Il preñatore
22 de diciembre de 2025, 18:52
TW NSFW ESTE CAPÍTULO TIENE CONTENIDO ADULTO.
Horas antes, en esa misma tarde, Charles se había ido a casa de su novio para pasar un rato juntos antes de que regresarán los padres de este.
Siempre era lo mismo.
Pequeños juegos de besos que iban acompañados de diversos toqueteos.
Caricias que poco a poco iban subiendo de nivel.
Charles gimió en los labios de su novio cuando sintió su mano en su entrepierna.
—¿Traes protección? —Susurro el castaño y su pareja asintió.
Había insistido mucho en ese aspecto, principalmente por salud, pero también para evitar cualquier accidente como el de su mejor amigo, Sergio.
Claro que amaba la idea de ser tío y ver por sus sobrinos, todo es más divertido cuando el bebé no es tuyo.
Pero la idea de quedar en cinta no le gustaba y por eso tomo sus precauciones.
Logan lo entendía a la perfección, de hecho, él había sido muy precavido cuando tuvieron su primera vez juntos y desde entonces se había empeñado en cuidar bien de su pareja.
No tardaron mucho en deshacerse de sus ropas, tirando las prendas al suelo y juntando sus cuerpos desnudos.
Toda la provocación, el deseo.
El rubio sabía bien lo que le gustaba, la forma en cómo debía tomarlo y darle lo que quería.
Prestaba atención hasta el mínimo detalle de su pareja.
Y no había duda alguna de que se amaban.
Sabían que no tenían mucho tiempo y no tardaron en comenzar el acto carnal.
A Logan le gustaba darle placer a su pareja, pero le encanta cuando esté tomaba la iniciativa y se ponía encima.
Charles apoyaba sus manos en el bien marcado pecho del rubio, sosteniéndose con fuerza mientras lo montaba de la forma que le gustaba.
—Si, bebé, muévete así... —Solloza Logan entre gemidos, tomándolo de la cintura para ayudarlo a moverse con mayor facilidad.
El sonido de sus cuerpos chocando es tan obsceno que logra opacar sus gemidos de placer.
El castaño se mordía el labio mientras observaba el rostro embriagado de placer de su novio, sus mejillas coloradas y sus pequeños quejidos.
No tarda mucho en correrse en su abdomen, pero el rubio está haciendo todo lo posible por aguantar más.
Entonces una idea paso por su cabeza, una de la que después se arrepentiría y lloraría.
—Dámelo todo... —Rogó deslizando su mano hacia el miembro de su pareja.
—Sí, tómalo —Logan no se opuso, en todo caso cegado más por el placer que por la razón.
El castaño se levantó un poco hasta lograr sacar la longitud de su pareja de su interior, deshaciéndose de la protección que tanto había pedido.
Luego volvió a dejarlo entrar en él, gimiendo ante la idea de ser llenado.
Continúa moviendo sus caderas en un vaiven que los tiene hipnotizados a ambos, sintiendo cómo su carne se deslizaba en su interior.
—He sido muy bueno, dame tu regalo —Sollozó Charles mientras seguía montando esa polla.
Su aniversario había sido cerca de las festividades navideñas, quizá por eso se había permitido ser un poco más descuidado.
Mientras que Logan movía sus caderas sintiéndose cada vez más cerca.
Ensartando sus uñas en aquella suave piel, llenando su apretado agujero con su líquido caliente.
El castaño se apoyo hacia adelante, intentando recuperar el aliento y suspirando pesadamente por el arduo trabajo.
Su pareja lo ayudo a recostarse a su lado, soltando hilos de semen que se deslizaba por sus piernas.
En ese momento no le dio importancia, estaba más que satisfecho.
Pero todo cambio esa noche, cuando se levantó en la madrugada para vomitar lo que había cenado.
Entonces su cabecita comenzó a dar vueltas y solo encontró una respuesta.
El embarazo.
No sabía si era un hombre gestante, pero dejó que el pánico se apoderara de él.
Llamó a su amigo Sergio en busca de consejo, pero su teléfono estaba apagado, no tuvo más opción que confesarle su preocupación a la pareja de este.
Minutos después el rubio le escribiría un mensaje pidiéndole que descansara y le prometió que al día siguiente lo llevarían con el Doctor Marko.
Definitivamente estaba muy alterado y no podría dormir esa noche.

P
or otro lado, las cosas se pusieron tensas en la casa de los Pérez.
Después de escuchar la noticia, Sergio comenzó a actuar tan extraño al punto de salirse de la casa y alejarse de todos en el jardín.
—Amor, entra, ¿Qué estás haciendo aquí afuera? —El rubio pregunta mientras sale con un abrigo para su pareja, el clima era frío y no quería otro resfriado.
Sin embargo, el pelinegro no se molestó en tomarlo. Se mostraba muy indignado con su prometido, hasta el punto de ni siquiera mirarlo.
—Mi amor —Insistió con una voz cálida, amorosa , pero su pareja seguía con esa actitud distante —Sergio.
Esta vez se decidió ser más serio al momento de hablarle, aunque la dureza de su voz doliera.
Pero el pecoso sigue desviando la mirada, cubriendo su vientre con sus brazos y temblando ligeramente por el frío.
—Sergio, no sé qué pasa pero ya deja de actuar así —Esta vez fue un poco más brusco —Ya no lo digo por mi, sino por los bebés.
El pelinegro soltó una pequeña risa burlona, para después girarse y mostrar sus ojos brillando por las lágrimas que luchaban por salir.
—¿Ahora te preocupas por los niños? ¿Para qué? Si ya tienes a tu nueva familia —Señaló, haciendo más confusa toda esa situación.
—¿De qué hablas? —Necesitaba aclarar ese tema antes de que su pareja se enfermara.
—¿Crees que no me di cuenta de como te miras con Charles? —Acusó, y Max no podía creer lo que escuchaba.
—Con odio —Confesó el rubio, estaba siendo sincero.
Siempre iba a recordar como el castaño se aprovecho de su ausencia para hacer movimientos con Checo hasta robarle un beso.
—“Pídemelo bonito” —La respuesta del pelinegro lo confunde aún más —¿Desde cuándo te habla así?
—Es un idiota, él siempre lo hace para molestar —Afirmó, sabía que estaba en hielo delgado al intentar acercarse a su pareja y que este retrocediera.
—¿Por qué te aviso primero antes que a mí? —Siguió reclamando mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas —Yo soy su mejor amigo, y fue a ti quien le contó todo. Es porque eres el padre ¿Verdad? Por eso te lo dijo.
—¡¿Qué?! —Gritó Max sumamente indignado —¿En qué mundo yo me acostaría con ese imbécil? Apenas lo soporto.
—¿Y como sé que no estás fingiendo odiarlo? —Señaló insistiendo en su acusación —Como ya me embarazaste a mi, entonces fuiste por él, ¿Acaso vas a coleccionarnos?
—Esto es tan surreal —Soltó el rubio intentando mantener la poca paciencia que le quedaba —Charles es un tonto que solo soporto por ti, amorcito, porque es tu amigo y lo quieres mucho. Pero no sé me olvida que él rápido corrió detrás de ti apenas terminamos.
Ahora era él quien reclamaba.
Sergio estaba a punto de decir algo cuando fueron interrumpidos debido a su escándalo.
—¿Qué están haciendo aquí afuera? —Don Toño, quien se había despertado por todo el ruido, salió detrás de su yerno —Se van a enfermar, metanse a la casa.
—Papá, ayúdeme con Sergio, por favor —Max intentaba pasar página con todo esto.
Pero el pelinegro se negaba a entrar a la casa, era demasiado terco.
—¿Qué pasa? —Sophie llega con el bebé en brazos, el pequeño está adormilado pero también atento a lo que está pasando.
—Mami, por favor, ayudame —El rubio ya no sabía que más hacer —Esta enojado conmigo y no quiere entrar, temo que se enferme.
La mujer lo mira con preocupación, sabe que la salud de su yerno no es la mejor y no quiere que se ponga mal.
Entonces se le ocurre algo.
—¡Mami! —Gritó Yuki cuando Sophie le pidió que llamara a Sergio, sabía que era la única manera de hacerlo entrar —¡Mami, ven!
Sergio cierra los ojos con fuerza, sabe que no soportará un segundo más ignorando al pequeño.
Así que entra a la casa y abraza a Yuki mientras se sienta en el sofá.
—¿Qué pasó? —Don Toño se escucha serio, nunca le ha gustado ver llorar a su hijo.
Y no puede evitar mirar con cierta molestia al rubio, sabe que algo tiene que ver en todo esto.
—¿Les vas a decir? ¿O lo hago yo? —Pero Max se mira molesto y el pelinegro no responde —Su hijo, aquí Sergio, piensa que yo lo engañe.
—¿Qué? —Sophie se acerca a ellos y mira a su hijo —¿Y lo hiciste?
—¡No! —El rubio rápidamente responde —Claro que no, jamás le haría eso.
—Bueno, en eso tienes razón —Susurra la mujer —Eres demasiado tonto y enamoradizo, no serías capaz.
—Oye —Max se queja pero luego asiente, dándole la razón a su madre.
—¿Por qué piensas eso, hijo? —Don Toño busca la mirada de su hijo y este sigue llorando en silencio —Por favor, dinos qué te hizo pensar eso.
—Es porque el tonto de Charles me pidió que le hablara bonito, siempre hace esas bromas para molestarme —Se defendió el rubio y el hombre asintió para después hacerle una señal invitándolo a guardar silencio.
—Sergio, mi corazón hermoso, dime mi niño, ¿Por qué estás así? —Don Toño toma de la mano a su hijo y este finalmente cede.
—Es porque soy feo —Comenzó —Max ya no me quiere porque estoy gordo y Charles es delgado y más guapo que yo.
—Que tontería, ¿Cómo esa cosa va a ser más guapo que tú? —El rubio estaba visiblemente frustrado —Siempre te he dicho lo mucho que me gustas, ¿Por qué es tan difícil de entender?
—Sergio, mi hijo te ama demasiado, me doy cuenta cada día —Sophie se acercó al joven y se agachó para estar a su altura —Sé que el embarazo es difícil, yo estuve en tu posición, pero es más fácil hablar que solo actuar. Piensa en tus bebés, ya no te pongas así o te harás daño.
—Hijo, escucha bien lo que te dice, Max no te haría eso... —Respondió Don toño y luego susurró —Porque lo mato si lo hace.
—Mi amorcito, cálmate, vamos a la cama y olvidemos esto —Max estaba muy ofendido por su acusación, pero sabía bien que las emociones del pelinegro estaban haciéndole efecto y lo ponía en una situación difícil.
Así que le ofreció la salida fácil.
Sergio asintió y se levantó del sofá, pues Yuki se había quedado dormido en sus brazos y Sophie lo tomo para llevarlo a su cuna.
—P-perdón por despertarlos —Balbuceó un poco y su padre lo abrazó.
—Tranquilo hijo, ve y duerme tranquilo —Don Toño se encargo de acomodar toda la sala y apagó las luces cuando cada quien se fue a su cuarto.
El pelinegro se acostó en la cama y su pareja lo imitó, abrazándolo por la espalda y dándole un beso en la nuca.
—Mi amor, no vuelvas a salir así, por favor —Susurra mientras hunde su rostro en su cuello —Yo solo te amo a ti.
Entonces siente como su pareja se remueve, sollozando por lo bajo y se acerca para ver cómo continúa llorando.
—No sé que me pasa —Responde Sergio con la voz entre cortada, está cansado —Yo nunca soy así de inseguro, no sé porque pensé eso...
Max vuelve a abrazarlo, sabe que sus emociones están disparadas en este momento y no quiere hacerlo sentir solo.
—No me importa decirte lo mucho que te amo todos los días, incluso en cada conversación que tengamos —El rubio le da otro beso en la nuca —Porque eso es lo que siento, y quiero que lo recuerdes cada vez que veas tu anillo. Es solo una pequeña parte de todo mi amor.
Sergio se giró, soltando aquella almohada, y se refigio en los brazos de su prometido.
—Te amo demasiado... —Susurró el pelinegro mientras su pareja acariciaba sus cabellos.
Había sido una noche algo extraña y complicada, pero poco a poco aprenderían a afrontar los repentinos cambios de humor del joven embarazado.

Al día siguiente, después de una rápida visita a la ciudad y una parada en el consultorio del Doctor Marko, los resultados eran claros.
—No puedo creer que estés desarrollando un embarazo psicológico —Dijo Max después de cerrar la puerta —Quizá la mejor solución sea que no pases tanto tiempo con mi prometido.
—No estoy bromeando, en verdad puedo sentir que estoy embarazado —Insistió el castaño —¿Por qué no me creen?
—Porque te hicieron exámenes de sangre y no diste positivo —Respondió el rubio mientras se acostaba en el sofá —Al menos el doctor pudo hacerme un chequeo, y me alegra saber que estamos bien.
De pronto el timbre comenzó a sonar y el rubio se levantó para atender.
—Sergio me dio las noticias, ¿Es verdad que Charles cree que está embarazado? —Lewis hacía todo lo posible por no reírse de la situación.
—Les juro que sí lo estoy, no usamos condón —Insistió Charles para después usar un cojín para cubrirse su sonrojado rostro.
—Que asco —Se quejó el rubio.
—Demasiada información —Completó el moreno.
—Ouch... —Sergio se tocó el vientre, las patadas se estaban haciendo constantes.
—¡Mami! ¡Papi! —Yuki llegó corriendo hacia ellos —¿Tata?
—¿Quién es Tata? —Pregunto el castaño cambiando de tema.
—Es mi papá —Afirmo el pelinegro —¿No sabes dónde está el abuelo?
El pequeño negó con la cabeza, preocupando a ambos jóvenes padres.
—Salió, llevo a Max a la estética —Respondió Sophie mientras cargaba un cesto de ropa recién doblada —No deja de preguntar por él, le había prometido jugar en su cocinita.
—Yo puedo jugar contigo bebé —Se ofreció Lewis y Yuki asintió, tomando con su pequeña mano al moreno y guiandolo hacia su juguete favorito.
Max se sentó al lado de su futuro esposo, abrazándolo para darle un poco de confort ante la incomodidad que le causaba el embarazo.
En su abrigo ocultaba un sobre, uno donde venía algo muy especial.
Se lo había pedido especialmente al doctor Marko, deseando que todo fuera un secreto.
Pues Logan había hablado con él, y ambos comenzaron a planear una sorpresa para su amado pecoso.
Su único deseo es que su amor siempre sea feliz.