegaron al centro comercial y al bajar del auto Sergio se acomodó el abrigo que llevaba encima, se notaba nervioso por el rápido crecimiento de su barriga pero agradecía que el clima frío le pusiera todo a su favor para poder disimularlo.  —Te ves bien —Dijo el rubio acercándose a él y poniendo una mano en su cintura, la cual fue descendiendo poco a poco hasta llegar a su trasero y darle un ligero apretón —Demasiado bien. El pelinegro dio un pequeño brinco, y esto hizo reír a su prometido. Oh, Max... no sabía que había iniciado. Caminaron hasta la entrada del centro comercial y comenzaron a ir tienda por tienda buscando los regalos que se darían entre ellos. La pareja de enamorados miraba cada cosa que se atravesara por su camino. Don toño guiaba al grupo para que no se separaran y Sophie siempre se detenía para ver algún objeto de bebés. —Miren esta cuna, ¿No es preciosa? —Dijo la mujer haciendo que todos se detuvieran para ver el objeto —Creo que voy a comprarla. Sergio y Max se miraron el uno al otro, habían olvidado mencionar el pequeño detalle de las compras impulsivas de sus amigos. —Mamá, ya tenemos cunas —Afirmó el rubio y ambos adultos los miraron con confusión —Charles y Lewis se están peleando por "Ser el tío favorito". —Y nos regalaron las dos cunas —Completo el pelinegro —Y unas cuantas cosas más. Ambos estaban agradecidos con sus amigos, pero todavía no habían resuelto el problema de la casa. Y sabían que necesitarían la ayuda de sus padres. —Bien, sigamos avanzando antes de que caiga otra tormenta de nieve y no podamos salir de aquí —Bromeó Don Toño intentando cambiar de tema. Ya después hablaría con Lewis y Charles sobre el uso del dinero de manera responsable. Siguieron su camino y Max no pudo evitar deleitarse al observar como Yuki corría hacia una cocinita infantil de juguete. El pequeño estaba embelesado, y el rubio también, hasta que vio el precio y retrocedió tres pasos. Era demasiado costoso para ser solo un juguete. Sin embargo, le rompia el corazon pensar en yuki llorando porque lo quería y no se lo compraba. Y quizá lo estaba mimando demasiado, pero realmente quería verlo feliz. Así que se alejó un momento del grupo y decidió comprar el juguete, claro, no lo llevaría con él en ese momento porque era muy probable que su prometido lo obligaría a devolverlo. Entonces prometió recogerlo más tarde, pero la joven le dijo que se lo podían llevar a casa por la noche. Todo le resultó perfecto. Regreso con los demás y sonrió con orgullo, quería ver la felicidad en el pequeño Yuki apenas abriera su regalo. Compraron algunas cosas. Decoraciones, regalos, dulces que se le habían antojado a Sergio y una serie de luces para el árbol que pondrían esa tarde, además de más esferas para adornarlo. Pronto llegaron a un puesto que estaba por la temporada. Vieron a varias familias alistandose para su turno. Eran fotografías familiares con temática navideña. —Deberíamos tomarnos una —Dijo Sergio con emoción —Todos juntos, como la familia que somos. Don toño sonrió ante esto y se mostró de acuerdo con su hijo. Además, sería un bonito recuerdo para sus nietos al verlos en la barriga de su madre. ¿Madre? ¿Padre? No sabían bien cómo se referirían a él. Ya tendrían tiempo para averiguarlo. Pronto se acomodaron para la foto. Los dos adultos se pusieron uno a cada lado, los jóvenes se sentaron en medio en el sofá, Yuki en las piernas de Max y Sergio acariciando su pancita. Max, el perro, también fue incluido, echándose a sus pies y sacando la lengua a la cámara. Fue un momento mágico. Como si todo estuviera en el lugar adecuado, perfecto. Una, dos, tres fotos. Estaban tan emocionados cuando vieron el resultado, pero tenían que esperar una semana para recibir las fotografías debido a la intensa demanda que estaban teniendo. —Deberíamos comer algo, Yuki casi me muerde el dedo —Dijo Sophie mientras caminaba cargando al bebé. —Un descanso nos haría bien —Don Toño la apoyo y la familia camino hacia los comedores. Comieron con tranquilidad hasta que Sergio se alejó del grupo para ir al baño. Afirmaba tener náuseas. Así que Max se decidió por acompañarlo, no quería dejarlo solo cerca de desconocidos. No tardaron mucho en llegar, pero el actuar del pelinegro le resultó sospechoso. Este había estado observando que no hubiera nadie cerca, como si estuviera a punto de contarle un secreto. —¿Qué pasa? —El rubio apenas alcanzó a preguntar antes de sentir como su pareja lo arrinconaba contra la pared y juntaba sus labios en un candente encuentro. Su lengua juguetona busco colarse a su boca, siendo bien recibida y comenzando un baile sensual. Max soltó un gemido al sentir como le faltaba el aire. Sus manos lo acariciaban sobre sus pantalones, buscando generar fricción con su miembro y ponerlo erecto. —Amorcito... —Susurró entre besos —Aqui... No... En ese momento Sergio se detuvo al escuchar la negativa. —Perdón —El pelinegro se alejó un poco al sentir que lo había arruinado. No le gustaba la idea de forzar a su pareja. Max se dio cuenta de esto y se acercó de nuevo para darle un corto beso en los labios. —Tranquilo, lo dije más que nada porque cualquiera puede entrar y vernos —Explicó —Mi amor, sabes que soy muy celoso. Esto hizo reír a Sergio, y se toco la pancita con delicadeza. Una mueca de dolor se dibujó en el rostro. —Me siento cansado —Afirmó mientras se apoyaba en el hombro de su pareja —Vámonos a casa. El rubio beso su frente y lo envolvió en un suave abrazo. —Eres tan fuerte, mi amor —Susurró antes de que salieran a reencontrarse con su familia. Cuando los vieron llegar, los adultos se mostraron preocupados. —Hijo, ¿Estás bien? —Preguntó Don Toño al ver la cara que traiga. —Si, solo siento un poco de náuseas —Volvió a insistir con ese tema —Quiero volver a casa. Sergio puso una cara de puchero que pocas veces le había valido un negativa. —Todavía hay unas cosas que quería ver, pero si quieres podemos.... —El hombre se vio interrumpido por su hijo. —No hace falta, puedo irme solo —Dijo el pelinegro mientras acariciaba su pancita. —¿Solo? —Reclamó el rubio —Estas loco si piensas que voy a dejarte ir solo. Sergio se mordió el labio intentando disimular una sonrisa. —Si quieren los puedo acompañar, pero todavía no he terminado de comprar los ingredientes para la cena —Sophie tenía a Yuki en brazos, este parecía impaciente. El pelinegro siguió con la mirada aquello que llamaba la atención del pequeño. —Creo que quiere ir a la zona de juegos de aquel lado —Señaló —Lo llevaría, pero me siento demasiado mal. Sabía bien que Sophie se ofrecería a cuidar al bebé para que no los molestara. Y así fue. La mujer se despidió de ellos y llevó al pequeño a la zona de juegos. —Ustedes dos vayan a casa, nosotros los alcanzaremos —Dijo Don Toño —Solo llevense a Max con ustedes, dejenlo en la sala y descansen. Max, el humano, asintió tomando la correa del perro y sosteniendo la mano de su prometido. —Tomaremos un taxi y llegaremos rápido, te aviso cuando estemos en casa —Fue lo último que dijo sergio antes de irse con su pareja y el perro. En el taxi ninguno pronunció palabra, pero el silencio no era incomodo. Una vez en casa, el pelinegro le mandó un mensaje a su padre para que estuviera más tranquilo. El rubio se enfocó en darle de comer a los gatos y al perro. Le gustaba convivir con ellos y hacerles mimos Pronto subieron a su habitación donde se suponía descansarían. Pero Max ya se esperaba el siguiente ataque de su novio. Lo abrazó por la cintura cuando Sergio ataco sus labios y ponía su mano sobre su pantalón, deslizándose hacia su entrepierna. El rubio correspondió a cada uno de sus besos hasta que se separó abruptamente. —Sabía que mentías —Dijo con una sonrisa —Lo sé porque las náuseas me las dan a mi, no a ti. Sergio sonrió ante esto. Principalmente porque supo que su novio solo le siguió el juego. Ambos necesitaban más tiempo a solas, y lo tendrían.  Nota: Perdón por tardar tanto, decidí fingir demencia ñejeje
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