ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Un pequeño gran corazón

Ajustes de texto
Ese mismo día alguien estaba haciendo movimientos para ganarse el título del tio favorito. En la cafetería de Don Toño, el día terminaba temprano por las fechas festivas. Sin embargo, un joven llegó a hacer una compra de último minuto. —Ay no... —Se quejó Lance apenas lo vio entrar —Ya cerramos. —Aquí dice abierto —Señaló Charles mostrando el cartel de la puerta. —Es que se me olvidó darle vuelta —Respondió Lance, pero ya era muy tarde para enmendar su error. —Ya, rapido, di que quieres para que finalmente podamos irnos a casa —Dijo Oscar desde el mostrador, haciendo que Charles se acercara rápidamente. El castaño hizo su pedido mientras observaba divertido como Lance se apuraba a barrer y acomodar las sillas del local. Jamás lo había visto trabajar tanto. —Te falto ahí, Lancito —Señalo Charles con cierta mofa y Lance se acercó con su escoba y barrió sobre sus pies, ensuciando sus zapatos —¡Oye! Son nuevos. —Uy... —Soltó Pato observando la escena mientras cobraba el pedido del joven. —¿Qué? —Preguntó Charles curioso por lo que dijo Pato —¿Por qué dijiste "Uy"? Pato hizo una mueca y desvió la mirada antes de responder. —Nada... —Comenzó —Solo que ya nunca te vas a casar. —¡¿Qué?! —Gritó Charles mirando con indignación al joven —¿A te refieres? Su reacción solo provocó la risa de Oscar, quien se divertía con toda la situación. —Es que si te barren los pies, significa que ya no te vas a casar —Explicó Pato con tanta seguridad que le dio miedo. —¿Ya no me voy a casar? —Preguntó Charles esperando recibir una negativa, pero en su lugar solo vio a Pato asentir como respuesta, luego se volteo hacia Lance, quitándole la escoba de las manos e intentando barrerle los pies. —¡No! —Gritó Lance corriendo lejos de él —¡Yo sí quiero caminar hacia el altar! Los dos comenzaron a corretear por el local, haciendo reír a la pareja junto al mostrador. —No es verdad, ¿O si? —Pregunto Oscar casi en un susurro. —Es una creencia, no significa que sea verdad —Explicó en el mismo tono —Pero los dos se merecen, uno por no  voltear el cartel y el otro por venir a esta hora. Oscar sonrió ante la ocurrencia de su novio, se acercó a su rostro y le dio un dulce beso como premio. Entonces escucharon que la puerta se volvió a abrir, haciendo a los jóvenes maldecir por lo bajo al notar que Lance no volteó el cartel a pesar de la presencia de Charles. —Vengo por mi hombre —Dijo Lewis cerrando la puerta —Me aviso que hoy saldrían temprano, pero veo que aqui dice abierto, ¿Quieren que lo voltee? —¡Sí! —Respondió Oscar sumamente aliviado. —Por favor —Completo Pato. El moreno giró el cartel y puso el seguro de la puerta para que nadie más entre. —¿Qué les pasa a estos dos? —Preguntó Lewis viendo como Charles y Lance se peleaban por la escoba —¿Están discutiendo por quien va a barrer? —Yo si me quería casar... —Sollozó Charles mientras sostenía la escoba con fuerza. —Pues ya ni modos —Respondió Lance sin mostrar arrepentimiento. Un golpeteo en la puerta llamó la atención de todos. —¡Amor! ¡Ábreme! —Gritó Logan del otro lado de la puerta. —¿Se van a reunir todos o qué? —Se quejo Lance al ver como Lewis le abría a Logan para entrar al lugar. —¿Qué es todo este escándalo? —George, quien ya se había quitado su filipina, salió de la cocina al escuchar la discusión —Lance, ¿Qué haces? Termina de limpiar o te levantaré un reporte. Charles sonrió cuando escuchó esto y Lance le arrebató la escoba para continuar con su trabajo. —Merecido —Susurro el castaño triunfante para después abrazar por la cintura a su pareja. —Y tú —Continuó George señalando a Charles —Vuelves a causar problemas y hare que te levanten un veto para que no vuelvas a entrar, no me importa quien sea tu amigo. Esto dejó sin palabras al joven. —No puedes hacer eso —Señaló Charles. —Si puede, solo él y yo podemos por antigüedad y confianza de nuestro jefe Don toño —Afirmó Pato desde el mostrador. —No más peleas —Advirtió George para después acercarse a su novio y darle un abrazo. —Mi hombre poderoso — Dijo Lewis para después darle un corto beso. —Que asco, estamos en un establecimiento decente y ustedes no están lo respetandolo —Se quejo Lance, pero una simple mirada de molestia de George bastó para que continuara barriendo en silencio. —¿Por qué siempre tiene esa actitud? —Preguntó el moreno casi en un susurro. Entonces pato le hizo una señal para que se acercara y así lo hizo. —Últimamente está más molesto porque su mejor amiga ya tiene pareja —Susurró —Hoy la vino a traer. —¿Kelly ya tiene novio? —A Lewis le asombró lo escondida que se tenían esa información. —Es una chica —Contestó Óscar en el mismo tono —Se llama... —¡Ya me quiero ir! —Se quejó Lance, llamando la atención de todos. —Ya estamos en eso —Respondió George y Lance continuó barriendo para terminar más rápido. —Aqui esta tu pedido —Pato le paso el postre a Charles, quien rápidamente lo tomó. —Muchas gracias —Respondió y volteo a ver a Logan —Amor, ¿Nos vamos? —Claro cariño, hay que irnos antes de que empiece a nevar más fuerte —Logan tomo su mano con delicadeza y se despidió del grupo junto con su pareja. Se quedaron un rato más platicando en lo que terminaban de limpiar todo. Don Toño de sabio prometido tres poderosísimos días de vacaciones. —Bien, ya debemos cerrar todo —Dijo Oscar terminando de limpiar el mostrador. —En cocina esta todo listo, así que ya podemos irnos si Lance ya termino —Respondió George y su compañero asintió afirmando que había terminado de barrer. Los jóvenes terminaron de arreglar todo y salieron para que Pato cerrara el local. Don Toño confiaba mucho en él, se sabía que de todos era el favorito. Entre ellos se fueron despidiendo deseándose felices fiestas. George y Lewis ya se habían marchado cuando Oscar y pato quedaron viendo al solitario Lance. —¿Quieres venir a mi casa? —Preguntó Oscar—Papá dijo que hizo una gran cena. —No... —Comenzó Lance —No es mi intención de incomodar a nadie, solo me iré a casa y jugaré videojuegos toda la noche. —Claro que no incómodas a nadie, ¿O te dan miedo los papás de mi novio? —Pato intervino y Lance negó con la cabeza —Entonces, ¿Por qué tanta negativa? —Van a estar ustedes dos igual de melosos que aquellos, asi me sentiré un poco fuera de lugar —Confesó —No tendré a nadie con quién platicar, los padres de Oscar son muy viejos, no entenderán nada de lo que digo. Además, creo que el entrenador Fernando sigue molesto conmigo por haber dejado al equipo. —Oye, mis papás no son tan viejos —Reclamó Óscar —Y papá no está molesto contigo —Aseguró acercándose para tomar lo del brazo y Pato lo imitó —También vendrá un primo mío, así que podrás hacer un nuevo amigo. —Que alegría oír que no estoy tan viejo —La voz de Mark hizo que todos voltearan a verlo —Vamos chicos se hace tarde, Lance súbete. El mayor y los dos jóvenes voltearon a ver a Lance, quien no tuvo otra opción más que aceptar. Cuando llegaron a la casa de Oscar, fue bien recibido su ex entrenador y finalmente conoció a Esteban, con quién, aún sin saberlo, comenzaría una muy estrecha amistad... O quizá algo más.  Charles y Logan llegaron a la casa de los Pérez, había convencido a su novio de ir a visitar a sus amigos. Sabía bien la mejor manera de convertirse en el tío favorito, era si primero te ganabas al panzón. En este caso estaríamos hablando de Sergio. Así que compró tiramisú para él, sabía bien que era uno de sus favoritos. Otra cosa que también sabía, gracias a su gran amistad, era donde escondían las llaves de repuesto de la casa de los Pérez. —¿No deberíamos tocar primero? —Preguntó Logan cuando vio a su novio girar la llave. —Don Toño me pidió que lo viniera a ver, así que aproveche el viaje y no lo haré levantarse para que me abra la puerta, hasta en eso soy considerado—Comenzó Charles terminando de abrir la puerta —Solo sé que Sergio se sentía mal, así que le compré su postre favorito para que se alegre un poco. Además, podemos arreglar la casa, y así hasta me ganaré a Don Toño. Logan negó con la cabeza, y sí que no entendía ese afán de querer ser el tío favorito, apoyaba a su pareja en todos sus deseos. Pero poco sabía que la sorpresa se lo llevarían ellos. Max, el perro, acostumbrado a las visitas del joven, no hizo en el mínimo intento de avisar nada. Principalmente porque el castaño le había comprado unos premios para mantenerlo tranquilo. Sin embargo, fueron recibidos con aplausos apenas pisaron la sala. —Si... Maxie, si... —Escucharon unos gemidos provenientes desde la segunda planta del lugar. Ambos jóvenes se miraron el uno al otro, concluyendo fácilmente lo que estaba sucediendo. En la habitación, Sergio se encontraba sobre su prometido, moviendo sus caderas mientras sentía como su miembro lo llenaba por completo. —Oh si... —Gruño el rubio para después darle una nalgada que resonó por toda la habitación —Siento que me voy a desmayar. Era la segunda o tercera vez que Max se corría dentro de su pareja, su cuerpo le estaba exigiendo un descanso. Apenas se levantó el pelinegro y vio como su trasero estaba colorado por todas las nalgadas que le dio mientras lo montaba. Sin contar aquel líquido que de resbalaba por sus piernas y las manchaba a su paso. Sergio se acostó a su lado, su respiración era agitada y estaba empapado en sudor. No se había quitado la playera porque no quería que le viera el abultado vientre que tan inseguro lo ponía. —Regresar a casa fue la mejor idea que tuvimos —Confesó el pelinegro cuando se calmó un poco. —Si, pero ¿Cuánto tiempo va a durar todo esto? —Max no quería que sonara como un reclamo, pero fue inevitable y lo vio en el rostro confuso de su pareja —Quiero decir, ¿Cuánto durará este antojo que tienes por estar así conmigo? Eso no mejoro las cosas. —No lo sé... —Susurró Sergio sentándose en la cama y jugando con el borde de su playera —Pero entenderé si ya no te gusto tanto... Si ya no me ves atractivo y no quieres hacerlo más conmigo... Ni siquiera pudo levantar la mirada, se sentía avergonzado y triste. Las emociones lo estaban golpeando en todas sus inseguridades. El rubio se dio cuenta de esto. No había sido su intención ponerlo así, así que rápidamente se sentó y lo abrazó por la cintura, dándole un beso en la mejilla. —Mi amorcito, claro que quiero hacerlo contigo —Comenzó pero su pareja todavía se miraba decaído —Me gusta mucho hacértelo y lo sabes, por eso estamos esperando mellizos —Esto logró hacerlo reír un poco —Es solo que me da miedo que tanto esfuerzo te pueda hacer daño. Sergio se limpio la cara con las manos y volteo a verlo con ojos llorosos. —Es que no sé porque me siento tan calientito y solo me calmó cuando lo hacemos —Respondió sollozando y abrazándose a él. Max lo consoló, no le gustaba verlo llorar. Le dolía demasiado no hacer más para poder hacerlo sentir mejor. Incluso él sabía que no podían estar así todo el tiempo, porque su cuerpo también se cansaba. Por otro lado, en la sala, los jóvenes estaban buscando salir de ahí cuando escucharon un silencio que les confirmo que el acto había terminado. Pero sería incómodo si los encontraban ahí abajo, sabiendo bien que los habían escuchado. —Vámonos —Susurró Logan y Charles asintió. Sin embargo, Max, el perro, no dejaría que se fueran llevándose sus golosinas. Así que comenzó a ladrar. —No, no, no seas malo —El castaño intentó callarlo, pero ya era tarde. Max se vistió rápidamente y bajó las escaleras cuando escuchó al perro ladrar. —¡Ladrones! —Gritó el rubio arrojando un zapato hacia una de las figuras que vio en la tenue luz de la sala. —¡Ouch! —Se quejó Charles al sentir el golpe —¿Cómo es que siempre me golpeas a mi? —¡Mi amor! —Logan fue en auxilio de su pareja y reviso su rostro ante aquel ataque. —Ah, son ustedes —Dijo Max llegando hasta ellos. En realidad si había reconocido a los dos jóvenes, pero no iba a desaprovechar esa oportunidad para seguir castigando a Charles por cosas del pasado. —¿Maxie? ¿Esta todo bien?—Sergio apareció a mitad de las escaleras, estaba cubierto por una sábana que ocultaba su desnudes. El rubio lo miro y le dedico una mirada amenazante a los dos auto invitados en la sala. —Sube amorcito, es un malentendido con unos amigos —Dijo Max y el pelinegro asintió para después regresar a su habitación. Fácilmente pudieron explicar la situación a Max y todo el ambiente se relajó un poco. Aunque al principio fue algo incómodo, al final aceptaron quedarse para complacer a Sergio y levantarle los ánimos. Max regreso con su novio y se asearon para estar presentables para sus amigos. Logan preparó un poco de chocolate caliente, mientras que su novio partía el tiramisú, pues había comprado uno bastante grande para compartirlo. Al poco tiempo los cuatro se encontraban comiendo y conversando mientras veían la televisión. Sergio volvió a sonreír, se miraba más tranquilo después de tener ese momento emocional con su pareja Ahora el rubio sabía que debía cuidar bien sus palabras para evitar momentos así. Todo era serenidad hasta que alguien decidió hacer una pregunta que resultaba difícil de responder. —¿Y han pensado en nombres? —Preguntó Logan observando aquella barriga. El pelinegro miro a su promedio, ninguno de los dos había hablado sobre eso —No sabemos el sexo de los bebés —Comenzó el rubio —Así que todavía no hemos pensado en eso. —¿Por qué no hacen una fiesta de revelación? —Preguntó Logan en su inocencia. Entonces recibió un codazo de su pareja. Max ya le había mencionado a Charles y Lewis sobre lo complicado que resultaba hacer esa clase de fiestas. Principalmente lo mucho que deprimía a Sergio el no poder disfrutar de ese embarazo como todos los demás. —Mi embarazo no es como cualquier otro —Comenzó Sergio —No me puedo exponer demasiado. —Entiendo —Respondió Logan. Aunque no, en realidad no lo entendía. Desde su punto de vista, Sergio merecía una fiesta como esas. Pues para él, su embarazo era como el de cualquier otro. Sí, había una situación especial, pero no miraba algo malo en querer hacer lo mismo que los demás. Sería lindo que tuviera una fiesta de revelación. Pronto escucharon el ruido de la furgoneta de Don Toño afuera de la casa. Señal más que clara de que habían llegado. —Muchas gracias por este postre —Dijo el pelinegro terminando de comer —Es uno de mis favoritos, de verdad lo disfruté. Aunque esto fue un gesto amable, Max no pudo evitar sentirse algo celoso. Así que desvió la mirada ante todo esto. —Mi novio siempre es el más considerado —Afirmó Logan acariciando la barbilla de su pareja —Será el tío perfecto. Charles sonrío de oreja a oreja al escuchar esto. Le gustaba como su novio lo apoyaba. —Sí, sí, qué lindo —Murmuro Max sin siquiera mirarlos. Escucharon las llaves en la puerta y un llanto llenó toda la sala, esto provocó que ambos jóvenes se levantaran muy preocupados. —Ya no llores, bebé, ya llegamos a casa —Dijo Sophie con desconsolado Yuki en brazos. —¿Qué pasó? —Preguntó Sergio con suma preocupación. ¿Por qué esta llorando? —Max estaba igual o peor. No le gustaba verlo llorar. —Estaba tranquilo hasta que lo llevamos a pedirle un regalo a Santa —Comenzó Don Toño dejando las compras en el suelo —Se asustó mucho y comenzó a llorar. Desde entonces no deja de pedir por su papá. Esto conmovió a ambos jóvenes, quienes conocían perfectamente bien la condición de Kamui. —Yuki, no me jales el cabello —La mujer regañó cuando el pequeño comenzó a mostrarse incómodo. —Quiere bajarse —Señaló el pelinegro. Fue entonces que Sophie bajó al pequeño y este salió corriendo hacia los brazos de Max. —¡Papi! —Gritó Yuki mientras se abrazaba al rubio. Esto los dejó perplejos a todos. Todos pensaban que el pequeño estaba llorando por Kamui, su padre. Pero los tomó por sorpresa el hecho de que estuviera pidiendo por Max. Así que este no tuvo más opción que abrazar al pequeño hasta que se calmara. Le dieron un poco de postre y lo dejaron probar el chocolate. Su estado de ánimo mejoró, pero se mostraba extrañamente callado. Y es que el pequeño se dio cuenta de su error. Fue inevitable que se comenzara a sentir mal por haber llamado de esa forma a Max, confirmando su traición a Kamui. Para ser tan pequeño, era tan observador y consciente. Quizá las constantes ausencias de su padre lo había vuelto más despierto. Así que cuando lo estaban arropando para dormir, Max se dio cuenta de sus ojitos llenos de lágrimas. —Bebé, ¿Por qué lloras? Te prometo que santa no es malo, yo siempre quise que me visitará —Comenzó el rubio acariciando sus regordetas mejillas —ya verás que te hará feliz con regalos nuevos todos los años. Max estaba más que seguro de esto, pues aseguraría de que así fuera. —Papi... —Susurró el pequeño con la voz quebrada. No podía evitarlo, también miraba a Max como una figura paterna. Lo cuidaba y lo quería mucho, siempre estaba con él para todo lo que necesitara. Llamaba su atención cuando se equivocaba, pero también lo consolaba cuando se sentía mal. Max era su papá. Pero Kamui también era su padre. Y si viene en su corazoncito podía haber cabida para ambos, esto no evitaba que se sintiera mal por verlo de esa manera. Finalmente cayó rendido y se durmió entre lágrimas. El número de su habitación con su pareja, quién ya estaba acomodado abrazando esa 'odiosa almohada'. —¿Se durmió rápido? —Pregunto Sergio sin siquiera voltearlo a ver. —Sí, pero creo que todavía le tiene miedo a Santa Claus —Comenzó mientras se acomodada para abrazarlo por la cintura —Se sintió lindo, me dijera así, me gustó mucho. En ese momento Sergio soltó la almohada y se giró para verlo. —Lo sé, pude verlo en tu cara —El pelinegro le dio un beso en la barbilla —Yuki que te quiere mucho. —Nos quiere mucho —Corrigió para después suspirar pesadamente —Mañana hablaré con Jenson, no nos ha dicho nada sobre Kamui y está empezando a preocuparme. —La cirugía será en menos de una semana —Recordó —Esto es demasiado difícil. Ambos sabían que el resultado de esa cirugía podría definir sus vidas para siempre. Y había un pequeño que no estaba preparado para sufrir ese golpe. —Pase lo que pase, tenemos que estar para Yuki —Afirmo Max para después darle un pequeño beso en los labios y acariciar su vientre con su mano. —Siempre. Ambos tenían muy en claro que no abandonarían a ese pequeño. Porque lo amaban mucho. Porque era su primer hijo.  Nota: perdón por la tardanza :c
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)