Cuestión de tiempo
22 de diciembre de 2025, 18:52
Nada podría prepararlos para lo que estaban por vivir.
Con una expresion de preocupacion, Max se lleva su pareja hacia su habitación para hablar en privado.
No sabe cómo abordar el tema, así que se limita a ser directo cuando este le pregunta qué está pasando.
—Es Kamui —Suelta con la voz temblorosa —Se ha puesto mal y programaron su operación para esta noche.
Esto golpea a Sergio al saber que es una situación demasiado delicada, pero rompe en llanto cuando escuchan a Yuki llamando a Max "Papi", buscandolo al notar su ausencia.
El rubio se acerca a su pareja y lo abraza, intenta consolarlo para que su llanto no alerte a los mayores en el primer piso. Pero no invalida su sentir, porque lo entiende perfectamente.
—Es solo un bebé —Balbucea el pelinegro entre sollozos mientras se esconde en su pecho.
—Kamui es fuerte, saldrá de esta —Intenta animarlo pero es en vano.
Escucha ligeros golpes en la puerta y no puede detener a quien entra, pues era Don Toño alertado por el llanto de su hijo.
—¿Qué pasó? —Pregunta el hombre mientras se acerca a los jóvenes —¿Por qué está llorando?
Su voz es dura, le molesta ver a su hijo de esa manera y no puede evitar pensar que es culpa de la pareja de este.
—Por favor, mantenga la calma y no lo altere más —Don Toño frunce el ceño ante la respuesta de Max —Es sobre el entrenador Kamui, el padre de Yuki. Se puso muy mal y adelantarán la cirugía.
El hombre se relaja un poco al saber la razón detrás del llanto de su amado hijo, pero no puede evitar sentirse mal por el pequeño que juega en la sala ajeno a lo que está pasando.
—Tenemos que llevarlo —Dice el pecoso separándose de su pareja —Es lo correcto.
—Amor, Kamui dijo claramente que no quería que Yuki lo viera en ese estado —Le recordó con cierto pesar —No deberíamos ir en contra de sus deseos.
—Hijo, Yuki es un niño muy pequeño —Comenzó Don Toño tomando de la mano al pelinegro para intentar calmarlo —No creo que comprenda la situación y podría terminar estresandose, además de alterarse por ver a su padre en tal condición, ya que esta parece ser muy severa.
—Sé que es muy pequeño, pero ¿Y qué pasa si es la última vez que lo pueda ver? —Sergio no iba a quitar el dedo del renglón —Porque si él se irá, entonces tiene que despedirse de su padre. Una última oportunidad, algo que muchos no tuvimos.
Don Toño rápidamente unió los puntos y entendió porque su hijo se veía tan afectado con todo esto.
—Los llevaré en la tarde, pero nada te asegura de que él permita que su hijo lo vea así —El mayor cedió para evitar mayores problemas.
Sabía bien que su hijo era tan terco que sería capaz de subirse a la furgoneta con Yuki y marcharse hacia la ciudad sin decirle a nadie.
Se maldijo por haberle enseñado a conducir.
—Vamos, tranquilo —Max volvió a acortar la distancia entre ambos y lo envolvió en un cálido abrazo —Ya verás que todo saldrá bien, pero tienes que calmarte, por ti y por los bebés.
—Así es, hijo, no quiero que mis nietos salgan con cara de afligidos —Don Toño sabía bien cómo sacarle una sonrisa y lo había logrado.
Un poco más calmados, la pareja de enamorados se dispuso a empacar algunas cosas para su viaje.
El pecoso le había pedido a su pareja que no olvidará subir la almohada a la furgoneta.
Ya habían subido algunas cosas, no llevarían mucho porque planeaban regresar si todo salía bien.
Así que el rubio subió a la habitación para tomar uno de sus abrigos e irse con su pequeña familia.
Fue entonces que observó aquella 'estúpida' almohada.
Se asoma por la puerta para asegurarse de que nadie lo está viendo, toma el objeto y lo avienta debajo de la cama.
—Ya no vas a interponer entre mi amorcito y yo —Afirmó Max con una sonrisa y bajó las escaleras rápidamente.
—¿Están listos? —Don Toño también ha empacado algunas cosas, no iba a dejar solos a sus hijos en una situación tan complicada.
Había reservado en un hotel cercano al hospital y así no tendrían que moverse demasiado.
Le preocupaba el embarazo de su hijo.
Max sube a la furgoneta y abraza al pequeño Yuki que yace dormido en su pecho.
—Manténganme informada de todo, y tengan mucho cuidado —Sophie se quedaría en la casa de los Pérez porque no podían llevar a las mascotas con ellos y sería muy estresante.
Sergio sale de la casa y se sube a la furgoneta con ayuda de su padre.
Pero algo lo hace voltear hacia atrás para ver las cosas y se sorprende al no divisar su preciada almohada.
—¿Y mi almohadita? —Pregunta observando a su pareja —No la veo, ¿La subiste?
Max traga en seco, esperaba que se diera cuenta cuando ya estaban en la ciudad y no antes de partir.
—No recuerdo —Responde casi en un susurro, temiendo su reacción.
El pelinegro sigue buscándola con la mirada. Sabe muy bien que no puede dormir sin ella.
—Necesito mi almohada —Insistió.
—Amor, ya es tarde. Debemos partir para que no nos gane la oscuridad en la carretera —Dijo el rubio intentando persuadirlo de dejar atrás el objeto.
—Quiero mi almohada —La voz de Sergio tiembla, está a punto de llorar y no se puede controlar—Tendre que volver al cuarto a revisar.
El pecoso estuvo a punto de bajarse hasta que sintió como su pareja le entregaba el niño.
—Yo iré, no te levantes —Max se baja rápidamente del auto y corre hacia la habitación.
No está dispuesto a ser descubierto.
Se agacha y jala el objeto debajo de la cama. Está un poco empolvado y lo sacude, no puede evitar mirarlo con recelo.
—Ni siquiera sé por qué le gustas tanto —Susurra para después salir de la habitación y regresar a la furgoneta.
Una sonrisa se forma en los labios de pelinegro. Su humor es cambiante a este punto del embarazo.
Max acomoda todo y finalmente se marchan. Hablan de diferentes cosas para distraerse.
El ambiente sigue siendo pesado, pues los dos se encuentran sumamente nerviosos por la cirugía y, principalmente, por el futuro de Yuki.

Llegan al hospital donde está internado Kamui. Los recibe Jenson con una sonrisa algo apagada.
Platican un poco de lo que ha sucedido, y afirmar que el entrenador se había sentido bien los últimos días pero que de repente decayó.
—Quiero hablar con él —Comenzó Sergio —Antes de que pase Yuki. Necesito un momento a solas.
—Déjame preguntar si está de ánimos para visitas —El hombre se aleja y Max abraza a su pareja.
Quiere calmarlo, sabe que está nervioso.
Él también lo está pero no lo demuestra, uno de los dos tiene que ser la roca del otro y mantenerse firme cuando sea necesario.
Al poco tiempo Jenson regresa y le dice que puede pasar.
El pelinegro suelta la mano de su prometido y entra a la habitación de Kamui.
Lo vi en aquella cama y rápidamente nota su delgadez. Su piel pálida y sus notables ojeras, no es ni la sombra de lo que alguna vez fue.
—Hola —Su voz es tenue, e intenta darle una sonrisa pero es en vano.
—Señor Kamui, vinimos lo más rápido posible —Comenzó Sergio mientras se acercaba a él —Yuki está con nosotros, se encuentra bien...
—No lo dejes pasar —Kamui lo interrumpe, no está dispuesto a que su hijo lo vea en esa condición.
—¿Podemos hablar? —Pregunta y el hombre asiente, entonces tiene luz verde para continuar —Sé que intenta proteger a Yuki, pero para él es confuso no ver a su padre. ¿Qué pasará si la cirugía no sale bien? ¿Cómo podemos explicarle que ya no lo volverá a ver? Él lo necesita, no podemos extraerlo demasiado de la realidad.
—Si fallezco en la cirugía... —Comenzó Kamui con dificultad —Jenson se encargará de encontrar una buena familia para él. Yuki lo entenderá, es un niño muy listo.
Esto incomoda al pelinegro, no le gusta la idea de que extraños cuidan al pequeño.
—Cuando yo era niño amaba mucho estar con mis padres, y cuando mamá murió todo se sintió extraño —Continuó usando su propia experiencia de vida —Habían personas que se acercaban a mí y decían saber cómo me sentía. Pero eso no era verdad, ninguno de ellos lo sabía. Ni siquiera papá.
—¿Y cómo lo superaste? —Kamui se confunde al ver una media sonrisa en el rostro del joven.
—No lo hice, aprendí a vivir con ello.
Esto lo aflige un poco, no quiere que Yuki se sienta igual.
—Con mayor razón no dejaré que me vea —Insistió el hombre —Es muy pequeño para todo esto. No quiero confundirlo.
—Estará confundido el resto de su vida si seguimos ocultándole la verdad Afirma Sergio sin retroceder en su punto de vista —Sé lo que es perder un padre, sentirte solo y confundido.
—Sergio, no creo que sea lo mismo —Kamui sabe que el joven se está reflejando, e intenta que deje de hacerlo.
—No es lo mismo, porque él sí tiene la oportunidad de verlo y estar con su padre antes de que todo pase —Y falla, porque Sergio sabe muy bien de lo que está hablando.
El hombre traga seco antes de hacer una pregunta, teme la respuesta pero ya la sabe.
Solo que no quiere escucharla.
—¿Él pregunta por mí? —Su voz tiembla, se siente frustrado, impotente.
—Claro que lo hace —El pelinegro le responde y suspira antes de continuar, no sabe si debería decírselo, pero necesita que hable de eso con el pequeño —Nos preguntaba cada dos días cuándo verá a su padre, pero inevitablemente terminó viendo a uno de nosotros como figura paterna.
Esto lo lastima un poco, pero lo entiende.
Kamui sabe lo solo que ha dejado a su hijo y lo importante que han sido los jóvenes en este tiempo de ausencia.
Ama mucho a su pequeño Yuki, así que no le recrimina el ver a uno de los jóvenes cómo su nuevo padre.
—¿Es feliz? —Eso es lo que más le preocupa, sabe que es pequeño pero que entiende muchas cosas a su alrededor.
No quiere ser motivo de tristeza en su vida.
—Se lleva muy bien con Max, juegan a ser chefs y eso lo distrae demasiado —Sergio no puede evitar sonreír mientras cuenta todo esto, algo que no pasa desapercibido para el mayor —Supongo que quiere tener una cafetería como mi papá. Y preparó unas galletas deliciosas, se emocionó mucho cuando pensó que Santa se las había comido.
El joven se detiene abruptamente cuando observa como el hombre comienza a llorar.
Empieza a repasar en su cabeza las palabras que dijo, intenta averiguar si habrá dicho algo malo y quiere disculparse.
Pero lo que escucha lo deja sin habla.
—Gracias —Susurra Kamui con cierta dificultad —Muchas gracias por amar tanto a mi hijo.
—Yo... —Es lo único que sale de los labios de Sergio antes de ser interrumpido.
—Lo quieres mucho, ¿No? —Continúa el mayor —Es lo que has estado intentando decirme todo este tiempo.
Kamui no era tonto. Podía notar claramente lo mucho que el joven apreciaba a su pequeño.
Dándole su experiencia de vida para hacerle saber que no debería dejarlo con extraños.
La ternura, el anhelo, todo eso que podía anotarse en su voz cada vez que hablaba sobre el Yuki.
Sergio lo quería, pero no sabía cómo decírselo
—Señor Kamui —El pelinegro no sabe qué decir, inconscientemente dio a entender sus intenciones.
No era la manera en que quería abordarlo.
—Pero eres muy joven —El entrenador le recordó ese detalle —No sé si estás listo para una responsabilidad tan grande.
Esto hace suspirar al más joven, tiene que ser sincero. No hay otra salida.
—Dos o tres hijos, no hace la diferencia para mí —Su respuesta confunde al mayor y pronto destapa su abrigo para hacerle ver su barriga de embarazo —Confío en usted de la misma manera en que quiero que confíe en mí.

Kamui se sienta en la cama, no da crédito a lo que está viendo.
—¿C-cómo? —Balbucea un poco —¿Es lo que creo? ¿Cómo es eso posible?
Yo tampoco sabía que podía pasarme esto explicó Pero toda mi familia me apoya, mis amigos y mi prometido.
Levanta su mano para mostrar su anillo, algo que asombra aún más al mayor.
—¿Estás seguro de esto? —Pregunta Kamui, ya no estan hablando del embarazo y el joven lo sabe, asintiendo en respuesta —¿Y tu prometido?
—Él y yo abordamos el tema hace tiempo, Max ama demasiado a Yuki, y se que el pequeño también lo quiere de esa manera —Se siente emocional al decir esto, al punto de estar al borde de las lágrimas.
Kamui no hace más preguntas, no prende incomodar al joven sobre las dudas de su embarazo.
Sabe que tiempo es lo que le falta.
—Trae a Yuki —Pidió decidido.
Sergio no tarda mucho para llevar al pequeño con él.
Kamui se siente un poco afligido, pero sabe que estará más tranquilo una vez que arreglen todo.
Yuki se abraza a él y no deja de llamarlo “papi”.
Se regocija al tenerlo entre sus brazos, lo había extrañado demasiado.
Conversa con él de diferentes cosas, sobre lo que ha estado haciendo en este tiempo y todo lo que he aprendido.
El pequeño balbucea intentando contarle a su padre lo feliz que es con la pareja que ha estado cuidando de él.
Entonces el mayor le pregunta si le gustaría vivir con ellos.
Yuki asiente, quizá no del todo consciente sobre lo que eso significaba.
Pero a la siguiente pregunta duele un poco.
—¿Le has dicho papi a Max? —Kamui sabía muy bien que eso era para el rubio, porque ya se había percatado de que con Sergio se refería a “Mami”.
Yuki agacha la cabeza, en su carita se muestra la tristeza que le da al saber que su padre se ha enterado de eso.
Piensa que lo va a regañar, pero es todo lo contrario.
—¿Sabes, hijo? No me molesta si lo tratas como tu padre, pues él te quiere como si fuera su hijo —Comenzó el mayor intentando ser fuerte para el pequeño —Ellos te aman mucho, y yo estoy feliz al saber que estarás con personas que te quieren demasiado. No te sientas triste por amar y ser amado.
Yuki se abraza más fuerte a él.
—Quiero que sepas que te amo demasiado, y que me gustaría tener más tiempo contigo —Continúo Kamui besando la frente de su hijo —Eres mi pequeño y siempre lo serás. Tu tío Jenson ha prometido estar siempre para ti. Y Si alguna vez me extrañas, podrás mirar el cielo en la noche y saber que cada una de las estrellas que mires, es un “Te quiero” de mi parte.
El pequeño comienza a llorar, no sabe totalmente lo que pasa pero al mismo tiempo le duele.
Entiende que no es algo bueno, así que solo se limita a acurrucarse en los brazos de su padre.
—Mi pequeño Yuki, mi más grande amor —Susurrá Kamui y le da otro beso.
—Papi... —Yuki se sostiene de la bata de hospital que viste su padre, no quiere despegarse de él.
Kamui lo abraza y le canta hasta que se queda dormido. Le dice una y otra vez lo mucho que lo ama, y finalmente llama a Sergio para que se lleven al pequeño.
Sin embargo, pide hablar con Max.
El rubio se siente nervioso, nunca fue bueno con las palabras y mucho menos con las despedidas.
—Te he subestimado —Comienza el mayor rompiendo la tensión que se había creado en el silencio —Cuando te conocí por primera vez, pensé que eras un chico tonto y enamoradizo —Esto provoca una risa en ambos —Pero has demostrado que realmente eres una persona muy bondadosa, tienes mucho amor para dar y cuidas muy bien de mi Yuki, por eso estoy tan agradecido contigo.
—Entrenador, no es necesario... —Max interrumpe, pero esto dura poco.
—No eres como él —Continuó Kamui, sabiendo ambos a quien se refería —Eres mucho mejor —Puede ver como estas palabras conmueven al más joven, quién intenta no llorar ante la idea de haberse quitado esa horrible sombra de encima —Serás un gran padre, lo sé.
Para este punto Max ya sabe qué Kamui aceptará que se queden con Yuki.
Esto lo hace feliz pero al mismo tiempo lo entristece.
No quiere creer que lo están robando de sus brazos. Por eso estas palabras lo conmueven, porque sabe que no es así.
Kamui es feliz al saber que su hijo está en buenas manos.
—Gracias por darme la oportunidad —El rubio finalmente habla —Por permitirme conocer una faceta que no sabía que tenía, y por confiar en mí para cuidar de Yuki.
Ambos se sienten en paz.
Saben el cariño que se tienen por el otro, un amor fraternal.
Kamui apreciaba mucho a los jóvenes, y estaba tranquilo de saber que eran personas de bien, una pequeña familia que se encargaría de criar bien a su hijo.
Se despide del joven y llama a Jenson para entregarle algo.
Comienzan a arreglar todos los papeles, el entrenador ya tenía listo los papeles de adopción.
Se estaba debatiendo entre dos familias hasta que los jóvenes dieron su propuesta.
Es así como se apuraron para dejar todo listo antes de prepararse para la cirugía.
La custodia de Yuki Kobayashi estaría en manos de la familia Verstappen-Pérez.
Así Kamui estaría en paz sea como fuera el resultado de la cirugía.
Si pudiera pedir un deseo, querría más tiempo.
Para vivir, para soñar, para compartir.
Pero no todos los deseos se pueden hacer realidad.